La NGA y la U. de Chile

R. Fischer

Es interesante examinar el trasfondo del caso de los campos clínicos y la expulsión de los estudiantes de medicina de la U. de Chile de los hospitales estatales.

El origen del problema es que en los últimos años ha habido una fuerte expansión de la carrera de medicina. Esto es una necesidad, ya que Chile es un país con un bajo número de médicos por habitante. En Argentina el número de médicos por mil habitantes es tres veces mayor, y hasta Bolivia nos supera, de acuerdo a las estadísticas. Los países de la OECD tienen valores en general superiores a Argentina, aunque hay excepciones (Canadá tiene solo un 80% más que el índice para Chile). Las cifras están en mucho lugares de la Web.

La escasez de médicos parece ser una herencia de nuestro antiguo sistema universitario, ya que hasta hace poco las universidades privadas, así como muchas públicas, no ofrecían la carrera. Las universidades que la ofrecían tradicionalmente no habían hecho nada por expandir el número de estudiantes en la carrera, para gran contento de los médicos, que por su escasez se benefician de ingresos elevados. Las universidades que tradicionalmente ofrecían la carrera tuvieron décadas de respiro hasta que las primeras privadas abrieron medicina, y podrían haber aprovechado el tiempo para aumentar la entrada a sus programas y no dejarles espacio a las nuevas oferentes.

En un sector que se expandía, uno de los recursos escasos es el acceso a hospitales publicos, por dos motivos: allí se encuentran casos clínicos más complejos, y es más fácil que los pacientes consientan a ser examinados por estudiantes de medicina. El acceso a este recurso es codiciado, pero no existían mecanismos formales para asignar este recurso. En algunos casos el acceso era por contactos (especialmente en el caso de las oferentes tradicionales) y en otros era contra un pago por alumno. Es importante observar que no solo las universidades privadas deseaban acceso a los campos clínicos, sino también aquellas universidades estatales que recién comenzaban a ofrecer la carrera. En todo caso, el proceso de asignación era informal y poco transparente.

La Norma General Administrativa (NGA) es una herramienta específicamente diseñada para transparentar el proceso de asignación de campos clínicos, de manera que sea eficiente. Recordemos que al final, lo que interesa es producir más profesionales de la salud de alta calidad y no proteger los privilegios de la U. de Chile, o de otras instituciones. En el diseño de la NGA participaron los decanos de medicina de las universidades (especialmente la U. de Chile), el Colegio Médico, y representantes del Ministerio de Salud, pero no los directivos de los hospitales que debían implementar la medida.

Esto último parece haber sido un error, que tal vez explicaría la forma poco diplomática en que los estudiantes de la U. de Chile fueron conminados a abandonar uno de los hospitales, lo que al final fue el problema que llevó al abandono de la NGA, para volver al statu quo anterior. En efecto, la Escuela de Medicina de la U. de Chile aprovechó el revuelo para convencer a un Ministro de Salud mal informado (y dado a decisiones arbitrarias y poco reflexionadas) de eliminar la NGA y volver al sistema anterior. Es un caso clásico de aprovechamiento por un grupo de presión de una situación particular para eliminar una medida que aunque no era perfecta, mejoraba la situación anterior, pero que los perjudicaba.

En discusiones con académicos que apoyan la postura de Medicina, me han dicho que no es justo que los hospitales del Estado sean usados por escuelas privadas de medicina. Hay dos materias que se deben considerar al evaluar este argumento.

Primero, que hay universidades estatales que también deseaban contar con campos clínicos y que habian sido excluidas. Segundo, y más al fondo del tema, el objetivo fundamental es aumentar el número de profesionales de la salud para alcanzar los estándares de países de nuestro nivel de desarrollo. Dado que los tradicionales oferentes no han satisfecho esta necesidad (los monopolios y carteles no producen la cantidad eficiente), es natural que se abran escuelas alternativas, y que estas puedan tener acceso a los únicos lugares en los que se puede hacer buenas prácticas médicas.

Nota: He aprendido de este tema porque, por coincidencia, uno de mis alumnos trabaja en un estudio de caso sobre la NGA, además de trabajar en el sector de Salud.

