Variacioncompensada's Blog

Uber, taxis y Adam Smith

octubre 12, 2016
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R. Fischer

Adam Smith se oponía a los gremios que impedían que las personas pudieran trabajar en lo que deseaban:

La propiedad que cada persona tiene sobre su propio trabajo es el origen de toda otra forma de propiedad y es por lo tanto la propiedad más sagrada e inviolable. El patrimonio de un hombre pobre yace en la fuerza y la destreza de sus manos. Impedirle que emplee su fuerza y destreza en la manera que la parezca adecuada sin daño al prójimo es una violación manifiesta de la más sagrada de las propiedades.

[…] La decisión de quién es apto para ser empleado seguramente debería ser dejada a la discreción de sus empleadores a quienes esto tanto concierne. La fingida preocupación del legislador ante la posibilidad de que podrían emplear a una persona impropia es evidentemente tan impertinente como opresiva.

La institución de largos aprendizajes no da ninguna seguridad de que trabajos de mala calidad no se ofrezcan para la venta al público. (Riqueza…, Libro I, cap X, parte II)

Todo en esta cita se puede trasladar a los argumentos que se han dado para proteger al gremio de los taxistas de la competencia de Uber y Cabify. Impedir que personas aptas para conducir puedan transportar pasajeros bajo el supuesto de que esto sería peligroso para el público, cuando las personas que trabajan en Uber han sido vetadas por ese mismo público (mediante las evaluaciones  que se hacen de éstos) muestra que la intención del legislador es otra. Y las licencias profesionales de conducir no dan ninguna seguridad de que malos conductores no trabajan de taxistas.

taxisuber

Los dueños de licencias a menudo arriendan sus taxis, por lo que el que lo conduce no obtiene los beneficios del monopolio.

Las licencias de taxi se pueden arrendar, y cuando esto ocurre, el conductor del taxi con licencia no recibe ningún beneficio del monopolio. Las rentas del monopolio se las lleva su empleador; el solo se queda con el valor que habría tenido su trabajo de taxista si no existieran licencias. Por lo tanto, ni siquiera es aplicable el equivocado deseo de proteger al taxista y su trabajo.

 

 

 


Sobre Uber y los taxis

octubre 11, 2016
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R. Fischer

El gremio de taxistas presiona por prohibir o regular a Uber de manera que no compita con ellos. Los tacos recientes en la Alameda han sido muestras de poder de un monopolio que tiene pocos contrapesos. El ministro de Transportes (contra todos los principios de un economista) los apoya y está estudiando legislación que impediría que compitan con los taxis.

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Taxis protestando contra Uber

Mucho mejor la decisión de hoy de la 7 Corte de Apelaciones de los Estados Unidos, donde el Juez Posner escribió (lo que sigue es mi traducción):

“Una licencia para operar una tienda de café no autoriza al licenciado a prohibir la apertura de una tienda de té. Cuando la propiedad consiste en la autorización para operar en un mercado de una forma particular, esto no otorga el derecho a no enfrentar competencia en ese mercado. Una patente confiere el derecho exclusivo a producir y vender el producto patentado, pero no da el derecho de prohibir que un competidor invente –sin infringir la patente– un producto sustituto que erosione las ganancias de la patente. Más aún, cuando aparecen nuevas tecnologías o nuevos métodos de hacer negocios, un resultado común es la decadencia o desaparición de los métodos antiguos. Si lo antiguo tuviera el derecho constitucional de prevenir la entrada de lo nuevo en los mercado de lo antiguo, el progreso económico cesaría. En vez de taxis, tendríamos coches de caballos; en vez del teléfono, el telégrafo; en vez de las computadoras, las reglas de cálculo. La obsolescencia sería una fuente de derechos. “

El original:

“A license to operate a coffee shop doesn’t authorize the licensee to enjoin a tea shop from opening. When property consists of a license to operate in a market in a particular way, it does not carry with it a right to be free from competition in that market. A patent confers an exclusive right to make and sell the patented product, but no right to prevent a competitor from inventing a noninfringing substitute product that erodes the patentee’s profits. Indeed when new technologies, or new business methods, appear, a common result is the decline or even disappearance of the old. Were the old deemed to have a constitutional right to preclude the entry of the new into the markets of the old, economic progress might grind to a halt. Instead of taxis we might have horse and buggies; instead of the telephone, the telegraph; instead of computers, slide rules. Obsolescence would equal entitlement.”