El problema de zonas con poco acceso a aguas

Este posteo continúa la serie sobre el problema de las aguas. Las dificultades de acceso al agua pueden dividirse en dos tipos. Primero están las dificultades en el acceso a agua para el consumo doméstico. Esta es una demanda comparativamente tan pequeña, que como expliqué en el primer capítulo de esta serie, se resuelve con inversión. El segundo problema es el agua en la agricultura, donde los requerimientos son más grandes y proveer agua tiene un costo de inversión a menudo inabordable.

El agua requerida por una persona para vivir relativamente bien es menor a 200 litros por persona (en Europa en 2017, 128 l/día). Es decir, con un litro por segundo permanente se podría abastecer a unas 350 personas, incluso considerando perdidas moderadas (20%) de distribución, ya que un día tiene 86.400 segundos.

¿Cuál es el valor de ese litro de agua permanente? En el sitio de transacciones de derechos de agua, el valor más caro es de $73 MM el litro por segundo en el acuifero de la cuenca del Río Loa. Dado que en la comuna de Antofagasta hay una sobreotorgación de derechos de agua de alrededor de 160%1, es necesario comprar derechos de agua adicionales para asegurar un litro de agua por segundo. Es probable que basten $120MM para comprar los derechos suficientes para 350 personas, es decir, unos $350 mil por persona. Este monto, aunque elevado, se paga una sola vez y es relativamente bajo comparada con los costos de inversión en distribución de agua en comunidades rurales, que son elevador debida a que son poco densas. Y esto es en la zona de mayores valores de derechos de agua, pues compiten con la minería.

Desembocadura Río Loa

La Ley actual faculta al gobierno a comprar derechos de agua para uso doméstico. La falta de agua para uso doméstico en algunas localidades no es un problema de la Ley de Aguas, sino que se debe a un rápido cambio climático, derechos que antes eran suficientes para asegurar el suministro ya no lo son, que hace necesario disponer de más derechos de agua para uso doméstico, así como la inversión necesaria para procesar y distribuir las aguas asociadas a esos derechos.

Asociación de Agua Potable Rural San Antonio de Naltahua

Incluso si no hubieran derechos de agua disponibles en una zona, se puede desalar agua para el consumo humano, y es lo que hacen ciudades del Norte y la minería. Son pequeñas cantidades de agua en relación al beneficio que generan para las personas o para los procesos productivos, por lo que aunque su valor unitario sea relativamente alto, no impacta en forma importante los costos finales para el usuario. Alternativamente, el costo en subsidios necesarios para asegurar un acceso seguro al agua para consumo doméstico es abordable. En Antofagasta la tarifa del agua es de $1.638,40/m3, y en las mejores plantas de desalación del mundo el costo del metro cúbico es de USD 0.7, es decir unos $500. Por lo tanto, Antofagasta no ve limitado su consumo doméstico por la disponibilidad de agua dulce, porque podría aumentar la inversión en desalación, sin que sea necesario alzar las tarifas.

Planta desaladora de Antofagasta

Un argumento que se oye mucho es que el agua es más cara en Antofagasta, lo que sería injusto. Pero esto es un reflejo de los costos de proveer agua en una zona seca. Si redujésemos las tarifas se usaría agua en forma ineficiente, generando un beneficio por mayor consumo menor que el costo para la sociedad de producir el agua adicional. Recordemos que Antofagasta es la región con los sueldos más altos en Chile (tanto en media como mediana), por lo que el efecto del mayor costo del agua, con respecto a Santiago, por ejemplo, se ve compensado sobradamente por los casi $80.000 de diferencia salarial para el trabajador con la mediana de ingresos.

En la industria y la minería, los consumos son relativamente bajos por unidad de valor agregado. En el caso de la industria, una empresa en que el agua es un componente importante de sus costos se instalará en un lugar en que el agua es más abundante. Salvo casos especiales, como una embotelladora de bebidas en el Norte, no deberían instalarse grandes usuarios indistriales de agua en el Norte. Y para esa empresa de bebidas, lo que produce es también para consumo humano, y en cantidades mínimas en relación a la demanda doméstica por persona.

En el caso de la minería, el consumo promedio nacional es de un 3% de la demanda total, pero la localización de la demanda de agua está dada por los yacimientos. Esta es la razón por la que en la Región de Antofagasta la minería es el gran demandante de agua, con el 50% de la demanda, en una Región en que el consumo total excede la disponibilidad sustentable.3 En un capítulo posterior analizaremos el problema del agua para la minería en la zona Norte, porque nos desviaría demasiado del tema de esta sección. Sin embargo, vemos que este es un problema localizado a una Región (la siguiente región minera relevante en el Norte es la I, donde representa un 17% de la demanda total, así que está en otra categoría).

