Variacioncompensada's Blog

Un paralelo universitario II | noviembre 11, 2011

R. Fischer

Finalmente, luego de haber mostrado en Un paralelo universitario I que no se observa ninguna razón objetiva para considerar que las universidades públicas cumplen un rol que amerite que reciban un tratamiento especial, llegamos al punto clave de estos posteos.

En algún momento del pasado, en un país mucho más pobre, con pocos profesionales y una sola universidad importante, nuestra Universidad tenía los atributos que los proponentes de un tratamiento especial le atribuyen. Los tiempos cambiaron, y ya no es la única universidad con esos atributos, por lo que no me parece que haya un motivo para tratarla mejor de lo que indican sus méritos reales, medidos con parámetros objetivos. Pero no es lo que quiere, por ejemplo, nuestro Rector y quiénes apoyan su posición, sino un tratamiento diferente por una característica intrínseca: la de ser estatales. No se quiere que los estudiantes elijan libremente entre universidades, usando subsidios a la demanda. Tampoco se desea que los fondos de investigación sean concursables, sino de darle una ventaja permanente a la U. de Chile, que haga imposible que otras puedan competir con ella. Pensando en este tema y porqué no me dejaba un mal sabor en la boca, finalmente encontré el paralelo que me permitió entender esa sensación.

Lo que desean los estudiantes organizados y los académicos que los apoyan es equivalente a la lucha de la aristocracia contra las fuerzas niveladoras de la burguesía hacia el final del siglo XVIII en Francia.

Hay un grupo en decadencia relativa (la aristocracia antes y las universidades estatales ahora), orgulloso de una historia gloriosa. Enfrenta un grupo que comienza alcanzar su nivel en todas las dimensiones (la burguesía para la aristocracia, las universidades privadas para las estatales). Los aristócratas luchan para preservar sus privilegios, tal como las universidades estatales. Se alega que tienen una historia gloriosa, que todos los políticos (y artistas) importantes pertenecen al grupo, que son los únicos que no se venden, que poseen principios y que son los que representan lo más valioso de la nación. Finalmente, señalan que por el hecho de ser aristócratas –por su esencia– merecen un tratamiento especial, independiente de sus méritos. Esto también me recuerda a un argumento que usan las universidades estatales. Ese paralelo muestra un lado menos atractivo del movimiento estudiantil y de quienes lo apoyan entre los académicos.

Si soy tan crítico ¿Cuál es mi propuesta alternativa para la Universidad? El principio es no dejar de competir, sino hacerlo en igualdad de condiciones.

Primero, salirse del aparato público y dejar la tutela de la Contraloría General de la República. Segundo, cambiar el sistema de elección de autoridades por uno como el que propuse aquí y aquí, que no incluyen la participación de los estamentos en la selección de autoridades universitarias (salvo a nivel departamental). Tercero, solicitaría del Estado y por una vez, recursos para crear un fondo de reserva y mejorar algunas Facultades que requieren ser reformadas para llevarlas a un buen nivel.

Cuarto, en vez de un sistema de gratuidad para los estudiantes, hacer que la deuda estudiantil sea contingente en los ingresos. La idea es que se cobre un impuesto adicional progresivo a los que hayan pasado –no necesariamente terminado– por la universidad. Este impuesto sería muy bajo o nulo para los niveles de ingreso bajo, y se pagaría por, digamos veinte años (menos si se extingue la deuda antes). Si alguien no alcanza a pagar en ese período, se anula el remanente. En tal caso, el estudiante recibió una beca parcial (ex post).

La gracia es que los que se benefician de sus estudios universitarios son los que pagan por el sistema: nadie puede quejarse de pagar si tiene ingresos altos y recibió los beneficios de la universidad. Pero no hace pagar por los estudios de unos a otros que no recibieron el beneficio de la educación universitaria. Es un sistema más justo que la extensión de las becas a quintiles de mayores ingresos o la universidad gratuita. Se aplicaría a todos los estudiantes que no deseen o no pueden pagar mientras estudian. No es una novedad: se usa en Australia, Uruguay (los egresados de la U. Nacional pagan un impuesto adicional) y tal vez se introduzca en lo EE.UU.

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