Delirios Convencionales

Las personas que entienden a leyes y constituciones han perdido toda esperanza en lo que salga del proceso convencional. Esto ha llegado al extremo que en su columna de la semana, Carlos Peña escribe que la razón para que no haya más críticas al funcionamiento de la Convención y a los convencionales es porque nos da vergüenza que los hayamos elegido.

Es que era obvio. Si se permite elegir a cualquiera, y se prohíbe la disciplina que impone la necesidad de disponer de recursos o la pre-selección de candidatos que imponen los partidos, muchos elegidos serán los más vociferantes, los que estén dispuestos a más histrionismo para poder aparecer en los medios. Buena parte de los elegidos no son representativos de la sociedad, sino personas con características especiales, muy alejadas de la capacidad reflexiva necesaria para pensar, concebir y redactar una constitución. Si hubiéramos sido inteligentes y quisieramos un sistema representativo de la sociedad, habríamos usado un sorteo aleatorio, al estilo de los paneles ciudadanos de Dinamarca, que han resultado exitosos en reflejar la preocupación de la ciudadanía real.

Muchos convencionales están muy alejados de representar a los Chilenos. Recordemos a Rodrigo Rojas Vade, que fingió enfermedades para asi tener una plataforma con la que ser elegido y criticar el sistema de Salud, pero no es el único ejemplo.

Distintas facetas de Rodrigo Rojas Vade. Fuente: El Líbero.

Otro sector que se ve favorecido por las condiciones de la elección de convencionales son los grupos organizados para la toma del poder. No requieren muchos recursos, y se dedican en forma disciplinada al control de estas asambleas, en que hay poca organización de los demás convencionales.

Así vemos salir de las Comisiones propuestas que parecen salir del primo borracho en los asados («nos están robando los recursos, nacionalicemos la minería y eliminemos los derechos de aguas»), de la tía solterona con muchos gatos («los animales y la naturaleza también tienen derechos»). Son ideas que no son necesariamente ilegítimas, pero cuyos costos y beneficios hay que discutir cuidadosamente y no aprobar porque suenan como buenos slogans.1

Convencional con guitarra en plena sesión: Fuente:El Informador

Temo que, mientras los convencionales no organizados se entretienen con esas propuestas, grupos más disciplinados planean para el largo plazo. Estos grupos alientan la imaginación de los convencionales menos convencionales, porque es funcional a sus propósitos. Parece ser un objetivo aprobar muchos derechos y principios que entrarán en conflicto.

De ser aprobados,un gran número de decisiones políticas, o de políticas públicas, o simplemente decisiones privadas tendrán un conflicto de derechos. Esta contradicción le da el paso a que una de las partes pueda recurrir a la justicia para que los jueces diriman el conflicto. Como se desea eliminar el Tribunal Constitucional, serán los jueces el árbitro final.

Y entonces, tal como en Hungría, Polonia y otros países autoritarios (China, Venezuela, Nicaragua) o totalitarios (Cuba, Corea del Norte), se debe eliminar la independencia judicial, como lo están intentado algunos grupos en la Convención. Con ello se puede controlar al sociedad sin contrapesos. Puede ser el parlamento que fiscaliza a jueces sin independencia, o mediante una Comisión Judicial, órgano no democrático y poco visible que disciplina a los jueces que se apartan de la orientación deseada.

Notas:

  1. En el caso de los derechos de agua, ellos fueron discutidos y reflexionados por muchos años en el Congreso antes de aprobar en forma unánime la nueva Ley. Se puede discutir si es una buena Ley, pero parece increíblemente arrogante e ignorante que la Comisión del Medio Ambiente, con una discusión mínima (si la hubo) haya aprobado anularla sin mayor análisis.

Sobre la falta de rigurosidad

Un artículo reciente de Hoyos-Santillan et al (2021) sobre políticas de Chile contra el cambio climático incluye errores que hacen pensar en ideología o en desidia. Estoy de acuerdo con el mensaje general del artículo sobre la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático, pero para ello no es necesario incorporar errores que debilitan el mensaje.

El artículo tiene como objetivo demostrar que la expansión de las plantaciones forestales no puede formar parte de una política contra el cambio climático. Es un objetivo con el que concuerdo. Hay buenas razones para no incluir el fomento de las plantaciones forestales como parte de un programa contra el cambio climático. Su demanda de agua puede ser excesiva en regiones en las ésta no abunda, y su impacto en la biodiversidad es negativo. Pero es erróneo argumentar, como lo hace el artículo, que las plantaciones forestales no capturan CO2, a diferencia de los bosques nativos.

¿Capturan carbono las plantaciones forestales?

En su argumentación, Hoyos-Santillan et al (op. cit.) citan a Altamirano et al (2020): «Natural forests loss and tree plantations: large-scale tree cover loss differentiation in a threatened biodiversity hotspot«. Ese trabajo usa métodos sofisticados de análisis de imágenes satelitales para determinar que cada año se pierden 98 mil ha de bosques artificiales y casi 13 mil ha de bosques nativos.

Uno de los argumentos de Hoyos-Santillan et al (op. cit.) es que, dado que los árboles en plantaciones son talados períodicamente y sus productos son usados para producir bienes de corta vida, las plantaciones forestales no absorben CO2.

«This is because their carbon uptake is cancelled out by the clear-cut harvesting that occurs every 12–18 years for the production of short-lived goods (e.g., pulp), the burning of firewood, slash and burn practices, and wildfires (Johnston and Radeloff, 2019Ministry of the Environment, 2020a). Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality.»

Pero las plantaciones se replantan, por lo que las 98 mil ha anuales taladas en plantaciones se renuevan, y vuelven a su estado original en un ciclo de unos 20 años. Por ello, las plantaciones contienen árboles en distinto estado de maduración. Al sumar ha de plantaciones forestales con bosques nativos, Altamirano et al (op. cit) inducen a un error.1

A diferencia de las plantaciones, los bosques nativos perdidos se convierten en praderas, tierras baldías o matorrales. No vuelven a ser bosques en un plazo relevante para una política contra el cambio climático, a menos que se tomen acciones explícitas que lo promuevan. Casi toda la madera nativa consumida se destina a leña Lara et al (2019) (el consumo de maderas nativas en la industria representa menos de un 5% del consumo de madera nativa, cuadro 3.2 de Lara et al (op.cit.)).