El problema real del agua está en el uso agrícola en las Regiones al Norte de la XIV. Una hectárea de hortalizas requiere entre 2.000 y 8.000 m3 por ciclo productivo, según el sistema de riego. El ciclo productivo de las lechugas, por ejemplo, es de unos 100 días, así que se pueden tener 3 ciclos anuales. Esto demanda entre 6.000 y 24.000m3 de agua por hectárea. Ese mismo litro de agua por segundo, que podía servir a 350 personas, permite regar solo 1.5-6 há. Por supuesto, otros cultivos tienen menores necesidades de riego que las hortalizas, pero el punto es que la agricultura, a diferencia del consumo doméstico (o indistial o minero), tiene demandas de agua que solo pueden ser satisfechas si el costo del agua es bajo.

Cultivo hortalizas en La Serena

Usar agua desalada para el cultivo de hortalizas, incluso usando las tecnologías más eficientes, tendría un costo anual de USD 4.200=(0.7×6.000) solo en agua. A esto habría que agregar otros costos importantes, porque a diferencia de una planta desaladora instalada en una ciudad costera como Antofagasta, habría que transportar y elevar el agua. Salvo para cultivos muy valiosos o ubicados en condiciones muy especiales, esto es inviable con la tecnología actual.

Emisario de aguas servidas de Antofagasta

Es más factible para la agricultura que las ciudades costeras del Centro y del Norte no descarguen sus aguas servidas al mar, sino que éstas sean tratadas, para luego ser usadas en agricultura. El costo de esta alternativa es menor que la desalación, ya que el costo de tratamiento oscila entre $200-$300/m3, es decir, es aproximadamente un 40-60% del valor del agua desalada, con la ventaja adicional de no evacuar al mar aguas que solo reciben un tratamiento primario.4 En algunas ciudades costeras del Norte y Centro, que actualmente utilizan emisarios para descargar aguas servidas al mar, esto podría permitir el riego de algunas miles de hectáreas.5

Planta tratamiento La Farfana

En resumen, con inversiones moderadas es posible resolver casi completamente el problema de suministro de agua para uso doméstico sin modificar las leyes de agua, e independientemente del cambio climático.6 En ese sentido, la importancia que se le ha dado al tema de las aguas para consumo humano parece artificial. El problema real de las aguas es la demanda agrícola, tema que se analizará por zonas del país en capítulos posteriores de esta serie.

Notas:

1 R. Fischer (2017): “Efectos de la Reforma del Código de Aguas”, no publicado.

2. En La Región de Aysén, el porcentaje del consumo es mayor, alcanzando el 72%, pero eso se debe a que las otras actividades prácticamente no usan agua. La demanda minera total de Aysén es de 2.6 m3/seg, pero esto es un porcentaje insignificante de la escorrentía de más de 10.000m3/seg, sin considerar las aguas subterráneas, que no han sido estimadas por la DGA (ver R. Fischer , op. cit.) La X Región también tiene un consumo relativamente elevado de la minería, pero nuevamente, es porque las demás actividades casi no utilizan agua: la demanda agregada de todos los sectores, incluyendo el agrícola es de solo 6.45 m3/seg, comparado con una disponibilidad de 3.385m3/seg.

3. Según la Dirección de Aguas, y considerando un 20% ecológico de las aguas superficiales, la disponibilidad de aguas sustentables en la Región es de 9.31 m3/seg, comparado con una demanda de 12.54 m3/seg.

4. Este valor proviene del valor del servicio de tratamiento en Santiago (mi cuenta doméstica) y en Araucanía.

5. Por ejemplo, la empresa de aguas de Antofagasta produjo en los cinco años anteriores a 2019 un promedio de 2.3m3/seg de agua potable. Estimado que las pérdidas de transporte y procesamiento de las aguas servidas es de un 50%, los 1.2m3/seg alcanzarían para unas 6.ooo ha de hortalizas, pero por supuesto es necesario estimar si los costos de transporte y elevación permiten que sea viable esta alternativa.

6. La excepción son algunas viviendas muy aisladas, que probablemente requieran suministro mediante pozos domesticos.

El peligro de las centrales nucleares …

R. Fischer

Es casi inexistente.  Toda la evidencia científica muestran que accidentes como Fukushima casi no tienen consecuencias para la salud humana. En tal caso la histeria que causan en el público (y por ende, los políticos)  es comparable al temor irracional a las brujas que en el siglo XVII llevó a la hoguera a decenas de miles de personas en Europa y especialmente en Alemania

He citado en el pasado evidencia de las Naciones Unidas que muestra que en el caso de Chernobyl, los efectos de la radiación han sido poco importantes. Se debe recordar que Chernobyl emitió una vasta cantidad de radiación por incompetencia de los operadores y mal diseño de la planta. Los miles de casos de cáncer de tiroides en niños (mortalidad: 1%) se debieron a un mal manejo del gobierno soviético, que para no revelar el desastre, no entregó las pastillas de yodo que habrían evitado que el yodo radiactivo en la leche que de los niños se concentrara en su tiroides.

