Desde los archivos: Gobierno de las universidades estatales

R. Fischer

Jorge Zalaquett tiene hoy una columna en La Tercera en la que propone una alternativa al sistema actual de gobierno de las universidades estatales. Actualmente la mayoría tienen una elección para el rector en la que participan los académicos como electores. Los alumnos desean participar, junto a los funcionarios, creando un sistema triestamental.

Por varios motivos, algunos de los cuales son planteados por el profesor Zalaquett, el sistema actual de gobierno es una mala idea, que imagina que todas las instituciones tienen que ser gobernadas por elecciones. El error es que las universidades son entes de carácter meritocrático y no democrático: se respeta y se promueve a los mejores, quienes tienen más derechos que los mediocres. Pero los méritos no son hereditarios y en principio cualquiera puede cumplir las condiciones requeridas, por lo que no es un sistema aristocratizante.

En todo caso, el tema de esta nota es que durante los 90 también hubo un movimiento estudiantil fuerte que mantuvo parada a la U. de Chile durante meses, y en la que los alumnos consiguieron una representación triestamental en el Senado Universitario. En aquél entonces me dediqué a pensar en como mejorar el gobierno universitario.

Llegué conclusión similares a las del profesor Zalaquett y escribí una columna sobre gobierno universitario. No recuerdo si fue publicada y por qué aparece en primera persona plural. ¿Acaso fue circulada e intenté conseguir adherentes? En tal caso no me fue bien.

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Consejo Universitario

10 de noviembre de 1997

Los problemas de la Universidad no solo son serios, sino que la falta de avance en su solución descorazona a académicos, alumnos y administrativos. Se ha acusado de falta de resolución al rector. Sin embargo creemos que en el problema se origina en el mecanismo de generación de autoridades en la Universidad de Chile. Un mecanismo en el que el rector es elegido por el sufragio de los académicos es una receta para que los candidatos a la elección (y en particular a la reelección) no se atrevan a ofender a ninguno de los numerosos grupos de votantes cuyos intereses son heterogéneos. Una restructuración de la universidad que ataque sus problemas necesariamente afectar a ciertos grupos, por lo que en un sistema de elecciones se da la tendencia a no hacer cambios y ni siquiera proponerlos, de manera de no ofender a potenciales votantes.

Proponemos por lo tanto un sistema alternativo: un Consejo de Universidad que elija al rector y a los decanos (posiblemente a proposición del rector) y que trace los grandes lineamientos estratégicos y de desarrollo de la universidad. Este consejo estaría integrado por tres delegados del gobierno, tres académicos y tres representantes de la sociedad civil, tales como asociaciones de empresarios, colegios profesionales u otros. Estos cargos podrían ser elegidos por el presidente o alternativamente, votados por ex-alumnos, quienes son los más interesados en la mantención de la calidad de la Universidad. El Consejo no intervendría en el manejo operativo de la universidad.

La selección del rector se haría mediante un comité de búsqueda, a petición del Consejo Universitario, posiblemente contratando a agencias privadas especializadas. En este esquema, el rector es una figura simbólica de la universidad, delineando públicamente las grandes directrices de desarrollo definidas por el Consejo de Universidad. El rector cumpliría labores de relaciones públicas y de búsqueda de fondos para el desarrollo de la Universidad. El rector dispondría de un pequeño porcentaje de fondos de libre disposición que podría destinar a desarrollar áreas nuevas de la universidad, de acuerdo con las directrices generales del Consejo Universitario.

El poder operativo estaría en manos de los decanos, quienes al se nombrados, no estarían sometidos a las presiones existentes en la actualidad. Los decanos podrían intervenir en departamentos que tienen problemas, de acuerdo a medidas objetivas como caída en los ingresos de alumnos, ranking nacional del departamento, u nivel de investigación. A su vez, el Consejo Universitario podría intervenir en facultades a través del rector, removiendo a los decanos en caso en que las facultades estuvieran en crisis.

