Modelos de desarrollo

Varios convencionales han declarado que se debe modificar el sistema económico por ser extractivista. En el código usado por las personas que piensan así, esto significa que no exportamos ni producimos suficientes bienes con valor agregado. Por lo tanto, deberíamos dejar de exportar materias primas, y pasar a producir y exportar productos elaborados con esas materias primas.

Una mirada crítica al extractivismo desde el feminismo | La tinta
Fuente: Eleuterio Gabón: Una mirada crítica al extractivismo desde el feminismo

Aunque esta teoría está de moda en ciertos intelectuales, abogados y algunos economistas, es tan moderna como los pantalones pata de elefante, que reviven luego de medio siglo, sin que este largo hiato haya mejorado su aspecto.

En esta teoría, los países que solo exportan productos basados en recursos naturales destruyen el medio ambiente. En estos países la riqueza termina concentrada en unos pocos y nunca pueden desarrollarse. Mucho mejor seguir a Europa y tal vez Asia, con un desarrollo basado en manufacturas y valor agregado en la producción de productos industriales. Como además a estos convencionales, abogados y (algunos) economistas no les gusta el desarrollo basado en el comercio (por razones que me escapan), están en contra de nuevos acuerdos comerciales, y a favor de revisar los existentes.

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Raúl Prebisch. Fuente: Repositorio CEPAL

No queda otra cosa que pensar que su modelo de desarrollo es el de sustitución de importaciones de Prebisch, como en el triste período de los años 40 a los 60 en Chile.1 Es el modelo que han tratado de seguir (con algunas interrupciones), los argentinos, y que los ha llevado desde ser una de las economías más desarrolladas del mundo a principios del siglo XX a ser un país de ingresos medianos, con extrema pobreza, crisis casi permanentes y corrupción extrema. Y esto pese a ser un país repleto de personas educadas y talentosas. Mientras Chile siguió el modelo Prebisch de desarrollo, el ingreso per cápita apenas subía, retrocedimos respecto al resto del mundo y el país terminó exportando solo unos pocos recursos naturales. Irónicamente, terminamos siendo más extractivistas.

Demanda en contra de la Ley de crecimiento económico: conozca los detalles  - YouTube
Fuente: Youtube

Los dos posteos siguientes tendrán un análisis de porqué estas ideas están equivocadas, usando ejemplos de países y explicando las razones por las que son erróneas. Básicamente el argumento es que el desarrollo tipo europeo o asiático requiere una explotación extrema de trabajadores-consumidores por al menos una generación, mientras que los países con recursos naturales tienen la posibilidad de desarrollarse incurriendo menos costos.

¿Y el respeto por la naturaleza? No me parece que China en la actualidad, o Corea del Sur, o Europa en etapas equivalentes de desarrollo, hayan sido menos destructivos de la naturaleza que los países extractivistas. Los países ya desarrollados son los que más pueden darse el lujo de proteger el medio ambiente.2

Notas:

  1. Prebisch desarrolló su teoría basado en un hecho estilizado que ha demostrado ser dudoso. Su idea era que las manufacturas subían de precio en relación a los productos basados en recursos naturales.
Fuente: Hallam, D. (2018): Revisiting Prebisch–Singer: what long–term trends
in commodity prices tell us about the future of CDDCs

Por lo tanto, especializarse en recursos naturales no podía llevar al desarrollo porque estos bajan de precio y en l caso de minerales y similares, eventualmente se agotan. El argumento tiene dos errores. Primero, si bien los precios de los recursos naturales caen, la productividad aumenta y los costos de producción bajan (en realidad, esta es parte de la razón por la que caen), por lo que un país que exporta puede aumentar sus ingresos pese a que los precios relativos caen. Segundo, la calidad de los productos manufacturados sube en el tiempo, y esto es equivalente a una caida en el precio del mismo artículo, pero que no está considerada en los deflactores utilizados en los estudios.

Incluso sin esas consideraciones, Hallam (op. cit.) luego de analizar muchos estudios con distintos resultados (porque importa el año de partida, porque pueden haber quiebres estucturales,etc) concluye que la evidencia para una tendencia secular a la caida de los precios relativos de los bienes producidos con recursos naturales es contradictoria. Hallam también señala que parece haber una caída en los términos de intercambio para las manufacturas producidas por países en desarrollo, lo que indicaría que dedicarse en forma forzada a los productos industriales genéricos no ayuda en nada a resolver el problema de los terminos de intercambio de los recursos naturales, si éste existiera.

2. Alguien podría dar el ejemplo de Costa Rica, que es muy protector de la naturaleza teniendo ingresos medianos. Pero Costa Rica depende de los turistas (que viajan en avión) de los países desarrollados que viene a ver los resultados de esa protección en un país tropical. Lo que viene a ser lo mismo.

Sobre la falta de rigurosidad

Un artículo reciente de Hoyos-Santillan et al (2021) sobre políticas de Chile contra el cambio climático incluye errores que hacen pensar en ideología o en desidia. Estoy de acuerdo con el mensaje general del artículo sobre la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático, pero para ello no es necesario incorporar errores que debilitan el mensaje.

El artículo tiene como objetivo demostrar que la expansión de las plantaciones forestales no puede formar parte de una política contra el cambio climático. Es un objetivo con el que concuerdo. Hay buenas razones para no incluir el fomento de las plantaciones forestales como parte de un programa contra el cambio climático. Su demanda de agua puede ser excesiva en regiones en las ésta no abunda, y su impacto en la biodiversidad es negativo. Pero es erróneo argumentar, como lo hace el artículo, que las plantaciones forestales no capturan CO2, a diferencia de los bosques nativos.

¿Capturan carbono las plantaciones forestales?

En su argumentación, Hoyos-Santillan et al (op. cit.) citan a Altamirano et al (2020): «Natural forests loss and tree plantations: large-scale tree cover loss differentiation in a threatened biodiversity hotspot«. Ese trabajo usa métodos sofisticados de análisis de imágenes satelitales para determinar que cada año se pierden 98 mil ha de bosques artificiales y casi 13 mil ha de bosques nativos.

Uno de los argumentos de Hoyos-Santillan et al (op. cit.) es que, dado que los árboles en plantaciones son talados períodicamente y sus productos son usados para producir bienes de corta vida, las plantaciones forestales no absorben CO2.

«This is because their carbon uptake is cancelled out by the clear-cut harvesting that occurs every 12–18 years for the production of short-lived goods (e.g., pulp), the burning of firewood, slash and burn practices, and wildfires (Johnston and Radeloff, 2019Ministry of the Environment, 2020a). Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality.»