Leña probablemente proveniente de una tala ilegal. Fuente: Soy Puerto Montt

Por lo tanto, el argumento de Hoyos-Santillana (op. cit.) contiene un error lógico. Para ver esto, consideremos el siguiente experimento conceptual que representa el efecto de una nueva plantación forestal. Tomamos un terreno baldío de 1.000 ha, con poca capacidad de captura de carbono. Cada año plantamos en el terreno 50 ha de árboles industriales (pino radiata, eucaliptus, etc), de manera que a los 20 años hemos cubierto todo el terreno con árboles de distintas edades. El año 20 tomamos las primeras 50 ha, con sus árboles de 20 años, y los quemamos, manteniendo el resto tal como está.2 Al año siguiente plantamos las 50 ha que quedaron baldías con los mismos árboles y cortamos y quemamos las 50 ha plantadas en el año 2, y así sucesivamente. ¿Estamos capturando CO2 con este procedimiento?

Plantaciones forestales de distintas edades. Fuente: Codeff

¡Por supuesto que estamos capturando CO2! A partir del año 20 existe una masa forestal permanente de árboles. donde antes casi no había vegetación hay árboles con una edad promedio de poco menos de 10 años, ocupando el  95% de las hectáreas de la plantación. Esa masa forestal representa una captura permanente de CO2.

Si las plantaciones se instalan en un terreno donde antes había bosques nativos, es probable que haya una reducción en la captura permanente de CO2.3 Veremos más abajo que este reemplazo representa menos del 15% de las plantaciones forestales, por lo que en términos de captura de CO2, no afecta las conclusiones.

Los incendios y las plantaciones forestales

Hoyos-Santillán et al (op. cit.) citan la figura 1 de Lara et al (2019), quienes mostrarían que los incendios y las talas rasas en los bosques artificiales hacen que las plantaciones sean un emisor neto de CO2. No pude encontrar figura alguna en Lara et al (op.cit) que muestre que las plantaciones no contribuyen a la captura de CO2. Lo que si aparece, en el Recuadro 3.3, es una estimación de la captura de CO2 en los bosques nativos. Esta contribución ha ido creciendo en el tiempo. No se dan cifras para las plantaciones.

Es posible que la referencia a Lara et al (op. cit.) sea un error involuntario, y que exista algún otro artículo que muestre que los bosques artificiales no contribuyen a la captura neta de CO2. Igualmente me parece que esto no sería creíble. A menos que la masa forestal de las plantaciones haya decrecido sistemáticamente en el tiempo, no puede ser válido que los bosques artificiales sean emisores netos de CO2, por las razones dadas en el experimento conceptual de más arriba. Pero citemos nuevamente a Hoyos-Santillana:

Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality. This has become more evident during the last decade as widespread and severe wildfires have impacted larger areas of industrial plantations than native forests (CONAF, 2020). The fire selective preference of industrial plantations over native forests is driven by several factors, including: i) human activities (e.g., anthropogenic ignition) and ii) replacement of heterogeneous less fire-prone native forests with highly flammable, fuel abundant, and homogeneously structured monoculture industrial plantations[…]

Por curiosidad, hace algunas semanas me puse a mirar la tendencia en los incendios forestales en Chile, tomando datos de CONAF. Comencé mirando los datos de los meses de enero y febrero, que son los que tienen más incendios, y para mi sorpresa, no observé una tendencia creciente en el área quemada por incendios. La excepción es un mes que se sale de la escala, con el megaincendio de enero de 2016. Luego miré los datos de otros meses así como los datos anuales, sin observar –salvo enero 2016– una tendencia significativa.

La figura siguiente muestra el área quemada anualmente en incendios forestales desde 1985. El aumento en 2016 solo se debe a lo que ocurrió en enero de 2016. Probé ver si había una tendencia estadística, y usando regresores robustos (que le dan menos importancia a un episodio que ocurre una sola vez, como enero de 2021) no hay una tendencia creciente en el tiempo en las áreas quemadas. Verifiqué esto usando el test no paramétrico de Mann-Whitney para cada mes así como para el año completo, y tampoco aparece una tendencia.5 Lo que parece haber sucedido es que Hoyos-Santillan (op.cit.) y varios otros autores han incorporado cómo válida una observación que tiene toda la apariencia de ser un outlier, lo cual es un error metodológico.6

Serie de áreas quemadas por temporada. Fuente: CONAF

CONAF también tiene una contabilidad del número de incendios por mes y año. La figura siguiente muestra los datos anuales y para enero y febrero. Se observa un crecimiento en los incendios anuales en los últimos años. Sorprendentemente, no hay ninguna tendencia en los meses con mayor número de incendios, enero y febrero:7

Fuente: CONAF

Dado que el cambio climático crea las condiciones para que haya más y mayores incendios, el hecho que esto no se observe parece paradojal. Pero no es una paradoja si se observa que los propietarios de las plantaciones forestales no son observadores desinteresados, sino que desean protegerlas. Por lo tanto, invierten en medidas para evitarlos o reducir su impacto. El Estado también destina recursos importantes a proteger los bosques naturales. Es decir, el calentamiento global no garantiza que el área incendiada aumente, porque el ser humano puede contrarrestar sus efectos.

Avíón atacando incendios forestales Fuente: La Tribuna de Biobio

En resumen, ¿Qué es lo que creo haber demostrado con todos estos meandros en la argumentación? Que es falso afirmar que las plantaciones no capturen CO2, a menos que ocurra una de dos cosas: que hayan reemplazado bosques naturales que capturan más CO2 por unidad de área, o que el área de plantaciones haya caído en el tiempo.

Conclusiones

En su gran mayoría las plantaciones no han reemplazado bosques naturales. Según Hoyos-Santillán (op. cit.), actualmente hay 3.1 millones de ha en plantaciones. Miranda et al (2016) en su trabajo sobre la pérdida de bosque nativo en Chile, muestran que, en la zona de plantaciones entre Valparaíso y la Región de Los Lagos, la pérdida de bosque nativo entre 1973 y 2011 fue de 783 mil ha. Esto representa el 19% del total de bosque nativo de la zona. De ellas, la causa principal (un 45%) fue por la conversión a terrenos de matorrales (probablemente por la corta de árboles para leña). Una cifra algo menor se debió a conversión de bosques naturales a plantaciones forestales.8 Es decir, a lo más un 10-12% de las plantaciones corresponde a reemplazo de bosque nativo. Como el área de plantaciones se ha mantenido relativamente constante desde 2016 (eran 3.04MM ha según CONAF, son ahora 3.1 MM ha), tampoco han ido decreciendo. Concluyo que las plantaciones forestales si han contribuido a la captura de CO2.