Proponemos crear un senado universitario de carácter consultivo, que reflejaría el pensamiento de los académicos sobre la institución. Este senado estaría integrado por académicos de las primeras tres categorías, en una elección de dos etapas: primero a nivel departamental, el que elige delegados que a su vez eligen representantes por facultad. El número de representantes por facultad depende del número de profesores y estudiantes de cada facultad, para reflejar la importancia de ésta en la universidad.

Si examinamos el sistema universitario en EE.UU., país con algunas de las mejores universidades del mundo, observamos que la generación de autoridades es completamente distinta. A pesar de ser un país eminentemente democrático, donde hasta los jueces son elegidos, no existe elecciones de rectores en la Universidad, ya que se reconocen los defectos de tales sistemas. En otros países en que existen universidades gobernadas por académicos o peor aún, con participación de estudiantes y no académicos, la flexibilidad de las universidades y su calidad son a menudo peores.

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Revisando lo que escribí hace casi quince años, creo que cometí algunos errores: la elección de los miembros del Consejo por el Presidente por si solo no es una buena alternativa (aunque me sigue gustando la participación de los los egresados), y es preferible la opción que sus nominados sean aprobados por el Senado como los sugiere el profesor Zalaquett. El otro problema es que el artículo entra en demasiados detalles del gobierno universitario. Habría sido preferible concentrarme solo en el tema del Consejo Universitario, su elección y sus atribuciones.

Una antigua propuesta de financiamiento estudiantil

R. Fischer

Recordaba que alguna vez escrrbí sbre financiamiento estudiantil. Revisando mis archivos, encontré la siguiente propuesta, escrita en noviembre de 1997. Me siguie pareciendo una buena idea:

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Tema: Financiamiento estudiantil

Ronald Fischer

13 de noviembre de 1997

1. Proposición

Propongo el siguiente sistema para el financiamiento de becas para alumnos de menores y/o medianos ingresos: El Estado otorga préstamos de estudio, las que pueden incluir un componente para gastos de alojamiento, alimentación, textos, etc. El estudiante paga el préstamo y sus intereses (pueden estar subvencionados) mediante un cobro extra de impuestos internos, cuando su ingreso sobrepasa un nivel predeterminado. Este cobro extra puede estar graduado dependiendo del ingreso.

Como un ejemplo (los límites no tienen porqué ser éstos), se pagaría cero hasta un ingreso imponible de $250.000, y un 1% del ingreso por cada $50.000 de ingreso adicional, hasta completar un maximo de 5% del ingreso al llegar a ingresos de $500.000 mensuales y superiores. Una vez pagada la deuda más sus intereses, se acaban los cobros adicionales. Tal vez sea conveniente tener como umbral inicial el ingreso promedio nacional.

2. Fundamentos

Existen varias ventajas de este sistema sobre otras alternativas.

1. El sistema tiene una componente redistributiva efi caz: pagan los que ganan más. Aquellas carreras que son importantes socialmente pero que no otorgan buenos salarios se verían subsidiadas implícitamente, pues aquellos profesionales que ejercen la disciplina y tienen salarios bajo el promedio nacional pagarían menos o cero. Aquellos que se cambian a otras actividades y aumentan sus ingresos, pagan (a pesar de haber estudiado una carrera nominalmente de bajos salarios). Alumnos en carreras en las que los alumnos reciben buenos salarios también pagarían por sus estudios.

2. La deuda no es exigible, en el sentido de no haber problemas si el ex-alumno nunca adquiere los ingresos que le permitan pagar la deuda.

3. Este esquema es justo desde el punto de vista distribucional pues aquellos estudiantes de menores ingresos cuya profesión u otras actividades posteriores les permiten tener ingresos superiores al promedio la devuelven a la sociedad el préstamo. Así no se da el caso de un subsidio de los pobres a los (futuros) ricos.

4. Se utiliza un sistema ya establecido, lo que reduce los costos de fi scalización y cobro.

5. Un sistema parecido está siendo utilizado en Australia con tanto éxito que Nueva Zelandia está pensando introducirlo.”
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No recuerdo si esta propuesta es la versión final o si hubo versiones posteriores, más pulidas, y si fue publicada. Obviamente habría que hacer un ajuste en los límites de ingresos para pagar o no pagar, tal vez doblándolos, dada la mayor riqueza del país. El otro punto importante que olvidé en la columna (y por qué creo que debe haber una versión más completa), es la tasa que se debería cobrar a estos créditos. Creo que la tasa debería ser similar al costo de financiamiento del gobierno, ya que la recaudaría el gobierno a través de su sistema de recaudación de impuestos y los costos de administración deberían ser bajos. La pregunta es si se puede financiar una carrera que dura cinco años con el cinco por ciento de los ingresos de las personas.