Carta abierta

R. Fischer

Envié hoy esta carta a los académicos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, en relación al paro que mantienen los estudiantes:

Carta abierta a los académicos de la Facultad

Mi propósito en esta carta es expresar mi opinión sobre lo que sucede en la Facultad. Hasta ahora, como supongo muchos otros académicos que no apoyan la forma que ha tomado el movimiento estudiantil, no he opinado en forma pública. Mi error fue temer que escribir lo que pienso podría radicalizar a los estudiantes, instándolos a adoptar medidas que perjudicarían aún más a la Facultad.

Pero este paro interminable, así como los favores para comprar el apoyo estudiantil con el fin de terminar el primer semestre no son aceptables. Mi etapa de moderación se acabó después de los insólitos cambios de fecha de exámenes para la comodidad de los pocos estudiantes que los solicitan. Además, me ofende que algunos académicos azucen a los estudiantes, calificando como insolentes a quienes cuestionan estos cambios de fecha.

En resumen, creo que la Facultad se verá perjudicada por el paro. No solo en el corto plazo, con una caída en la calidad de los estudiantes entrantes el próximo año, sino también en el futuro más largo, cuando potenciales alumnos brillantes sopesen que en promedio pasarán tres meses de sus estudios en paro.

No hay excusas para no volver a clases. Las explicaciones de los dirigentes estudiantiles para no bajarse del paro ya no tienen validez, y continuar el paro no ayuda a conseguir más de lo que ya han obtenido. El país dejó de prestar atención al tema y me parece que no volverá a hacerlo por algún tiempo. Esto se observa en la seguridad con la que el Ministro de Educación desechó las condiciones para la Mesa de Dialogo exigidas por los estudiantes.

Los estudiantes han conseguido muchos de los objetivos que perseguían –con algunos de los cuales no estoy de acuerdo, pero eso es otro cuento— tales como más fondos basales, desmunicipalización (sin control central, menos mal), más fondos para becas, menores tasas de los créditos, y muchos otros. Exigir más para bajar el paro es una muestra de infantilismo revolucionario. Algunos dirigentes estudiantiles parecen no entender que en democracia, a diferencia de una dictadura, es necesario transar, porque no todos están de acuerdo con los cambios que proponen, por muy razonables que les parezcan a ellos.

Algunas de mis opiniones sobre el tema educacional aparecen en mi blog, https://variacioncompensada.wordpress.com/, y no quiero repetirlas aquí. Sin embargo, puedo señalar que se debe reflexionar con mucho más cuidado del que se ha hecho hasta ahora sobre este tópico. Un ejemplo es la queja de que el lucro en la educación ha hecho que surjan universidades que no hacen investigación y que solo ofrecen docencia de mala calidad.

Primero, es bueno que algunas universidades se dediquen solo a la docencia –aunque claramente es necesario fiscalizar mejor la calidad de lo que se ofrece– porque no tiene sentido dividir nuestros escasos recursos de investigación entre muchas instituciones. Segundo, el hecho de ser una universidad pública no garantiza la calidad de la educación, porque hay pocos incentivos para esforzarse en esas instituciones y eso se nota en los resultados de muchas de ellas. Tercero, no a todas las personas les interesan los temas que son vitales para la élite que asiste a nuestra Facultad y que pide una universidad de tipo Academia Platónica. Incluso en nuestra Facultad, a muchos estudiantes solo les interesa titularse lo antes posible, lo que es un deseo respetable.

Por último, quiero recordarles que los últimos diez años han sido los mejores para nuestra Facultad, probablemente en su historia. Cuando era alumno, la universidad era casi gratuita, pero nadie se preocupaba por los alumnos, la calidad de la enseñanza era en promedio mala, las clases comenzaban tarde o se cancelaban, la tasa de repitencia era altísima, y casi no había investigación ni recursos.

El progreso desde entonces se debe en parte al crecimiento económico, que permite destinar mayores recursos a la investigación; otra parte se debe al esfuerzo y dedicación de los académicos, pero también se debe a que la competencia por los mejores estudiantes nos ha hecho esforzarnos por mejorar en todas las dimensiones. Cuando criticamos el modelo actual de universidades, olvidamos las deficiencias del pasado.

Algunos temas en educación: Tema 3. El lucro y la educación técnica

R. Fischer

Me parece que la idea de eliminar el lucro en la educación enfrenta un problema evidente: ¿qué se hace con la educación técnica? La educación técnica se ofrece por innumerables institutos de buena y mala calidad –ahí hay un serio problema de información que debería subsanarse–, además de alguna instituciones sin fines de lucro, como DUOC e INACAP. Recordemos que el DUOC es una fuente de recursos para la P. Universidad Católica, y se maneja con criterios de lucro.