Lo que me preocupa en este caso y también en Sobre el impacto de la desalación y en Crítica a una propuesta de Gobernanza es que científicos y científicas respetables olvidan su capacidad crítica y aceptan argumentos sin reflexión porque responden a sus preferencias ideológicas. No veo otra explicación que una razón ideológica para estos errores.

Notas:

  1. En su defensa, ese trabajo distingue entre ambas categorías de bosques, y critica solamente el reemplazo de bosques naturales por bosques artificiales, pero no necesariamente las plantaciones en si mismas.
  2. Quemar el bosque es un caso extremo, pero que hace más evidente la conclusión, sin complicarnos en determinar la vida útil de los bienes producidos con los árboles cortados.
  3. Esto no es evidente, porque la masa biológica promedio en una plantación podría ser mayor que en un bosque natural, debido a la mayor densidad de árboles, Esto puede ocurrir si la cobertura natural de bosques es rala y con especies de árboles pequeños, en cuyo caso un bosque artificial aumentaría la captura de CO2.
  4. Parece extraño omitir que buena parte del problema son los incendios intencionales de plantaciones, y no las plantaciones, en términos de los efectos sobre la captura de CO2. Pensemos en otro experimento mental: supongamos que los autores de los incendios intencionales prefirieran cometerlos en bosques naturales. ¿Escribirían los autores que esto es un motivo para preferir plantaciones forestales, o propondrían medidas para fiscalizar y perseguir mejor a los autores de los incendios?
  5. La idea de usar el test de Mann-Whitney fue de E. Engel.
  6. Es como si un sismólogo comparara la magnitud ponderada de los sismos entre 1940 y 1955 con los producidos entre 1956 y 1964 (que incorpora el gran terremoto de Valdivia) y sostuviera que la intensidad de los terremotos va en aumento. Es solo si hay alguna razón geológica para pensar que el fenómeno va en aumento que podría ser razonable tal conclusión.
  7. En este caso no realicé regresiones ni tests de Mann-Whitney, pero claramente no es necesario para concluir que no hay una tendencia en el número de incendios en los meses de enero y febrero.
  8. A principios de este milenio cesa casi completamente la conversión de bosques nativos a plantaciones. El motivo es el rechazo interno y externo, las dificultades con los organismos ambientales y probablemente el deseo de no tener aún más conflictos con la sociedad civil.

Sobre el impacto de la desalación

En mi posteo «Crítica a una propuesta de gobernanza«, comenté sobre un error en un documento público del CR2 (Center for Climate and Resilience Research), al que pertenece nuestra futura ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas.

El documento en cuestión es la Cápsula climática: ¿Qué pasa si la sal que se extrae del proceso de desalinización se devuelve al mar?, de autoría de Laura Farías. En ella se alerta del peligro de aumentar la concentración de sal en el óceano en el largo plazo:

«Sin embargo, si me preguntan qué ocurriría si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal. Si este proceso es continuo y prolongado, lentamente el océano se puede volver más salado, ya que el ciclo hidrológico opera a un tiempo de recambio de 40.000 años.»

En mi posteo anterior mostré que son tan pequeñas las extracciones de agua involucradas en la desalación, comparadas con el tamaño del óceano que no hay peligro de un aumento significativo en la salinidad del óceano. Para ello realicé cálculos simples.

Concluí que los efectos de la desalación sobre el mar solo pueden ser locales, debido a la concentración de sal en la cercanías de los emisarios de las salmueras que generan el proceso de desalación. Estos efectos se pueden minimizar con un diseño adecuado de los emisarios y una buena ubicación de éstos.1

Plantas desaladoras: Una solución con pros y contras
Planta EWS de Escondida. Fuente: Minería Chilena

Hace poco me di cuenta que realizar esos cálculos fue un error, no porque estuvieran errados, sino porque no eran necesarios. El argumento de la cápsula del CR2, en palabras del físico Wolfgang Pauli, «No solo no es correcto, ni siquiera es erróneo».

Volvamos a lo que aparece en la cápsula:

«[…] si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal.»

El ciclo hidrológico como sistema de desalación

Cuando escribi ese posteo, había olvidado que el sistema de desalación más grande del mundo es el ciclo hidrológico. Las aguas del óceano (y de lagos y otras fuentes) se evaporan, lo cual deja un oceáno con menos agua pero más sal. Una fracción de esa agua evaporada cae luego como lluvia desalada sobre los continentes. Parte de esta lluvia se usa para riego, consumo humano o usos productivos. Esto significa que el efecto global del ciclo hidrológico sobre la salinidad del óceano es similar al de una planta desaladora.

Ciclo hidrológico. Fuente: Britannica.

Si seguimos el argumento de la cápsula de CR2, la salinidad del óceano debería haber ido en constante aumento, porque el ciclo hidrológico opera como una planta gigante de desalinización.2 Esto no ocurre porque es un ciclo cerrado, en que la lluvia que riega los campos se evapora nuevamente y cae como lluvia (tal vez en el océano) o ingresa a las napas del subsuelo y vuelve eventualmento al óceano. El agua que se usa para el consumo humano también vuelve, ojalá tratada, a los ríos y luego al mar. Finalmente la que se usa en fines productivos en general también finalmente vuelve al mar, salvo aquella fracción de agua que ingresa en un producto como el cemento.3

Lo que si puede ocurrir es que la desalinización tenga efectos en la vecindad de los emisarios de salmueras, pero ese tipo de efectos también ocurren debido al ciclo hidrológico. Un ejemplo de estos efectos locales es el Mar Rojo. El Mar Rojo era, ya antes de la instalación de plantas desaladoras, más salino que otros mares, debido a que solo tiene una estrecha conexión con el óceano, y está ubicado en una zona desértica de alta insolación. La evaporación hace que la salinidad promedio del Mar Rojo sea un 10-15% mayor que el promedio de los óceanos. Este fenómeno es natural y ha generado una fauna marina exuberante.4 Esto muestra que el sistema hidrológico, visto como una sistema de desalación, puede también provocar excesos locales de salinidad, sin tener efectos sobre la salinidad promedio de los óceanos.