El siguiente gráfico muestra el perfil de la deuda, suponiendo una carrera que dura cinco años con un costo anual de $3.000.000 anuales, y que el joven profesional repaga $600.000 el primer año que trabaja como impuesto adicional universitario. Esto corresponde al 5% del ingreso de un profesional que gana $900.000, y al 10% de uno que gana $500.000. La tasa de interés que se cobra al crédito universitario es un 4% real (la tasa del 2% real a los estudiantes de las universidades del CRUCH es un subsidio sin justificación clara). Además, supongo que la tasa a la que crecen los ingresos reales del universitario es de un 5% real. Esto se puede explicar como producto del aumento en los ingresos per capita (un 2% real anual) y que hay un incremento adicional por la experiencia y otros factores que aumentan con la edad del profesional hasta la cuarentena.

Como se observa en la figura, el crédito terminaría de pagarse en la cuarentena. Esta es una indicación del costo de la propuesta de universidad gratuita. Este enorme costo, que beneficia principalmente al universitario, se trapasa al resto de la sociedad. Esta es en promedio más pobre que el futuro profesional, y además, no tuvo la oportunidad de que le regalaran los estudios. Con esta antigua propuesta eso no ocurre; son los futuros profesionales los que repagan la deuda que incurrieron, y así financian a futuros profesionales. Además, la propuesta tiene la ventaja de que si el estudiante decide abandonar su carrera, tendrá que pagar los costos que ocasionaron sus estudios interrumpidos en caso que sus ingresos sean lo suficientemente altos.

Una propuesta como ésta depende de la calidad de la información que se tenga sobre la calidad de las universidades. Una buena fuente, más que el sistema de acreditaciones, es la información de la base de datos de Brunner y Meller sobre ingresos de egresados de distintas carreras. Esta tiene la deficiencia de que las universidades no permiten que se incorpore la información sobre las universidades de egreso, pese estar disponible. Esta información debería estar disponible para los futuros estudiantes, al menos si la universidad desea acogerse a este sistema de créditos.

Exigencias estudiantiles

R. Fischer

Creo que las exigencias de los estudiantes se pueden dividir en dos tipos, con distintos niveles de legitimidad. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las propuestas específicas, pero es claro que las peticiones por menores costos de la educación universitaria, y por mejor calidad de la educación media y básica caen plenamente en lo que se pueden denominar las exigencias legítimas de un movimiento estudiantil.

La petición de terminar con el lucro en la educación escolar es un tema más delicado, porque el Estado y sus representantes elegidos nunca se han opuesto al lucro en los colegios (a diferencia de la educación universitaria) y no es obvio que ello sea la causa de los malos resultados en la educación escolar. Por lo tanto, se trata de una exigencia de tipo moral (la oposición es porque el lucro es malo y no porque genera peores resultados), y esa tipo de exigencias escapa a lo que se podría llamar una petición legítima de los estudiantes como estudiantes –a diferencia de su categoría de ciudadanos que legítimamente votan por políticos que desean eliminar el lucro–.

Pro eso palidece al lado de las demás peticiones estudiantiles. Primero, desean negociar con la autoridades el contenido de la legislación. El problema es que ese es el tipo de temas que corresponde al Congreso, donde los representantes elegidos por los votantes negocian las leyes. Es natural que cuando se discutan leyes hayan consultas a grupos de interés, y que se analicen los detalles con especialistas, pero un grupo de presión no puede imponer, legítimamente, condiciones al gobierno. Nadie los eligió para ello.
Menos aceptable aún es que extiendan sus peticiones a un plebiscito. No soy un experto en teoría política pero hay motivos fundamentales por el que las democracias funcionan con parlamentos y representantes de los votantes y no por democracia directa. Los plebiscitos son manipulables y por ello son una herramienta usual de las dictaduras o de gobiernos que solo en apariencia son democráticos. Además, dan origen a malas políticas, como se ha observado en California.

