Variacioncompensada's Blog

El mejor gobierno es el que no cumple sus promesas electorales | julio 25, 2011

R. Fischer

Ante tantas promesas electorales incumplidas, con el tiempo se ha instalado la idea que los gobiernos electos son buenos si cumplen sus promesas electorales. En algunos casos, se ha llegado al extremo de asignarle puntaje al grado de cumplimiento numérico de estas promesas, medición que usan los opositores para criticar a los gobiernos.

Creo que esto es un error de alto costo para  la sociedad. La disputa electoral obliga a que los candidatos realicen promesas cada vez más costosas debido a su populismo: posnatal, eliminación del 7% a los jubilados  y otras del mismo tenor. Esas medidas no solo son caras y distraen recursos de otras tareas más valiosas, sino que en muchos casos son injustas. El 7% a los jubilados olvida que los ancianos son la cohorte de edad que tiene menos pobres, y el posnatal no solo atenta contra la libertad de trabajo de las mujeres, sino que las valora solo como fábricas de bebés (si fueran consistentes, las feministas deberían estar furiosas). Las promesas a los estudiantes universitarios van a crear un nuevo ítem de gastos permanentes que en un futuro de menores precios del cobre podría ser insostenible.

En resumen, entre promesas electorales y acomodos a los grupos de presión, nuestra economía se hace cada vez más ineficiente (y las medidas pro-competitividad de Fontaine se pierden a la menor oposición de grupos organizados).

Eso conduce a la conclusión que los mejores gobiernos son los que no cumplen su promesas electorales cuantificables, las que se realizarían solo para competir por atraer votantes. Las verdaderas promesas de un candidato –y que debería esforzarse por cumplir– son aquellas que no son fácilmente cuantificables: mayor o menor liberalismo en temas morales, más o menos igualdad de oportunidades, más o menos igualdad de ingresos, más o menos honestidad o eficiencia, o combinaciones de variables de ese tipo.

Por ejemplo, si un candidato pone énfasis en la igualdad (a costa de la igualdad de oportunidades) y en el valor del liberalismo en temas morales,  pero omite otros temas, el electorado considerará que los omitidos son temas menos importantes para el candidato, y que los temas enfatizados representan su promesa general de gobierno. Si el candidato es elegido, la percepción del público del grado de cumplimiento de esa promesa general  (una variable cualitativa) indica si ha respondido a sus votantes y si es exitoso. Entender esta idea significa olvidarse de cumplir promesas cuantitativas, y así el candidato puede gobernar sin estar a merced de una medición espuria  de metas cuantitativas sin más sentido que el objetivo electoral.

Como un ejemplo, el actual gobierno es impopular, pese a que se ha esforzado por cumplir sus promesas cuantitativas de eliminar el 7% para los ancianos,  el ingreso ético y el posnatal, entre otros. Pero falla y produce desconfianza porque no está cumpliendo sus promesas más generales de eficiencia,  reducción de criminalidad, ni se percibe más igualdad de oportunidades.

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