Red Sea topographic map-en.jpg
Mar Rojo. Fuente: Eric Gaba – Wikimedia Commons

La analogía entre el ciclo hidrológico y una planta de desalinización corresponde a la especialidad de la investigadora Laura Farías, autora de la cápsula. Sorprende que haya dejado pasar un error tan grave como el que describo. Sin embargo, parece sintomático en un centro que produce un documento sobre la gobernanza climática de los elementos.

Notas:

  1. Ver por ejemplo, Miller et al (2016), o Ihsanullah et al (2021). Esto no significa que la desalación no tenga consecuencias ecológicas: por ejemplo, el proceso usa mucha energía (lo cual es menos problema si es verde), y en algunos procesos la temperatura de las salmueras puede requerir un enfriamiento previo. El punto es que muchos estudios que muestran efectos nocivos de las salmueras del proceso de desalación concluyen que la industria es nociva, olvidando que es relativamente fácil reducir estos efectos.

2. Aunque la salinidad de los óceanos puede cambiar en el tiempo, esto se debe a fenómenos climatológicos o geológicos de larga duración. Un ejemplo son las eras glaciales, en las que el hielo que cubre los continentes puede alterar la salinidad de los óceanos.

3. El cemento y algún otro producto similar deben ser los únicos en que el agua sale del ciclo hidrológico.

4. Aunque ahora está siendo amplificado por las plantas desalinizadoras, que en un mar semi-aislado pueden tener impacto sobre la ecología.

Crítica a una propuesta de gobernanza

Me ha sorprendido leer que en una propuesta de gobernanza del CR2 (Center for Climate and Resilience Research) aparezca el siguiente diagrama, que me recuerda las visiones Aristotélicas de la composición del universo.

Fuente: Gobernanza Climática de los Elementos, CR2

Tal vez es intencional, dado que se aclara en el paréntesis que los elementos son sistemas socio-ecológicos, pero queda la duda, porque ¿qué sentido tiene escribir que «el fuego es un sistema socio-ecológico»? (ver figura). Para ratificar que esto no es una aberración, en un artículo reciente aparecido en el Mercurio, Maisa Rojas escribe:

Fuente: El Mercurio viernes 22 de octubre 2021.

Aristóteles y los cuatro elementos

Los cuatro elementos clásicos son aparentemente presocráticos. Empedocles les dio su forma clásica, la que fue luego re-elaborada por Aristóteles en una clasificación en que mostraba sus oposiciones y los efectos derivados.

Ensayos: Materiales fantásticos – Derematerialia
Fuente: http://www.derematerialia.com/el-quinto-elemento/

Esta clasificación tuvo una enorme influencia en la edad media y Renacimiento, y se considera como un símbolo de un espíritu pre-ciencia moderna.

Fuente: Wikimedia, de una edición de Lucrecio «de Rerum Natura» publicado en Brescia por Tommaso Ferrando (1472).

Los cuatro elementos en el mundo moderno

En el mundo contemporáneo este forma de concebir el cosmos está asociado con la astrología, la alquimia y otras pseudo-ciencias. Uno de los grandes avances en la concepción científica del mundo moderno fue el reemplazo de la alquimia y los cuatro elementos, por la química con su concepción moderna de los elementos. Ello ocurrió a fines del siglo 17, entre otros con la publicación de «The Skeptical Chymist » de Robert Boyle en 1661. Al desembarazarse de esta construcción errónea, la ciencia comenzó a avanzar rápido.

Por eso me entristece que estos diagramas vuelvan a aparecer, lo que parece reflejar el rechazo de muchos (incluso científicos) a la racionalidad moderna. Parece que la visión ofrecida por el libro «Elemental Philosophy: Earth, Air, Fire, and Water as Environmental Ideas» (2011) de David Macauley es muy popular en ese mundo.1

CR2 y desalación

Con ese enfoque semi-religioso, ya que no racional, de como opera el mundo se puede llegar a absurdos, como el que encontré en otro documento de CR2. En la Cápsula climática: ¿Qué pasa si la sal que se extrae del proceso de desalinización se devuelve al mar?, con asesoría científica de Laura Farías, se deja entender que la desalación es un problema no solo local, sino que puede tener un impacto global en la salinidad del mar:2

«Sin embargo, si me preguntan qué ocurriría si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal. Si este proceso es continuo y prolongado, lentamente el océano se puede volver más salado, ya que el ciclo hidrológico opera a un tiempo de recambio de 40.000 años.»

Veamos si esta preocupación es razonable. Los óceanos tienen una superficie de 361 millones de km2, y un volumen de 1.3 mil millones de kilómetros cúbicos, según Wikipedia. Las aguas del océano circulan a tasas de unos 1.000 años, es decir (al menos como interpreto la literatura) que se produce un mezcla completa en más o menos ese periodo, o menor a éste.3 Como los tiempos que van a resultar de los cálculos son mayores, se puede asegurar una distribución uniforme de las sales que agrega el proceso de desalación.

Todas las plantas de desalación existentes en el mundo a febrero 2020 producían 95,6×106 m3/día, o sea 1.100m3/seg.4 Pero las salmueras son una cantidad mayor, 141×106m3/dia, según Jones et al (2019), o sea 1.600m3/seg.5 Supongamos que esas salmueras, generosamente, tienen una concentración de sal que el doble del agua de mar, de más o menos 34gr/lt. Es decir, cada segundo esaríamos agregando al mar unas 54 toneladas extras de sal (es decir, sin agua que la acompañe). Al año estaríamos agregando 1.7×109 toneladas extra de sal, 1.7 mil millones de toneladas, lo que parece una cifra enorme.

Pero un km3 de agua de mar tiene 3.4×107 toneladas de sal, y por lo tanto los oceanos tienen 4.42×1016 toneladas de sal. Esto significa que cada año aumentaríamos la concentración de sal en 0.0000039%. Según mis cálculos (que pueden errar en un orden de magnitud sin afectar el argumento), las plantas deberían operar por 260 mil años de años para aumentar en un 1% la cantidad de sal del oceáno.5

Port of Santana
Rio Amazonas en Puerto de Santana en Macapa, cerca de la desembocadura. Fuente Wikipedia.