Pero las plantaciones se replantan, por lo que las 98 mil ha anuales taladas en plantaciones se renuevan, y vuelven a su estado original en un ciclo de unos 20 años. Por ello, las plantaciones contienen árboles en distinto estado de maduración. Al sumar ha de plantaciones forestales con bosques nativos, Altamirano et al (op. cit) inducen a un error.1

A diferencia de las plantaciones, los bosques nativos perdidos se convierten en praderas, tierras baldías o matorrales. No vuelven a ser bosques en un plazo relevante para una política contra el cambio climático, a menos que se tomen acciones explícitas que lo promuevan. Casi toda la madera nativa consumida se destina a leña Lara et al (2019) (el consumo de maderas nativas en la industria representa menos de un 5% del consumo de madera nativa, cuadro 3.2 de Lara et al (op.cit.)).

Leña probablemente proveniente de una tala ilegal. Fuente: Soy Puerto Montt

Por lo tanto, el argumento de Hoyos-Santillana (op. cit.) contiene un error lógico. Para ver esto, consideremos el siguiente experimento conceptual que representa el efecto de una nueva plantación forestal. Tomamos un terreno baldío de 1.000 ha, con poca capacidad de captura de carbono. Cada año plantamos en el terreno 50 ha de árboles industriales (pino radiata, eucaliptus, etc), de manera que a los 20 años hemos cubierto todo el terreno con árboles de distintas edades. El año 20 tomamos las primeras 50 ha, con sus árboles de 20 años, y los quemamos, manteniendo el resto tal como está.2 Al año siguiente plantamos las 50 ha que quedaron baldías con los mismos árboles y cortamos y quemamos las 50 ha plantadas en el año 2, y así sucesivamente. ¿Estamos capturando CO2 con este procedimiento?

Plantaciones forestales de distintas edades. Fuente: Codeff

¡Por supuesto que estamos capturando CO2! A partir del año 20 existe una masa forestal permanente de árboles. donde antes casi no había vegetación hay árboles con una edad promedio de poco menos de 10 años, ocupando el  95% de las hectáreas de la plantación. Esa masa forestal representa una captura permanente de CO2.

Si las plantaciones se instalan en un terreno donde antes había bosques nativos, es probable que haya una reducción en la captura permanente de CO2.3 Veremos más abajo que este reemplazo representa menos del 15% de las plantaciones forestales, por lo que en términos de captura de CO2, no afecta las conclusiones.

Los incendios y las plantaciones forestales

Hoyos-Santillán et al (op. cit.) citan la figura 1 de Lara et al (2019), quienes mostrarían que los incendios y las talas rasas en los bosques artificiales hacen que las plantaciones sean un emisor neto de CO2. No pude encontrar figura alguna en Lara et al (op.cit) que muestre que las plantaciones no contribuyen a la captura de CO2. Lo que si aparece, en el Recuadro 3.3, es una estimación de la captura de CO2 en los bosques nativos. Esta contribución ha ido creciendo en el tiempo. No se dan cifras para las plantaciones.

Es posible que la referencia a Lara et al (op. cit.) sea un error involuntario, y que exista algún otro artículo que muestre que los bosques artificiales no contribuyen a la captura neta de CO2. Igualmente me parece que esto no sería creíble. A menos que la masa forestal de las plantaciones haya decrecido sistemáticamente en el tiempo, no puede ser válido que los bosques artificiales sean emisores netos de CO2, por las razones dadas en el experimento conceptual de más arriba. Pero citemos nuevamente a Hoyos-Santillana:

Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality. This has become more evident during the last decade as widespread and severe wildfires have impacted larger areas of industrial plantations than native forests (CONAF, 2020). The fire selective preference of industrial plantations over native forests is driven by several factors, including: i) human activities (e.g., anthropogenic ignition) and ii) replacement of heterogeneous less fire-prone native forests with highly flammable, fuel abundant, and homogeneously structured monoculture industrial plantations[…]

Por curiosidad, hace algunas semanas me puse a mirar la tendencia en los incendios forestales en Chile, tomando datos de CONAF. Comencé mirando los datos de los meses de enero y febrero, que son los que tienen más incendios, y para mi sorpresa, no observé una tendencia creciente en el área quemada por incendios. La excepción es un mes que se sale de la escala, con el megaincendio de enero de 2016. Luego miré los datos de otros meses así como los datos anuales, sin observar –salvo enero 2016– una tendencia significativa.

La figura siguiente muestra el área quemada anualmente en incendios forestales desde 1985. El aumento en 2016 solo se debe a lo que ocurrió en enero de 2016. Probé ver si había una tendencia estadística, y usando regresores robustos (que le dan menos importancia a un episodio que ocurre una sola vez, como enero de 2021) no hay una tendencia creciente en el tiempo en las áreas quemadas. Verifiqué esto usando el test no paramétrico de Mann-Whitney para cada mes así como para el año completo, y tampoco aparece una tendencia.5 Lo que parece haber sucedido es que Hoyos-Santillan (op.cit.) y varios otros autores han incorporado cómo válida una observación que tiene toda la apariencia de ser un outlier, lo cual es un error metodológico.6

Serie de áreas quemadas por temporada. Fuente: CONAF

CONAF también tiene una contabilidad del número de incendios por mes y año. La figura siguiente muestra los datos anuales y para enero y febrero. Se observa un crecimiento en los incendios anuales en los últimos años. Sorprendentemente, no hay ninguna tendencia en los meses con mayor número de incendios, enero y febrero:7

Fuente: CONAF

Dado que el cambio climático crea las condiciones para que haya más y mayores incendios, el hecho que esto no se observe parece paradojal. Pero no es una paradoja si se observa que los propietarios de las plantaciones forestales no son observadores desinteresados, sino que desean protegerlas. Por lo tanto, invierten en medidas para evitarlos o reducir su impacto. El Estado también destina recursos importantes a proteger los bosques naturales. Es decir, el calentamiento global no garantiza que el área incendiada aumente, porque el ser humano puede contrarrestar sus efectos.

Avíón atacando incendios forestales Fuente: La Tribuna de Biobio

En resumen, ¿Qué es lo que creo haber demostrado con todos estos meandros en la argumentación? Que es falso afirmar que las plantaciones no capturen CO2, a menos que ocurra una de dos cosas: que hayan reemplazado bosques naturales que capturan más CO2 por unidad de área, o que el área de plantaciones haya caído en el tiempo.

Conclusiones

En su gran mayoría las plantaciones no han reemplazado bosques naturales. Según Hoyos-Santillán (op. cit.), actualmente hay 3.1 millones de ha en plantaciones. Miranda et al (2016) en su trabajo sobre la pérdida de bosque nativo en Chile, muestran que, en la zona de plantaciones entre Valparaíso y la Región de Los Lagos, la pérdida de bosque nativo entre 1973 y 2011 fue de 783 mil ha. Esto representa el 19% del total de bosque nativo de la zona. De ellas, la causa principal (un 45%) fue por la conversión a terrenos de matorrales (probablemente por la corta de árboles para leña). Una cifra algo menor se debió a conversión de bosques naturales a plantaciones forestales.8 Es decir, a lo más un 10-12% de las plantaciones corresponde a reemplazo de bosque nativo. Como el área de plantaciones se ha mantenido relativamente constante desde 2016 (eran 3.04MM ha según CONAF, son ahora 3.1 MM ha), tampoco han ido decreciendo. Concluyo que las plantaciones forestales si han contribuido a la captura de CO2.