Hiroshima
Hiroshima después e la bomba

La evidencia de los bajos efectos de la radiación (a diferencia de los efectos de una sobredosis de corto plazo) se ha visto confirmada con estudios de los sobrevivientes de Hiroshima. Hace un par de semanas, el New York Times publicó un artículo que describe los resultados de estudios científicos a los sobrevivientes de la explosión nuclear.  El  estudio siguió a 112,600 japoneses, de los cuales 86.611 estaban a menos de 10 km del centro de la explosión. y los restantes 26.000 no habían estado expuestos a radiación–eran los controles–. Los análisis muestran que de 10,929 personas que han muerto por cáncer, solo 527 pueden atribuirse a la radiación de la explosión. Es decir, para la población expuesta a radiación, después de un tiempo suficiente para que todos los efectos de la radiación pudieran ser percibidos, el exceso de mortalidad debido al cáncer es de solo 0.7%.

Más aún, a dos generaciones de la explosión, no hay efectos genéticos relevantes en los descendientes, aunque  la exposición fetal a la radiación tuvo serias y terribles consecuencias para los niños que nacieron luego de la explosión nuclear. Sin embargo sus descendientes no tienen defectos genéticos.

Chernobyl
Central de Chernobyl 25 años después.

Además, estos estudios sobre Hiroshima han permitido determinar, contra lo que se pensaba, que una exposición de baja intensidad (menos de 100 milisieverts, mucho más de lo que recibieron los vecinos de Chernobyl o Fukushima) no tiene efectos sobre la salud. Esto ratifica lo observado en los estudios de Chernobyl.

Esto no quiere decir que no se deben tomar precauciones para hacer que las plantas nucleares sean seguras. Pero por otro lado, significa que las políticas públicas deben tratar de informar a ala opinión pública de que su temor a la radiación y las centrales nucleares no tiene apoyo científico. Este temor ha significado que varios países desarrollados planeen dejar de usar centrales nucleares. Esto es un error grave, pues esos países deben reemplazan la energía que producían esas centrales. En parte esto se hace con energía producida por centrales convencionales que emiten gases de efecto invernadero –ahí si que hay un peligro de largo plazo– o por objetivos exagerados de penetración de energías renovables. Esto tiene un altísimo costo, como lo están descubriendo los alemanes.

Licitación de suministro a distribuidores

R. Fischer

Eduardo Bitran está muy preocupado por el mal diseño de  las licitaciones de suministro eléctrico de las distribuidoras. Aparentemente la Comisión Nacional de Energía (CNE) ha decidido no continuar con  licitaciones de corto plazo (5 años). Su objetivo era  para salvar el mal rato de nuestro desadaptado sistema eléctrico. La CNE propone volver a licitaciones de largo plazo,, en este caso de once años, con el peregrino argumento de que esto podría aumentar le interés de las empresas por participar en licitaciones, dado que dos primeros llamados han sido declarados desiertos. Pero también les garantiza precios elevadísimos que se mantendrían por un largo período, y como no hay entrada de nuevas firmas con generación convencional,, esto no produce ningún beneficio en términos de inversiones.

Bitran tiene una idea que originalmente me pareció exótica, pero que luego de pensarla más, podría ser razonable. A los precios actuales, las ERNC son competitivas. El problema es que no pueden participar en las licitaciones porque se les pide que garanticen la generación eléctrica en todas las horas. Esto es algo que no pueden entregar: las centrales ERNC eólicas y solares porque no son despachables.  La idea de Bitran es tener licitaciones de suministro en que solo se comprometa energía (y no potencia). Es decir, lo que prometen es que durante  el período de medición van a generar energía, pero no se comprometen hacerlo en forma continua, o según la demanda de los consumidores.

Ralco
Embalse Ralco

Normalmente, esto sería un error, porque dejaría al sistema frágil frente a fallas de potencia. Pero actualmente tenemos potencia excedentaria, debido a las numerosas centrales diésel del SIC. Además, se tienen los embalses de la zona central que también pueden aportar potencia en caso de necesidad. Los estudios muestran que hasta un 10% de energía no despachable la puede absorber el sistema sin que se eleven los costos globales (en el Norte esto no es posible sin una interconexión con el SING). Además, los problemas producidos por las sequías son por fallas de energía (que estaría asegurada con esta licitación) y no de potencia.

