Cambio de agenda y los puertos

En un artículo aparecido en el Journal of Legal Studies, The Theory of Loopholes (versión solo para suscriptores, lamentablemente), de Leo Katz, muestra que debido al Teorema de Imposibilidad de Arrow, no es posible eliminar la posibilidad de manipulación de agenda.

La manipulación de agenda consiste en introducir alternativas que terminen por eliminar la alternativa preferida por la mayoría, de manera que al final la decisión se toma entre dos alternativas que aseguran un resultado en favor de los intereses del que manipula la agenda. En el caso de nuestro Congreso, es posible introducir en el Comité encargado de un tema, una alternativa extrema, que resulta aprobada en el Comité pero que es rechazada en la votación en Sala. Aparentemente, con este mecanismo, un grupo de parlamentarios opuestos al divorcio consiguió retrasar el divorcio por un par de años. Lo que hicieron fue introducir una propuesta muy liberal, que atrajo al número suficiente de liberales para sacar del camino una alternativa que tenía más posibilidades de ser aprobada por el congreso.

Otro caso interesante ocurre en los puertos. En el caso de la concesión del Puerto de San Antonio, el actual concesionario del molo se opone a la concesión del Espigón, ya que aumentaría la competencia portuaria en la V Región. Por ello, han propuesto, junto a algunos funcionarios del SEP, un proyecto de puerto mar afuera de enorme capacidad, que costaría más de mil millones de dólares. Ese proyecto vuelve innecesaria la concesión del Espigón, pues su capacidad es muy inferior, y no tendría tiempo para rentabilizar la inversión si se construyese el puerto mar afuera. Pero la concesión del Espigón se puede hacer ahora, mientras que la del puerto gigante no tiene viabilidad hasta la década de los 20.

Al sugerir un proyecto que elimina la necesidad de licitar el proyecto del Espigón, y de ser aprobado el proyecto, el concesionario podría conseguir retrasar en varios años la entrada de competencia, años en los cuales la capacidad portuaria de la Región estará casi copada y con costos en aumento. Es un claro ejemplo de manipulación de agenda (lo cual es legítimo como estrategia).

Capitales golondrina

Los capitales golondrina, desalentados por los riesgos y bajos rendimientos de las inversiones en los países desarrollados han comenzado a dirigirse a los países en desarrollo. Esto parece explicar el alza en el precio de las propiedades y de la bolsa en Brazil, y el exceso de actividad en ese país, que lo ha llevado a elevar las tasas. Ahora parece que una parte de esos capitales ha comenzado a llegar a Chile, incluyendo a las AFP, explicando la reciente alza en el precio de las acciones. Probablemente veremos en el futuro un alza en el precio de las propiedades.

La entrada de capitales golondrina es compleja, pues distorsiona las señales del mercado. Los precios y la actividad suben, sin que hayan motivos reales (en el sentido técnico) para ello. Los transables se ven afectados negativamente, pues les cuesta exportar y competir con un peso apreciado, a diferencia de los no transables, que suben de precio. Aunque la entrada de capitales es agradable, porque el país es más rico, y tanto las importaciones como los viajes al exterior son más baratos, cuando los flujos de capitales se revierten, como siempre lo hacen, el efecto es muy doloroso, sobre todo cuando la salida es rápida.

Aunque a este blog no le gustan los impuestos que discriminan entre sectores, tal vez, tal como piensa Jagdish Bhagwati, hay que hacer una excepción para los flujos de capitales golondrina, imponiendo castigos a la salida rápida de estos capitales (aunque no es claro si es posible hacer esto en la práctica).

Disputas entre economistas

Hay una agria disputa de economistas en los EE.UU. entre aquellos que temen que si el Estado no aumenta el gasto público y mantiene las tasas bajas, la crisis puede volver (el «double dip») y aquellos que recomiendan subir las tasas y preocuparse del monto de la deuda creada por el gasto fiscal excesivo.

Estas materias no son de la especialidad de este blog, por lo que no tiene una opinión definida sobre quién tiene la razón. Además que se trata de una disputa muy asociada a temas de política interna de los EE.UU.. Pese a ello, es posible hacer algunas observaciones.

1. El problema de fondo es el exceso de ahorro en países como China y Alemania, lo que se traduce en un superávit comercial permanente de esos países. Dado que en el mundo las exportaciones netas deben ser cero, hay otros países que deben consumir más de lo que producen, es decir, son importadores netos permanentes. Como contrapartida, los países importadores entregan papeles de deuda (bonos del tesoro, por ejemplo), a cambio de bienes. En los países receptores, el precio de estos activos baja (es decir, cae el retorno de equilibrio a las inversiones financieras, lo que reduce las tasas y crea burbujas) por lo que los ahorrantes buscan desesperadamente instrumentos financieros más rentables para invertir. Esto explicaría en parte las inversiones especulativas de muchos actores.

