Delirios Convencionales

Las personas que entienden a leyes y constituciones han perdido toda esperanza en lo que salga del proceso convencional. Esto ha llegado al extremo que en su columna de la semana, Carlos Peña escribe que la razón para que no haya más críticas al funcionamiento de la Convención y a los convencionales es porque nos da vergüenza que los hayamos elegido.

Es que era obvio. Si se permite elegir a cualquiera, y se prohíbe la disciplina que impone la necesidad de disponer de recursos o la pre-selección de candidatos que imponen los partidos, muchos elegidos serán los más vociferantes, los que estén dispuestos a más histrionismo para poder aparecer en los medios. Buena parte de los elegidos no son representativos de la sociedad, sino personas con características especiales, muy alejadas de la capacidad reflexiva necesaria para pensar, concebir y redactar una constitución. Si hubiéramos sido inteligentes y quisieramos un sistema representativo de la sociedad, habríamos usado un sorteo aleatorio, al estilo de los paneles ciudadanos de Dinamarca, que han resultado exitosos en reflejar la preocupación de la ciudadanía real.

Muchos convencionales están muy alejados de representar a los Chilenos. Recordemos a Rodrigo Rojas Vade, que fingió enfermedades para asi tener una plataforma con la que ser elegido y criticar el sistema de Salud, pero no es el único ejemplo.

Distintas facetas de Rodrigo Rojas Vade. Fuente: El Líbero.

Otro sector que se ve favorecido por las condiciones de la elección de convencionales son los grupos organizados para la toma del poder. No requieren muchos recursos, y se dedican en forma disciplinada al control de estas asambleas, en que hay poca organización de los demás convencionales.

Así vemos salir de las Comisiones propuestas que parecen salir del primo borracho en los asados («nos están robando los recursos, nacionalicemos la minería y eliminemos los derechos de aguas»), de la tía solterona con muchos gatos («los animales y la naturaleza también tienen derechos»). Son ideas que no son necesariamente ilegítimas, pero cuyos costos y beneficios hay que discutir cuidadosamente y no aprobar porque suenan como buenos slogans.1

Convencional con guitarra en plena sesión: Fuente:El Informador

Temo que, mientras los convencionales no organizados se entretienen con esas propuestas, grupos más disciplinados planean para el largo plazo. Estos grupos alientan la imaginación de los convencionales menos convencionales, porque es funcional a sus propósitos. Parece ser un objetivo aprobar muchos derechos y principios que entrarán en conflicto.

De ser aprobados,un gran número de decisiones políticas, o de políticas públicas, o simplemente decisiones privadas tendrán un conflicto de derechos. Esta contradicción le da el paso a que una de las partes pueda recurrir a la justicia para que los jueces diriman el conflicto. Como se desea eliminar el Tribunal Constitucional, serán los jueces el árbitro final.

Y entonces, tal como en Hungría, Polonia y otros países autoritarios (China, Venezuela, Nicaragua) o totalitarios (Cuba, Corea del Norte), se debe eliminar la independencia judicial, como lo están intentado algunos grupos en la Convención. Con ello se puede controlar al sociedad sin contrapesos. Puede ser el parlamento que fiscaliza a jueces sin independencia, o mediante una Comisión Judicial, órgano no democrático y poco visible que disciplina a los jueces que se apartan de la orientación deseada.

Notas:

  1. En el caso de los derechos de agua, ellos fueron discutidos y reflexionados por muchos años en el Congreso antes de aprobar en forma unánime la nueva Ley. Se puede discutir si es una buena Ley, pero parece increíblemente arrogante e ignorante que la Comisión del Medio Ambiente, con una discusión mínima (si la hubo) haya aprobado anularla sin mayor análisis.