Lo que me preocupa en este caso y también en Sobre el impacto de la desalación y en Crítica a una propuesta de Gobernanza es que científicos y científicas respetables olvidan su capacidad crítica y aceptan argumentos sin reflexión porque responden a sus preferencias ideológicas. No veo otra explicación que una razón ideológica para estos errores.

Notas:

  1. En su defensa, ese trabajo distingue entre ambas categorías de bosques, y critica solamente el reemplazo de bosques naturales por bosques artificiales, pero no necesariamente las plantaciones en si mismas.
  2. Quemar el bosque es un caso extremo, pero que hace más evidente la conclusión, sin complicarnos en determinar la vida útil de los bienes producidos con los árboles cortados.
  3. Esto no es evidente, porque la masa biológica promedio en una plantación podría ser mayor que en un bosque natural, debido a la mayor densidad de árboles, Esto puede ocurrir si la cobertura natural de bosques es rala y con especies de árboles pequeños, en cuyo caso un bosque artificial aumentaría la captura de CO2.
  4. Parece extraño omitir que buena parte del problema son los incendios intencionales de plantaciones, y no las plantaciones, en términos de los efectos sobre la captura de CO2. Pensemos en otro experimento mental: supongamos que los autores de los incendios intencionales prefirieran cometerlos en bosques naturales. ¿Escribirían los autores que esto es un motivo para preferir plantaciones forestales, o propondrían medidas para fiscalizar y perseguir mejor a los autores de los incendios?
  5. La idea de usar el test de Mann-Whitney fue de E. Engel.
  6. Es como si un sismólogo comparara la magnitud ponderada de los sismos entre 1940 y 1955 con los producidos entre 1956 y 1964 (que incorpora el gran terremoto de Valdivia) y sostuviera que la intensidad de los terremotos va en aumento. Es solo si hay alguna razón geológica para pensar que el fenómeno va en aumento que podría ser razonable tal conclusión.
  7. En este caso no realicé regresiones ni tests de Mann-Whitney, pero claramente no es necesario para concluir que no hay una tendencia en el número de incendios en los meses de enero y febrero.
  8. A principios de este milenio cesa casi completamente la conversión de bosques nativos a plantaciones. El motivo es el rechazo interno y externo, las dificultades con los organismos ambientales y probablemente el deseo de no tener aún más conflictos con la sociedad civil.

Sobre el impacto de la desalación

En mi posteo «Crítica a una propuesta de gobernanza«, comenté sobre un error en un documento público del CR2 (Center for Climate and Resilience Research), al que pertenece nuestra futura ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas.

El documento en cuestión es la Cápsula climática: ¿Qué pasa si la sal que se extrae del proceso de desalinización se devuelve al mar?, de autoría de Laura Farías. En ella se alerta del peligro de aumentar la concentración de sal en el óceano en el largo plazo:

«Sin embargo, si me preguntan qué ocurriría si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal. Si este proceso es continuo y prolongado, lentamente el océano se puede volver más salado, ya que el ciclo hidrológico opera a un tiempo de recambio de 40.000 años.»

En mi posteo anterior mostré que son tan pequeñas las extracciones de agua involucradas en la desalación, comparadas con el tamaño del óceano que no hay peligro de un aumento significativo en la salinidad del óceano. Para ello realicé cálculos simples.

Concluí que los efectos de la desalación sobre el mar solo pueden ser locales, debido a la concentración de sal en la cercanías de los emisarios de las salmueras que generan el proceso de desalación. Estos efectos se pueden minimizar con un diseño adecuado de los emisarios y una buena ubicación de éstos.1

Plantas desaladoras: Una solución con pros y contras
Planta EWS de Escondida. Fuente: Minería Chilena

Hace poco me di cuenta que realizar esos cálculos fue un error, no porque estuvieran errados, sino porque no eran necesarios. El argumento de la cápsula del CR2, en palabras del físico Wolfgang Pauli, «No solo no es correcto, ni siquiera es erróneo».

Volvamos a lo que aparece en la cápsula:

«[…] si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal.»

El ciclo hidrológico como sistema de desalación

Cuando escribi ese posteo, había olvidado que el sistema de desalación más grande del mundo es el ciclo hidrológico. Las aguas del óceano (y de lagos y otras fuentes) se evaporan, lo cual deja un oceáno con menos agua pero más sal. Una fracción de esa agua evaporada cae luego como lluvia desalada sobre los continentes. Parte de esta lluvia se usa para riego, consumo humano o usos productivos. Esto significa que el efecto global del ciclo hidrológico sobre la salinidad del óceano es similar al de una planta desaladora.

Ciclo hidrológico. Fuente: Britannica.

Si seguimos el argumento de la cápsula de CR2, la salinidad del óceano debería haber ido en constante aumento, porque el ciclo hidrológico opera como una planta gigante de desalinización.2 Esto no ocurre porque es un ciclo cerrado, en que la lluvia que riega los campos se evapora nuevamente y cae como lluvia (tal vez en el océano) o ingresa a las napas del subsuelo y vuelve eventualmento al óceano. El agua que se usa para el consumo humano también vuelve, ojalá tratada, a los ríos y luego al mar. Finalmente la que se usa en fines productivos en general también finalmente vuelve al mar, salvo aquella fracción de agua que ingresa en un producto como el cemento.3

Lo que si puede ocurrir es que la desalinización tenga efectos en la vecindad de los emisarios de salmueras, pero ese tipo de efectos también ocurren debido al ciclo hidrológico. Un ejemplo de estos efectos locales es el Mar Rojo. El Mar Rojo era, ya antes de la instalación de plantas desaladoras, más salino que otros mares, debido a que solo tiene una estrecha conexión con el óceano, y está ubicado en una zona desértica de alta insolación. La evaporación hace que la salinidad promedio del Mar Rojo sea un 10-15% mayor que el promedio de los óceanos. Este fenómeno es natural y ha generado una fauna marina exuberante.4 Esto muestra que el sistema hidrológico, visto como una sistema de desalación, puede también provocar excesos locales de salinidad, sin tener efectos sobre la salinidad promedio de los óceanos.