Los ciudadanos normales tienen muchas otras preocupaciones que ocupan su tiempo como para además requerirles pensar sobre la conveniencia de cambios legales que deben votarse mediante plebiscitos. Por eso, en teoria, eligen a candidatos que representen sus opiniones, pero éstos
deben tener autonomía para estudiar cuidadosamente las leyes y decidir su conveniencia, pensando en lo que conviene a los ciudadanos que los eligieron. La practica es algo más deficiente que esta visión idealizada, pero nunca tanto como en las democracias plebiscitarias. En ellas, un demagogo o un grupo de presión pueden convencer a la ciudadanía de votar a favor de una medida cuyos efectos no han tenido tiempo, ni deseos, ni información para analizarla cuidadosamente y cuyos efectos pueden ser desastrosos.

Recordemos que los políticos actuales se han vuelto menos respetables, no porque sean más corruptos que antes –probablemente con los estándares actuales todos los políticos del pasado serían corruptos–, sino porque cambian sus opiniones de acuerdo a las encuestas de opinión. Luego de un crimen violento, la ciudadanía quiere penas más duras para los criminales y los políticos obedecen y cambian las leyes. Poco tiempo después, se condena injustamente a alguien y el clima se vuelve contra las condenas largas y estas se reducen, en un ciclo de malas decisiones políticas. Manejarse por encuestas es casi equivalente que el gobierno se maneje por plebiscitos, y los resultados son malas políticas. La petición de un plebiscito no le corresponde a los estudiantes, ni sería sano para nuestra sociedad manejarse por ellos.

Postcript: Mi colega Matteo Trozzi me cuenta que en Italia los plebiscitos funcionan razonablemente bien. Pero tienen muchas salvaguardas: la peticiones deben ser aprobadas por el equivalente a nuestro tribunal constitucional, lo que hace que el proceso sea lento, dándole tiempo a los ciudadanos para reflexionar sobre la decisión. Tal vez lo más importante es que se trata de temas que los políticos no desean tocar y prefieren dejarle la responsabilidad a los ciudadanos: temas como el divorcio y el aborto. Son temas que las personas entienden, que pueden sopesar, sobre los que tienen opiniones, y sobre todo, son temas que espantan a los políticos. No es el caso en los temas solicitados por los estudiantes.

Cambio de hora

R. Fischer

El reciente cambio de hora en medio del invierno recuerda las medidas arbitrarias de las dictaduras. Después de todo, un cambio de hora afecta uno de los aspectos más fundamentales de la vida de las personas: el tiempo del que disponen y como enfrentan cada día, normalmente en una relación armónica con las estaciones del año. No quiero decir que este sea un gobierno dictatorial, pero la absoluta prescindencia de los deseos y opiniones de los ciudadanos al tomar una decisión como ésta resulta ofensiva para quienes creen en la autonomía de los ciudadanos.

Es cierto que tenemos una antigua tradición de horario de verano, pero esa fue un medida consensuada en un momento de sequía extrema, y que a su vez se había convertido en una tradición que anunciaba el cambio de las estaciones y ocurría en una fecha fija. El cambio de hora puede haber sido inútil par su objetivo original de reducir significativamente el consumo eléctrico, pero al menos había alcanzado la condición de ceremonia de comienzo de una nueva época del año. El cambio actual fue inconsulto y ocurre en una fecha arbitraria, demostrando que la Autoridad puede pasar a llevar impunemente las costumbres y usos de las personas, lo que es inaceptable.

Una vergüenza.

Algunos problemas en las propuestas para universidades

R. Fischer

Escribir sobre las propuestas estudiantiles daría para mucho, pero solo quiero referirme a unas pocas de ellas. Una de las quejas de los estudiantes es el alto costo de los estudios, el que ha subido mucho más que el arancel de las becas y otros subsidios a los estudiantes de bajos ingresos.
No estoy seguro cual es la explicación que dan los estudiantes para esta alza desmedida, pero es casi seguro que la asignan gran parte de la culpa al lucro en la educación.