Es cierto que la desalacion podría aumentar, y multiplicarse por, digamos doscientas veces, llegando a ser similar a los 209.000m3/seg del flujo del río Amazonas (tres veces mayor que el flujo del segundo río, el Congo, y 50 veces el Mississippi), pero eso solo significa que el tiempo se reduce a 1.300 años. Para dimensionar estas magnitudes, recordemos que todo el proceso de industrialización comienza hace 200 años, y que 1.300 años es el tiempo que media entre Carlomagno y nosotros. Ese es el tiempo que tendrían que operar desaladoras con capacidad agregada cercana a la descarga al óceano del río Amazonas, para elevar la concentración del agua de mar en un 1%, una variación a la que las especies marinas pueden adaptarse en ese periodo.6

Conclusión

Tal vez me he desviado un poco con todos estos cálculos. Lo que pretenden mostrar es que la alerta de la Capsula citada se presta a confusión porque mezcla temas que legítimamente pueden preocupar, con otros que son irrelevantes, sin explicar sus diferencias. Es importante señalar que se debe tener cuidado con la disposición de salmueras para no producir excesiva salinidad local, pero es absurdo mencionar al mismo tiempo el aumento en la salinidad de los océanos producto de las plantas desalinizadoras. Supongo que no es un error intencional, sino producto del mismo ánimo que considera legítimo hablar de los cuatro elementos de los griegos en un centro ciéntifico, sin aclarar qué se trata de metáforas. Además, se trata de metáforas que se refieren a conceptos nebulosos, como lo es definir el fuego como un sistema socio-ecológico.

Notas:

  1. Para mostrar como este enfoque del mundo mira hacia un pasado pre-mundo moderno, podemos ver esta evaluación del libro: “After industrialization, knowledge became fragmented and people lost touch with the material realities of the places in which they lived. David Macauley blends ancient Greek precepts with twenty-first century circumstances: earth, air, fire, and water call upon us from across the millennia to reanimate humanity’s connection to our home planet.” — David Spanagel, Worcester Polytechnic Institute.
  2. Pueden existir efectos locales, si por ejemplo las salmueras que resultan del proceso de desalinización se depositan cerca de la costa, en un solo punto sin corrientes marinas. Pero es relativamente fácil (especialmente en un país como Chile, con todo el Pacífico al frente y sus corrientes) dispersarlos si la descarga se realiza en varios puntos, por una tubería que no está asentada en el fondo submarino, y a cierta distancia de la costa, para asegurar que las salmueras se dispersan antes de asentarse en el fondo marino.
  3. Matsumoto, G. (2007): «Radiocarbon-based circulation age of the world oceans», JOURNAL OF GEOPHYSICAL RESEARCH, VOL. 112, C09004.
  4. Eke, J, Yusuf, A., Giwa, A., Sodiq A. (2020): «The global status of desalination: An assessment of current desalination technologies, plants and capacity», Desalination 495, December 114633.
  5. Edward Jones, Manzoor Qadir, Michelle T.H. van Vliet, Vladimir Smakhtin, Seong-mu Kang, (2019): «The state of desalination and brine production: A global outlook», Science of The Total Environment,657, March 2019, p1343-1356.
  6. Para observar que un flujo como este está en el límite de lo que podría interesar a la humanidad, el Amazonas drena una cuenca de 9 millones de kilómetros cuadrados, con lluvias promedio de 2.200mm/año. Estimo que esto podría irrigar al menos unas 45millones de km2, a una tasa equivalente de 400mm de lluvia por año. Eso sería como irrigar toda Rusia más casi toda Africa.

El problema de zonas con poco acceso a aguas

Este posteo continúa la serie sobre el problema de las aguas. Las dificultades de acceso al agua pueden dividirse en dos tipos. Primero están las dificultades en el acceso a agua para el consumo doméstico. Esta es una demanda comparativamente tan pequeña, que como expliqué en el primer capítulo de esta serie, se resuelve con inversión. El segundo problema es el agua en la agricultura, donde los requerimientos son más grandes y proveer agua tiene un costo de inversión a menudo inabordable.

El agua requerida por una persona para vivir relativamente bien es menor a 200 litros por persona (en Europa en 2017, 128 l/día). Es decir, con un litro por segundo permanente se podría abastecer a unas 350 personas, incluso considerando perdidas moderadas (20%) de distribución, ya que un día tiene 86.400 segundos.

¿Cuál es el valor de ese litro de agua permanente? En el sitio de transacciones de derechos de agua, el valor más caro es de $73 MM el litro por segundo en el acuifero de la cuenca del Río Loa. Dado que en la comuna de Antofagasta hay una sobreotorgación de derechos de agua de alrededor de 160%1, es necesario comprar derechos de agua adicionales para asegurar un litro de agua por segundo. Es probable que basten $120MM para comprar los derechos suficientes para 350 personas, es decir, unos $350 mil por persona. Este monto, aunque elevado, se paga una sola vez y es relativamente bajo comparada con los costos de inversión en distribución de agua en comunidades rurales, que son elevador debida a que son poco densas. Y esto es en la zona de mayores valores de derechos de agua, pues compiten con la minería.

Desembocadura Río Loa

La Ley actual faculta al gobierno a comprar derechos de agua para uso doméstico. La falta de agua para uso doméstico en algunas localidades no es un problema de la Ley de Aguas, sino que se debe a un rápido cambio climático, derechos que antes eran suficientes para asegurar el suministro ya no lo son, que hace necesario disponer de más derechos de agua para uso doméstico, así como la inversión necesaria para procesar y distribuir las aguas asociadas a esos derechos.

Asociación de Agua Potable Rural San Antonio de Naltahua

Incluso si no hubieran derechos de agua disponibles en una zona, se puede desalar agua para el consumo humano, y es lo que hacen ciudades del Norte y la minería. Son pequeñas cantidades de agua en relación al beneficio que generan para las personas o para los procesos productivos, por lo que aunque su valor unitario sea relativamente alto, no impacta en forma importante los costos finales para el usuario. Alternativamente, el costo en subsidios necesarios para asegurar un acceso seguro al agua para consumo doméstico es abordable. En Antofagasta la tarifa del agua es de $1.638,40/m3, y en las mejores plantas de desalación del mundo el costo del metro cúbico es de USD 0.7, es decir unos $500. Por lo tanto, Antofagasta no ve limitado su consumo doméstico por la disponibilidad de agua dulce, porque podría aumentar la inversión en desalación, sin que sea necesario alzar las tarifas.