Red Sea topographic map-en.jpg
Mar Rojo. Fuente: Eric Gaba – Wikimedia Commons

La analogía entre el ciclo hidrológico y una planta de desalinización corresponde a la especialidad de la investigadora Laura Farías, autora de la cápsula. Sorprende que haya dejado pasar un error tan grave como el que describo. Sin embargo, parece sintomático en un centro que produce un documento sobre la gobernanza climática de los elementos.

Notas:

  1. Ver por ejemplo, Miller et al (2016), o Ihsanullah et al (2021). Esto no significa que la desalación no tenga consecuencias ecológicas: por ejemplo, el proceso usa mucha energía (lo cual es menos problema si es verde), y en algunos procesos la temperatura de las salmueras puede requerir un enfriamiento previo. El punto es que muchos estudios que muestran efectos nocivos de las salmueras del proceso de desalación concluyen que la industria es nociva, olvidando que es relativamente fácil reducir estos efectos.

2. Aunque la salinidad de los óceanos puede cambiar en el tiempo, esto se debe a fenómenos climatológicos o geológicos de larga duración. Un ejemplo son las eras glaciales, en las que el hielo que cubre los continentes puede alterar la salinidad de los óceanos.

3. El cemento y algún otro producto similar deben ser los únicos en que el agua sale del ciclo hidrológico.

4. Aunque ahora está siendo amplificado por las plantas desalinizadoras, que en un mar semi-aislado pueden tener impacto sobre la ecología.

Crítica a una propuesta de gobernanza

Me ha sorprendido leer que en una propuesta de gobernanza del CR2 (Center for Climate and Resilience Research) aparezca el siguiente diagrama, que me recuerda las visiones Aristotélicas de la composición del universo.

Fuente: Gobernanza Climática de los Elementos, CR2

Tal vez es intencional, dado que se aclara en el paréntesis que los elementos son sistemas socio-ecológicos, pero queda la duda, porque ¿qué sentido tiene escribir que «el fuego es un sistema socio-ecológico»? (ver figura). Para ratificar que esto no es una aberración, en un artículo reciente aparecido en el Mercurio, Maisa Rojas escribe:

Fuente: El Mercurio viernes 22 de octubre 2021.

Aristóteles y los cuatro elementos

Los cuatro elementos clásicos son aparentemente presocráticos. Empedocles les dio su forma clásica, la que fue luego re-elaborada por Aristóteles en una clasificación en que mostraba sus oposiciones y los efectos derivados.

Ensayos: Materiales fantásticos – Derematerialia
Fuente: http://www.derematerialia.com/el-quinto-elemento/

Esta clasificación tuvo una enorme influencia en la edad media y Renacimiento, y se considera como un símbolo de un espíritu pre-ciencia moderna.

Fuente: Wikimedia, de una edición de Lucrecio «de Rerum Natura» publicado en Brescia por Tommaso Ferrando (1472).

Los cuatro elementos en el mundo moderno

En el mundo contemporáneo este forma de concebir el cosmos está asociado con la astrología, la alquimia y otras pseudo-ciencias. Uno de los grandes avances en la concepción científica del mundo moderno fue el reemplazo de la alquimia y los cuatro elementos, por la química con su concepción moderna de los elementos. Ello ocurrió a fines del siglo 17, entre otros con la publicación de «The Skeptical Chymist » de Robert Boyle en 1661. Al desembarazarse de esta construcción errónea, la ciencia comenzó a avanzar rápido.

Por eso me entristece que estos diagramas vuelvan a aparecer, lo que parece reflejar el rechazo de muchos (incluso científicos) a la racionalidad moderna. Parece que la visión ofrecida por el libro «Elemental Philosophy: Earth, Air, Fire, and Water as Environmental Ideas» (2011) de David Macauley es muy popular en ese mundo.1

CR2 y desalación

Con ese enfoque semi-religioso, ya que no racional, de como opera el mundo se puede llegar a absurdos, como el que encontré en otro documento de CR2. En la Cápsula climática: ¿Qué pasa si la sal que se extrae del proceso de desalinización se devuelve al mar?, con asesoría científica de Laura Farías, se deja entender que la desalación es un problema no solo local, sino que puede tener un impacto global en la salinidad del mar:2

«Sin embargo, si me preguntan qué ocurriría si retornamos al mar las sales producto de la desalinización, mi respuesta es que se estaría realizando un impacto significativo, porque tenemos menos agua (extraída para el consumo humano, riego o proyectos productivos), pero más sal. Si este proceso es continuo y prolongado, lentamente el océano se puede volver más salado, ya que el ciclo hidrológico opera a un tiempo de recambio de 40.000 años.»

Veamos si esta preocupación es razonable. Los óceanos tienen una superficie de 361 millones de km2, y un volumen de 1.3 mil millones de kilómetros cúbicos, según Wikipedia. Las aguas del océano circulan a tasas de unos 1.000 años, es decir (al menos como interpreto la literatura) que se produce un mezcla completa en más o menos ese periodo, o menor a éste.3 Como los tiempos que van a resultar de los cálculos son mayores, se puede asegurar una distribución uniforme de las sales que agrega el proceso de desalación.

Todas las plantas de desalación existentes en el mundo a febrero 2020 producían 95,6×106 m3/día, o sea 1.100m3/seg.4 Pero las salmueras son una cantidad mayor, 141×106m3/dia, según Jones et al (2019), o sea 1.600m3/seg.5 Supongamos que esas salmueras, generosamente, tienen una concentración de sal que el doble del agua de mar, de más o menos 34gr/lt. Es decir, cada segundo esaríamos agregando al mar unas 54 toneladas extras de sal (es decir, sin agua que la acompañe). Al año estaríamos agregando 1.7×109 toneladas extra de sal, 1.7 mil millones de toneladas, lo que parece una cifra enorme.

Pero un km3 de agua de mar tiene 3.4×107 toneladas de sal, y por lo tanto los oceanos tienen 4.42×1016 toneladas de sal. Esto significa que cada año aumentaríamos la concentración de sal en 0.0000039%. Según mis cálculos (que pueden errar en un orden de magnitud sin afectar el argumento), las plantas deberían operar por 260 mil años de años para aumentar en un 1% la cantidad de sal del oceáno.5

Port of Santana
Rio Amazonas en Puerto de Santana en Macapa, cerca de la desembocadura. Fuente Wikipedia.

