Variacioncompensada's Blog

Uber, taxis y Adam Smith

octubre 12, 2016
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R. Fischer

Adam Smith se oponía a los gremios que impedían que las personas pudieran trabajar en lo que deseaban:

La propiedad que cada persona tiene sobre su propio trabajo es el origen de toda otra forma de propiedad y es por lo tanto la propiedad más sagrada e inviolable. El patrimonio de un hombre pobre yace en la fuerza y la destreza de sus manos. Impedirle que emplee su fuerza y destreza en la manera que la parezca adecuada sin daño al prójimo es una violación manifiesta de la más sagrada de las propiedades.

[…] La decisión de quién es apto para ser empleado seguramente debería ser dejada a la discreción de sus empleadores a quienes esto tanto concierne. La fingida preocupación del legislador ante la posibilidad de que podrían emplear a una persona impropia es evidentemente tan impertinente como opresiva.

La institución de largos aprendizajes no da ninguna seguridad de que trabajos de mala calidad no se ofrezcan para la venta al público. (Riqueza…, Libro I, cap X, parte II)

Todo en esta cita se puede trasladar a los argumentos que se han dado para proteger al gremio de los taxistas de la competencia de Uber y Cabify. Impedir que personas aptas para conducir puedan transportar pasajeros bajo el supuesto de que esto sería peligroso para el público, cuando las personas que trabajan en Uber han sido vetadas por ese mismo público (mediante las evaluaciones  que se hacen de éstos) muestra que la intención del legislador es otra. Y las licencias profesionales de conducir no dan ninguna seguridad de que malos conductores no trabajan de taxistas.

taxisuber

Los dueños de licencias a menudo arriendan sus taxis, por lo que el que lo conduce no obtiene los beneficios del monopolio.

Las licencias de taxi se pueden arrendar, y cuando esto ocurre, el conductor del taxi con licencia no recibe ningún beneficio del monopolio. Las rentas del monopolio se las lleva su empleador; el solo se queda con el valor que habría tenido su trabajo de taxista si no existieran licencias. Por lo tanto, ni siquiera es aplicable el equivocado deseo de proteger al taxista y su trabajo.

 

 

 

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Adam Smith y las obligaciones

agosto 13, 2015
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R. Fischer

Estoy leyendo la Teoría de los Sentimientos Morales, de Adam Smith, como un complemento a la preparación del curso de Historia del Pensamiento Económico. Smith escribe con largas frases (u oraciones, como me enseñaron y nunca quise aprender) elegantes que obligan a subrayar todo el texto por su sentido y forma.

AdamSmith

Adam smith

En la sección en que compara las virtudes de la Justicia y la Beneficencia, señala que la Beneficencia no puede ser obligada; solo puede ser el producto de la voluntad. Ejemplos de Beneficencia son el afecto de un padre por un hijo, o el de un hijo a sus padres, el cariño entre hermanos, o la compasión por el prójimo en desgracia. Nadie puede ser obligado a ser un ejemplo de esta virtud, aunque su carencia es causa de  una mala opinión de los demás, pero no de castigo.

A continuación señala que el príncipe/magistrado –la autoridad– puede obligar a ciertos mínimos de Beneficencia, obligando a los padres a mantener a sus hijos, que los hijos ayuden a los padres en su ancianidad, obligaciones hacia los pobres (las Poor Laws) y otras de este tipo. Esto transforma en un asunto de Justicia un tema relacionado con la Beneficencia. Pero señala que entre todas las obligaciones de un legislador, esta es la que requiere más delicadeza y juicio:

“To neglect it altogether exposes the commonwealth to many gross disorders and shocking enormities, and to push it too far is destructive of all liberty, security, and justice.”

 

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Lápida de Adam Smith, Edinburgo


Teoría del Valor en Smith

marzo 20, 2012
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R, Fischer

Valor en uso y valor de intercambio

Smith tuvo distintas visiones sobre el concepto de valor en distintas partes de su libro, La Riqueza de las Naciones (LRN, usamos la edición de  E Cannan). En una parte (Capítulo IV, p53) considera el valor en uso y el valor de escasez: el agua y el aire son más útiles que el oro y los diamantes, pero debido a su abundancia, y a que no son apropiables, su valor es cero (salvo donde el agua es escasa, como en un desierto). En cambio las personas están dispuestas a intercambiar muchos bienes por diamantes u oro, es decir, son bienes que tienen mucho valor de intercambio –no de uso–.

El trabajo es la fuente original del valor

Según Smith (Capítulo V, primer párrafo, LRN), las personas son ricas o pobres de acuerdo al grado en que pueden gozar de las necesidades, lujos  y placeres de la vida humana. Pero en un mundo en que la división del trabajo existe, casi todas esas necesidades, lujos y placeres debe obtenerlos del trabajo de los demás, porque su propio trabajo no es capaz de producir esa variedad de bienes y servicios.  Una persona es rica o pobre, por lo tanto, según la cantidad de trabajo que puede comprar. El valor de cualquier bien para la persona que lo posee, es igual a la cantidad de trabajo que le permite comprar. el trabajo, sugiere aquí, es la medida real del valor de intercambio de los bienes.La riqueza por lo tanto, es el poder de comprar trabajo.  Cuando compramos un bien usando dinero o bienes, en realidad estamos comprando con el trabajo que costó conseguir ese dinero. En particular, el dinero contiene una cierta cantidad de trabajo, el que corresponde al trabajo que fue necesario usar para conseguir ese dinero:

“Labour was the first price, the original purchase-money that was paid for all things. It was not by gold or by silver, but by labour, that all the wealth of the world was originally purchased; and its value, to those who possess it, and who want to exchange it for some new productions, is precisely equal to the quantity of labour which it can enable them to purchase or command.”