La alternativa es que la educación técnica la ofrezca el Estado, pero esto debe ser la peor solución posible, porque justamente se desea que haya un estrecho contacto entre los institutos técnicos y la industria, y que las destrezas que se aprenden se adapten a las necesidades del sector privado. Esto es muy difícil para una institución estatal, que no dispone de la agilidad ni de los incentivos necesarios.

Es difícil que la demanda por educación técnica se pueda satisfacer con instituciones sin fines de lucro –aunque éstas podrían aumentar–. Es un sector que no despierta interés en los donantes, porque no tiene la brillantez de otros destinos de las donaciones. Por ello, las instituciones con fines de lucro son imprescindibles en el sector.

Es interesante una historia que me contaron hoy (sin haberla verificado): la razón por la que las universidades no tienen fines de lucro es porque cuando se hizo la ley, se trato de favorecer las inversiones en institutos técnicos, que si podían tener lucro. Sorprendente.

Algunos temas en educación: Tema 2. Una pésima idea

R. Fischer

En el Mercurio de hoy aparece la noticia de que, según una encuesta de la Fundación Jaime Guzmán, a un 74% de los encuestados les gusta la idea de poder descontar los gastos en educación de los impuestos. Pocas veces ha visto una peor propuesta, tanto desde el punto de vista distributivo como desde el punto de vista económico. ¿Será que la Fundación ha perdido a su mejor gente, que se ha ido al gobierno?

Es una medida regresiva, porque dado que los impuestos en Chile son progresivos, el beneficio es mucho mayor para una persona de los estratos más altos de ingresos. Un individuo con menos de $500.000/mes no paga impuestos a la renta (o son minúsculos), por lo que no se beneficiaría, y una familia con un ingreso tal que queda en la categoría más alta, recibe un 40% de descuento en sus impuestos por el gasto en educación.

Segundo, uno de los efectos es aumentar la cantidad de dinero que la familias pueden destinar a educación, y en general esto se reflejará en un alza en el valor de los colegios más demandados, por lo que el efecto sobre los ingresos netos familiares puede ser casi nulo. Se beneficiarían los propietarios de los colegios, si tienen fines de lucro (los sin fines de lucro van a obtener nuevos laboratorios e infraestructura). Los mejores profesores también se verán favorecidos, ya que ante la mayor demanda por sus servicios, podrán exigir mayores salarios por el mismo esfuerzo. Todo esto tendrá un gran costo para el fisco, y en vez de simplificar el sistema impositivo, lo complicará.

Los resultados de la encuesta solo reflejan qu la mayoría de las personas no tiene tiempo ni deseos de examinar temas complejos y responden al sonido de la frase «reducción de impuestos», sin pensar en las consecuencias. Por eso no es bueno gobernar por reeferendum y es preferible la democracia representativa.

Una vergüenza, Fundación Jaime Guzmán.

Algunos temas en educación: Tema 1. Acreditación y discrecionalidad

R. Fischer

En el lanzamiento del libro de Patricio Meller hace pocos días, los presentadores discutieron las debilidades de nuestro sistema de acreditación de las universidades. Se describieron trucos como contratar doctores, no para hacer clases, sino para otras labores, pero con eso la universidad sube en el indice de doctores con jornada completa. Así como éste hay muchos trucos que puee usar una universidad de mala calidad para aparecer mejor y ser acreditada.

El problema, como siempre, son nuestros métodos, basados siempre en reglas rígidas, como herencia de nuestro sistema de derecho romano. En ese sistema, el juez sigue reglas que le dicen que hacer en cada situación, sin necesidad de usar el juicio y el criterio –al menos en teoría–. Tememos que de otra forma el sistema sea fácilmente corruptible.

Lo mismo hacemos con el sistema de acreditación, esperando que la universidad, carrera o departamento cumpla ciertos objetivos. Aunque hay examinadores externos, estos deben justificar –para eso nada mejor para nosotros que números o criterios prefijados– sus decisiones, o de otra forma podrían ser cuestionadas. Pero son justamente las determinaciones de calidad aquellas en que la disrecionalidad y el criterio experto, sin una justificación formal imposible, son necesarias. Aquí lo que debería contar para el experto que toma las decisiones es su reputación, que está en juego.