Aunque puede haber un pequeño efecto del lucro en los costos de la educación, el aumento de costos tiene otra causa mucho más fundamental. Cuando un sistema universitario se expande como lo ha hecho el nuestro, y con condiciones de competencia que impiden una degradación en la calidad como la que ocurrió durante la ampliación de la cobertura escolar de la década de los 60, los factores (cuasi-) fijos se llevan gran parte de la renta producida por los mayores ingresos por matrículas.

Nuestra cobertura de educación terciaria universitaria aumentó en algo así como 100% en diez años, pero el número de personas que podrían servir como académicos crece mucho más lento. Hay carreras, como las de negocios, en las que no son necesarios muchos recursos como laboratorios e investigación, y pueden hacer buenas clases un enorme número de profesionales. Es por ello que son las carreras que inicialmente se expandieron más rápido en las nuevas universidades, sin elevar demasiado los costos.

El problema es que las nuevas universidades se expandieron a otras áreas en la oferta de académicos –incluso part-time– es más limitada y los costos de infraestructura son mayores. Además, los procesos de acreditación elevaron las exigencias en esas carreras, ya que la acreditación valora la investigación y el número de profesores de jornada completa con posgrados, especialmente doctorados.

Este último factor es casi fijo, porque el proceso de creación de nuevos doctores puede tardar cinco a seis años, y solo una fracción pequeña de la población tiene interés y la capacidad para seguirlos. Esto ha generado una competencia desmedida por los académicos existentes, elevando sus remuneraciones. Este es el factor principal en el aumento en el costo de la educación universitaria.

En mi área, por ejemplo, una universidad privada (e incluso algunas privadas sin fines de lucro) le ofrece a un académico recién doctorado un salario que lo puede poner en el 1-2% de mayores ingresos de la población. Esta posición relativa de los ingresos de los académicos es superior a la de otros países del mundo desarrollado. Incluso mi Facultad, perteneciente a una universidad estatal, y que tiene remuneraciones menores que la competencia, puede atraer a académicos europeos en casi todos los departamentos. En Europa el número de estudiantes decrece por la baja fertilidad, y eso ha afectado a los académicos jóvenes, que deben emigrar, algo que podría repetirse en el mediano plazo en Chile.

Al eliminar el costo de los estudios, haciéndolos gratuitos, se elimina una de las pocas señales que da el mercado para limitar el ingreso a la educación universitaria. Al no haber señales, hay personas sin habilidades que estudian aunque esto represente una pérdida para la sociedad y segundo, las personas pueden elegir carreras sin importarles si encontrarán trabajo en su campo al egresar. En el futuro esto causará frustración por los años desperdiciados. Además, es posible que gran parte de los mayores ingresos se traspase a los académicos, o que baje la calidad de la educación universitaria si no aumentan los recursos asignados.

Entre paréntesis, hace unos quince años, el Centro de Economía Aplicada de la U. de Chile publicó una propuesta de financiamiento universitario en El Mercurio. La propuesta era similar al actual esquema australiano: Se pagan las universidades, pero los alumnos de bajos ingresos pueden posponer el pago hasta que comiencen a trabajar. En ese momento deben pagar la deuda como un impuesto adicional, con un tope en porcentaje de los ingresos y un un mínimo de ingreso para pagarlo. Esto subsidia el estudio en carreras de bajos ingresos, como artes y pedagogía, pero permite que paguen los estudiantes de esas carreras que se transformaba en empresarios de altos ingresos. No lo encuentro en mi computador, pero debe ser posible recuperar la propuesta y ver si todavía es relevante.

Peñascazos

R. Fischer

Como (casi) siempre, Carlos Peña apunta al problema correcto en su columna de hoy en El Mercurio. En ella descubre la conducta abyecta de políticos y académicos frente a los estudiantes. Peña describe una aparición de Camila Vallejos en el Congreso y la reacción “de alumnos que toman nota” que produjo su intervención.

