El futuro de la U.

R. Fischer

Ayer escribí esto en la lista de correos de la Facultad:

“En las condiciones actuales los paros no tiene motivo ni fin. Solo le sirven a futuros políticos, a  grupúsculos que no temen sacrificar la universidad a sus propios objetivos.  Como académicos deberíamos ponernos un objetivo como Universidad (y no solo como Facultad):

Que la Universidad de Chile esté entre las 150 mejores universidades del mundo en diez años, que atraiga a los estudiantes con más potencial –en todas las áreas– del país y desarrolle sus habilidades al máximo, y que en todas las áreas universitarias las creaciones de sus académicos sean respetadas. Que contribuyamos a la industria, a la sociedad, y a las ideas del país en un rol académico y no político.

Es un objetivo alcanzable y satisface una misión limitada pero necesaria para el país.

Pero les recuerdo que esto exige segregar y discriminar, porque no todos tienen las mismas habilidades. Requiere apoyar instrumentos como los liceos de excelencia, que permiten que los jóvenes más talentosos puedan desarrollar sus talentos, aunque no tengan recursos, facilitando su identificación.

Esto no significa abandonar el esfuerzo por mejorar la educación general, pero nuestro énfasis debería ser la excelencia. ¿O queremos dejarle ese espacio a la PUC, que es lo que ya sucede en muchas áreas académicas?”

Fue un poco decepcionante que la respuesta principal fue:

“Mas que objetivos de largo plazo como los señalados por Ronald, creo que necesitamos realizar pronto acciones concretas y sencillas en torno a los temas en que tenemos consensos amplios […]

Una acción que me parece de fuerte simbolismo es la sugerida por Jorge Amaya hace un par de días, es decir, ir a sacarle la capucha a Bello.”

No esoty en contra. Me parece limitado como objetivo, en un momento que es crítico.