Es cierto que la desalacion podría aumentar, y multiplicarse por, digamos doscientas veces, llegando a ser similar a los 209.000m3/seg del flujo del río Amazonas (tres veces mayor que el flujo del segundo río, el Congo, y 50 veces el Mississippi), pero eso solo significa que el tiempo se reduce a 1.300 años. Para dimensionar estas magnitudes, recordemos que todo el proceso de industrialización comienza hace 200 años, y que 1.300 años es el tiempo que media entre Carlomagno y nosotros. Ese es el tiempo que tendrían que operar desaladoras con capacidad agregada cercana a la descarga al óceano del río Amazonas, para elevar la concentración del agua de mar en un 1%, una variación a la que las especies marinas pueden adaptarse en ese periodo.6

Conclusión

Tal vez me he desviado un poco con todos estos cálculos. Lo que pretenden mostrar es que la alerta de la Capsula citada se presta a confusión porque mezcla temas que legítimamente pueden preocupar, con otros que son irrelevantes, sin explicar sus diferencias. Es importante señalar que se debe tener cuidado con la disposición de salmueras para no producir excesiva salinidad local, pero es absurdo mencionar al mismo tiempo el aumento en la salinidad de los océanos producto de las plantas desalinizadoras. Supongo que no es un error intencional, sino producto del mismo ánimo que considera legítimo hablar de los cuatro elementos de los griegos en un centro ciéntifico, sin aclarar qué se trata de metáforas. Además, se trata de metáforas que se refieren a conceptos nebulosos, como lo es definir el fuego como un sistema socio-ecológico.

Notas:

  1. Para mostrar como este enfoque del mundo mira hacia un pasado pre-mundo moderno, podemos ver esta evaluación del libro: “After industrialization, knowledge became fragmented and people lost touch with the material realities of the places in which they lived. David Macauley blends ancient Greek precepts with twenty-first century circumstances: earth, air, fire, and water call upon us from across the millennia to reanimate humanity’s connection to our home planet.” — David Spanagel, Worcester Polytechnic Institute.
  2. Pueden existir efectos locales, si por ejemplo las salmueras que resultan del proceso de desalinización se depositan cerca de la costa, en un solo punto sin corrientes marinas. Pero es relativamente fácil (especialmente en un país como Chile, con todo el Pacífico al frente y sus corrientes) dispersarlos si la descarga se realiza en varios puntos, por una tubería que no está asentada en el fondo submarino, y a cierta distancia de la costa, para asegurar que las salmueras se dispersan antes de asentarse en el fondo marino.
  3. Matsumoto, G. (2007): «Radiocarbon-based circulation age of the world oceans», JOURNAL OF GEOPHYSICAL RESEARCH, VOL. 112, C09004.
  4. Eke, J, Yusuf, A., Giwa, A., Sodiq A. (2020): «The global status of desalination: An assessment of current desalination technologies, plants and capacity», Desalination 495, December 114633.
  5. Edward Jones, Manzoor Qadir, Michelle T.H. van Vliet, Vladimir Smakhtin, Seong-mu Kang, (2019): «The state of desalination and brine production: A global outlook», Science of The Total Environment,657, March 2019, p1343-1356.
  6. Para observar que un flujo como este está en el límite de lo que podría interesar a la humanidad, el Amazonas drena una cuenca de 9 millones de kilómetros cuadrados, con lluvias promedio de 2.200mm/año. Estimo que esto podría irrigar al menos unas 45millones de km2, a una tasa equivalente de 400mm de lluvia por año. Eso sería como irrigar toda Rusia más casi toda Africa.

El problema de zonas con poco acceso a aguas

Este posteo continúa la serie sobre el problema de las aguas. Las dificultades de acceso al agua pueden dividirse en dos tipos. Primero están las dificultades en el acceso a agua para el consumo doméstico. Esta es una demanda comparativamente tan pequeña, que como expliqué en el primer capítulo de esta serie, se resuelve con inversión. El segundo problema es el agua en la agricultura, donde los requerimientos son más grandes y proveer agua tiene un costo de inversión a menudo inabordable.

El agua requerida por una persona para vivir relativamente bien es menor a 200 litros por persona (en Europa en 2017, 128 l/día). Es decir, con un litro por segundo permanente se podría abastecer a unas 350 personas, incluso considerando perdidas moderadas (20%) de distribución, ya que un día tiene 86.400 segundos.

¿Cuál es el valor de ese litro de agua permanente? En el sitio de transacciones de derechos de agua, el valor más caro es de $73 MM el litro por segundo en el acuifero de la cuenca del Río Loa. Dado que en la comuna de Antofagasta hay una sobreotorgación de derechos de agua de alrededor de 160%1, es necesario comprar derechos de agua adicionales para asegurar un litro de agua por segundo. Es probable que basten $120MM para comprar los derechos suficientes para 350 personas, es decir, unos $350 mil por persona. Este monto, aunque elevado, se paga una sola vez y es relativamente bajo comparada con los costos de inversión en distribución de agua en comunidades rurales, que son elevador debida a que son poco densas. Y esto es en la zona de mayores valores de derechos de agua, pues compiten con la minería.

Desembocadura Río Loa

La Ley actual faculta al gobierno a comprar derechos de agua para uso doméstico. La falta de agua para uso doméstico en algunas localidades no es un problema de la Ley de Aguas, sino que se debe a un rápido cambio climático, derechos que antes eran suficientes para asegurar el suministro ya no lo son, que hace necesario disponer de más derechos de agua para uso doméstico, así como la inversión necesaria para procesar y distribuir las aguas asociadas a esos derechos.

Asociación de Agua Potable Rural San Antonio de Naltahua

Incluso si no hubieran derechos de agua disponibles en una zona, se puede desalar agua para el consumo humano, y es lo que hacen ciudades del Norte y la minería. Son pequeñas cantidades de agua en relación al beneficio que generan para las personas o para los procesos productivos, por lo que aunque su valor unitario sea relativamente alto, no impacta en forma importante los costos finales para el usuario. Alternativamente, el costo en subsidios necesarios para asegurar un acceso seguro al agua para consumo doméstico es abordable. En Antofagasta la tarifa del agua es de $1.638,40/m3, y en las mejores plantas de desalación del mundo el costo del metro cúbico es de USD 0.7, es decir unos $500. Por lo tanto, Antofagasta no ve limitado su consumo doméstico por la disponibilidad de agua dulce, porque podría aumentar la inversión en desalación, sin que sea necesario alzar las tarifas.

Planta desaladora de Antofagasta

Un argumento que se oye mucho es que el agua es más cara en Antofagasta, lo que sería injusto. Pero esto es un reflejo de los costos de proveer agua en una zona seca. Si redujésemos las tarifas se usaría agua en forma ineficiente, generando un beneficio por mayor consumo menor que el costo para la sociedad de producir el agua adicional. Recordemos que Antofagasta es la región con los sueldos más altos en Chile (tanto en media como mediana), por lo que el efecto del mayor costo del agua, con respecto a Santiago, por ejemplo, se ve compensado sobradamente por los casi $80.000 de diferencia salarial para el trabajador con la mediana de ingresos.