PlantaSolar
Primera planta fotovoltaica en Chile

Esto significa que, dado que estas licitaciones de suministro son por alrededor de un 10% de la demanda del SIC,  sería viable tener este tipo de licitaciones. El costo marginal de la energía caería, porque durante las horas que producen estas ERNC, su costo marginal es cero y desplazan la producción de centrales más caras. Esta alternativa tendría efectos negativos sobre la rentabilidad de las empresas de generación convencionales, pero estoy seguro que pocas personas van a lamentarse por ello.

Lo mejor es que las unidades fotovoltaicas se pueden instalar en plazos muy cortos y ya tienen aprobados sus estudios de impacto ambiental. ¡Además, se cumplirían temprano las metas de participación de ERNC!

La CNE debería recapacitar, volver a licitaciones cortas, y pensar en una licitación de suministro de energía y sin potencia.

Sobre el ahorro de recursos

R. Fischer

Hace pocos día tuve una entretenida discusión de café con José Miguel Benavente, El tema  sobre el que discutimos fue si es razonable ahorrar agua en Santiago de Chile.  Según JM, quién vive en la Comunidad Ecológica de La Reina, se debe hacer lo posible por  ahorrar  agua. Con esto quiero decir que JM desea ahorrar agua má allá de lo que interesa para reducir su cuenta de agua.

Comunidad ecológica de Peñalolén

Desde mi punto de vista, si se corrigen todas las externalidades del consumo de agua, no es necesario hacerlo, al menos en el uso doméstico. Es decir, mi argumento es que el precio da las señales correctas en cuanto a ahorro de agua.

Río Mapocho a la altura del aeródromo.

Mi argumento se basa en que  el agua que se consume en Santiago proviene de la cordillera, donde se renueva con las lluvias invernales. El agua es captada al pie de la montaña, se filtra y distribuye a los hogares. Esa agua se usa en los hogares y para regar jardines. El agua usada en los hogares pasa luego al sistema de alcantarillado, y de ahí a las plantas de tratamiento primario y secundario de aguas servidas. Finalmente, es devuelta al río en condiciones similares al agua captada originalmente.

El agua de riego de jardines en parte se evapora y el resto pasa al acuífero  bajo Santiago, con lo que también retorna al sistema. Además, el precio del agua es elevado en Chile y refleja los costos del sistema y sus externalidades (probablemente incluso las asociadas a las emisiones de las plantas que generan la energía), por lo que el consumo de los hogares debería ser eficiente. Asimismo, el agua usada en Santiago vuelve a su curso normal al salir de la planta de tratamiento, por lo que el único efecto de tipo ecológico es reducir el agua en el río Mapocho en su transcurso por Santiago. Si se consumiera menos agua, la única diferencia  sería que habría más agua en esa sección del río. Como JM no estuvo de acuerdo con mi argumento, tratamos de extremarlo para ver si aparecían fallas.

Casa con celdas fotovoltaicas (no de JM).

Propuse el caso siguiente. JM ilumina su casa con placas fotovoltaicas, y la electricidad que no usa (cuando sus baterías de reserva están al 100% de su capacidad) se pierde en una descarga a tierra. Le pregunté si en tal caso se sentiría obligado a apagar una ampolleta que no se necesita. Me dijo que sí. Le pregunté si era para no perder una costumbre útil en otras condiciones, pero me dijo que su motivación para no malgastar energía iba más allá. Es decir, sus motivos tenían una raíz moral, pese a que en este caso apagar la ampolleta no tendría sentido económico, porque la electricidad generada por las placas se habría perdido igual. Ahí se acabó la conversación, pues se hacía tarde y  debíamos ir a nuestros respectivos trabajos.

Centralización

R. Fischer

En el Encuentro de COPSA que he mencionado antes, el ex Ministro MOP Carlos Hurtado, a quién le gusta ser algo iconoclasta, atacó la idea de la descentralización. Según Hurtado, hay muchas ventajas de la centralización del país. Al concentrar el capital human o en un lugar, este se potencia. A veces he compartido esta idea. Una de las preocupaciones de las Regiones es que están perdiendo su capital humano, atraído por las ventajas de vivir en la ciudad con mayor cantidad de capital humano del país.

A diferencia de otros factores, el capital humano tiene economías de escala externa: es más productivo mientras más hay. Efectivamente, a nivel global, las ciudades más grandes y con mayor concentración de capital humano son mucho más productivas que ciudades menores. Aún no se alcanzan los límites del tamaño de las ciudades desde el punto de vista productivo, lo que no significa necesariamente fábricas, pues la producción en cuestión puede ser de contenidos o de servicios.