Planta desaladora de Antofagasta

Un argumento que se oye mucho es que el agua es más cara en Antofagasta, lo que sería injusto. Pero esto es un reflejo de los costos de proveer agua en una zona seca. Si redujésemos las tarifas se usaría agua en forma ineficiente, generando un beneficio por mayor consumo menor que el costo para la sociedad de producir el agua adicional. Recordemos que Antofagasta es la región con los sueldos más altos en Chile (tanto en media como mediana), por lo que el efecto del mayor costo del agua, con respecto a Santiago, por ejemplo, se ve compensado sobradamente por los casi $80.000 de diferencia salarial para el trabajador con la mediana de ingresos.

En la industria y la minería, los consumos son relativamente bajos por unidad de valor agregado. En el caso de la industria, una empresa en que el agua es un componente importante de sus costos se instalará en un lugar en que el agua es más abundante. Salvo casos especiales, como una embotelladora de bebidas en el Norte, no deberían instalarse grandes usuarios indistriales de agua en el Norte. Y para esa empresa de bebidas, lo que produce es también para consumo humano, y en cantidades mínimas en relación a la demanda doméstica por persona.

En el caso de la minería, el consumo promedio nacional es de un 3% de la demanda total, pero la localización de la demanda de agua está dada por los yacimientos. Esta es la razón por la que en la Región de Antofagasta la minería es el gran demandante de agua, con el 50% de la demanda, en una Región en que el consumo total excede la disponibilidad sustentable.3 En un capítulo posterior analizaremos el problema del agua para la minería en la zona Norte, porque nos desviaría demasiado del tema de esta sección. Sin embargo, vemos que este es un problema localizado a una Región (la siguiente región minera relevante en el Norte es la I, donde representa un 17% de la demanda total, así que está en otra categoría).

El problema real del agua está en el uso agrícola en las Regiones al Norte de la XIV. Una hectárea de hortalizas requiere entre 2.000 y 8.000 m3 por ciclo productivo, según el sistema de riego. El ciclo productivo de las lechugas, por ejemplo, es de unos 100 días, así que se pueden tener 3 ciclos anuales. Esto demanda entre 6.000 y 24.000m3 de agua por hectárea. Ese mismo litro de agua por segundo, que podía servir a 350 personas, permite regar solo 1.5-6 há. Por supuesto, otros cultivos tienen menores necesidades de riego que las hortalizas, pero el punto es que la agricultura, a diferencia del consumo doméstico (o indistial o minero), tiene demandas de agua que solo pueden ser satisfechas si el costo del agua es bajo.

Cultivo hortalizas en La Serena

Usar agua desalada para el cultivo de hortalizas, incluso usando las tecnologías más eficientes, tendría un costo anual de USD 4.200=(0.7×6.000) solo en agua. A esto habría que agregar otros costos importantes, porque a diferencia de una planta desaladora instalada en una ciudad costera como Antofagasta, habría que transportar y elevar el agua. Salvo para cultivos muy valiosos o ubicados en condiciones muy especiales, esto es inviable con la tecnología actual.

Emisario de aguas servidas de Antofagasta

Es más factible para la agricultura que las ciudades costeras del Centro y del Norte no descarguen sus aguas servidas al mar, sino que éstas sean tratadas, para luego ser usadas en agricultura. El costo de esta alternativa es menor que la desalación, ya que el costo de tratamiento oscila entre $200-$300/m3, es decir, es aproximadamente un 40-60% del valor del agua desalada, con la ventaja adicional de no evacuar al mar aguas que solo reciben un tratamiento primario.4 En algunas ciudades costeras del Norte y Centro, que actualmente utilizan emisarios para descargar aguas servidas al mar, esto podría permitir el riego de algunas miles de hectáreas.5

Planta tratamiento La Farfana

En resumen, con inversiones moderadas es posible resolver casi completamente el problema de suministro de agua para uso doméstico sin modificar las leyes de agua, e independientemente del cambio climático.6 En ese sentido, la importancia que se le ha dado al tema de las aguas para consumo humano parece artificial. El problema real de las aguas es la demanda agrícola, tema que se analizará por zonas del país en capítulos posteriores de esta serie.

Notas:

1 R. Fischer (2017): «Efectos de la Reforma del Código de Aguas», no publicado.

2. En La Región de Aysén, el porcentaje del consumo es mayor, alcanzando el 72%, pero eso se debe a que las otras actividades prácticamente no usan agua. La demanda minera total de Aysén es de 2.6 m3/seg, pero esto es un porcentaje insignificante de la escorrentía de más de 10.000m3/seg, sin considerar las aguas subterráneas, que no han sido estimadas por la DGA (ver R. Fischer , op. cit.) La X Región también tiene un consumo relativamente elevado de la minería, pero nuevamente, es porque las demás actividades casi no utilizan agua: la demanda agregada de todos los sectores, incluyendo el agrícola es de solo 6.45 m3/seg, comparado con una disponibilidad de 3.385m3/seg.

3. Según la Dirección de Aguas, y considerando un 20% ecológico de las aguas superficiales, la disponibilidad de aguas sustentables en la Región es de 9.31 m3/seg, comparado con una demanda de 12.54 m3/seg.

4. Este valor proviene del valor del servicio de tratamiento en Santiago (mi cuenta doméstica) y en Araucanía.

5. Por ejemplo, la empresa de aguas de Antofagasta produjo en los cinco años anteriores a 2019 un promedio de 2.3m3/seg de agua potable. Estimado que las pérdidas de transporte y procesamiento de las aguas servidas es de un 50%, los 1.2m3/seg alcanzarían para unas 6.ooo ha de hortalizas, pero por supuesto es necesario estimar si los costos de transporte y elevación permiten que sea viable esta alternativa.

6. La excepción son algunas viviendas muy aisladas, que probablemente requieran suministro mediante pozos domesticos.

Un artículo sobre la crisis de la vivienda

¿Son los superdueños los responsables de la crisis de la vivienda?

Fuente: Foto Ciper: «Los superdueños del Gran Santiago y la crisis de la vivienda en Chile»

Tenía pensado seguir escribiendo sobre temas de aguas, pero acabo de leer un artículo en Ciper Académico que requiere una respuesta. Se trata de «Los superdueños del Gran Santiago y la crisis de la vivienda en Chile«. El artículo resume al menos parte de los resultados del proyecto de investigación Fondecyt 11180569, del investigador responsable Francisco Vergara-Perucich.

