La visita de un candidato a Rector

R. Fischer

 

Hoy visitó nuestro departamento Ennio Vivaldi, candidato a segunda vuelta y probable futuro rector de la Universidad de Chile.1 Fue una reunión con relativamente pocas personas, pero había bastante interés en sus opiniones y propuestas políticas.

EnnioVivaldi
Ennio Vivaldi

Ennio hizo un discurso inicial y luego planteó sus ideas, que confirmaron lo que sabía de sus posiciones. Para Ennio, el pasado es mejor que el presente, y el futuro que desea es uno que se parece al pasado: la Universidad de Chile con triestamentalidad, un gran aporte basal del Estado y traspasos de recursos de Facultades poderosas a Facultades débiles.2 Para eso piensa usar el poder del Rector: para apelar a las conciencias.3

Todo el discurso está construido sobre la idea que los últimos 40 años son un intermezzo lamentable en nuestro país. Pertenece a los sesentones (no es un problema de edad, ya que muchos dirigente estudiantiles piensan igual) sino porque cree que esa fue la mejor época de nuestro país, o al menos así entiendo su pensamiento.

Otro defecto de su discurso, aunque esto no es una opinión muy difundida en mi departamento, es que la Universidad de Chile es la hija preferida del Estado de Chile y por eso debería recibir privilegios especiales. Me cuesta digerir la idea de esos privilegios y me parece que a menudo dejan como resultado una universidad más interesada en obtener recursos adicionales del gobierno que de ser académicamente destacada.  A cambio de eso, tenemos que retornar servicios  al Estado que supuestamente nadie podría ofrecer. Creo que en una Universidad –como en cualquier grupo humano con personas inteligentes y que se enorgullecen de su intelecto– hay demasiados intereses, egoístas, políticos o intelecutales como para que esa idea sea práctica a menos que les sea impuesta. Nuestra diversidad impide que haya una posición de la Universidad de Chile, y los consensos a los que se puede llegar son insulsos. El común denominador de nuestras opiniones es pobre.4

Creo que Vivaldi es más académico que Morales y seguramente mejor para la Universidad.5 El problema es que está demasiado influenciado por lo que vivió hace cuarenta años y no ha aceptado mucho de lo cambios desde entonces. Es, en resumen,  un conservador de izquierda. Creo que para la universidad habría sido mejor un renovador liberal.

 

Nota:

1. Por transparencia debo señalar que Ennio Vivaldi está casado con una prima, y lo conozco bien. Usaré su nombre de pila, porque sería incómodo llamarlo Dr. Vivaldi.

2. La triestamentalidad es su preferencia, aunque dijo que no creía que sería aprobada durante su mandato.

3. Estos mecanismos funcionan hasta que los académicos perjudicados comienzan a irse. Ante esto se puede eliminar a la competencia como alternativa válida (actuando en el plano político), o no considerar que la migración de buenos académicos sea un problema, porque  si se van no merecían estar en la U. de Chile.

4. Hace poco tuve esa experiencia cuando participé en el grupo que preparó la posición de la U. de Chile en política energética.

5. Aunque no estoy de acuerdo con muchas ideas de Brieva –que no es un renovador liberal–, creo que su enfoque  más académico y dirigido al futuro era preferible para la Universidad. Ennio es mejor que Morales, pero eso no es suficiente.

Creo que voy a votar por Velasco…

R. Fischer

Esta es la primera vez que declaro públicamente mi intención de voto. Normalmente al votar por un candidato es necesario elegir entre distintas alternativas no demasiado atractivas, cerrar los ojos y votar por el que causa menos desagrado.

El desagrado no es tanto por las ideas de los candidatos, sino por la falta de coherencia intelectual que usualmente tienen las plataformas políticas. Comprendo los motivos para ello: es parte de la vida en política, donde se deben acomodar distintos intereses partidistas, responder a los deseos del público, o a las presiones de grupos organizados. Por lo tanto, voto por algún candidato, pero no estoy tranquilo luego de hacerlo.

El caso de Velasco es distinto, porque sus propuestas responden todas a un esquema consistente, riguroso y lógico, en el que no es necesario excusar  errores de análisis. Por lo tanto, en la parte más intelectual, votar por Velasco es satisfactorio.1

Para dar un ejemplo, consideremos el caso del FUT. A mi me parecía que el FUT  era una idea elegante para resolver el problema de financiamiento para inversión de las empresas, el que tenía el lamentable problema de ser un mecanismo por el que era fácil eludir/evadir impuestos. Por lo tanto, no me sentía cómodo con la idea de eliminar el FUT, pero tampoco con propuestas que lo mantenían inalterado, y parece ser difícil eliminar el forado fiscal que genera. Velasco (o alguno de sus asesores) tuvo la brillante idea de observar que el FUT es, en rigor, un préstamo del Fisco. Por lo tanto, es una distorsión que ese crédito no pague intereses,. Como mínimo deben pagar el costo para el Estado de los recursos que éste deja de obtener, i.e., el impuesto adicional que se habría pagado al retirar las utilidades retenidas. Es una solución ingeniosa al problema del FUT, aunque seguramente igual habría que ver complementarla con otras medidas para evitar nuevas trampas al sistema.

Algo similar sucede con su análisis de política exterior, de educación, y de algún otros sector que olvido. Son propuestas consistentes y bien pensadas. Tengo  diferencias sutiles con sus propuestas en temas de innovación, pero  un problema menor. Y como además concuerdo con sus propuestas valóricas, es el primer candidato con el que me siento lo suficientemente cómodo como para declarar públicamente mi intención de voto.

Claro que es improbable que gane.

Nota: Debo aclarar que lo conozco más o menos bien desde hace años, lo que podría afectar mi análisis. Por contrapartida, tuve cierta desconfianza cuando declaró su candidatura, temiendo que se adaptara a ensuciar ideas con el fin de agradar a los votantes.