Cosas buenas de la Facultad

R. Fischer

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Aunque soy bastante crítico de muchos aspectos de la Facultad, hay otros motivos por los que estoy orgulloso de ésta (tal vez sea el motivo que me molesta tanto cuando encuentro defectos en ella). Una lista corta de algunos de los aspectos positivos:

1. La calidad intelectual de algunos académicos (en un promedio general alto), que me hacen sentir privilegiado de que me acepten como colega.

2. La capacidad de trabajo e inteligencia excepcional de muchos de nuestros estudiantes.

3. Los resultados de algunos proyectos de investigación.

4. La buena educación en la mayor parte de los académicos y en muchos estudiantes dispuestos a escuchar opiniones que difieren de la suya.

5. La posibilidad de criticar a las autoridades sin temor a represalias.

Todas estas ventajas tienen sus contrapartidas, y en ocasiones me sorprenden las limitaciones intelectuales de algunos académicos en el tope de su carrera, la ignorancia y flojera de muchos estudiantes,  investigaciones sin interés científico, u académicos que se ofenden ante cualquier critica. Pero eso es de esperarse en una institución tan diversa como nuestra Facultad.

Como estudiante o como académico he pasado más de un cuarto de siglo en ella y he visto como ha mejorado desde mis tiempos de estudiante, Somos, creo, la mejor escuela de ciencias e ingeniería del país, y podemos llegar a ser una institución competitiva m{as allá del nivel latinoamericano. Una Facultad de la que el país podría sentirse orgulloso. Es por esto que reacciono agriamente cuando dirigentes estudiantiles con visión de corto plazo, plenos de arrogancia e ignorantes de la historia, apoyados por académicos que considero irresponsables, ponen en riesgo un futuro que podría ser brillante.

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La Facultad hoy

Egoísmo puro: padres que no vacunan a sus hijos

R. Fischer

Una de la nefastas modas que nos ha llegado desde los países desarrollados, es la de no vacunar a los niños. La excusa es que algunas componentes de las vacunas pueden tener efectos nocivos sobre los niños, o que en algunos casos hay reacciones adversas, o que las vacunas producen autismo. Entonces ¿para que arriesgar a los hijos?

Es verdad que las vacunas tienen riesgos, pero estos son mínimos en comparación a los riesgos de las enfermedades evitadas. Más aún, la razón entre el riesgo contra la protección que ofrecen las vacunas es uno de los criterios más importantes en su adopción. Otros riesgos más esotéricos no han sido jamás verificados y en algunos casos quienes siembran la alarma tienen intereses en ello. Es el  caso de la acusación de que  la vacuna contra el sarampión, paperas y rubeola (MMR) causaba autismo. El Dr. Wakefield, su principal denunciante, fue eliminado del registro médico del Reino Unido por faltas contra la ética y conflicto de intereses.

Tampoco es cierto que la industria farmacéutica forma un grupo de presión que apoya las vacunas. Hasta el reciente caso de la vacuna contra la meningitis, el gasto total del país en el programa de vacunación es de US$ 65 MM al año, una suma que, sin ser despreciable, es relativamente baja en comparación con el gasto total en fármacos y en el sistema de salud. En realidad a la industria farmacéutica le interesa mucho más los fármacos de uso recurrente que las vacunas infantiles, porque éstas eliminan la enfermedad de la sociedad.

El punto esencial de las vacunas es que no necesitan ser ciento por ciento efectivas si un porcentaje suficiente de la población está vacunado. Para poder persistir,  las enfermedades deben saltar de una persona a otra, y si un porcentaje suficiente de la población esta protegido, aún con una vacuna que no es 100% efectiva, la enfermedad no puede transformarse en epidemia, y cada caso es aislado. Es lo que se conoce como el efecto manada.

Efectividad de la vacuna contra la rubeola luego de su introducción

Los padres que no vacunan  a sus hijos son doblemente egoístas. Primero, porque ponen en riesgo a sus hijos, y segundo, porque no contribuyen al efecto manada, y en cambio se aprovechan de los bajos índices de enfermedad  debido a que familias menos egoístas han vacunado a sus hijos. Cuando el suficiente número de niños deja de estar vacunado, reaparecen brotes epidémicos de la enfermedad, lo que ha ocurrido varias veces en distintos países.

Lo peor es que hay niños que tienen sus sistemas inmunes comprometidos (por ejemplo, por tratamientos contra algunas enfermedades, o por las drogas contra el rechazo de trasplantes) y no pueden ser vacunados, por lo que deben confiar en el efecto manada. Cuando esos padres egoístas evitan vacunar  sus niños y reducen la efectividad del efecto manada, ponen  en riesgo las vidas de estos  niños con inmunodepresión.

Por último, una figura que muestra la reducción en el número de muertes de bebés por diarrea luego de la introducción de la vacuna contra el rotavirus. Antes de su introducción, en México habían picos anuales de muertes con cada temporada de rotavirus.1

Muertes por diarrea entre infantes de 11 meses en México.

Notas: 1 El artículo de Mathew Herper me dio la idea de escribir este artículo. El gráfico es de la Fundación Gates. Gracias a Ed Yong.