Una antigua propuesta de financiamiento estudiantil

R. Fischer

Recordaba que alguna vez escrrbí sbre financiamiento estudiantil. Revisando mis archivos, encontré la siguiente propuesta, escrita en noviembre de 1997. Me siguie pareciendo una buena idea:

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Tema: Financiamiento estudiantil

Ronald Fischer

13 de noviembre de 1997

1. Proposición

Propongo el siguiente sistema para el financiamiento de becas para alumnos de menores y/o medianos ingresos: El Estado otorga préstamos de estudio, las que pueden incluir un componente para gastos de alojamiento, alimentación, textos, etc. El estudiante paga el préstamo y sus intereses (pueden estar subvencionados) mediante un cobro extra de impuestos internos, cuando su ingreso sobrepasa un nivel predeterminado. Este cobro extra puede estar graduado dependiendo del ingreso.

Como un ejemplo (los límites no tienen porqué ser éstos), se pagaría cero hasta un ingreso imponible de $250.000, y un 1% del ingreso por cada $50.000 de ingreso adicional, hasta completar un maximo de 5% del ingreso al llegar a ingresos de $500.000 mensuales y superiores. Una vez pagada la deuda más sus intereses, se acaban los cobros adicionales. Tal vez sea conveniente tener como umbral inicial el ingreso promedio nacional.

2. Fundamentos

Existen varias ventajas de este sistema sobre otras alternativas.

1. El sistema tiene una componente redistributiva efi caz: pagan los que ganan más. Aquellas carreras que son importantes socialmente pero que no otorgan buenos salarios se verían subsidiadas implícitamente, pues aquellos profesionales que ejercen la disciplina y tienen salarios bajo el promedio nacional pagarían menos o cero. Aquellos que se cambian a otras actividades y aumentan sus ingresos, pagan (a pesar de haber estudiado una carrera nominalmente de bajos salarios). Alumnos en carreras en las que los alumnos reciben buenos salarios también pagarían por sus estudios.

2. La deuda no es exigible, en el sentido de no haber problemas si el ex-alumno nunca adquiere los ingresos que le permitan pagar la deuda.

3. Este esquema es justo desde el punto de vista distribucional pues aquellos estudiantes de menores ingresos cuya profesión u otras actividades posteriores les permiten tener ingresos superiores al promedio la devuelven a la sociedad el préstamo. Así no se da el caso de un subsidio de los pobres a los (futuros) ricos.

4. Se utiliza un sistema ya establecido, lo que reduce los costos de fi scalización y cobro.

5. Un sistema parecido está siendo utilizado en Australia con tanto éxito que Nueva Zelandia está pensando introducirlo.”
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No recuerdo si esta propuesta es la versión final o si hubo versiones posteriores, más pulidas, y si fue publicada. Obviamente habría que hacer un ajuste en los límites de ingresos para pagar o no pagar, tal vez doblándolos, dada la mayor riqueza del país. El otro punto importante que olvidé en la columna (y por qué creo que debe haber una versión más completa), es la tasa que se debería cobrar a estos créditos. Creo que la tasa debería ser similar al costo de financiamiento del gobierno, ya que la recaudaría el gobierno a través de su sistema de recaudación de impuestos y los costos de administración deberían ser bajos. La pregunta es si se puede financiar una carrera que dura cinco años con el cinco por ciento de los ingresos de las personas.

El siguiente gráfico muestra el perfil de la deuda, suponiendo una carrera que dura cinco años con un costo anual de $3.000.000 anuales, y que el joven profesional repaga $600.000 el primer año que trabaja como impuesto adicional universitario. Esto corresponde al 5% del ingreso de un profesional que gana $900.000, y al 10% de uno que gana $500.000. La tasa de interés que se cobra al crédito universitario es un 4% real (la tasa del 2% real a los estudiantes de las universidades del CRUCH es un subsidio sin justificación clara). Además, supongo que la tasa a la que crecen los ingresos reales del universitario es de un 5% real. Esto se puede explicar como producto del aumento en los ingresos per capita (un 2% real anual) y que hay un incremento adicional por la experiencia y otros factores que aumentan con la edad del profesional hasta la cuarentena.

Como se observa en la figura, el crédito terminaría de pagarse en la cuarentena. Esta es una indicación del costo de la propuesta de universidad gratuita. Este enorme costo, que beneficia principalmente al universitario, se trapasa al resto de la sociedad. Esta es en promedio más pobre que el futuro profesional, y además, no tuvo la oportunidad de que le regalaran los estudios. Con esta antigua propuesta eso no ocurre; son los futuros profesionales los que repagan la deuda que incurrieron, y así financian a futuros profesionales. Además, la propuesta tiene la ventaja de que si el estudiante decide abandonar su carrera, tendrá que pagar los costos que ocasionaron sus estudios interrumpidos en caso que sus ingresos sean lo suficientemente altos.