Un académico de buen nivel puede determinar rápidamente si un departamento académico es de buen nivel, nivel intermedio o pésimo, sin necesidad de ver estadísticas de egresados, número de doctores trabajando y otras cifras inútiles que se usan actualmente. Determinar si una universidad está en alguna de esas categorías es algo más complejo, porque las universidades tienen muchas componentes, pero tampoco es un problema insoluble para un experto que solo debe clasificar la institución en categorías gruesas de calidad.

Pero se ve imposible que confiemos en un sistema de este tipo, que funcionaría tanto mejor que el actual sistema, pero que es tan ajeno a nuestra cultura.

Tratamiento terciario de aguas

R. Fischer

Hace pocos días, el Presidente de Aguas Andina concedió una entrevista a El Mercurio en la que analiza las inversiones que la empresa planea en el futuro. Además de la inyección de aguas a las napas subterráneas, de manera de recargarlas, lo que parece una buena idea, el Señor Larraín anunció que están pensando, más a futuro, comenzar tratamientos terciarios de las aguas servidas, dejándolas aptas para el consumo humano.

Hasta ahora la empresa realiza tratamientos primarios y secundarios a las aguas servidas, lo que permite utilizarlas para el regadío. Por esta tarea la empresa recibe una rentabilidad satisfactoria, y con la ventaja de ser muy estable. Como a la empresa le pagan por sus inversiones (si puede convencer al regulador que la empresa eficiente las requiere), le interesa que se requiera cada vez agua más pura.

Pero cual sería el sentido de tratar las aguas que ya poseen tratamiento secundario? Estas ya son de la calidad apropiada para el riego agrícola (después de todo, incluso cando los ríos son impolutos, el agua no es potable), que es lo que se requiere y el motivo para el tratamiento. Se acabó el tifus, la hepatitis A (y el cólera), que aún a mediados de los 90 eran un riesgo. Por supuesto, aquella parte de las aguas devueltas al río, y que son utilizadas por una ciudad aguas abajo requerirán un tratamiento que las haga potables, pero eso será una ínfima fracción de las aguas que reciben tratamiento secundario, dado que Santiago es tanto más poblado que las demás ciudades de la zona.

Sin mayores explicaciones de la empresa, la idea de realizar un tratamiento secundario de las aguas servidas aparece solo como una idea para aumentar el monto de inversiones que tienen una rentabilidad asegurada. .

Sobre el lucro en las universidades

R. Fischer

Se ha dicho que no existen buenas universidades con fines de lucro, y creo que es cierto si consideramos como buenas universidad solo las universidades complejas, en las que la investigación y la creación, además de la docencia, son importantes. Pero eso no significa que todas las universidades deban realizar estas actividades.

Es mejor clasificar las universidades en universidades complejas y de docencia. Las segundas pueden ser muy buenas en su área más limitada. En particular, en Estados Unidos se dice que los mejores colleges dedicados a la docencia son a menudo mejores para los estudiantes que las mejores universidades complejas (en general se trata de colleges sin fines de lucro). Es decir, algunas universidades pueden concentrarse solo en educar, sin dejar por ello de ser útiles para sus estudiantes. En esa tarea específica, determinar si una universidad con fines de lucro es peor que una universidad estatal no es fácil.

Como lo reiteran los estudiantes, el lucro extrae recursos del fin educativo para entregárselos a los dueños de la institución educativa en la forma de utilidades. Pero las universidades estatales también tienen defectos esenciales: los`pocos incentivos a la excelencia y la rigidez debido a su pertenencia al aparato público. Esto es especialmente grave en en universidades estatales de segundo orden, donde la reputación de los académicos (que puede ser un aliciente importante) deja de ser relevante. En las universidades con fines de lucro al menos hay un sistema de incentivos, y son adaptables.

Esto significa que para poder comparar universidades estatales de segundo orden con universidades con fines de lucro, se deben evaluar las consecuencias de estas debilidades. No es evidente que un tipo de universidad sea mejor que la otra. Tal vez se pueda asegurar que ambos tipos deberían ser peores que las universidades privadas sin fines de lucro especializadas en docencia (porque mantienen incentivos y no extraen recursos), siempre que el componente ideológico o religioso de la institución no sea demasiado marcado.