Hay ciudades grandes que no funcionan bien, pero eso ocurre en las que han crecido recientemente por la migración desde el campo. Esto debería ser una etapa transitoria hasta que puedan acomodar el aumento en la población. Es decir, con el tiempo, en las grandes ciudades se construyen viviendas sólidas, redes de servicios y de transporte colectivo eficiente y otros proyectos para acomodar a sus residentes. Una vez hecho esto las ciudades grandes son tremendamente atractivas y por eso migran a ellas los jóvenes talentos de las regiones.

Hay otra cosa interesante: las grandes ciudades son seguramente menos ofensivas para el medio ambiente que tener la misma población distribuida en pequeños villorios improductivos. Una población dispersa requiere mas energía para el transporte y no tiene ninguna de las ventajas de economías de escala que tienen las grandes ciudades en cuanto a tratamiento de aguas servidas y desarrollo de redes de distinto tipo (de transporte, sanitarias, de telecomunicaciones, etc). Además, como los habitantes de pueblos y villas están más cerca de la naturaleza, en agregado tienen más efectos negativos sobre sobre el entorno. En el campo es donde se caza, no en la ciudad. Las ciudades pueden destruir su vecindad, pero es una zona relativamente pequeña en comparación con la degradación ecológica que produce una población distribuida por el país.

Habiendo decidido que las grandes ciudades son deseables –y en Chile seguramente solo puede haber una– ¿porqué interesa descentralizar? Una de las respuestas es estratégica: el país requiere ser poblado por motivos de defensa del territorio. Además, gran parte de la producción física en el país proviene de regiones con baja densidad de población. Otro argumento tiene que ver con el hecho que las decisiones descentralizadas son más informadas de las características y necesidades locales. Existen por lo tanto esta y otras muchas razones para descentralizar.

Se trata de un tema difícil, y acaso las dificultades para descentralizar el país se deben a que no es un tema tan simple como a menudo imaginamos. Tal vez hay una presión del imaginario nacional a descentralizar –porque parece más justo con las regiones– y sin embargo, los costos económicos lo hacen inviable.

Porqué Hidroaysén

La aprobación ambiental del complejo de centrales hidroeléctricas en Aysén no ha tenido buena recepción en el público, que la recibió con protestas en distintas ciudades. La idea de enormes lagos artificiales y líneas de transmisión alterando el paisaje de Aysén no es atractiva. Entiendo el problema, porque los mismos motivos me hicieron dudar del proyecto por años, pero una reflexión más cuidadosa me mostró que no tenemos otra opción.

Cada año, el país requiere aumentar su capacidad de generación en unos 500MW para hacer frente al crecimiento de la economía. Los ambientalistas sugieren que se debe aumentar la eficiencia, produciendo más con menos energía. Así se necesitaría una cifra menor a 500 MW anuales para acomodar el crecimiento. Pero nuestras empresas, que enfrentan el costo real de la energía (sin subsidios), ya realizan el esfuerzo eficiente.

En nuestra etapa de desarrollo productivo, reducir el consumo es imposible, salvo que quisiéramos transformarnos en un país focalizado en el turismo, al estilo de Costa Rica (país que depende de la hidroelectricidad para la mayor parte de sus necesidades energéticas). Por lo demás, esto es inviable por nuestra localización geográfica, mayor tamaño y población. Descartada esta posibilidad, el desarrollo y la equidad requieren una economía que crece y que usa más energía. Pero las empresas solo pueden competir si sus insumos, entre ellos la electricidad, no son demasiado caros. En resumen, se debe aumentar la producción de electricidad, a un costo razonable.

¿De dónde podrían salir los 500 MW en capacidad adicional? Entre las renovables, la energía eólica es impredecible y tiene un factor de planta de menos de un tercio de la capacidad instalada, lo que eleva su costo de inversión. La energía solar aún no es económica, aunque si alguna vez bajaran sus costos, el país tiene excelentes condiciones para su desarrollo. La geotermia parece ser parte del futuro energético: sus costos de instalación no difieren mucho de los de las energías convencionales, y solo la limita actualmente el riesgo de exploración. Las minihidro son ambientalmente atractivas, pero su potencial es limitado (unos 3.000-4000 MW), aparte de requerir líneas de transmisión ubicuas.

Restan como energías de bajo costo la nuclear, la termoelectricidad y el carbón. Dejando de lado la energía nuclear, porque no podría implementarse antes de la mitad de la siguiente década, en el mediano plazo solo quedan el carbón y la hidroelectricidad. Si no se construyen centrales hidroeléctricas –en particular Hidroaysén– tendremos que usar más carbón. El desarrollo usando carbón produce severos daños ambientales y, peor aún, es probable que nuestras exportaciones sean castigadas en el futuro si la energía que usan produce gases invernadero. Por su parte, Hidroaysén tiene un factor de planta muy elevado, prometiendo un suministro estable y que no produce (salvo por la descomposición inicial de material orgánico sumergido) gases invernadero. En general, los desarrollos hidraúlicos en Chile tiene impacto visual, pero sus perjuicios ambientales son menores.

