La ideología nos ciega

R. Fischer

Hoy tuve una experiencia sorprendente. Dialogaba con mis estudiantes (5 año de Ingeniería Civil Industrial, curso de Organización Industrial) sobre universidades privadas y el lucro. En algún momento de la discusión les comenté que, si bien no hay universidades destacadas con lucro, no todas las universidades son de excelencia. Que educar bien a un estudiante de inteligencia mediana para una vida profesional es algo valioso,pero que no estaba en el interés de universidades de excelencia –que se interesan por los mejores estudiantes–. Y en tal caso, podía ocurrir que una universidad con fines de lucro fuera tan buena o mejor en el ámbito de educar a estudiantes medianos o malos que una universidad sin fines de lucro. Solo se requería que hubieran estándares de calidad efectivos, para no engañar a los estudiantes.

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Escuela de Ingenieria de la Universidad de Chile

Ante eso, una estudiante preguntó, algo escandalizada,  si eso no significaba que habrían profesionales de primera y de segunda. Respondí que si, pero que claramente un estudiante mediano no podría sobrevivir el primer año en nuestra Facultad, que recluta del 2-3% superior de la cohorte y les hace dura la vida. Probablemente, agregué, ustedes tendrán una educación más ambiciosa y una trayectoria profesional más interesante y mejor pagada.

 

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Rentabilidad de la carrera de Ingeniería Industrial, distintas universidades, 2012.

Varios estudiantes me miraron algo escandalizados, así que les pregunté si no creían que ellos eran más inteligentes –en el sentido de capacidad en ciencias y matemáticas– que los estudiantes de ingeniería de universidades que acogen a alumnos menos selectos.1 Mis estudiantes buscaron todo tipo de excusas para evadir una respuesta afirmativa. Que ellos eran más trabajadores, pero no necesariamente más inteligentes, que habían distintas formas de inteligencias, y otras formas de evadir responder a la pregunta.

Pregunté entonces si no creían que habían personas más inteligentes que otras en el área científica. Nuevas evasiones. ¿Creerían que hay diferencias en capacidad deportiva, por ejemplo, imposibles de superar con entrenamiento? Y si hay diferencias en capacidades física ¿por qué no habrán diferencias en habilidades mentales? Pese a estos argumentos, varios no quisieron admitir la posibilidad de diferencias en inteligencia natural.

Conclusión: la ideología ciega.

 

Postcript:

Tal vez no quedó claro a que ideología me refiero. Se trata de la ideología de la equidad llevada al extremo. Ésta se traduce, por ejemplo, en exigir que un liceo emblemático como el Instituto Nacional deje de seleccionar a sus estudiantes.

 

Nota

1. La PSU es tan mala como sistema de selección que los puntajes ya no tienen la clara relación con la inteligencia pura  (del tipo matemático-científico) que tenía en el pasado, al menos por sobre los 720 puntos. Pese a esto, cuesta creer que una universidad que admite estudiantes con un puntaje promedio de 650 puntos tenga estudiantes de una inteligencia equivalente los que obtienen de 750 promedio, como nuestra Facultad.

Cosas buenas de la Facultad

R. Fischer

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Aunque soy bastante crítico de muchos aspectos de la Facultad, hay otros motivos por los que estoy orgulloso de ésta (tal vez sea el motivo que me molesta tanto cuando encuentro defectos en ella). Una lista corta de algunos de los aspectos positivos:

1. La calidad intelectual de algunos académicos (en un promedio general alto), que me hacen sentir privilegiado de que me acepten como colega.

2. La capacidad de trabajo e inteligencia excepcional de muchos de nuestros estudiantes.

3. Los resultados de algunos proyectos de investigación.

4. La buena educación en la mayor parte de los académicos y en muchos estudiantes dispuestos a escuchar opiniones que difieren de la suya.

5. La posibilidad de criticar a las autoridades sin temor a represalias.

Todas estas ventajas tienen sus contrapartidas, y en ocasiones me sorprenden las limitaciones intelectuales de algunos académicos en el tope de su carrera, la ignorancia y flojera de muchos estudiantes,  investigaciones sin interés científico, u académicos que se ofenden ante cualquier critica. Pero eso es de esperarse en una institución tan diversa como nuestra Facultad.

Como estudiante o como académico he pasado más de un cuarto de siglo en ella y he visto como ha mejorado desde mis tiempos de estudiante, Somos, creo, la mejor escuela de ciencias e ingeniería del país, y podemos llegar a ser una institución competitiva m{as allá del nivel latinoamericano. Una Facultad de la que el país podría sentirse orgulloso. Es por esto que reacciono agriamente cuando dirigentes estudiantiles con visión de corto plazo, plenos de arrogancia e ignorantes de la historia, apoyados por académicos que considero irresponsables, ponen en riesgo un futuro que podría ser brillante.

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La Facultad hoy