Lo razonable es que sean los países en desarrollo los receptores de los ahorros, pero estos países o no son sujetos de deuda, debido a sus condiciones estructurales, o han aprendido a no depender de influjos de recursos que pueden salir rápidamente ante malas noticias, descalabrando sus países.

2. También es relevante la estructura etárea de los países. La literatura del ciclo de vida indica que los individuos jóvenes o ancianos tienden a consumir más de lo que producen, y que se ahorra en las edades intermedias. Por lo tanto, países con estructuras de edad cargadas hacia los jóvenes van a tender a sobreconsumir. El cambio en la estructura etárea de los países de la OECD, así como la política de un niño en China, hace que esos países tiendan a ahorrar más (aunque eso no explica bien el caso de los países del Meditérraneo), por lo que hay un exceso de deseo de ahorro en el mundo, lo que tiende a hacer bajar las tasas y acentúa la búsqueda de rentabilidad.

3. La combinación de grandes cantidades de liquidez y la desregulación financiera (especialmente durante las últimas dos décadas) fueron las causas de la crisis. La desregulación llevó a una supervisión liviana del sector bancario, el que se hizo más competitivo, lo que redujo las rentabilidades el sector. Para paliar esta caída, aumentó el apalancamiento del sector financiero, olvidando que es una causa clásica de inestabilidad financiera.

Asimismo, la desregulación olvidó el problema de los incentivos en el sector financiero, que son más graves que en sectores reales de la economía. Los corredores de créditos hipotecarios otorgaban los créditos debido a las comisiones que obtenían, sin considerar la capacidad de pago de los deudores. A su vez los bancos de inversión compraban estos créditos y los empaquetaban, sin preocuparse de su calidad (porque lo que les interesaba eran las comisiones del negocio, al venderlos a otras instituciones, por ejemplo, fondos de pensiones). Hay muchas otros segmentos del sector financiero en que los incentivos no funcionaban: aseguradores de crédito, las empresas de calificación de riesgo, los reguladores sectoriales, entre otros.

4. La respuesta a la crisis financiera fue un aumento enorme del endeudamiento de los gobiernos, dado que para rescatar el sector financiero, los gobiernos asumieron buena parte de la deuda privada. Al mismo tiempo, para reactivar las economías, aumentó el gasto fiscal, con altos déficits fiscales. El libro de Reinhart y Rogoff, «This time it is different: 8 centuries of financial folly» muestra que eso son las consecuencias estándar de una crisis financiera, aunque hasta ahora había sido una observación relevante solo para los países en desarrollo, o los países desarrollados en el lejano pasado.

Los efectos del aumento de gasto no comenzaron a notarse hasta que los inversionistas comenzaron a preocuparse por algunos países de Europa, cuyas promesas y políticas eran insostenibles. Al comenzar a escapar de los bonos de esos gobiernos, los países no podrían seguir emitiendo bonos para financiar sus políticas (insostenibles en el largo plazo).

Los países sobreendeudados de Europa tuvieron que ser rescatados y a futuro tendrán que cambiar sus políticas de pensiones y de beneficios, para evitar que problema se agrave. Por su parte, parece natural esperar que los acreedores de estos países también pierdan (un «haircut») por su irresponsabilidad al prestarles. Esto reduce la deuda de los países y enseña a tener más cuidado en el futuro.

Considerando todos estos puntos se puede entender un poco las diferencias en las recomendaciones de política. Los que piden más gasto en EE.UU. sostienen que la deuda no alcanza los niveles Europeos, que los bonos del tesoro todavía se pueden vender a tasas bajísimas y que se requiere más gasto para no caer en una nueva recesión justo cuando se sale de la anterior. Además, proponen un mayor gasto interno en los países exportadores, para reducir las exportaciones de manera que la política fiscal norteamericana sea más efectiva. Incluso hay propuestas de Krugman, por ejemplo, de usar proteccionismo, imponiendo medidas antidumping si no hay respuesta de los países exportadores.

A los que le preocupa el gasto, recuerdan que a menudo no hay señales de los compradores de deuda, antes que ocurra un cambio de percepción que eleva las tasas. Además, estiman que la trayectoria futura de las deuda norteamericana es insostenible sin cambios, y como no desean elevar impuestos, esto significa menor gasto. Señalan que en otras ocasiones, ha bastado que se observe un cambio en la actitud de los gobiernos frente a la deuda para que desaparezca el problema de falta de confianza en la deuda del país. Por último, desean elevar las tasas, pues temen que reaparezcan las burbujas de activos (entre paréntesis, parece haber una burbuja en las propiedades en Brasil, lo que explica la euforia que se observa).

Es difícil ser concluyente, y que ambas posiciones parecen tener elementos razonables. Una reducción en el gasto y un aumento en las tasas pueden llevar a una nueva contracción, pero la deuda es preocupante y el proteccionismo lo es también. Una subida en las tasas debido a la posibilidad de una burbuja se ve más lejana, al menos en los países que recientemente han sufrido burbujas. Las burbujas tienden a atacar a países en los que ya no quedan muchos recuerdos de la última ocasión en que ocurrieron.