Para concluir, el desarrollo económico es más amable con la naturaleza: basta comparar a Haití con cualquier país desarrollado. A Haití no le quedan bosques porque los han usado como leña. En Europa, los bosques se han recuperado de las depredaciones del pasado. En Corea, aunque el medio ambiente no fue una preocupación importante durante su etapa de desarrollo, ahora si lo es y tiene recursos para dedicarle. Si deseamos reducir el impacto ambiental, es necesario alcanzar rápido el desarrollo, para así tener la capacidad de destinar recursos a proteger el medio ambiente.

Antigüedad de plantas de generación eléctrica

Nuestro sistema eléctrico está gobernado por principios de eficiencia, especialmente en el segmento de la generación eléctrica. La tarificación a costo marginal entrega señales a los inversionistas para que entren nuevas centrales eficientes, pero tiene algunos problemas.

El problema es que unavez instalado un equipo, se le entregan señales muy débiles de obsolescencia. Mientras una unidad pueda ser despachada con el grado de seguridad requerido, continúa recibiendo el pago de potencia, por lo que no hay incentivos a desecharla del sistema. Basta que el cargo de potencia cubra el costo de mantenimiento para que sea rentable mantenerla en servicio. La siguiente figura (que aparece en “Respuesta a las observaciones del anteproyecto norma de
emisión para termoeléctricas
” de CONAMA) muestra la antigüedad de las plantas térmicas en el SIC:

Es notable que en el sistema se les sigue pagando a plantas instaladas hace 70 años y que deberían ser parte de un museo. Má aún, existe medio gigawatt instalado hace casi medio siglo. Recordemos que esas plantas fueron construidas en una época en que ni se soñaba con problemas ambientales.

Mantener plantas ineficientes y obsoletas.le crea dos problemas a la tarficación a costo marginal. Primero, se reducen los incentivos al ingreso de nuevas plantas más eficientes. Supongamos que se tiene una planta muy antigua de altos costos marginales y que el sistema esta ajustado y sin holguras en la punta (incluyendo los márgenes de seguridad). Dado que la planta ya está instalada, todo lo que se requiere para que no salga de servicio es que el costo de capacidad pague el mantenimiento (los costos de operacion los paga el costo marginal).

Esta planta crea una externalidad negativa a la introducción de nuevas plantas de menor costo de operación porque al entrar la nueva planta al sistema se reduce el ingreso por potencia por cada unidad. El motivo es que el pago total de los usuarios por potencia no cambia, por lo que el mismo pago debe dividirse entre más capacidad. Este problema se podría resolver (y tal vez ya se aplique una solución similar), si se exige que las centrales a las que se les paga potencia sean aquellas que enfrenten escenarios en los cuales son despachadas.

El segundo problema es que las plantas antiguas son más contaminantes, ya que el control de emisiones no formó parte de su diseño. La combinación de los dos factores significa que la legislación eléctrica da pocos incentivos a la entrada de firmas de generación térmica menos contaminante, por lo que se requiere que el sistema medioambiental imponga condiciones sobre centrales nuevas y antiguas, de manera que salgan las unidades obsoletas, al no poder cumplir con estas condiciones a un costo razonable.

En resumen, nuestro sistema de tarificación eléctrica da malas señales de salida de pllantas de generación, lo cual puede no haber sido un problema en una época en que el capital era escaso y la preocupación por el medio ambiente no existía.

Ahorrar agua y papel

R. Fischer

Es común encontrar mensajes de correo electrónico que nos piden no imprimir el correo, pues ello contribuye a matar árboles. De la misma forma, debemos ahorrar agua, pues el agua dulce es escasa y al malgastarla se la estamos quitando (de alguna forma) a personas que viven en desiertos. Aparte de su atractivo por ser políticamente correcto, ¿tienen algún sentido lógico estos ahorros?

Para evaluar esta pregunta desde un punto de vista lógico (a diferencia de un punto de vista políticamente simbólico), es necesario determinar que significa que un producto o servicio se malgasta. Para que esto ocurra, los precios pagados no deben corresponder a al costo social de producir el bien o servicio. Si esto no ocurre y los precios son los correctos, el consumo corresponderá a los que maximizan la utilidad de las personas (dado su ingreso) considerando todos los factores de costo para la sociedad.

Por ejemplo, hay sobreconsumo de la energía proveniente de hidrocarburos, ya que su precio no considera las externalidades producto de emisiones contaminantes, así como las de su producción, y más importantemente, sus efectos sobre el calentamiento global. Medidas que tiendan a reducir el consumo de energía producida con hidrocarburos corrigen esta distorsión. Por ejemplo, un impuesto a los combustibles tiene ese efecto y por lo tanto, hay buenos argumentos ambientales para aumentarlo, y no para reducirlo.

