Sobre la falta de rigurosidad

Un artículo reciente de Hoyos-Santillan et al (2021) sobre políticas de Chile contra el cambio climático incluye errores que hacen pensar en ideología o en desidia. Estoy de acuerdo con el mensaje general del artículo sobre la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático, pero para ello no es necesario incorporar errores que debilitan el mensaje.

El artículo tiene como objetivo demostrar que la expansión de las plantaciones forestales no puede formar parte de una política contra el cambio climático. Es un objetivo con el que concuerdo. Hay buenas razones para no incluir el fomento de las plantaciones forestales como parte de un programa contra el cambio climático. Su demanda de agua puede ser excesiva en regiones en las ésta no abunda, y su impacto en la biodiversidad es negativo. Pero es erróneo argumentar, como lo hace el artículo, que las plantaciones forestales no capturan CO2, a diferencia de los bosques nativos.

¿Capturan carbono las plantaciones forestales?

En su argumentación, Hoyos-Santillan et al (op. cit.) citan a Altamirano et al (2020): «Natural forests loss and tree plantations: large-scale tree cover loss differentiation in a threatened biodiversity hotspot«. Ese trabajo usa métodos sofisticados de análisis de imágenes satelitales para determinar que cada año se pierden 98 mil ha de bosques artificiales y casi 13 mil ha de bosques nativos.

Uno de los argumentos de Hoyos-Santillan et al (op. cit.) es que, dado que los árboles en plantaciones son talados períodicamente y sus productos son usados para producir bienes de corta vida, las plantaciones forestales no absorben CO2.

«This is because their carbon uptake is cancelled out by the clear-cut harvesting that occurs every 12–18 years for the production of short-lived goods (e.g., pulp), the burning of firewood, slash and burn practices, and wildfires (Johnston and Radeloff, 2019Ministry of the Environment, 2020a). Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality.»

Pero las plantaciones se replantan, por lo que las 98 mil ha anuales taladas en plantaciones se renuevan, y vuelven a su estado original en un ciclo de unos 20 años. Por ello, las plantaciones contienen árboles en distinto estado de maduración. Al sumar ha de plantaciones forestales con bosques nativos, Altamirano et al (op. cit) inducen a un error.1

A diferencia de las plantaciones, los bosques nativos perdidos se convierten en praderas, tierras baldías o matorrales. No vuelven a ser bosques en un plazo relevante para una política contra el cambio climático, a menos que se tomen acciones explícitas que lo promuevan. Casi toda la madera nativa consumida se destina a leña Lara et al (2019) (el consumo de maderas nativas en la industria representa menos de un 5% del consumo de madera nativa, cuadro 3.2 de Lara et al (op.cit.)).

Leña probablemente proveniente de una tala ilegal. Fuente: Soy Puerto Montt

Por lo tanto, el argumento de Hoyos-Santillana (op. cit.) contiene un error lógico. Para ver esto, consideremos el siguiente experimento conceptual que representa el efecto de una nueva plantación forestal. Tomamos un terreno baldío de 1.000 ha, con poca capacidad de captura de carbono. Cada año plantamos en el terreno 50 ha de árboles industriales (pino radiata, eucaliptus, etc), de manera que a los 20 años hemos cubierto todo el terreno con árboles de distintas edades. El año 20 tomamos las primeras 50 ha, con sus árboles de 20 años, y los quemamos, manteniendo el resto tal como está.2 Al año siguiente plantamos las 50 ha que quedaron baldías con los mismos árboles y cortamos y quemamos las 50 ha plantadas en el año 2, y así sucesivamente. ¿Estamos capturando CO2 con este procedimiento?

Plantaciones forestales de distintas edades. Fuente: Codeff

¡Por supuesto que estamos capturando CO2! A partir del año 20 existe una masa forestal permanente de árboles. donde antes casi no había vegetación hay árboles con una edad promedio de poco menos de 10 años, ocupando el  95% de las hectáreas de la plantación. Esa masa forestal representa una captura permanente de CO2.

Si las plantaciones se instalan en un terreno donde antes había bosques nativos, es probable que haya una reducción en la captura permanente de CO2.3 Veremos más abajo que este reemplazo representa menos del 15% de las plantaciones forestales, por lo que en términos de captura de CO2, no afecta las conclusiones.

