Variacioncompensada's Blog

Evaluación de funcionarios | diciembre 4, 2011

R. Fischer

Hace poco salió un nota en El Mercurio sobre las calificaciones de los funcionarios del Estado central. Más del 97% de los funcionarios son calificados con distinción, lo que es completamente ridículo, significa que las calificaciones no contienen ninguna información.

En un año difícil, como 2010, fue eliminado el inmenso número de 16 funcionarios por malas calificaciones. Peor aún, en el Ministerio del Trabajo el 99.5% de los funcionarios es calificado con distinción. Ridículo. Por lo tanto, cuando se descubre que un funcionario con una hoja de servicios distinguida ha cometido un delito, y el público se sorprende de que un funcionario de tan buen comportamiento haya cometido ese error, es el público el que se equivoca: el funcionario podría haber sido siempre un delincuente y las calificaciones no lo habrían mostrado.

Esta falta de información en las calificaciones funcionarias tiene un paralelo en las notas de de los estudiantes de colegio. Bajo la presión de los padres por el ingreso a la universidad, los promedios han estado subiendo aceleradamente y cada vez es menor el rango de promedios: sacarse menos de un 6.0 de promedio indica un estudiante seriamente deficiente.

En algún momento, hace años, se me ocurrió que para resolver el problema de la ausencia de información en las notas, el Estado las ajustara usando la media del Simce del colegio (siendo más finos, ajustando también según la varianza del Simce). Esto eliminaría la presión por subir las notas, ya que serían ajustadas posteriormente. Tal vez sea una buena idea, pero en todo caso me hizo pensar en si se podría aplicar algo similar al interior del Estado para calificar funcionarios.

La idea era simple: la norma establecía porcentajes de empleados en cada categoría: 20% con distinción, 50% bueno, 27% condicional y 3% eliminados, por ejemplo, aunque los porcentajes son simplemente ilustrativos.Si las calificaciones que ponía un jefe a sus subordinados no correspondía a esos porcentajes, el jefe quedaba calificado condicional en forma casi automática. El mecanismo forzaba a los jefes a evaluar, pero los ponía bajo intensa presión de sus subalternos así que no parece tan buena idea.

El otro día se me ocurrió por qué tal vez no fuera una buena idea. Se me prendió la ampolleta, aunque es tan obvio que muchas personas deben haberlo pensado. El motivo por el que no se ponen malas notas es el Estatuto Administrativo. En una empresa normal, e jefe califica a sus empleados, y si estos se molestan con la calificación, puede despedirlos, por lo que éstos no pueden ejercer más presión que una presión moral sobre el jefe que los califica.

La situación en la Administración Pública es diferente Si el empleado se molesta con el jefe puede hostigarlo sin demasiado temor, pues es inamovible y dispone de múltiples mecanismos que lo defienden: el sindicato, otros empleados también inamovibles, etc. Aunque no todos los empleados estén dispuestos a hostigar al jefe al recibir una mala calificación, el jefe prefiere no arriesgarse (además le debe parecer injusto calificar mal solo a funcionarios a los que no les teme). En tal caso, es obvio que las calificaciones tienden a subir.

La hipótesis es consistente con el 99.5% de trabajadores que recibió calificación de distinción en el Ministerio del Trabajo: ellos deben ser los más complicados para sus jefes, debido a la labor que realizan.

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Publicado en Economía laboral

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