En la industria y la minería, los consumos son relativamente bajos por unidad de valor agregado. En el caso de la industria, una empresa en que el agua es un componente importante de sus costos se instalará en un lugar en que el agua es más abundante. Salvo casos especiales, como una embotelladora de bebidas en el Norte, no deberían instalarse grandes usuarios indistriales de agua en el Norte. Y para esa empresa de bebidas, lo que produce es también para consumo humano, y en cantidades mínimas en relación a la demanda doméstica por persona.

En el caso de la minería, el consumo promedio nacional es de un 3% de la demanda total, pero la localización de la demanda de agua está dada por los yacimientos. Esta es la razón por la que en la Región de Antofagasta la minería es el gran demandante de agua, con el 50% de la demanda, en una Región en que el consumo total excede la disponibilidad sustentable.3 En un capítulo posterior analizaremos el problema del agua para la minería en la zona Norte, porque nos desviaría demasiado del tema de esta sección. Sin embargo, vemos que este es un problema localizado a una Región (la siguiente región minera relevante en el Norte es la I, donde representa un 17% de la demanda total, así que está en otra categoría).

El problema real del agua está en el uso agrícola en las Regiones al Norte de la XIV. Una hectárea de hortalizas requiere entre 2.000 y 8.000 m3 por ciclo productivo, según el sistema de riego. El ciclo productivo de las lechugas, por ejemplo, es de unos 100 días, así que se pueden tener 3 ciclos anuales. Esto demanda entre 6.000 y 24.000m3 de agua por hectárea. Ese mismo litro de agua por segundo, que podía servir a 350 personas, permite regar solo 1.5-6 há. Por supuesto, otros cultivos tienen menores necesidades de riego que las hortalizas, pero el punto es que la agricultura, a diferencia del consumo doméstico (o indistial o minero), tiene demandas de agua que solo pueden ser satisfechas si el costo del agua es bajo.

Cultivo hortalizas en La Serena

Usar agua desalada para el cultivo de hortalizas, incluso usando las tecnologías más eficientes, tendría un costo anual de USD 4.200=(0.7×6.000) solo en agua. A esto habría que agregar otros costos importantes, porque a diferencia de una planta desaladora instalada en una ciudad costera como Antofagasta, habría que transportar y elevar el agua. Salvo para cultivos muy valiosos o ubicados en condiciones muy especiales, esto es inviable con la tecnología actual.

Emisario de aguas servidas de Antofagasta

Es más factible para la agricultura que las ciudades costeras del Centro y del Norte no descarguen sus aguas servidas al mar, sino que éstas sean tratadas, para luego ser usadas en agricultura. El costo de esta alternativa es menor que la desalación, ya que el costo de tratamiento oscila entre $200-$300/m3, es decir, es aproximadamente un 40-60% del valor del agua desalada, con la ventaja adicional de no evacuar al mar aguas que solo reciben un tratamiento primario.4 En algunas ciudades costeras del Norte y Centro, que actualmente utilizan emisarios para descargar aguas servidas al mar, esto podría permitir el riego de algunas miles de hectáreas.5

Planta tratamiento La Farfana

En resumen, con inversiones moderadas es posible resolver casi completamente el problema de suministro de agua para uso doméstico sin modificar las leyes de agua, e independientemente del cambio climático.6 En ese sentido, la importancia que se le ha dado al tema de las aguas para consumo humano parece artificial. El problema real de las aguas es la demanda agrícola, tema que se analizará por zonas del país en capítulos posteriores de esta serie.

Notas:

1 R. Fischer (2017): «Efectos de la Reforma del Código de Aguas», no publicado.

2. En La Región de Aysén, el porcentaje del consumo es mayor, alcanzando el 72%, pero eso se debe a que las otras actividades prácticamente no usan agua. La demanda minera total de Aysén es de 2.6 m3/seg, pero esto es un porcentaje insignificante de la escorrentía de más de 10.000m3/seg, sin considerar las aguas subterráneas, que no han sido estimadas por la DGA (ver R. Fischer , op. cit.) La X Región también tiene un consumo relativamente elevado de la minería, pero nuevamente, es porque las demás actividades casi no utilizan agua: la demanda agregada de todos los sectores, incluyendo el agrícola es de solo 6.45 m3/seg, comparado con una disponibilidad de 3.385m3/seg.

3. Según la Dirección de Aguas, y considerando un 20% ecológico de las aguas superficiales, la disponibilidad de aguas sustentables en la Región es de 9.31 m3/seg, comparado con una demanda de 12.54 m3/seg.

4. Este valor proviene del valor del servicio de tratamiento en Santiago (mi cuenta doméstica) y en Araucanía.

5. Por ejemplo, la empresa de aguas de Antofagasta produjo en los cinco años anteriores a 2019 un promedio de 2.3m3/seg de agua potable. Estimado que las pérdidas de transporte y procesamiento de las aguas servidas es de un 50%, los 1.2m3/seg alcanzarían para unas 6.ooo ha de hortalizas, pero por supuesto es necesario estimar si los costos de transporte y elevación permiten que sea viable esta alternativa.

6. La excepción son algunas viviendas muy aisladas, que probablemente requieran suministro mediante pozos domesticos.

El peligro de las centrales nucleares …

R. Fischer

Es casi inexistente.  Toda la evidencia científica muestran que accidentes como Fukushima casi no tienen consecuencias para la salud humana. En tal caso la histeria que causan en el público (y por ende, los políticos)  es comparable al temor irracional a las brujas que en el siglo XVII llevó a la hoguera a decenas de miles de personas en Europa y especialmente en Alemania

He citado en el pasado evidencia de las Naciones Unidas que muestra que en el caso de Chernobyl, los efectos de la radiación han sido poco importantes. Se debe recordar que Chernobyl emitió una vasta cantidad de radiación por incompetencia de los operadores y mal diseño de la planta. Los miles de casos de cáncer de tiroides en niños (mortalidad: 1%) se debieron a un mal manejo del gobierno soviético, que para no revelar el desastre, no entregó las pastillas de yodo que habrían evitado que el yodo radiactivo en la leche que de los niños se concentrara en su tiroides.

Hiroshima
Hiroshima después e la bomba

La evidencia de los bajos efectos de la radiación (a diferencia de los efectos de una sobredosis de corto plazo) se ha visto confirmada con estudios de los sobrevivientes de Hiroshima. Hace un par de semanas, el New York Times publicó un artículo que describe los resultados de estudios científicos a los sobrevivientes de la explosión nuclear.  El  estudio siguió a 112,600 japoneses, de los cuales 86.611 estaban a menos de 10 km del centro de la explosión. y los restantes 26.000 no habían estado expuestos a radiación–eran los controles–. Los análisis muestran que de 10,929 personas que han muerto por cáncer, solo 527 pueden atribuirse a la radiación de la explosión. Es decir, para la población expuesta a radiación, después de un tiempo suficiente para que todos los efectos de la radiación pudieran ser percibidos, el exceso de mortalidad debido al cáncer es de solo 0.7%.