Los incendios y las plantaciones forestales

Hoyos-Santillán et al (op. cit.) citan la figura 1 de Lara et al (2019), quienes mostrarían que los incendios y las talas rasas en los bosques artificiales hacen que las plantaciones sean un emisor neto de CO2. No pude encontrar figura alguna en Lara et al (op.cit) que muestre que las plantaciones no contribuyen a la captura de CO2. Lo que si aparece, en el Recuadro 3.3, es una estimación de la captura de CO2 en los bosques nativos. Esta contribución ha ido creciendo en el tiempo. No se dan cifras para las plantaciones.

Es posible que la referencia a Lara et al (op. cit.) sea un error involuntario, y que exista algún otro artículo que muestre que los bosques artificiales no contribuyen a la captura neta de CO2. Igualmente me parece que esto no sería creíble. A menos que la masa forestal de las plantaciones haya decrecido sistemáticamente en el tiempo, no puede ser válido que los bosques artificiales sean emisores netos de CO2, por las razones dadas en el experimento conceptual de más arriba. Pero citemos nuevamente a Hoyos-Santillana:

Thus, each additional hectare of industrial plantation, including those in the NDC, does not increase the carbon sink capacity of the LULUCF sector but is instead an additional burden on the carbon sink capacity of native forests, representing a setback in the pathway to carbon neutrality. This has become more evident during the last decade as widespread and severe wildfires have impacted larger areas of industrial plantations than native forests (CONAF, 2020). The fire selective preference of industrial plantations over native forests is driven by several factors, including: i) human activities (e.g., anthropogenic ignition) and ii) replacement of heterogeneous less fire-prone native forests with highly flammable, fuel abundant, and homogeneously structured monoculture industrial plantations[…]

Por curiosidad, hace algunas semanas me puse a mirar la tendencia en los incendios forestales en Chile, tomando datos de CONAF. Comencé mirando los datos de los meses de enero y febrero, que son los que tienen más incendios, y para mi sorpresa, no observé una tendencia creciente en el área quemada por incendios. La excepción es un mes que se sale de la escala, con el megaincendio de enero de 2016. Luego miré los datos de otros meses así como los datos anuales, sin observar –salvo enero 2016– una tendencia significativa.

La figura siguiente muestra el área quemada anualmente en incendios forestales desde 1985. El aumento en 2016 solo se debe a lo que ocurrió en enero de 2016. Probé ver si había una tendencia estadística, y usando regresores robustos (que le dan menos importancia a un episodio que ocurre una sola vez, como enero de 2021) no hay una tendencia creciente en el tiempo en las áreas quemadas. Verifiqué esto usando el test no paramétrico de Mann-Whitney para cada mes así como para el año completo, y tampoco aparece una tendencia.5 Lo que parece haber sucedido es que Hoyos-Santillan (op.cit.) y varios otros autores han incorporado cómo válida una observación que tiene toda la apariencia de ser un outlier, lo cual es un error metodológico.6

Serie de áreas quemadas por temporada. Fuente: CONAF

CONAF también tiene una contabilidad del número de incendios por mes y año. La figura siguiente muestra los datos anuales y para enero y febrero. Se observa un crecimiento en los incendios anuales en los últimos años. Sorprendentemente, no hay ninguna tendencia en los meses con mayor número de incendios, enero y febrero:7

Fuente: CONAF

Dado que el cambio climático crea las condiciones para que haya más y mayores incendios, el hecho que esto no se observe parece paradojal. Pero no es una paradoja si se observa que los propietarios de las plantaciones forestales no son observadores desinteresados, sino que desean protegerlas. Por lo tanto, invierten en medidas para evitarlos o reducir su impacto. El Estado también destina recursos importantes a proteger los bosques naturales. Es decir, el calentamiento global no garantiza que el área incendiada aumente, porque el ser humano puede contrarrestar sus efectos.

Avíón atacando incendios forestales Fuente: La Tribuna de Biobio

En resumen, ¿Qué es lo que creo haber demostrado con todos estos meandros en la argumentación? Que es falso afirmar que las plantaciones no capturen CO2, a menos que ocurra una de dos cosas: que hayan reemplazado bosques naturales que capturan más CO2 por unidad de área, o que el área de plantaciones haya caído en el tiempo.

