Algunos temas en educación: Tema 3. El lucro y la educación técnica

R. Fischer

Me parece que la idea de eliminar el lucro en la educación enfrenta un problema evidente: ¿qué se hace con la educación técnica? La educación técnica se ofrece por innumerables institutos de buena y mala calidad –ahí hay un serio problema de información que debería subsanarse–, además de alguna instituciones sin fines de lucro, como DUOC e INACAP. Recordemos que el DUOC es una fuente de recursos para la P. Universidad Católica, y se maneja con criterios de lucro.

La alternativa es que la educación técnica la ofrezca el Estado, pero esto debe ser la peor solución posible, porque justamente se desea que haya un estrecho contacto entre los institutos técnicos y la industria, y que las destrezas que se aprenden se adapten a las necesidades del sector privado. Esto es muy difícil para una institución estatal, que no dispone de la agilidad ni de los incentivos necesarios.

Es difícil que la demanda por educación técnica se pueda satisfacer con instituciones sin fines de lucro –aunque éstas podrían aumentar–. Es un sector que no despierta interés en los donantes, porque no tiene la brillantez de otros destinos de las donaciones. Por ello, las instituciones con fines de lucro son imprescindibles en el sector.

Es interesante una historia que me contaron hoy (sin haberla verificado): la razón por la que las universidades no tienen fines de lucro es porque cuando se hizo la ley, se trato de favorecer las inversiones en institutos técnicos, que si podían tener lucro. Sorprendente.

Algunos temas en educación: Tema 2. Una pésima idea

R. Fischer

En el Mercurio de hoy aparece la noticia de que, según una encuesta de la Fundación Jaime Guzmán, a un 74% de los encuestados les gusta la idea de poder descontar los gastos en educación de los impuestos. Pocas veces ha visto una peor propuesta, tanto desde el punto de vista distributivo como desde el punto de vista económico. ¿Será que la Fundación ha perdido a su mejor gente, que se ha ido al gobierno?

Es una medida regresiva, porque dado que los impuestos en Chile son progresivos, el beneficio es mucho mayor para una persona de los estratos más altos de ingresos. Un individuo con menos de $500.000/mes no paga impuestos a la renta (o son minúsculos), por lo que no se beneficiaría, y una familia con un ingreso tal que queda en la categoría más alta, recibe un 40% de descuento en sus impuestos por el gasto en educación.

Segundo, uno de los efectos es aumentar la cantidad de dinero que la familias pueden destinar a educación, y en general esto se reflejará en un alza en el valor de los colegios más demandados, por lo que el efecto sobre los ingresos netos familiares puede ser casi nulo. Se beneficiarían los propietarios de los colegios, si tienen fines de lucro (los sin fines de lucro van a obtener nuevos laboratorios e infraestructura). Los mejores profesores también se verán favorecidos, ya que ante la mayor demanda por sus servicios, podrán exigir mayores salarios por el mismo esfuerzo. Todo esto tendrá un gran costo para el fisco, y en vez de simplificar el sistema impositivo, lo complicará.

Los resultados de la encuesta solo reflejan qu la mayoría de las personas no tiene tiempo ni deseos de examinar temas complejos y responden al sonido de la frase “reducción de impuestos”, sin pensar en las consecuencias. Por eso no es bueno gobernar por reeferendum y es preferible la democracia representativa.

Una vergüenza, Fundación Jaime Guzmán.

Algunos temas en educación: Tema 1. Acreditación y discrecionalidad

R. Fischer

En el lanzamiento del libro de Patricio Meller hace pocos días, los presentadores discutieron las debilidades de nuestro sistema de acreditación de las universidades. Se describieron trucos como contratar doctores, no para hacer clases, sino para otras labores, pero con eso la universidad sube en el indice de doctores con jornada completa. Así como éste hay muchos trucos que puee usar una universidad de mala calidad para aparecer mejor y ser acreditada.

El problema, como siempre, son nuestros métodos, basados siempre en reglas rígidas, como herencia de nuestro sistema de derecho romano. En ese sistema, el juez sigue reglas que le dicen que hacer en cada situación, sin necesidad de usar el juicio y el criterio –al menos en teoría–. Tememos que de otra forma el sistema sea fácilmente corruptible.

Lo mismo hacemos con el sistema de acreditación, esperando que la universidad, carrera o departamento cumpla ciertos objetivos. Aunque hay examinadores externos, estos deben justificar –para eso nada mejor para nosotros que números o criterios prefijados– sus decisiones, o de otra forma podrían ser cuestionadas. Pero son justamente las determinaciones de calidad aquellas en que la disrecionalidad y el criterio experto, sin una justificación formal imposible, son necesarias. Aquí lo que debería contar para el experto que toma las decisiones es su reputación, que está en juego.

Un académico de buen nivel puede determinar rápidamente si un departamento académico es de buen nivel, nivel intermedio o pésimo, sin necesidad de ver estadísticas de egresados, número de doctores trabajando y otras cifras inútiles que se usan actualmente. Determinar si una universidad está en alguna de esas categorías es algo más complejo, porque las universidades tienen muchas componentes, pero tampoco es un problema insoluble para un experto que solo debe clasificar la institución en categorías gruesas de calidad.

Pero se ve imposible que confiemos en un sistema de este tipo, que funcionaría tanto mejor que el actual sistema, pero que es tan ajeno a nuestra cultura.