En la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile ha pasado algo similar. Afortunadamente algunos como Jorge Amaya han comenzado a reírse (tal vez en otra columna escribiré sobre Jorge), pero un grupo importante de académicos realiza declaraciones públicas que a dan vergüenza. Por ejemplo, la declaración del Consejo de Facultad, el cual reúne a Directores e Departamentos, algunos académicos transversales y representantes de estudiantes y administrativos:

El Consejo de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile valora el compromiso de sus estudiantes con la búsqueda de una transformación de fondo del sistema educacional chileno y apoya sus legítimas demandas por una mayor equidad de oportunidades, con calidad en la entrega, en ambientes de diversidad social, con honestidad y rigurosidad intelectual. Estas cualidades son parte de la riqueza que todos esperamos caracterice a nuestra sociedad; constituyen las esperanzas frustradas que motivan los actuales movimientos estudiantiles; su ausencia es la manifestación de soberbias nacidas y nutridas durante muchos años de desaciertos por parte de los actores políticos nacionales. La generosidad de nuestra comunidad estudiantil la ha llevado a solidarizar con las necesidades de aquellos con menos oportunidades, haciendo importantes sacrificios por lo que estima es una causa justa, poniendo el bien común de las futuras generaciones por sobre sus intereses individuales, asumiendo de forma informada y responsable los costos personales que las actuales movilizaciones conllevan.

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El estudio es el oficio del estudiante, es su pasión, es su manantial de inspiración, es la fuente de sus legítimos reclamos. Darle nobleza a esa bandera en los momentos más excepcionales es misión de los estudiantes de nuestra Universidad.

Olvidando el lenguaje altisonante y decimonónico, se asume que los estudiantes se están sacrificando, lo que supone que los mismos estudiantes que no asisten a clases durante el semestre ahora si se sacrifican. Pero esto es inconsistente con las peticiones estudiantiles de eximirse con nota 4.0, ni veríamos que los más activos participantes y votantes a favor del paro son los alumnos del Plan Común y que los que están cercanos a egresar tienen actitudes bastante más tibies en promedio.

El Consejo de Escuela, cada vez más desesperado por la posibilidad de pérdida del semestre, ha realizado una nueva declaración, intentando convencer a los estudiantes. Este Consejo fue ampliado, permitiendo que 9 participantes externos, lo que significa casi un 40%, participe en la declaración. Pero miremos como comienza:

El Consejo de Escuela ampliado, compuesto por académicos y estudiantes, reunido con fecha 19 de agosto en sesión extraordinaria consensuó la siguiente propuesta que permitiría el cierre del semestre otoño 2011 sin contraponerse a la movilización estudiantil y sus legítimas demandas.

¿Había alguna necesidad de incorporar la frase final del párrafo, en una declaración dedicada a los aspectos técnicos sobre como terminar el primer semestre (faltan los exámenes). Además, la declaración incluye favores que reducen el costo –“los importantes sacrificios”– de participar en el movimiento estudiantil? Otra muestra de abdicación intelectual son algunos correos de académicos en que se trata de convencer a los estudiantes que vuelvan a clases, con introducciones larguísimas en que se piden disculpas al movimiento estudiantil por la sugerencia de volver a clases.

Independientemente de lo que pensemos sobre los objetivos de los estudiantes, y creo que muchos son dudosos y algunos francamente ilegítimos, es una traición a los mismos objetivos de independencia intelectual que se dice defender cuando los académicos de la Facultad aceptan las palabras y acciones de los estudiantes como si fueran palabras divinas. Como dice Peña, eso es beatería.

Disculpas

R. Fischer

A mis lectores por la poca actividad del blog los últimos días. El problema es que tuve que escribir varias editoriales, columnas, cartas de recomendación, presentaciones y otros escritos, todo lo cual me “secó el cerebro” como escribe Cervantes sobre el Quijote.

Espero retomar niveles aceptables de actividad del blog en estos tres días feriados.

Inconsistencias

R. Fischer

Ambrose Bierce escribió el Diccionario del Diablo, Flaubert tiene, al final del Bouvard y Pecuchet, un diccionario de ideas recibidas, Más humildemente, voy a comenzar una lista de inconsistencias. Se aceptan contribuciones.