El artículo sugiere que la inversión inmobiliaria de superdueños, es decir, particulares que poseen un número importante de viviendas para arriendo, tiene efectos negativos que «[…] salpican toda la industria de la vivienda.» El hecho que los superdueños adquieran estas viviendas para el arriendo es, para los autores, una práctica que «[….] que extrae valor desde clases sociales desposeídas en base a un bien básico —la vivienda—, aprovechando el régimen de propiedad privada y el déficit habitacional.» Según los autores, los superdueños inflan los precios en barrios donde no vivirán y capturan la oferta disponible, magnificando la «[…] escasez cautiva de viviendas disponibles, acaparadas por un grupo específico de la población.» En síntesis, los superdueños serían parte de las causas del déficit de vivienda.

El investigador concluye que la política de vivienda ha sido un fracaso y que el gobierno debería volver a ser un actor activo en la construcción de viviendas, señalando:

«Para ilustrar la ineficacia, según el Observatorio Urbano del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el déficit cuantitativo de vivienda para el año 1998 era de 497.012 unidades. Diez años después, y tras una inversión en subsidios de casi 500 millones de UF[4], el déficit de vivienda era de 497.615; es decir, aumentó en un 0.12%, pese a que en el mismo período se construyeron 2.659.889 nuevas unidades en la ciudad

Todo el análisis me parece equivocado, pero antes de evaluar los argumentos, revisemos las cifras. Es raro que el autor utilice cifras de 2008 (diez años después de 1998), dada la existencia de cifras más recientes disponibles en la página del Observatorio Urbano del Minvu. Este tiene una planilla con el nombre «DD Déficit Habitacional 2002-2017 metodología homologada», que muestra los cambios en el déficit entre esos años, usando los censos de 2002 y 2017. El déficit era de 522,326 viviendas en 2002 y de 393,613 en 2017, es decir una reducción de un 24%. s.

Figura 1. Fuente: Características de la inmigración internacional en Chile, Censo 2017

Esta reducción se produjo en un período de fuerte aumento en la inmigración, que tiene un efecto exógeno sobre la demanda de viviendas. Según el informe «Características de la inmigración internacional en Chile, Censo 2017» del INE, el porcentaje de inmigrantes creció desde un 1.3% a un 4.4% de la población entre 2002 y 2017, como se muestra en la figura 1.1 Estos casi 600 mil inmigrantes del período 2002-2017 requieren viviendas. Por este solo hecho el déficit debería haber aumentado en unas 150.000 viviendas. Las políticas de vivienda del pasado no consideraban la importancia que tendría la inmigración, que ha sido un fenómeno de aceleración reciente. Por eso, so se puede achacar esa componente del déficit a las políticas de vivienda anteriores a 2017. Omitiendo, por lo tanto, el efecto inmigración al evaluar las políticas de vivienda, tenemos que esas políticas habrían reducido el déficit original a unas 250.000 viviendas en 2017. Esto es una reducción de casi un 50% en el déficit, lo que es una muestra de políticas efectivas, al contrario de lo que señala F. Vergara.

Esto se explica porque la construcción de viviendas en el período 2002-2019 fue en promedio de 138,613 al año, según la planilla «PE Viviendas unidades y superficie según año y comuna 2002 a mar 2021.xlsx» del Observatorio Urbano. Para dimensionar esta cifra, en Inglaterra (población 56 millones) se construyeron 244.000 viviendas en 2019/2020, siendo esta la cifra más alta desde 2006/2007, como se muestra en la figura siguiente.

Fuente: Tackling the under-supply
of housing in England, Briefing Paper 07671, 14 enero 2021, House of Commons Library.

La conclusión es que las cifras no respaldan la conclusión de F. Vergara de que la política habitacional en Chile no surtió efecto. Pensemos ahora en la lógica. La idea de que los superdueños (inversionistas de riqueza mediana) estarían acaparando viviendas no considera el funcionamiento del mercado de la vivienda.

La ecuación que determina si es mejor arrendar o comprar una vivienda es que lo que se paga en arriendos debe ser igual al dividendo de la hipoteca más el costo de mantenimiento de la vivienda propia, menos la apreciación de la vivienda.2 En un equilibrio en que el precio de la vivienda se mantiene estable, el arriendo es igual al dividendo más el costo de mantenimiento y por lo tanto debería ser indiferente para las personas la decisión de arrendar o comprar.3 Dado que los superdueños compran viviendas por su rentabilidad, y no por sus aspectos emocionales (ver nota 3), deben arrendar las propiedades para no tener pérdidas. Por lo tanto, éstas no desaparecen del mercado ni los superdueños contribuyen al déficit de viviendas.

Vergara parece pensar que la capacidad de contrucción de viviendas está limitada, por lo que si se las compran los superdueños, no habrá casas para los demás. Al revés, al elevar la demanda y el precio, la oferta se ajusta en respuesta. Las causas del alto precio de las viviendas no son los superdueños, sino las que describí hace poco en un posteo sobre tomas de terrenos. Es una combinación de caída en las tasas de interés, al que se agrega el IVA a la construcción (que tiene un efecto de contagio ya que eleva el costo de las viviendas de mayor valor), los límites constructivos que imponen las municipalidades y el aumento en la demanda producida por la inmigración, que a mediados de 2020 alcanzaban 1.6 millones de personas, según la ONU.

Viviendas sociales en Concepción, Diario Concepción. Fotografía: Raphael Sierra P.

Por último, la pandemia a contribuido a aumentar la demanda por viviendas. En viviendas con hacinamiento, el confinamiento puede hacer la vida muy difícil, y hace urgente vivir con más espacio. Esto contribuye (como ha ocurrido en los EEUU y el Reino Unido, y tal vez otros países) a elevar los precios de la viviendas.

Omitir estos hechos al analizar problemas tales como el alza de los costos de la vivienda y las dificultades para acceder a una vivienda muestra deficiencias que son incompatibles con un proyecto científico. Usar esos argumentos para luego criticar las políticas de vivienda muestra una parcialidad abismante. Estas políticas tienen muchos problemas, pero no los que señala Vergara.4 Considerando la escasez de proyectos Fondecyt (este año se han aprobado proyectos Fondecyt sin financiamiento), porque el país no dispone de los recursos que se requieren para financiar proyectos de alta calidad, me sorprende y desilusiona que este proyecto haya sido aprobado.