¿Y el caso del papel y agua?

Consideremos el caso del papel en Chile. En Chile la celulosa –insumo primario en la producción de papel– es producto de árboles plantados y no del corte de bosques naturales. Cada 14-18 años, se cortan árboles que habían sido plantados en el pasado (he visto terrenos que han sido cortados y replantados dos veces). Las empresas productoras de celulosa tienen paños de distintas edades, así que los terrenos recién cosechados, aunque se ven feos hasta ser replantados, están rodeados por paños verdes. Claro que son bosques monótonos, sin la riqueza de un bosque nativo. Pero la comparación correcta es con campos de trigo, que tampoco tienen la variedad de especies que existen en una pradera virgen.

En Chile la única diferencia entre un terreno forestado y un campo de trigo es que el segundo se cosecha anualmente. Por lo tanto, los argumentos contra el uso del papel debido a que se cortan árboles también deberían ser usados contra el consumo de pan. Pero nunca he visto el argumento de que deberíamos dejar de comer pan por sus efectos sobre el medio ambiente.

Hay externalidades que no se pagan en la industria forestal: los efectos contaminantes de los fertilizantes e insecticidas usados durante los primeros años, la energía proveniente de hidrocarburos usados en el proceso de la celulosa. Pero en eso no hay diferencias con la industria agrícola en general. Por ello, las distorsiones se deberían corregir con medidas sistémicas dirigidas a toda la agricultura y no a un solo sector.

En el caso del agua el argumento es peor aún. Se nos pide reducir el agua para consumo residencial, porque sería un derroche y no hay agua dulce suficiente en el mundo. Pero en el caso chileno eso no parece ser el problema –hay que calificar un poco el caso del Norte–. En la zona central y sur, gran parte del agua utilizada en el consumo residencial proviene de ríos, y representa solo un 6% del agua total utilizada (el resto se usa en la industria, la minería y la agricultura).

Casi toda el agua de uso residencial retorna a los ríos luego de un tratamiento que la devuelve en un estado similar al que tenía en su captación, por lo que no se pierde. Todo lo que ocurre es que en la cercanía de la ciudad, el río corre con menos agua. El agua que no vuelve se usa para regar jardines, un uso no contaminante. Pero el punto importante es que el precio del agua no está subsidiado (salvo para consumos muy bajos), por lo que los usuarios perciben el costo real del uso de agua.

Hay países en los cuales el aguas está subsidiada, o no hay plantas de tratamiento y se devuelven las aguas servidas a los ríos, o no se mide su uso. En esos países, a falta de mejorar directamente esos aspectos, puede ser razonable ahorrar el consumo de agua, pero no lo es si todos los costos son considerados en el uso de agua.

Conclusión

La única manera en que en Chile sea apropiado ahorrar agua para consumo humano o papel es si lo consideramos un elemento simbólico en una estrategia para reducir el consumo de bienes que no incorporan todos los costos sociales. En particular las externalidades negativas de la energía proveniente de hidrocarburos y las asociadas al uso de insecticidas y fertilizantes. Pero deberíamos tener presente que la argumentación es igual de válida para el consumo de cualquier bien agrícola (o de muchos otros sectores). La elección de estos dos representantes se la clase de los bienes y servicios no se debe a su mayor contribución al daño ambiental, sino simplemente al hecho que una campaña de ahorro es más efectiva si se concentra en unos pocos representantes. El problema podría ser que nos sintamos virtuosos por usar poca agua y no imprimir documentos, pero tengamos la casa bien calefaccionada, usamos aire acondicionado, o viajamos, actividades cuyos efectos ambientales pueden ser mucho peores.

La energía nuclear post-Fukushima

Contra lo que parece la opinión generalizada en los medios, creo que es posible que el accidente en la planta nuclear de Fukushima sea un argumento a favor de la energía nuclear. Recordemos lo que sucedió: un terremoto de intensidad mucho mayor que la concebida por quienes planearon la planta, el que no provocó daños. Estos fueron producto del tsunami. La central usaba una tecnología anticuada, y estuvo a punto de ser dada de baja hace poco, debido a que había cumplido su ciclo. TEPCO, el operador de la planta, tiene mala reputación por esconder información sobre problemas en las centrales nucleares y ha sido incompetente desde que ocurrió el terremoto (salvo por usar agua salada para enfriar los reactores). Pese a estas chambonadas, no han habido víctimas. El aumento en los niveles de radiactividad tampoco podría causar víctimas, salvo tal vez en el largo plazo para los trabajadores más expuestos. Se ha perdido la inversión en la planta, y los japoneses, exagerando las precauciones, pararon todas las plantas nucleares y se quedaron sin energía, pero eso fue un error del gobierno y no un problema de las centrales.

