Defensa de la meritocracia

Aunque no soy un experto en el tema, acabo de leer una reseña sobre la meritocracia que me dejó pensando sobre el tema de los sistemas de gobierno.1 Los griegos definieron diversos sistemas de gobierno: monarquía, democracia constitucional, democracia directa, aristocracia, oligarquía y tiranía.2 Existen muchos motivos para preferir la democracia constitucional a los otros esquemas, aunque una monarquía constitucional no difiere en lo sustantivo de una democracia.

Las democracias se pueden dividir por la forma es que se distribuye el poder en la sociedad. Hay plutocracias o gobiernos oligárquicos, en que el poder político lo ejercen las grandes fortunas que pueden manejar elecciones. En una plutocracia, el control político beneficia y preserva las grandes fortunas. En cleptocracias, el poder político lo poseen políticos cuyo objetivo es explotar el Estado. En un esquema meritocrático, el control de la sociedad – en sus múltiples dimensiones–, queda en manos de las personas más capacitadas seleccionadas mediante procesos competitivos. En general, la meritocracia ha sido la aspiración de democracias o monarquía constritucionales.3

A la meritocracia se la critica por dos motivos. Primero, porque provee una justificación para las diferencias en las recompensas que reciben los distintos individuos en la sociedad. Así, la desigualdad no se debe a un sistema injusto, como ocurre en todos los otros sistemas, sino que es la recompensa al talento y al esfuerzo. Esto es descorazonador para los menos aventajados. Sería, como señala una cita del artículo de Collini, una “narrativa neoliberal de la justicia”.

La segunda critica es que el sistema meritocrático tiende a autoperpetuarse, porque quienes son más inteligentes y reciben las recompensas de un sistema meritocrático tienen los recursos para educar mejor a sus hijos, darle valores de estudio y trabajo que les dan ventajas en la lucha por el acceso a las mejores universidades y trabajos. Esto desvirtuaría la existencia de una meritocracia, ya que sería la herencia y no la meritocracia lo que explica la posición en la estructura social de los descendientes. Las cifras muestran que efectivamente hay una tendencia al a reproducción de la meritocracia.

Esto se debe a que la inteligencia es en parte heredable, así que estadísticamente debemos esperar que la siguiente generación esté sobrerrepresentada en la meritocracia, si ser inteligente es un atributo de la meritocracia. Otro factor que tiende a dar ventajas a los descendientes es la componente informal de la educación, en valores y hábitos de trabajo adquiridos al interior de la familia que favorecen la permanencia de los hijos en la parte alta de la meritocracia.4 Por último, se debe al gasto en mejores colegios (o como en los EEUU, en vivir en distritos con mejores colegios), en redes sociales, a gasto en tutores y otras formas de darle ventaja a la descendencia.


Una visión crítica de la meritocracia, Josh Lyman, Octubre 29, 2010

Esta crítica omite que la reproducción de las clases dominantes se produce en forma aún más extrema bajo los otros sistemas. Esto es obvio en sistemas aristocráticos o monarquías no constitucionales, pero también en sistemas oligárquicos y despóticos. Esos sistemas dejan poco espacio para ingresar al grupo privilegiado para quienes no pertenecen a ellas, algo que si permite la meritocracia,que es más permeable. En países comunistas era (o es) común que los descendientes de la nomenklatura también pertenezcan a ella, salvo que hayan sido purgados. El líder chino Xi Jinping, por ejemplo, es hijo de un importante miembro del Comité Central del Partido Comunista Chino (perseguido durante la Revolución cultural). En Corea del Norte el líder actual es hijo y nieto del líder anterior.

En comparación a esos sistemas la meritocracia tiene menos persistencia y es más abierta. Primero, porque pese a las desventajas que enfrentan, los talentosos que no poseen privilegios tienen espacio para ingresar a las clases dominantes (el Instituto Nacional y otros liceos de excelencia cumplían este rol en el pasado) y segundo, porque la transmisibilidad de una generación a la otra está limitada a capital humano, y en su forma pura, no incluye herencias materiales.

La única forma de evitar la reproducción, incluso parcial de las clases dominantes (excluyendo las purgas a lo Stalin) es usar el azar en la elección de los grupos dominantes.5 Por ejemplo, loterías podrían decidir quiénes acceden a los mejores colegios, y luego a las carreras más selectivas en las universidades más prestigiosas. Eso eliminaría buena parte de la transmisibilidad generacional de la clase dominante. Claro que esto no eliminaría los otros factores de transmisión intergeneracional, como la inteligencia heredada o la educación informal en el hogar.

Es interesante observar que quienes critican la meritocracia, como Mr. Collini, no proponen aplicar mecanismos como el azar a la admisión a los mejores talleres de actuación, o las mejores escuelas de danza, o los conservatorios de música, o a los cupos en los mejores equipos de futbol –u otros deportes–juveniles e infantiles.

Es que en este caso se vería más claramente lo perverso e injusto de la idea. Supongamos que todos quienes desean estudiar música o ser jugadores profesionales tienen la misma posibilidad, independiente de su talento, de ser entrenados por los mejores profesores, en los mejores institutos, con los mejores medios. Las artes y los deportes serían menos atractivos, y sería evidente el error y la injusticia de la idea. Es malo para la sociedad porque tendríamos peores actores, peores jugadores de fútbol y la música sería más disonante. Es injusto porque no permite que quienes tiene más aptitudes las puedan desarrollar. Es por eso que Mr. Collini no lo propone. Pero esos mismos argumentos se aplican a los méritos asociados a la inteligencia y al esfuerzo.

Para concluir, algo que omiten los que critican el mérito como mecanismo de selección es que la sociedad se beneficia por tener a los mejores talentos en los cargos de responsabilidad en las profesiones, el gobierno y las industrias. Es tal vez más injusto que un sistema de selección al azar pero, parafraseando a Churchill, es una injusticia que es mejor que las alternativas.

Notas

  1. Stefan Collini: Snakes and Ladders, London Review of Books 43(7), p15-22, 1 abril 2021.
  2. Aristóteles, Política, Libro IV. Según Aristótelesw, solo los tres primeros son legítimos.
  3. Existen meritocracias no democráticas, como China y tal vez Singapur.
  4. B. Sacerdote (Quarterly Journal of Economics 2007) muestra que existen efectos permanentes sobre el desempeño futuro en adoptados norcoreanos por familias de distintos estratos socioeconómicos, tales como desempeño universitario y hábitos como ingesta de alcohol y fumar (gracias a N. Figueroa).
  5. En Atenas, muchos cargos administrativos eran elegidos por sorteo. Los resultados de la democracia directa ateniense no han sido evaluados favorablemente por la historia.

Autor: variacioncompensada

Profesor, CEA-DII, U. de Chile.

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