Oí hace poco al vicepresidente de la Fech confundiendo estos criterios, citando a Harald Beyer, quién ha señalado que entre las mejores universidades no hay ninguna con fines de lucro. Pero claramente Beyer se refería a las universidades complejas. No es sano ni apropiado que todas las universidades se dediquen a la investigación y a la creación. Por lo tanto, los argumentos del vicepresidente de la Fech en contra de las universidades con fines de lucro no se sostienen. Dado que es deseable que existan universidades dedicadas a la docencia, y tanto en las estatales como en la con fines de lucro tienen problemas de fondo, no se puede deducir que el lucro haga que un tipo de institución sea peor que otra.

Algunos problemas en las propuestas para universidades

R. Fischer

Escribir sobre las propuestas estudiantiles daría para mucho, pero solo quiero referirme a unas pocas de ellas. Una de las quejas de los estudiantes es el alto costo de los estudios, el que ha subido mucho más que el arancel de las becas y otros subsidios a los estudiantes de bajos ingresos.
No estoy seguro cual es la explicación que dan los estudiantes para esta alza desmedida, pero es casi seguro que la asignan gran parte de la culpa al lucro en la educación.

Aunque puede haber un pequeño efecto del lucro en los costos de la educación, el aumento de costos tiene otra causa mucho más fundamental. Cuando un sistema universitario se expande como lo ha hecho el nuestro, y con condiciones de competencia que impiden una degradación en la calidad como la que ocurrió durante la ampliación de la cobertura escolar de la década de los 60, los factores (cuasi-) fijos se llevan gran parte de la renta producida por los mayores ingresos por matrículas.

Nuestra cobertura de educación terciaria universitaria aumentó en algo así como 100% en diez años, pero el número de personas que podrían servir como académicos crece mucho más lento. Hay carreras, como las de negocios, en las que no son necesarios muchos recursos como laboratorios e investigación, y pueden hacer buenas clases un enorme número de profesionales. Es por ello que son las carreras que inicialmente se expandieron más rápido en las nuevas universidades, sin elevar demasiado los costos.

El problema es que las nuevas universidades se expandieron a otras áreas en la oferta de académicos –incluso part-time– es más limitada y los costos de infraestructura son mayores. Además, los procesos de acreditación elevaron las exigencias en esas carreras, ya que la acreditación valora la investigación y el número de profesores de jornada completa con posgrados, especialmente doctorados.

Este último factor es casi fijo, porque el proceso de creación de nuevos doctores puede tardar cinco a seis años, y solo una fracción pequeña de la población tiene interés y la capacidad para seguirlos. Esto ha generado una competencia desmedida por los académicos existentes, elevando sus remuneraciones. Este es el factor principal en el aumento en el costo de la educación universitaria.

En mi área, por ejemplo, una universidad privada (e incluso algunas privadas sin fines de lucro) le ofrece a un académico recién doctorado un salario que lo puede poner en el 1-2% de mayores ingresos de la población. Esta posición relativa de los ingresos de los académicos es superior a la de otros países del mundo desarrollado. Incluso mi Facultad, perteneciente a una universidad estatal, y que tiene remuneraciones menores que la competencia, puede atraer a académicos europeos en casi todos los departamentos. En Europa el número de estudiantes decrece por la baja fertilidad, y eso ha afectado a los académicos jóvenes, que deben emigrar, algo que podría repetirse en el mediano plazo en Chile.

Al eliminar el costo de los estudios, haciéndolos gratuitos, se elimina una de las pocas señales que da el mercado para limitar el ingreso a la educación universitaria. Al no haber señales, hay personas sin habilidades que estudian aunque esto represente una pérdida para la sociedad y segundo, las personas pueden elegir carreras sin importarles si encontrarán trabajo en su campo al egresar. En el futuro esto causará frustración por los años desperdiciados. Además, es posible que gran parte de los mayores ingresos se traspase a los académicos, o que baje la calidad de la educación universitaria si no aumentan los recursos asignados.

Entre paréntesis, hace unos quince años, el Centro de Economía Aplicada de la U. de Chile publicó una propuesta de financiamiento universitario en El Mercurio. La propuesta era similar al actual esquema australiano: Se pagan las universidades, pero los alumnos de bajos ingresos pueden posponer el pago hasta que comiencen a trabajar. En ese momento deben pagar la deuda como un impuesto adicional, con un tope en porcentaje de los ingresos y un un mínimo de ingreso para pagarlo. Esto subsidia el estudio en carreras de bajos ingresos, como artes y pedagogía, pero permite que paguen los estudiantes de esas carreras que se transformaba en empresarios de altos ingresos. No lo encuentro en mi computador, pero debe ser posible recuperar la propuesta y ver si todavía es relevante.