1. El otro día vi a un grupo de estudiantes arrastrando neumáticos para quemarlos en las calles. Es probable que muchos de ellos hayan participado en las marchas en contra de Hidroaysén y por la defensa del medio ambiente y .

2. Los diputados que quieren reducir el impuesto a los combustibles y al mismo tiempo apoyan la propuesta en pro de las energías renovables, por ejemplo, el 20-20.

3. Quiénes, con el apoyo de ONGs internacionales, se oponen a proyectos de inversión porque pertenecen a multinacionales.

4. Los que apoyan tanto los derechos humanos como un valor esencial, pero también al gobierno de Cuba.

5. Los pechoños con amante.

6. Los parlamentarios que aceptan que en las elecciones voten chilenos en el extranjero sin vínculos con el país, pero ahora tienen problemas con la inscripción automática, porque no se puede determinar a que circunscripción corresponden los nuevos votantes, ya que no hay un registro de domicilios. Después de todo, deberían poder votar en cualquier circunscripción, ya que no son necesarios los vínculos.

No se me ocurren más por el momento. Pero la lista sigue.

La verdadera velocidad de la banda ancha

R. Fischer

Uno de las decepciones de los usuarios de banda ancha es que las promesas de velocidad de subida y de bajada no se cumplen. Las empresas ofrecen velocidades enormes pero a casi todas horas las incumplen. En los contratos, solo se garantiza una velocidad de un 10% de la velocidad anunciada, y es probable que tampoco esa garantía se cumpla ya que no parece haber fiscalización del ancho de banda efectivo.

Estos malos resultados se pueden comparar con el caso de los EE.UU. El siguiente gráfico muestra la diferencia entre la velocidad anunciada y la real a diferentes horas del día para distintos proveedores, y claramente es más de un 10% del valor anunciado:

En su descargo, las empresas proveedoras de banda ancha chilenas señalan que en muchos casos el contenido es internacional, en cuyo caso debe acomodarse a un ancho de banda más restringido, porque es muy caro arrendar ancho de banda internacional. Puede ser, aunque no hay manera de verificar si este es el motivo o si simplemente las empresa no quieren gastar en proveer un mejor servicio (tal vez porque la competencia no es muy efectiva en el sector en nuestro país). Sin embargo, es posible hacer algunas estimaciones usando datos públicos, ya que si fuera tan caro, y las empresas lo desearan, siempre tienen la opción de contratar la construcción de un nuevo cable submarino.

Es posible estimar el costo de esta alternativa. Por ejemplo, el reciente cable submarino Sydney-Guam PPC1 de 2009 tiene 6900 km de longitud, una capacidad de 2.56 terabytes, y un costo de U$ 200MM). La distancia del Norte de Chile a California es de unos pocos cientos de kilómetros más en línea recta submarina, por lo que el valor de una línea que resolviera nuestro problema de capacidad internacional no debería ser mucho mayor.

Podemos usar esa información para evaluar el ingreso anual necesario para solventar un cable submarino. Supongamos que debido a su mayor longitud, el nuevo cable es un 10% más caro que el cable australiano es decir, US$ 220 MM. Considerando una tasa de retorno requerida del 10%, y una evaluación del proyecto con un horizonte de 10 años, con valor residual cero, el ingreso anual requerido es aproximadamente US$ 36MM.

Comparemos eso con los ingresos de una empresa proveedora de banda ancha. La mayor empresa chilena tiene más de un millón de clientes que pagan por lo menos $15.000 mensuales por el servicio. Si hacemos la multiplicación, vemos que el costo del cable submarino que resolvería los problemas de comunicación de Chile por mucho tiempo, podría pagarse con un mes de ingresos de una sola compañía, cada año. Me parece que al sector se le puede exigir más.

Una cosa adicional me molesta. Me gustaría ver los balances auditados de VTR, que según entiendo, no son una obligación de la empresa. Lo mínimo que debería exigírsele a una empresa regulada (porque ofrece servicios de telecomunicaciones) es que entregue estos balances. Así tal vez se podría saber cuanto paga por el servicio de arriendo internacional.