Conclusiones

En su gran mayoría las plantaciones no han reemplazado bosques naturales. Según Hoyos-Santillán (op. cit.), actualmente hay 3.1 millones de ha en plantaciones. Miranda et al (2016) en su trabajo sobre la pérdida de bosque nativo en Chile, muestran que, en la zona de plantaciones entre Valparaíso y la Región de Los Lagos, la pérdida de bosque nativo entre 1973 y 2011 fue de 783 mil ha. Esto representa el 19% del total de bosque nativo de la zona. De ellas, la causa principal (un 45%) fue por la conversión a terrenos de matorrales (probablemente por la corta de árboles para leña). Una cifra algo menor se debió a conversión de bosques naturales a plantaciones forestales.8 Es decir, a lo más un 10-12% de las plantaciones corresponde a reemplazo de bosque nativo. Como el área de plantaciones se ha mantenido relativamente constante desde 2016 (eran 3.04MM ha según CONAF, son ahora 3.1 MM ha), tampoco han ido decreciendo. Concluyo que las plantaciones forestales si han contribuido a la captura de CO2.

Lo que me preocupa en este caso y también en Sobre el impacto de la desalación y en Crítica a una propuesta de Gobernanza es que científicos y científicas respetables olvidan su capacidad crítica y aceptan argumentos sin reflexión porque responden a sus preferencias ideológicas. No veo otra explicación que una razón ideológica para estos errores.

Notas:

  1. En su defensa, ese trabajo distingue entre ambas categorías de bosques, y critica solamente el reemplazo de bosques naturales por bosques artificiales, pero no necesariamente las plantaciones en si mismas.
  2. Quemar el bosque es un caso extremo, pero que hace más evidente la conclusión, sin complicarnos en determinar la vida útil de los bienes producidos con los árboles cortados.
  3. Esto no es evidente, porque la masa biológica promedio en una plantación podría ser mayor que en un bosque natural, debido a la mayor densidad de árboles, Esto puede ocurrir si la cobertura natural de bosques es rala y con especies de árboles pequeños, en cuyo caso un bosque artificial aumentaría la captura de CO2.
  4. Parece extraño omitir que buena parte del problema son los incendios intencionales de plantaciones, y no las plantaciones, en términos de los efectos sobre la captura de CO2. Pensemos en otro experimento mental: supongamos que los autores de los incendios intencionales prefirieran cometerlos en bosques naturales. ¿Escribirían los autores que esto es un motivo para preferir plantaciones forestales, o propondrían medidas para fiscalizar y perseguir mejor a los autores de los incendios?
  5. La idea de usar el test de Mann-Whitney fue de E. Engel.
  6. Es como si un sismólogo comparara la magnitud ponderada de los sismos entre 1940 y 1955 con los producidos entre 1956 y 1964 (que incorpora el gran terremoto de Valdivia) y sostuviera que la intensidad de los terremotos va en aumento. Es solo si hay alguna razón geológica para pensar que el fenómeno va en aumento que podría ser razonable tal conclusión.
  7. En este caso no realicé regresiones ni tests de Mann-Whitney, pero claramente no es necesario para concluir que no hay una tendencia en el número de incendios en los meses de enero y febrero.
  8. A principios de este milenio cesa casi completamente la conversión de bosques nativos a plantaciones. El motivo es el rechazo interno y externo, las dificultades con los organismos ambientales y probablemente el deseo de no tener aún más conflictos con la sociedad civil.

El problema del agua en Santiago y el cambio climático

Santiago pertenece a una zona que se vuelve crecientemente árida con el cambio climático. Los datos muestran una continua caída en las precipitaciones anuales, a una tasa lenta que parece haberse acelerado en los últimos años. La figura siguiente muestra el efecto desde las primeras mediciones existentes, pero no los últimos ocho años de megasequía, que deberían indicar una tendencia de caída aún mayor.


Fuente: Figura proveniente del trabajo de J.J. Sanz, “Las series anuales de precipitación más largas de Chile: estudio y enseñanzas”, Estudios Geográficos (LXXIII) 273, pp625-656, Julio-Diciembre 2012.