Notas:

  1. Este porcentaje puede estar subestimado, porque los inmigrantes ilegales pueden desconfiar del censo, como ocurre en otros países.
  2. Esto simplifica un poco las expresiones, porque el propietario eventualmente deja de pagar, pero por otro lado las viviendas tienen una vida útil finita. El supuesto para esta formulación sencilla es que la duración de la vivienda es infinita, y que el costo de capital no se paga nunca (es un consol). Se resta la apreciación de la vivienda, porque esta es una ganancia para el propietario.
  3. Existen otros motivos por lo que comprar podría ser más atractivo que arrendar, por ejemplo, como una forma de ahorro forzoso, o por un aspecto emocional. Pero esto tendría el efecto de inclinar la balanza hacia arriendos más baratos.
  4. Por ejemplo, la localización de las viviendas ofrecidas, lejanas a los lugares de trabajo, la ausencia de coordinación para el desarrollo de infraestructura habilitante con los ministerios de transporte, obras públicas y otros al desarollar proyectos, problemas de calidad y tamaño de las viviendas, etc. Tampoco parece haber coordinación con los municipios para relajar y adecuar los limites constructivos que permitan el desarrollo de viviendas de bajo costo en zonas concentradas. Pero no se puede criticar las cifras de viviendas construidas.

Uber, taxis y Adam Smith

R. Fischer

Adam Smith se oponía a los gremios que impedían que las personas pudieran trabajar en lo que deseaban:

La propiedad que cada persona tiene sobre su propio trabajo es el origen de toda otra forma de propiedad y es por lo tanto la propiedad más sagrada e inviolable. El patrimonio de un hombre pobre yace en la fuerza y la destreza de sus manos. Impedirle que emplee su fuerza y destreza en la manera que la parezca adecuada sin daño al prójimo es una violación manifiesta de la más sagrada de las propiedades.

[…] La decisión de quién es apto para ser empleado seguramente debería ser dejada a la discreción de sus empleadores a quienes esto tanto concierne. La fingida preocupación del legislador ante la posibilidad de que podrían emplear a una persona impropia es evidentemente tan impertinente como opresiva.

La institución de largos aprendizajes no da ninguna seguridad de que trabajos de mala calidad no se ofrezcan para la venta al público. (Riqueza…, Libro I, cap X, parte II)

Todo en esta cita se puede trasladar a los argumentos que se han dado para proteger al gremio de los taxistas de la competencia de Uber y Cabify. Impedir que personas aptas para conducir puedan transportar pasajeros bajo el supuesto de que esto sería peligroso para el público, cuando las personas que trabajan en Uber han sido vetadas por ese mismo público (mediante las evaluaciones  que se hacen de éstos) muestra que la intención del legislador es otra. Y las licencias profesionales de conducir no dan ninguna seguridad de que malos conductores no trabajan de taxistas.

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Los dueños de licencias a menudo arriendan sus taxis, por lo que el que lo conduce no obtiene los beneficios del monopolio.

Las licencias de taxi se pueden arrendar, y cuando esto ocurre, el conductor del taxi con licencia no recibe ningún beneficio del monopolio. Las rentas del monopolio se las lleva su empleador; el solo se queda con el valor que habría tenido su trabajo de taxista si no existieran licencias. Por lo tanto, ni siquiera es aplicable el equivocado deseo de proteger al taxista y su trabajo.

 

 

 

Sobre Uber y los taxis


R. Fischer

El gremio de taxistas presiona por prohibir o regular a Uber de manera que no compita con ellos. Los tacos recientes en la Alameda han sido muestras de poder de un monopolio que tiene pocos contrapesos. El ministro de Transportes (contra todos los principios de un economista) los apoya y está estudiando legislación que impediría que compitan con los taxis.

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Taxis protestando contra Uber

Mucho mejor la decisión de hoy de la 7 Corte de Apelaciones de los Estados Unidos, donde el Juez Posner escribió (lo que sigue es mi traducción):

«Una licencia para operar una tienda de café no autoriza al licenciado a prohibir la apertura de una tienda de té. Cuando la propiedad consiste en la autorización para operar en un mercado de una forma particular, esto no otorga el derecho a no enfrentar competencia en ese mercado. Una patente confiere el derecho exclusivo a producir y vender el producto patentado, pero no da el derecho de prohibir que un competidor invente –sin infringir la patente– un producto sustituto que erosione las ganancias de la patente. Más aún, cuando aparecen nuevas tecnologías o nuevos métodos de hacer negocios, un resultado común es la decadencia o desaparición de los métodos antiguos. Si lo antiguo tuviera el derecho constitucional de prevenir la entrada de lo nuevo en los mercado de lo antiguo, el progreso económico cesaría. En vez de taxis, tendríamos coches de caballos; en vez del teléfono, el telégrafo; en vez de las computadoras, las reglas de cálculo. La obsolescencia sería una fuente de derechos. «

El original:

«A license to operate a coffee shop doesn’t authorize the licensee to enjoin a tea shop from opening. When property consists of a license to operate in a market in a particular way, it does not carry with it a right to be free from competition in that market. A patent confers an exclusive right to make and sell the patented product, but no right to prevent a competitor from inventing a noninfringing substitute product that erodes the patentee’s profits. Indeed when new technologies, or new business methods, appear, a common result is the decline or even disappearance of the old. Were the old deemed to have a constitutional right to preclude the entry of the new into the markets of the old, economic progress might grind to a halt. Instead of taxis we might have horse and buggies; instead of the telephone, the telegraph; instead of computers, slide rules. Obsolescence would equal entitlement.»

 

El edificio del Sindicato del BancoEstado

R. Fischer

Al volver a mi oficina luego de un seminario en la Facultad de Economía y Negocios, pasé frente a un enorme edificio nuevo en calle Tarapacá, de al menos 9 pisos. Era el nuevo edificio del Sindicato de BancoEstado, construido con recursos de alguien.

El sindicato alegará que son las cuotas de los miembros: mi impresión es que la negociación sindical con el BancoEstado incluye las cuotas en el convenio. En tal caso, los chilenos pagamos el nuevo edificio del sindicato. Además de los seis balnearios (Lo Guillaves, Los Queñes, Campo Deportivo Chillán, Puerto Montt, Recinto Lechagua  y San Juan), el Estadio en Santiago, así como la reciente alza salarial que se comió las utilidades de un trimestre y le costó el cargo a Guillermo Larraín.

No me hubiera importado que una empresa privada tratara con tanta bondad al sindicato: después de todo, los accionistas deberían reclamar. En el caso de este edificio, son recursos nuestros los que permiten este despliegue.

SindicatoBcoEstado
Lo que pude fotografiar del edificio, que ocupa toda la cuadra de Tarapacá entre Arturo Prat y Serrano.