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Valor agregado de las exportaciones

Es común oír que nuestro país tiene el problema de exportar productos con poco valor agregado. Se nos dice que solo exportamos recursos naturales o sus derivados: cobre, hierro, molibdeno, salitre, salmones, frutas diversas y productos forestales. Se nos da el ejemplo de los países de Asia, que tienen menos desigualdad y crecen más rápido, sin disponer de recursos naturales. En cambio nosotros casi no tenemos productos industriales de exportación, a menos que consideremos la celulosa como un producto de alto valor agregado. Solo podemos exportar productos industriales a nuestros vecinos, a menudo porque tenemos ventajas arancelarias.

Se podría seguir enumerando nuestras deficiencias económicas, en opinión de esos críticos. Y no son críticos sin importancia, pues su influencia ha hecho que dediquemos bastantes recursos a tratar de resolver este problema. Por ejemplo, Corfo ha creado el Programa Nacional de Clusters para concentrar nuestros esfuerzos de innovación tecnológica en algunos sectores en los que supuestamente tenemos ventajas. Esto no es fácil: Australia, que también exporta recursos naturales, lleva 60 años intentando agregar valor a sus exportaciones, a enorme costo, pero sin obtener resultados satisfactorios.

Pero tal vez el problema no sea tal. Si se piensa que disponemos de abundantes recursos natuearles, y relativamente poco trabajo y capital, especialmente capital humano, es razonable que nuestra economía aproveche sus recursos abundantes, tal como los países asiáticos aprovechan el trabajo, que es su recurso abundante.

Invertir nuestro escaso capital en tratar de desarrollar en forma forzada una industria nacional es un error caro. Por ejemplo, en forma natural se ha desarrollado un sector de servicios bastante sofisticados en apoyo a la minería, a la salmonicultura y a otras industrias de exportación. Es lo que se llama encadenamiento hacia atrás del sector exportador, a diferencia del encadenamiento hacia adelante, tratando de agregar valor a nuestras exportaciones. Esta última estrategia siempre ha fracasado, a menos que resulte naturalmente, por decisiones propias de los exportadores.

Además, tenemos algunos sectores bastante sofisticados, al menos a nivel Latinoamericano: el sector distribución y los servicios, como los que sirven a la industria exportadora. Estos sectores han tenido éxito en otros países, sin recibir ayuda del Estado. En conclusión, no parece una buena estrategia la de esforzarse por incorporar valor agregado a las exportaciones, a menos que ello sea algo que las empresas exportadoras desean hacer por si mismas.

Esta discusión será continuada y profundizada en el futuro

¿Es estratégico el Litio?

El litio es un metal tan abundante como el plomo o el níquel, de acuerdo a Wikipedia, y tiene una distribución bastante dispersa por el mundo. No es claro, por lo tanto, el motivo para considerar su minería como estratégica.

Chile produjo el año pasado el 58% de la producción mundial del metal (unos US$300 millones), y podría aumentar las exportaciones rápidamente si existiera la demanda. El negocio del litio es rentable solo porque los salares tienen bajos costos de producción, pero si el precio subiera aparecerían muchos otros oferentes en distintas partes del mundo. Pese a los múltiples usos que se prometen para el futuro, parece improbable que se transforme en recurso tan central como el salitre en el pasado o el cobre actualmente. Será uno de los productos de nuestra canasta de exportaciones, valioso, pero no fundamental. El Ministro de Minería, incluso considerando la instalación de industrias que utilizan litio (dudoso, ver más abajo) llega a una cifra de US$3.000 millones en diez años, lo que lo hace equivalente a la industria del salmón, pero con menos impacto sobre el empleo y con menos encadenamientos hacia atrás.

El concepto de recurso estratégico tiene poco sentido, salvo en aquellos casos raros en que el país tiene un recurso de alta demanda a nivel global que no tiene sustitutos a un costo razonable. No es el caso del litio, ni probablemente de ningún producto nacional. Lo único que se consigue al declarar que un recurso es estratégico cuando no tiene ese carácter es que el país pierde la oportunidad de desarrollar su producción.

Tampoco es razonable el anuncio del Ministro de Minería de que Chile podrá atraer una industria que le dará valor agregado al litio, produciendo en el país baterías y otros productos que usan el metal. Pero el hecho que un país produzca un recurso no significa que sea eficiente la elaboración en el país de productos que usan el recurso. La excepción es cuando es un proceso natural y no forzado, debido a que efectivamente tiene beneficios la producción doméstica. Deberíamos haber aprendido la lección con el cobre. Tras los esfuerzos por crear una industria basada en el cobre, apenas queda una empresa mediana (MADECO) y acaso otras empresas más pequeñas. Por el contrario, han sido más exitosos los encadenanientos hacia atrás de la cadena productiva, pese a que no han sido fomentados activamente. En la minería, por ejemplo, existe una eficiente industria de insumos y servicios.