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Teorías del valor primitivas | enero 1, 2012

R. Fischer

Mundo clásico

De acuerdo a Grice-Hutchinson, la primera teoría del precio justo es de Platón, quién prescribe que el comerciante debe nombrar un solo precio, y si no  lo consigue, debe volver a casa con sus bienes.  Aristóteles fue más allá, porque definió una teoría del valor basada en el trabajo (en su ejemplo del intercambio justo entre el zapatero y el constructor en el libro V de la Ética Nicomaquea). Pero Aristóteles también consideró una medida alternativa del valor de un bien debido a la demanda por el bien, la que después es aprovechada por los escolásticos de Salamanca para definir una teoría del valor subjetiva.

Cristianismo antiguo

Nuevamente según Grice-Hutchinson, otra fuente de la idea de un valor subjetivo de los bienes proviene de San Agustín, que distinguía entre un valor proveniente de la mente, que  ordena las cosas del mundo según: seres inteligente > seres vivos > cosas inanimadas, y otro que proviene de la utilidad de los bienes y que los ordena de acuerdo a su precio.

“Now the esteem [of things] is as peculiar and different, as are their divers uses: whereby some senseless things are preferred before some sensitive, so far, that if we had power, we would root the latter out of nature, or (whether we know or know not what place therein they have) subordinate them to our profit. For who had not rather have his pantry full ofmeat than mice, or possess pence than fleas? No marvel: for man’s valuation (whose nature is so worthy) will give more oftentimes for a horse than for a servant, for a ring than a maid. So that in choice the judgment of him that respects the worth is different from that of him that respects his own need or pleasure: the former estimating all things by their place in nature, the latter by the degree to which they satisfy his needs; the one valuing them by the light of the mind, the other by the pleasure or use of the sense.” (St. Augustine, City of God,’xi, 16, Healey’s translation.)

Escolásticos

En la tradición escolástica del siglo XIII, estas dos interpretaciones del valor de los objetos seguían siendo válidos. En sus Comentarios a la Etica Nicomaquea, Santo Tomás de Aquino escribió: “El trabajo de un hombre debe ser comparado con el de otro para que el intercambio entre ellos sea justo”  y que “la Justicia será servida si se intercambian un número de zapatos por una casa o por comida en la relación en que el constructor o el capesino exceden al zapatero en trabajo y costos”. Pero Santo Tomas sigue aceptando la definición de Artistotéles según la cual el valor depende de la demanda y el pan sube de precio en períodos de hambruna, el precio del oro proviene de su escasez y el precio del trigo cae si se espera que la cosecha sea buena. Esto significa que Santo Tomás admite desviaciones limitadas respecto al precio justo.

A medida que pasaba el tiempo, sin embargo, los escolásticos cada vez le dieron más peso a las explicaciones subjetivas del valor, de acuerdo a Grice-Hutchinson.  Por ejemplo, en el siglo XIV, Buridan (del famoso asno) escribió:

“‘the value of goods is estimated by human want … and therefore the satisfaction of want is the real measure of saleable goods. But it would seem that this satisfaction is measured by want itself; for the satisfaction is greater when the want satisfied is great … as is shown by the fact that wine is dearer when it is scarce, because we need it more.”, Grice-Hutchinson, pag 27.

Pero Buridan, como otros autores medievales, insistía en que el valor no debía ser medido por las necesidades de un individuo en particular, sino por la necesidad común a todos los que comercian los unos con otros. De otra manera el pobre tendría que comprar el pan más caro que un rico. Otro autor importante de la época, Enrique de Langenstein, proponía un sistema de control de precios estricto, pero aconsejaba que el príncipe –en el sentido del monarca– debía fijarlo de acuerdo al “precio acostumbrado”, determinado por el grado de demanda de las personas por los bienes, sin advertir la contradicción implícita.

En resumen, para determinar el valor de los bienes, los escolásticos tomaban en cuenta la utilidad, la demanda y la oferta, el costo de producción y otros factores tales como el costo de transporte y el riesgo, todo lo cual parece contradictorio a primera vista, pero que los escolásticos podían explicar ya que eran lógicos brillantes. Estos tratamientos paralelos fueron luego conjugados por la Escuela de Salamanca.

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