El temor a las centrales es producto del desastre de Chernobyl, mucho más peligroso que el de Fukushima, incluso en el peor escenario, dadas sus diferentes tecnologías. Pero incluso en Chernobyl se estima que el número de muertes adicionales por cáncer, en el muy largo plazo, sería a lo más 4.000 de los 600.000 individuos directamente afectados por Chernobyl , y muy hipotéticamente, otros 5.000 muertes por cáncer adicionales entre los 6 millones de personas en otras áreas contaminadas (Informe OMS de 2006, en http://www.who.int/ionizing_radiation/chernobyl/who_chernobyl_report_2006.pdf). Este número debe contrastarse con las muertes que produce el calentamiento global debido al uso de combustibles fósiles, que modifican el clima y aumentan la frecuencia de sequías y huracanes. Además, las centrales nucleares actúales son más seguras que las construidas hace 40 años, y hay tecnologías intrínsecamente más seguras (CANDU y pebble bed) que la de agua presurizada de Fukushima.

Dejando de lado, por lo tanto, el problema de la seguridad, se puede analizar el problema de la energía nuclear para un país como Chile. Somos un país de ingresos medios altos, pero para poder llegar al desarrollo, es necesario disponer de energía, y que ésta no sea prohibitivamente cara. Poseemos abundantes fuentes de energía, pero es difícil utilizarlas, por lo que en su reemplazo debemos generar usando diesel, que es contaminante y caro. Una fuentes de energía barata y no contaminante (salvo visualmente) en la hidroelectricidad, pero presiones ambientalistas impiden aprovecharla, exagerando sus problemas y negando sus beneficios.

Las energías renovables no convencionales son atractivas, pero a menudo demasiado caras usando las tecnologías actuales, y de todas formas, también requieren líneas de transmisión que afean el paisaje. Es probable que en algunos años la geotermia se transforme en un recurso importante, pero es difícil pensar que en los próximos veinte años pueda responder al incremento en la demanda de energía. Las centrales minihidro son atractivas y competitivas, pero su potencial es limitado y solo pueden ser un complemento de otras fuentes de energía. La energía eólica es demasiado cara –debido a la necesidad de respaldo—y necesita subsidios para sobrevivir. Algo similar ocurre con la energía solar, aunque nuestro potencial es tan importante en el Norte, que si la tecnología mejorara y los costos bajaran, podría ser nuestra gran fuente de energía limpia.

Quedan solo dos alternativas: carbón y nuclear, que pueden producir energía segura y de bajo costo. El problema es que las centrales de carbón emiten gases invernadero y otros contaminantes e incluso más material radiactivo que una central nuclear, en condiciones normales. En el futuro mediano, no queda más que desarrollar centrales a carbón, debido a que no se ha podido desarrollar la hidroelectricidad, que podría competirle. Más a futuro, si no hay mejoras tecnológicas suficientes en energía solar o geotérmica, la alternativa ambientalmente más segura y de menor costo podría ser la energía nuclear.

En todo caso, no se debe descartar esta opción por temores infundados, ya que la única manera de acabar con la pobreza y alcanzar el desarrollo es que nuestras empresas puedan competir en el mundo, y para ello necesitan que la energía que utilizan sea mucho más cara que la de otros países.

Ecología y los kayaks

En la lucha por detener proyectos hidroeléctricos, los ambientalistas se han aliado con los que practican y promueven el turismo aventura. Los kayakistas y balseros desean mantener los ríos en su estado original, sin que sean intervenidos por embalses u otras obras necesarias para el desarrollo de centrales.

Por lo tanto, son aliados naturales de los ambientalistas, que también se oponen a las centrales, no porque el río deja de ser útil para el descenso en embarcaciones, sino porque no les gusta la intervención humana en el ecosistema. Los ecologistas utilizan a los deportistas extremos, señalando que esta actividad es una alternativa de desarrollo económico, que puede reemplazar el beneficio que proveería la central hidroeléctrica en el río.

Por lo tanto, hay algo de irónico en la reciente noticia en el Mercurio: una Emergencia por plaga de algas en Aysen, producidas por el turismo de Kayaks.

En realidad, más que irónico, se trata de un hecho trágico, ya que es poco probable que este tipo de algas pueda eliminarse del ecosistema una vez instaladas. Las intervenciones requeridas para instalar una central se pueden revertir, como se ha hecho en algunos países que han eliminado embalses, y a los cien años, no quedarán huellas de las obras. Pero quizás en varios miles de años más las diatomeas invasoras sigan allí.