Variacioncompensada's Blog

Ahorrar agua y papel | marzo 28, 2011

R. Fischer

Es común encontrar mensajes de correo electrónico que nos piden no imprimir el correo, pues ello contribuye a matar árboles. De la misma forma, debemos ahorrar agua, pues el agua dulce es escasa y al malgastarla se la estamos quitando (de alguna forma) a personas que viven en desiertos. Aparte de su atractivo por ser políticamente correcto, ¿tienen algún sentido lógico estos ahorros?

Para evaluar esta pregunta desde un punto de vista lógico (a diferencia de un punto de vista políticamente simbólico), es necesario determinar que significa que un producto o servicio se malgasta. Para que esto ocurra, los precios pagados no deben corresponder a al costo social de producir el bien o servicio. Si esto no ocurre y los precios son los correctos, el consumo corresponderá a los que maximizan la utilidad de las personas (dado su ingreso) considerando todos los factores de costo para la sociedad.

Por ejemplo, hay sobreconsumo de la energía proveniente de hidrocarburos, ya que su precio no considera las externalidades producto de emisiones contaminantes, así como las de su producción, y más importantemente, sus efectos sobre el calentamiento global. Medidas que tiendan a reducir el consumo de energía producida con hidrocarburos corrigen esta distorsión. Por ejemplo, un impuesto a los combustibles tiene ese efecto y por lo tanto, hay buenos argumentos ambientales para aumentarlo, y no para reducirlo.

¿Y el caso del papel y agua?

Consideremos el caso del papel en Chile. En Chile la celulosa –insumo primario en la producción de papel– es producto de árboles plantados y no del corte de bosques naturales. Cada 14-18 años, se cortan árboles que habían sido plantados en el pasado (he visto terrenos que han sido cortados y replantados dos veces). Las empresas productoras de celulosa tienen paños de distintas edades, así que los terrenos recién cosechados, aunque se ven feos hasta ser replantados, están rodeados por paños verdes. Claro que son bosques monótonos, sin la riqueza de un bosque nativo. Pero la comparación correcta es con campos de trigo, que tampoco tienen la variedad de especies que existen en una pradera virgen.

En Chile la única diferencia entre un terreno forestado y un campo de trigo es que el segundo se cosecha anualmente. Por lo tanto, los argumentos contra el uso del papel debido a que se cortan árboles también deberían ser usados contra el consumo de pan. Pero nunca he visto el argumento de que deberíamos dejar de comer pan por sus efectos sobre el medio ambiente.

Hay externalidades que no se pagan en la industria forestal: los efectos contaminantes de los fertilizantes e insecticidas usados durante los primeros años, la energía proveniente de hidrocarburos usados en el proceso de la celulosa. Pero en eso no hay diferencias con la industria agrícola en general. Por ello, las distorsiones se deberían corregir con medidas sistémicas dirigidas a toda la agricultura y no a un solo sector.

En el caso del agua el argumento es peor aún. Se nos pide reducir el agua para consumo residencial, porque sería un derroche y no hay agua dulce suficiente en el mundo. Pero en el caso chileno eso no parece ser el problema –hay que calificar un poco el caso del Norte–. En la zona central y sur, gran parte del agua utilizada en el consumo residencial proviene de ríos, y representa solo un 6% del agua total utilizada (el resto se usa en la industria, la minería y la agricultura).

Casi toda el agua de uso residencial retorna a los ríos luego de un tratamiento que la devuelve en un estado similar al que tenía en su captación, por lo que no se pierde. Todo lo que ocurre es que en la cercanía de la ciudad, el río corre con menos agua. El agua que no vuelve se usa para regar jardines, un uso no contaminante. Pero el punto importante es que el precio del agua no está subsidiado (salvo para consumos muy bajos), por lo que los usuarios perciben el costo real del uso de agua.

Hay países en los cuales el aguas está subsidiada, o no hay plantas de tratamiento y se devuelven las aguas servidas a los ríos, o no se mide su uso. En esos países, a falta de mejorar directamente esos aspectos, puede ser razonable ahorrar el consumo de agua, pero no lo es si todos los costos son considerados en el uso de agua.

Conclusión

La única manera en que en Chile sea apropiado ahorrar agua para consumo humano o papel es si lo consideramos un elemento simbólico en una estrategia para reducir el consumo de bienes que no incorporan todos los costos sociales. En particular las externalidades negativas de la energía proveniente de hidrocarburos y las asociadas al uso de insecticidas y fertilizantes. Pero deberíamos tener presente que la argumentación es igual de válida para el consumo de cualquier bien agrícola (o de muchos otros sectores). La elección de estos dos representantes se la clase de los bienes y servicios no se debe a su mayor contribución al daño ambiental, sino simplemente al hecho que una campaña de ahorro es más efectiva si se concentra en unos pocos representantes. El problema podría ser que nos sintamos virtuosos por usar poca agua y no imprimir documentos, pero tengamos la casa bien calefaccionada, usamos aire acondicionado, o viajamos, actividades cuyos efectos ambientales pueden ser mucho peores.

Anuncios

Dejar un comentario »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: