La PSU no sirve

R. Fischer

Me he opuesto a la PSU desde sus inicios, ya que la experiencia de otros países con pruebas de ingreso a la universidad que enfatizan los contenidos no han sido buenas. Son pruebas que profundizan las diferencias socioeconómicas, pese a que quienes la propusieron afirmaban lo contrario. Probablemente no lo creían, pero aprovecharon el descontento estudiantil con la desigualdad de acceso a las universidades para introducir una prueba de ingreso a la universidad que midiera contenidos. En mi opinión, su motivación era promover el extenso currículo desarrollado por el Ministerio de Educación, y no mejorar el proceso de selección universitaria. Sus proponentes eran  José Cox, Claudio Manzi y David Bravo, quiénes  afirmaban que la nueva prueba (el SIES, que luego se denominó PSU) no solo reduciría la relación entre resultados en las pruebas de ingreso y clase social, sino que sería un mucho mejor predictor del rendimiento académico.

En Japón, Corea o China existen estas pruebas, y el resultado es que aunque los estudiantes asisten a colegios gratuitos durante la mañana, por la tarde deben asistir a clases adicionales, pagadas, para poder tener alguna chance de ingresar a una buena universidad.  Por supuesto, quienes tienen más ingresos pueden conseguir clases adicionales de mejor calidad  y tener mejores resultados. Al final, pese a los colegios gratuitos, las diferencias socioeconómicas subsisten. Y entre tanto los pobres niños han debido aprender cantidades gigantescas de material inútil que solo sirve para contestar pruebas abstrusas.

El resultado en nuestro país ha sido similar, y la correlación entre puntaje y condición socioeconómica se ha hecho cada vez más fuerte. Es decir, la primera afirmación de Manzi, Cox y Bravo ha demostrado ser falsa. Consideremos su segunda afirmación, según la cual una prueba basada en contenidos sería un mejor predictor del rendimiento académico.

El problema es que la PSU no predice nada. Por ejemplo, no permite suponer que un estudiante que ingresa con 700 puntos es  peor que uno que ingresa con 800 puntos, porque la prueba no funciona. Para mostrar la nula relación entre rendimiento académico y la PSU, se puede usar la siguiente figura que proviene de los alumnos que actualmente están inscritos en Ingeniería Industrial en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

La figura muestra el promedio de notas de los alumnos contra su puntaje de ingreso. El puntaje de ingreso incorpora las notas de educación media, así que no se mide solo el puntaje PSU. Dado que el puntaje de ingreso al Plan Común las notas tienen una ponderación de solo un 20%, casi todo el puntaje de ingreso proviene de la PSU.

La línea negra en la figura representa un promedio suavizado. No se observa ninguna tendencia, pese a que la variación de puntajes es de  120 puntos. Algo similar ocurre con el número de cursos que repiten los estudiantes (aunque hay un pequeño efecto, casi imperceptible, en las puntas):

Las palabras sobran, No se si estos resultados se reproducen en niveles inferiores de puntajes, pero lo que nos dicen estos datos es que la PSU tiene el mismo efecto predictivo que si se rifaran los puntajes. No he visto estudios que muestren otros resultados, pese a que los proponentes de la PSU han tenido los datos y el tiempo para demostrar las bondades de su prueba. Debo concluir que no hay evidencia de ello.

Creo que los autores intelectuales de la PSU deben pedir disculpas públicas a los padres y estudiantes que han sufrido con una prueba que no sirve y que aumenta la discriminación socioeconómica. Además, deben pedir disculpas al país en general por el costo social causado por su  prueba. Ha restringido la libertad educacional (todos deben ajustarse a un currículo inmenso e inútil), ha asignado mal los puestos en las universidades y se  han malgastado enormes recursos en preuniversitarios para subir el puntaje en una prueba que no sirve.