Los artistas y los derechos de propiedad

R. Fischer

Estaba leyendo un artículo de Tyler Cowen sobre el mercado laboral de los economistas académicos cuando recordé un tema del que quería escribir hace tiempo. Cowen hace ver que los economistas académicos aplican estándares mucho más duros a su mercado de trabajo académico que cuando estudian el desempleo. En su propio mercado, la meritocracia es el único criterio valedero, y el desempleo está asociado a la falta de talentos y mérito. En cambio, no se hacen la mismas preguntas cuando se refieren a los mercados laborales generales, en los que las causas del desempleo no tienen origen en la meritos sino en las deficiencias y fricciones del mercado laboral.

El argumento me recordó la forma como los escritores y los artistas piensan. En general, los escritores y artistas tienden a ser de izquierda y a oponerse a la propiedad privada. Hay una excepción importante: pocas veces he visto incluso a los capitalistas más acérrimos defender derechos de propiedad con la dedicación de los artistas al derecho de propiedad intelectual. No me queda claro que los artistas entiendan que sus posiciones son contradictorias desde un punto de vista lógico, pero es conveniente recordarlo cuando los artistas se oponen al neoliberalismo y sus defensores.

Licitaciones pesqueras

R. Fischer

En las últimas semanas las empresas pesqueras han mostrado de todas las formas posibles que si se realizan las licitaciones pesqueras se producirá un desastre en la industria. Aseguran que sobrevendrá la quiebra de empresas, el desempleo, la entrega de recursos naturales a extranjeros, la concentración de la industria, la reducción de la inversión pesquera y la innovación. Finalmente, aseguran que se trata de la expropiación de derechos adquiridos.

Por otra parte, quienes defienden las licitaciones también utilizan algunos argumentos no muy sólidos. Por ejemplo, se argumentó que no licitar significaba la concentración de la industria y que esto era malo para el país. Los proponentes de las licitaciones también sugieren que la eficiencia y la innovación son menores sin licitaciones. Es sorprendente notar que tanto proponentes como adversarios de las licitaciones creen que si no se siguen sus propuestas, la concentración aumentará (y que esto es malo), y que la eficiencia y la innovación caerán.

En mi impresión de observador externo, que alguna vez publicó artículos teóricos sobre el tema pesquero, la oposición de la industria tiene una explicación más sencilla: ésta no desea pagar por las rentas pesqueras. Por ello han contratado estudios a académicos prestigiosos, los que han estudiado el problema y han confirmado las aprensiones de la industria que los contrató. Asimismo, han sugerido que las rentas no son tan grandes, porque éstas se ven reducidas por el pago de permisos.

Pero si las rentas son tan pequeñas, ¿cuál es el motivo para hacer tantos esfuerzos para evitar las licitaciones? De ser válido el argumento, se obtendrían bajos valores al licitar las cuotas y el gobierno que las impulsó tendría que explicar porqué hizo tanto esfuerzo por tan pocos resultados. Y dado que las cuotas son transferibles, las empresas que se quedaron sin cuotas podrían siempre comprarlas —a precio de huevo—. En resumen, no se entiende la oposición, a menos que las cuotas tengan un valor elevado.

Respecto a los efectos sobre la innovación y la inversión, ambas partes tienen su cuota de razón: al ser licitaciones que otorgan derechos por un período limitado, tiende a reducirse la inversión, aunque si el período es similar a la vida útil de los equipos, el efecto sería menor. Lo mismo ocurre con la innovación. Por otra parte, como lo señala el famoso académico contratado por los proponentes de las licitaciones, si se regalan las rentas incorporadas en las cuotas, las empresas no tienen que preocuparse de la competencia, y eso lleva a ineficiencia. Pero si las cuotas son transferibles, esta ineficiencia debería desaparecer en el mediano plazo, ya que alguien estaría dispuesto a pagar por comprar un derecho mal aprovechado. Es decir, los efectos sobre la innovación y la eficiencia son opinables y dependiendo de aspectos bastante subjetivos, pueden ir para uno u otro lado.

El meollo del tema, por lo tanto, es el derecho a recibir rentas sin pagar por ellas. Los derechos de pesca pertenecen al Estado y por lo tanto —en principio— a todos los chilenos. Las empresas que habían hecho inversiones pesqueras los recibieron por diez años en forma gratuita, pero no deberían adquirir derechos de propiedad perpetuos solo por ese motivo. Se trata de recursos de todos los chilenos, y no tienen por qué asignarse a una pocas empresas por razones históricas y capacidad de presión política.