Más aún, a dos generaciones de la explosión, no hay efectos genéticos relevantes en los descendientes, aunque  la exposición fetal a la radiación tuvo serias y terribles consecuencias para los niños que nacieron luego de la explosión nuclear. Sin embargo sus descendientes no tienen defectos genéticos.

Chernobyl
Central de Chernobyl 25 años después.

Además, estos estudios sobre Hiroshima han permitido determinar, contra lo que se pensaba, que una exposición de baja intensidad (menos de 100 milisieverts, mucho más de lo que recibieron los vecinos de Chernobyl o Fukushima) no tiene efectos sobre la salud. Esto ratifica lo observado en los estudios de Chernobyl.

Esto no quiere decir que no se deben tomar precauciones para hacer que las plantas nucleares sean seguras. Pero por otro lado, significa que las políticas públicas deben tratar de informar a ala opinión pública de que su temor a la radiación y las centrales nucleares no tiene apoyo científico. Este temor ha significado que varios países desarrollados planeen dejar de usar centrales nucleares. Esto es un error grave, pues esos países deben reemplazan la energía que producían esas centrales. En parte esto se hace con energía producida por centrales convencionales que emiten gases de efecto invernadero –ahí si que hay un peligro de largo plazo– o por objetivos exagerados de penetración de energías renovables. Esto tiene un altísimo costo, como lo están descubriendo los alemanes.

Licitación de suministro a distribuidores

R. Fischer

Eduardo Bitran está muy preocupado por el mal diseño de  las licitaciones de suministro eléctrico de las distribuidoras. Aparentemente la Comisión Nacional de Energía (CNE) ha decidido no continuar con  licitaciones de corto plazo (5 años). Su objetivo era  para salvar el mal rato de nuestro desadaptado sistema eléctrico. La CNE propone volver a licitaciones de largo plazo,, en este caso de once años, con el peregrino argumento de que esto podría aumentar le interés de las empresas por participar en licitaciones, dado que dos primeros llamados han sido declarados desiertos. Pero también les garantiza precios elevadísimos que se mantendrían por un largo período, y como no hay entrada de nuevas firmas con generación convencional,, esto no produce ningún beneficio en términos de inversiones.

Bitran tiene una idea que originalmente me pareció exótica, pero que luego de pensarla más, podría ser razonable. A los precios actuales, las ERNC son competitivas. El problema es que no pueden participar en las licitaciones porque se les pide que garanticen la generación eléctrica en todas las horas. Esto es algo que no pueden entregar: las centrales ERNC eólicas y solares porque no son despachables.  La idea de Bitran es tener licitaciones de suministro en que solo se comprometa energía (y no potencia). Es decir, lo que prometen es que durante  el período de medición van a generar energía, pero no se comprometen hacerlo en forma continua, o según la demanda de los consumidores.

Ralco
Embalse Ralco

Normalmente, esto sería un error, porque dejaría al sistema frágil frente a fallas de potencia. Pero actualmente tenemos potencia excedentaria, debido a las numerosas centrales diésel del SIC. Además, se tienen los embalses de la zona central que también pueden aportar potencia en caso de necesidad. Los estudios muestran que hasta un 10% de energía no despachable la puede absorber el sistema sin que se eleven los costos globales (en el Norte esto no es posible sin una interconexión con el SING). Además, los problemas producidos por las sequías son por fallas de energía (que estaría asegurada con esta licitación) y no de potencia.

PlantaSolar
Primera planta fotovoltaica en Chile

Esto significa que, dado que estas licitaciones de suministro son por alrededor de un 10% de la demanda del SIC,  sería viable tener este tipo de licitaciones. El costo marginal de la energía caería, porque durante las horas que producen estas ERNC, su costo marginal es cero y desplazan la producción de centrales más caras. Esta alternativa tendría efectos negativos sobre la rentabilidad de las empresas de generación convencionales, pero estoy seguro que pocas personas van a lamentarse por ello.

Lo mejor es que las unidades fotovoltaicas se pueden instalar en plazos muy cortos y ya tienen aprobados sus estudios de impacto ambiental. ¡Además, se cumplirían temprano las metas de participación de ERNC!

La CNE debería recapacitar, volver a licitaciones cortas, y pensar en una licitación de suministro de energía y sin potencia.

Sobre el ahorro de recursos

R. Fischer

Hace pocos día tuve una entretenida discusión de café con José Miguel Benavente, El tema  sobre el que discutimos fue si es razonable ahorrar agua en Santiago de Chile.  Según JM, quién vive en la Comunidad Ecológica de La Reina, se debe hacer lo posible por  ahorrar  agua. Con esto quiero decir que JM desea ahorrar agua má allá de lo que interesa para reducir su cuenta de agua.

Comunidad ecológica de Peñalolén

Desde mi punto de vista, si se corrigen todas las externalidades del consumo de agua, no es necesario hacerlo, al menos en el uso doméstico. Es decir, mi argumento es que el precio da las señales correctas en cuanto a ahorro de agua.

Río Mapocho a la altura del aeródromo.

Mi argumento se basa en que  el agua que se consume en Santiago proviene de la cordillera, donde se renueva con las lluvias invernales. El agua es captada al pie de la montaña, se filtra y distribuye a los hogares. Esa agua se usa en los hogares y para regar jardines. El agua usada en los hogares pasa luego al sistema de alcantarillado, y de ahí a las plantas de tratamiento primario y secundario de aguas servidas. Finalmente, es devuelta al río en condiciones similares al agua captada originalmente.

El agua de riego de jardines en parte se evapora y el resto pasa al acuífero  bajo Santiago, con lo que también retorna al sistema. Además, el precio del agua es elevado en Chile y refleja los costos del sistema y sus externalidades (probablemente incluso las asociadas a las emisiones de las plantas que generan la energía), por lo que el consumo de los hogares debería ser eficiente. Asimismo, el agua usada en Santiago vuelve a su curso normal al salir de la planta de tratamiento, por lo que el único efecto de tipo ecológico es reducir el agua en el río Mapocho en su transcurso por Santiago. Si se consumiera menos agua, la única diferencia  sería que habría más agua en esa sección del río. Como JM no estuvo de acuerdo con mi argumento, tratamos de extremarlo para ver si aparecían fallas.

Casa con celdas fotovoltaicas (no de JM).

Propuse el caso siguiente. JM ilumina su casa con placas fotovoltaicas, y la electricidad que no usa (cuando sus baterías de reserva están al 100% de su capacidad) se pierde en una descarga a tierra. Le pregunté si en tal caso se sentiría obligado a apagar una ampolleta que no se necesita. Me dijo que sí. Le pregunté si era para no perder una costumbre útil en otras condiciones, pero me dijo que su motivación para no malgastar energía iba más allá. Es decir, sus motivos tenían una raíz moral, pese a que en este caso apagar la ampolleta no tendría sentido económico, porque la electricidad generada por las placas se habría perdido igual. Ahí se acabó la conversación, pues se hacía tarde y  debíamos ir a nuestros respectivos trabajos.