Inconsistencias

R. Fischer

Ambrose Bierce escribió el Diccionario del Diablo, Flaubert tiene, al final del Bouvard y Pecuchet, un diccionario de ideas recibidas, Más humildemente, voy a comenzar una lista de inconsistencias. Se aceptan contribuciones.

1. El otro día vi a un grupo de estudiantes arrastrando neumáticos para quemarlos en las calles. Es probable que muchos de ellos hayan participado en las marchas en contra de Hidroaysén y por la defensa del medio ambiente y .

2. Los diputados que quieren reducir el impuesto a los combustibles y al mismo tiempo apoyan la propuesta en pro de las energías renovables, por ejemplo, el 20-20.

3. Quiénes, con el apoyo de ONGs internacionales, se oponen a proyectos de inversión porque pertenecen a multinacionales.

4. Los que apoyan tanto los derechos humanos como un valor esencial, pero también al gobierno de Cuba.

5. Los pechoños con amante.

6. Los parlamentarios que aceptan que en las elecciones voten chilenos en el extranjero sin vínculos con el país, pero ahora tienen problemas con la inscripción automática, porque no se puede determinar a que circunscripción corresponden los nuevos votantes, ya que no hay un registro de domicilios. Después de todo, deberían poder votar en cualquier circunscripción, ya que no son necesarios los vínculos.

No se me ocurren más por el momento. Pero la lista sigue.

La verdadera velocidad de la banda ancha

R. Fischer

Uno de las decepciones de los usuarios de banda ancha es que las promesas de velocidad de subida y de bajada no se cumplen. Las empresas ofrecen velocidades enormes pero a casi todas horas las incumplen. En los contratos, solo se garantiza una velocidad de un 10% de la velocidad anunciada, y es probable que tampoco esa garantía se cumpla ya que no parece haber fiscalización del ancho de banda efectivo.

Estos malos resultados se pueden comparar con el caso de los EE.UU. El siguiente gráfico muestra la diferencia entre la velocidad anunciada y la real a diferentes horas del día para distintos proveedores, y claramente es más de un 10% del valor anunciado:

En su descargo, las empresas proveedoras de banda ancha chilenas señalan que en muchos casos el contenido es internacional, en cuyo caso debe acomodarse a un ancho de banda más restringido, porque es muy caro arrendar ancho de banda internacional. Puede ser, aunque no hay manera de verificar si este es el motivo o si simplemente las empresa no quieren gastar en proveer un mejor servicio (tal vez porque la competencia no es muy efectiva en el sector en nuestro país). Sin embargo, es posible hacer algunas estimaciones usando datos públicos, ya que si fuera tan caro, y las empresas lo desearan, siempre tienen la opción de contratar la construcción de un nuevo cable submarino.

Es posible estimar el costo de esta alternativa. Por ejemplo, el reciente cable submarino Sydney-Guam PPC1 de 2009 tiene 6900 km de longitud, una capacidad de 2.56 terabytes, y un costo de U$ 200MM). La distancia del Norte de Chile a California es de unos pocos cientos de kilómetros más en línea recta submarina, por lo que el valor de una línea que resolviera nuestro problema de capacidad internacional no debería ser mucho mayor.

Podemos usar esa información para evaluar el ingreso anual necesario para solventar un cable submarino. Supongamos que debido a su mayor longitud, el nuevo cable es un 10% más caro que el cable australiano es decir, US$ 220 MM. Considerando una tasa de retorno requerida del 10%, y una evaluación del proyecto con un horizonte de 10 años, con valor residual cero, el ingreso anual requerido es aproximadamente US$ 36MM.

Comparemos eso con los ingresos de una empresa proveedora de banda ancha. La mayor empresa chilena tiene más de un millón de clientes que pagan por lo menos $15.000 mensuales por el servicio. Si hacemos la multiplicación, vemos que el costo del cable submarino que resolvería los problemas de comunicación de Chile por mucho tiempo, podría pagarse con un mes de ingresos de una sola compañía, cada año. Me parece que al sector se le puede exigir más.

Una cosa adicional me molesta. Me gustaría ver los balances auditados de VTR, que según entiendo, no son una obligación de la empresa. Lo mínimo que debería exigírsele a una empresa regulada (porque ofrece servicios de telecomunicaciones) es que entregue estos balances. Así tal vez se podría saber cuanto paga por el servicio de arriendo internacional.