El clima en Santiago será más árido, y con el retroceso de los glaciares, en unas décadas dejarán de servir como reserva para los ríos de la Región en verano.  No importa cuánto los protejamos, su desaparición es un resultado inevitable del cambio climático. De todas formas, la escasez de agua de largo plazo podrá resolverse, al menos para el consumo humano, desalando agua de mar y transportándola a Santiago.

El problema más interesante es lo que sucede en el período intermedio, mientras aún existen glaciares. Según Aguas Andinas, su producción anual de agua potable durante 2020 fue de 774 millones de metros cúbicos, unos 24 .5 m3/s. Pero devolvió a los ríos casi dos tercios como aguas limpias luego del tratamiento: 508 millones de metros cúbicos, es decir 16 m3/s. Además, parte del agua que no es reintegrada por Aguas Andinas es utilizada en riego de jardines, y algo infiltra las napas subterráneas, y otra parte son pérdidas en la red, que también se incorporan a las napas. Por lo tanto, el consumo neto de Santiago es menor a 8 m3/s, que es el agua que no pueden ser reutilizada por usuarios en el trayecto de los ríos al mar.

Según el Atlas del Agua del MOP de 2016, la escorrentía promedio (es decir el agua superficial en ríos) de la RM es de 103 m3/s. Hay además un flujo adicional de aguas subterráneas sustentables de 45m3/s en la Región. Esos 8 metros cúbicos por segundo, un 5% de las aguas de la Región, permiten atender a 8 millones de usuarios en la Región metropolitana, según Aguas Andinas. Es decir, en general no debería ser un problema el abastecimiento de agua potable en Santiago

Aguas Andinas: Reporte Integrado 20200, p. 20.

La agricultura de la Región, según el Atlas, utiliza 82,36 m3/s, de la que parte importante se evapora, perdiéndose para otros usuarios.  Es lejos el mayor usuario de la Región. Le siguen los usos industriales (de los que no sabemos cuánto se recupera), con un 10% del total y el minero, casi insignificante con sus 0.9 m3/s.

¿Cuándo podría haber problemas en Santiago? En el consumo humano, una serie de años de sequía podría eventualmente agotar los embalses que alimentan a la Región Metropolitana. Eso no es imposible y el cambio climático lo hace cada vez más probable. Pero esto no es un problema del consumo de Santiago sino de la disponibilidad de aguas ese año en particular y del hecho que el agua que Santiago devuelve lo hace aguas abajo, pero el agua que requiere es aguas arriba.

Dado que es tan poca el agua que requiere Santiago en relación con la disponibilidad, los problemas pueden resolverse con inversiones relativamente limitadas. Primero, Aguas Andinas debería reducir las pérdidas en su red, lo que aumentaría la disponibilidad. Segundo, Aguas Andinas ha propuesto invertir en tuberías para devolver las aguas tratadas hacia las zonas de captación, para reutilizar esas aguas para potabilización. Estas medidas alejarían la posibilidad de que Santiago sea afectado por sequías durante décadas.

En casi todo el país, el problema del agua no es un problema del consumo humano. Cuando esto ocurre, se debe a falta de inversión. Petorca durante años ha sido utilizado por la propaganda en favor de una reforma de las Leyes de Aguas. Las TV muestra imágenes de la distribución con camiones aljibe y las quejas de los habitantes. Pero el problema del agua para uso humano en Petorca está resolviéndose con inversión en pozos profundos, redes de distribución, control de la extracción ilegal y compra de derechos (el Programa Agua para Petorca).1 La Ley autoriza que el Estado adquiera derechos de agua para consumo humano, y en Petorca, ya en 2020 se habían comprado 26 de los 33.5l/s requeridos (ampliados posteriormente a 47 l/s).

En Chile existen casi 1 millón de personas con deficiencias en el abastecimiento de aguas, principalmente en zonas aisladas. En todas esas zonas, un esfuerzo de inversión pública resolvería el problema. No es necesario cambiar las leyes, ni ello ayudaría a resolver sus problemas. Ni en Santiago, ni en la mayor parte de las regiones hay un problema de agua para consumo humano que no se pueda resolver mediante inversiones, las que ni siquiera son tan importantes. Otra cosa es la agricultura, que queda para otro capítulo de esta serie sobre el agua.

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Nota: En la versión original, olvidé mencionar aquí un mejor manejo de cuencas, incluyendo las aguas subterráneas. De esa manera las extracciones no superarían los montos sustentables.