Pero Smith admite complicaciones de esta medida, porque no todos los trabajos son iguales. Se debe considerar el riesgo o la molestia de un trabajo particular, o el esfuerzo que hace la persona en su trabajo, o la inversión en el capital humano en una industria particular. Por lo tanto, de acuerdo a Smith, al intercambiar diferentes cantidades de trabajo la medida del trabajo debe ser ajustada, con el “regateo del mercado”. En realidad, Smith aquí es más inconsistente que Cantillon por ejemplo, que consideró el costo de la inversión en capital humano de un artesano en forma explícita.

Smith admite que los valores de intercambio pueden variar, en términos de dinero, por ejemplo. Esto significa que el trabajo tiene un valor real y uno nominal. Su valor nominal es la cantidad de dinero necesaria para adquirirlo, su valor real es la cantidad de necesidades y  lujo que puede comprar. El trabajador es rico o pobre de acuerdo al valor real de su trabajo.

Las componentes del valor: salario, renta de la tierra y utilidad sobre el capital

En el capítulo VI de LRN  Smith considera el valor de un bien a partir de sus componentes. Comienza señalando que en una etapa primitiva, la única medida con la que se podían intercambiar dos bienes es la cantidad de trabajo que requerían. Si en un pueblo cazador, tarda dos horas cazar un ciervo y una hora cazar un castor, es natural intercambiar un ciervo por dos castores, es decir, de acuerdo a las horas de trabajo que requiere “producir” cada uno. En ese estado de la naturaleza, todo el producto del trabajo pertenece al trabajador-cazador, por lo que la cantidad de trabajo usualmente requerida para producir un bien es la medida de su valor de intercambio.

A medida que algunas personas acumulan capital, lo usarán para contratar trabajadores (pagar sus alimentos y herramientas), recibiendo a cambio una utilidad al producirse la venta de la producción. En este caso, el valor que el trabajador integra al producto debe ser dividido en dos partes, una que va al trabajador y otra que va al capitalista. Esa utilidad debe existir, porque el empresario no desea simplemente recuperar lo que prestó (en tal caso, ¿para qué arriesgarlo en el negocio?). Esta utilidad debe ser creciente en el capital invertido o si no, ¿porqué invertir más que menos?

Smith dstingue la rentabilidad del capital del pago por los servicios de supervisión y dirección en una empresa. Las labores de supervisión pueden ser delegadas a un gerente bien pagado, pero el capitalista que se queda descansando todavía espera un rentabilidad de su capital pese a que no trabaja.

Smith considera luego un mundo en que las tierras agrícolas son propiedad privada y que los terratenientes, como todas las personas, aman cosechar donde no han sembrado. Por ello, exigen una renta incluso por el producto natural de la tierra (lo que crece en forma natural, como la leña de los bosques, el pasto del campo) que solo requiere el esfuerzo de recogerlos. El precio que cobra el terrateniente por los servicios de la tierra es la renta de la tierra y es el tercer componente del valor de la mayor parte de los bienes.

El interés, según este análisis, es la remuneración que recibe el que presta una suma por el costo de oportunidad de no utilizar esos recursos  en otros negocios rentables (LRN, Cap V, p71).

El precio del trigo se puede dividir en aquella parte  que paga la renta de la tierra, la que paga la utilidad del capital y la que paga el salario o el sustento de los trabajadores. Asimismo, todos los bienes se pueden considerar como divisibles en estas componentes.

Precio natural y precio de mercado

Según Smith, en cada sociedad hay una tasa natural (o promedio) de salarios, utilidad del capital y de las rentas sobre la tierra, y cuando el precio de un bien es suficiente para remunerar cada uno de estas tasas naturales, estamos en lo que Smith denomina el precio natural, en que cada bien se vende por lo que efectivamente cuesta. Este no es el precio de mercado, que puede desviarse mucho del precio natural. Estas variaciones pueden deberse a fluctuaciones en la demanda y la oferta y al estado global de la economía.

Comentarios

La mayor dificultad que enfrenta Smith en su definición de precios y valores es explicar las causas que determina la tasa natural de salarios, rentas de la tierra y utilidad del capital. No hay nada en su esquema que determine de dónde salen estas tasas naturales (aunque dedica los capítulos VIII-X a analizar los factores que influyen sobre estas tasas naturales). Pero si no se sabe que fija esas tasas, no hay posibilidad de determinarlos precios naturales.

Además, no queda claro la conexión entre e valor-trabajo y el valor en base a la descomposición en sus componentes. Esto debe esperar a Ricardo, que resuelve el problema en un modelo simple.