Un problema de la educación con fines de lucro

R. Fischer

En la discusión sobre la educación permite distinguir tres tipos de instituciones de educación, en todos los niveles: las privadas con fines de lucro, las privadas sin fines de lucro y las públicas. La demanda de los estudiantes que protestan es contra de la educación con fines de lucro no parece extenderse a las privadas sin fines de lucro.

Varios expertos, como Harald Beyer, han señalado que aunque desde el punto de vista de los indicadores tradicionales para evaluar a las universidades, las con fines de lucro no puedan alcanzar a las mejores de las otras categorías, pueden tener un rol importante en la educación. Lo que se debe hacer es usar otras medidas para evaluar su calidad. En el caso de estas universidades los indicadores deberían ser la empleabilidad de los egresados, sus salarios y otras variables de interés para los futuros estudiantes.

Creo que es interesante reflexionar sobre las razones por las que las universidades con fines de lucro no pueden alcanzar el nivel académico de las mejores universidades públicas o privadas sin fines de lucro. En particular, interesa especular sobre si esta debilidad académica se extiende también a los colegios y a qué se debe la diferencia. Después de todo, hay muchos sectores en los que el lucro conduce a mucho mejor calidad que si estos sectores fueran públicos o sin fines de lucro: la producción de pan, el turismo, las computadoras y la literatura, entre muchos otros.

Consideremos primero los colegios. Un colegio con fines de lucro (en condiciones de competencia por alumnos) necesita que los padres piensen que es un colegio adecuado para sus hijos. Por este motivo, un colegio de este tipo estará interesado en las variables que le interesan a los padres: resultados en los tests estandarizados, ingreso a las mejores universidades, disciplina y otros indicadores que interesan a los padres. Pero ese colegio no espera que sus alumnos tengan un sentimiento de afiliación en los alumnos hacia él, salvo lo mínimo necesario para que a los padres no les produzca rechazo.

En los colegios privados sin fines de lucro, los resultados académicos son importantes, pero también lo es la afiliación de los ex-alumnos hacia el colegio. Por ello, les interesa que no solo los padres estén contentos, sino también los alumnos, especialmente cuando sean ex-alumnos. Serán importantes no solo las medidas que podrían interesar a los padres, sino también a los hijos: el espíritu del colegio, sus actividades extra-escolares, y en general aspectos que inciden en una mayor riqueza académica.

La motivación de estos colegios es que ex-alumnos que sienten una relación con el colegio (o estiman que el colegio tiene una ideología o creencia acorde con la suya, en el caso de los colegios confesionales) no solo intentarán que su hijos ingresen al colegio, sino que estarán dispuestos a realizar donaciones o apoyarán al colegio desde sus futuroes cargos profesionales. Nadie apoyaría a un colegio con fines de lucro, ya que al fin y al cabo se trata de un negocio de su propietario y nadie realiza una donación para que el receptor se beneficie en forma privada. Por último, debido a nuestra mala distribución del ingreso y poca movilidad social, es poso lo que los colegios públicos pueden esperar de sus ex-alumnos. pero el Instituto Nacional muestra que en ocasiones las relaciones con sus ex-alumnos son similares a las de los mejores colegios privados sin fines de lucro.

Lo mismo sucede con los distintos tipos de universidades. Tanto las públicas (de mejor nivel) como las privadas confesionales o sin fines de lucro tienen interés en crear relaciones estrechas con sus ex-alumnos, que pueden serles útiles en el futuro con donativos u otras formas de ayuda. Por el contrario, nadie tiene interés en donarle a la Universidad de las Américas (independientemente de cuán bien realice su labor), tal como nadie haría una donación a la Coca-Cola. Por lo tanto, una universidad con fines de lucro debe financiarse solamente con cobros a los alumnos, sin poder recurrir a otros recursos. Su relación con los alumnos tendrá un carácter más contractual.

Lo que se debería esperar son tres grupos de universidades: las sin fines de lucro de alta calidad (incluyendo a las públicas de buen nivel), las con fines de lucro, y una categoría de entidades sin fines de lucro y que no son de buena calidad. Las del primer grupo reciben ayuda de sus ex-alumnos, atraen a los mejores estudiantes, reciben recursos del gobierno por desempeño, y tienden a tener muchas actividades académicas. Es el tipo de universidades a que todo el mundo aspira. Pero no todas las universidades pueden ser de este tipo, tal como no todo el mundo puede ser más inteligente que el promedio.

Para cubrir el resto de los estudiantes hay dos opciones, las universidades privadas con fines de lucro, que compiten por atraer alumnos, y universidades públicas de mediana o mala calidad. Es probable que en esa categoría, si la información fluye bien, la universidades privadas con fines de lucro, que al menos tienen incentivos a atraer alumnos (pues no reciben recursos del Estado), obtengan mejores resultados.

Por último, es probable que en esta categoría de instituciones mediocres no puedan sobrevivir las instituciones privadas sin fines de lucro, pues no tendría ni los incentivos que da el lucro, ni el apoyo de ex-alumnos orgullosos, ni apoyo estatal.