Una propuesta como ésta depende de la calidad de la información que se tenga sobre la calidad de las universidades. Una buena fuente, más que el sistema de acreditaciones, es la información de la base de datos de Brunner y Meller sobre ingresos de egresados de distintas carreras. Esta tiene la deficiencia de que las universidades no permiten que se incorpore la información sobre las universidades de egreso, pese estar disponible. Esta información debería estar disponible para los futuros estudiantes, al menos si la universidad desea acogerse a este sistema de créditos.

Exigencias estudiantiles

R. Fischer

Creo que las exigencias de los estudiantes se pueden dividir en dos tipos, con distintos niveles de legitimidad. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las propuestas específicas, pero es claro que las peticiones por menores costos de la educación universitaria, y por mejor calidad de la educación media y básica caen plenamente en lo que se pueden denominar las exigencias legítimas de un movimiento estudiantil.

La petición de terminar con el lucro en la educación escolar es un tema más delicado, porque el Estado y sus representantes elegidos nunca se han opuesto al lucro en los colegios (a diferencia de la educación universitaria) y no es obvio que ello sea la causa de los malos resultados en la educación escolar. Por lo tanto, se trata de una exigencia de tipo moral (la oposición es porque el lucro es malo y no porque genera peores resultados), y esa tipo de exigencias escapa a lo que se podría llamar una petición legítima de los estudiantes como estudiantes –a diferencia de su categoría de ciudadanos que legítimamente votan por políticos que desean eliminar el lucro–.

Pro eso palidece al lado de las demás peticiones estudiantiles. Primero, desean negociar con la autoridades el contenido de la legislación. El problema es que ese es el tipo de temas que corresponde al Congreso, donde los representantes elegidos por los votantes negocian las leyes. Es natural que cuando se discutan leyes hayan consultas a grupos de interés, y que se analicen los detalles con especialistas, pero un grupo de presión no puede imponer, legítimamente, condiciones al gobierno. Nadie los eligió para ello.
Menos aceptable aún es que extiendan sus peticiones a un plebiscito. No soy un experto en teoría política pero hay motivos fundamentales por el que las democracias funcionan con parlamentos y representantes de los votantes y no por democracia directa. Los plebiscitos son manipulables y por ello son una herramienta usual de las dictaduras o de gobiernos que solo en apariencia son democráticos. Además, dan origen a malas políticas, como se ha observado en California.

Los ciudadanos normales tienen muchas otras preocupaciones que ocupan su tiempo como para además requerirles pensar sobre la conveniencia de cambios legales que deben votarse mediante plebiscitos. Por eso, en teoria, eligen a candidatos que representen sus opiniones, pero éstos
deben tener autonomía para estudiar cuidadosamente las leyes y decidir su conveniencia, pensando en lo que conviene a los ciudadanos que los eligieron. La practica es algo más deficiente que esta visión idealizada, pero nunca tanto como en las democracias plebiscitarias. En ellas, un demagogo o un grupo de presión pueden convencer a la ciudadanía de votar a favor de una medida cuyos efectos no han tenido tiempo, ni deseos, ni información para analizarla cuidadosamente y cuyos efectos pueden ser desastrosos.

Recordemos que los políticos actuales se han vuelto menos respetables, no porque sean más corruptos que antes –probablemente con los estándares actuales todos los políticos del pasado serían corruptos–, sino porque cambian sus opiniones de acuerdo a las encuestas de opinión. Luego de un crimen violento, la ciudadanía quiere penas más duras para los criminales y los políticos obedecen y cambian las leyes. Poco tiempo después, se condena injustamente a alguien y el clima se vuelve contra las condenas largas y estas se reducen, en un ciclo de malas decisiones políticas. Manejarse por encuestas es casi equivalente que el gobierno se maneje por plebiscitos, y los resultados son malas políticas. La petición de un plebiscito no le corresponde a los estudiantes, ni sería sano para nuestra sociedad manejarse por ellos.

Postcript: Mi colega Matteo Trozzi me cuenta que en Italia los plebiscitos funcionan razonablemente bien. Pero tienen muchas salvaguardas: la peticiones deben ser aprobadas por el equivalente a nuestro tribunal constitucional, lo que hace que el proceso sea lento, dándole tiempo a los ciudadanos para reflexionar sobre la decisión. Tal vez lo más importante es que se trata de temas que los políticos no desean tocar y prefieren dejarle la responsabilidad a los ciudadanos: temas como el divorcio y el aborto. Son temas que las personas entienden, que pueden sopesar, sobre los que tienen opiniones, y sobre todo, son temas que espantan a los políticos. No es el caso en los temas solicitados por los estudiantes.