Centralización

R. Fischer

En el Encuentro de COPSA que he mencionado antes, el ex Ministro MOP Carlos Hurtado, a quién le gusta ser algo iconoclasta, atacó la idea de la descentralización. Según Hurtado, hay muchas ventajas de la centralización del país. Al concentrar el capital human o en un lugar, este se potencia. A veces he compartido esta idea. Una de las preocupaciones de las Regiones es que están perdiendo su capital humano, atraído por las ventajas de vivir en la ciudad con mayor cantidad de capital humano del país.

A diferencia de otros factores, el capital humano tiene economías de escala externa: es más productivo mientras más hay. Efectivamente, a nivel global, las ciudades más grandes y con mayor concentración de capital humano son mucho más productivas que ciudades menores. Aún no se alcanzan los límites del tamaño de las ciudades desde el punto de vista productivo, lo que no significa necesariamente fábricas, pues la producción en cuestión puede ser de contenidos o de servicios.

Hay ciudades grandes que no funcionan bien, pero eso ocurre en las que han crecido recientemente por la migración desde el campo. Esto debería ser una etapa transitoria hasta que puedan acomodar el aumento en la población. Es decir, con el tiempo, en las grandes ciudades se construyen viviendas sólidas, redes de servicios y de transporte colectivo eficiente y otros proyectos para acomodar a sus residentes. Una vez hecho esto las ciudades grandes son tremendamente atractivas y por eso migran a ellas los jóvenes talentos de las regiones.

Hay otra cosa interesante: las grandes ciudades son seguramente menos ofensivas para el medio ambiente que tener la misma población distribuida en pequeños villorios improductivos. Una población dispersa requiere mas energía para el transporte y no tiene ninguna de las ventajas de economías de escala que tienen las grandes ciudades en cuanto a tratamiento de aguas servidas y desarrollo de redes de distinto tipo (de transporte, sanitarias, de telecomunicaciones, etc). Además, como los habitantes de pueblos y villas están más cerca de la naturaleza, en agregado tienen más efectos negativos sobre sobre el entorno. En el campo es donde se caza, no en la ciudad. Las ciudades pueden destruir su vecindad, pero es una zona relativamente pequeña en comparación con la degradación ecológica que produce una población distribuida por el país.

Habiendo decidido que las grandes ciudades son deseables –y en Chile seguramente solo puede haber una– ¿porqué interesa descentralizar? Una de las respuestas es estratégica: el país requiere ser poblado por motivos de defensa del territorio. Además, gran parte de la producción física en el país proviene de regiones con baja densidad de población. Otro argumento tiene que ver con el hecho que las decisiones descentralizadas son más informadas de las características y necesidades locales. Existen por lo tanto esta y otras muchas razones para descentralizar.

Se trata de un tema difícil, y acaso las dificultades para descentralizar el país se deben a que no es un tema tan simple como a menudo imaginamos. Tal vez hay una presión del imaginario nacional a descentralizar –porque parece más justo con las regiones– y sin embargo, los costos económicos lo hacen inviable.

Porqué Hidroaysén

La aprobación ambiental del complejo de centrales hidroeléctricas en Aysén no ha tenido buena recepción en el público, que la recibió con protestas en distintas ciudades. La idea de enormes lagos artificiales y líneas de transmisión alterando el paisaje de Aysén no es atractiva. Entiendo el problema, porque los mismos motivos me hicieron dudar del proyecto por años, pero una reflexión más cuidadosa me mostró que no tenemos otra opción.

Cada año, el país requiere aumentar su capacidad de generación en unos 500MW para hacer frente al crecimiento de la economía. Los ambientalistas sugieren que se debe aumentar la eficiencia, produciendo más con menos energía. Así se necesitaría una cifra menor a 500 MW anuales para acomodar el crecimiento. Pero nuestras empresas, que enfrentan el costo real de la energía (sin subsidios), ya realizan el esfuerzo eficiente.

En nuestra etapa de desarrollo productivo, reducir el consumo es imposible, salvo que quisiéramos transformarnos en un país focalizado en el turismo, al estilo de Costa Rica (país que depende de la hidroelectricidad para la mayor parte de sus necesidades energéticas). Por lo demás, esto es inviable por nuestra localización geográfica, mayor tamaño y población. Descartada esta posibilidad, el desarrollo y la equidad requieren una economía que crece y que usa más energía. Pero las empresas solo pueden competir si sus insumos, entre ellos la electricidad, no son demasiado caros. En resumen, se debe aumentar la producción de electricidad, a un costo razonable.

¿De dónde podrían salir los 500 MW en capacidad adicional? Entre las renovables, la energía eólica es impredecible y tiene un factor de planta de menos de un tercio de la capacidad instalada, lo que eleva su costo de inversión. La energía solar aún no es económica, aunque si alguna vez bajaran sus costos, el país tiene excelentes condiciones para su desarrollo. La geotermia parece ser parte del futuro energético: sus costos de instalación no difieren mucho de los de las energías convencionales, y solo la limita actualmente el riesgo de exploración. Las minihidro son ambientalmente atractivas, pero su potencial es limitado (unos 3.000-4000 MW), aparte de requerir líneas de transmisión ubicuas.

Restan como energías de bajo costo la nuclear, la termoelectricidad y el carbón. Dejando de lado la energía nuclear, porque no podría implementarse antes de la mitad de la siguiente década, en el mediano plazo solo quedan el carbón y la hidroelectricidad. Si no se construyen centrales hidroeléctricas –en particular Hidroaysén– tendremos que usar más carbón. El desarrollo usando carbón produce severos daños ambientales y, peor aún, es probable que nuestras exportaciones sean castigadas en el futuro si la energía que usan produce gases invernadero. Por su parte, Hidroaysén tiene un factor de planta muy elevado, prometiendo un suministro estable y que no produce (salvo por la descomposición inicial de material orgánico sumergido) gases invernadero. En general, los desarrollos hidraúlicos en Chile tiene impacto visual, pero sus perjuicios ambientales son menores.

Para concluir, el desarrollo económico es más amable con la naturaleza: basta comparar a Haití con cualquier país desarrollado. A Haití no le quedan bosques porque los han usado como leña. En Europa, los bosques se han recuperado de las depredaciones del pasado. En Corea, aunque el medio ambiente no fue una preocupación importante durante su etapa de desarrollo, ahora si lo es y tiene recursos para dedicarle. Si deseamos reducir el impacto ambiental, es necesario alcanzar rápido el desarrollo, para así tener la capacidad de destinar recursos a proteger el medio ambiente.