Ventajas de un Consejo de la Universidad de Chile

R. Fischer

Anteayer postée una propuesta de nuevos  Estatutos para la Universidad  de Chile. En ellos habría un Consejo de la Universidad, externo a ella, poseedora de los poderes superiores (como nombrar al Rector y Autoridades Superiores, facultades presupuestarias y otras). Este esquema tiene la ventaja de darle a la Comunidad Nacional el control de la Universidad. Ya no sería la Comunidad Universitaria el dueño de la Universidad, como lo hará la  propuesta triestamental. En cambio, se garantiza que la Universidad de Chile sirve a los intereses de la sociedad en su conjunto.

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Pero hay una ventaja adicional: bajo el esquema actual, cualquier reforma interna que afecta negativamente los intereses de grupos internos de académicos será rechazada, por vital que sea para mejorar la Universidad.

Esto no mejora con la triestamentalidad.  Los funcionarios con poder político también antepondrán sus intereses a los de la Universidad. Los estudiantes también tienen intereses egoístas: la mayoría no se interesan en temas de política estudiantil o universitaria, porque tienen otros intereses y los prefieren a los de la Universidad y de la Sociedad (es decir, son egoístas). Esto deja el campo libre a los activistas, quienes están más interesados en objetivos políticos de mayor alcance que la Universidad y la sacrifican a este interés.  Es decir, bajo sistemas mono- o triestamentales, casi todos los miembros de la Comunidad Universitaria actúan (o no lo hacen) por motivos al menos parcialmente egoístas, sin preocuparse de la Universidad y su rol cuando sus otros intereses están presentes.

No veo nada reprochable en esto; es natural que las personas sean egoístas gran parte del tiempo, y el problema solo aparece cuando lo olvidamos y diseñamos políticas bajo el supuesto de que las personas son permanentemente altruistas, y no solo en raras ocasiones. Es lo que ocurre cuando el diseño de gobierno de la Universidad se basa en académicos/funcionarios/estudiantes altruistas.  Un par de ejemplos nos muestran el costo que eso representa para la Universidad y el país.

Pedagogía

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Antigua Escuela de Pedagogía

 

Es claro que el país necesita buenos profesores y que la Universidad de Chile tiene una gran oportunidad de crear una Escuela de Pedadogía. Allí se podría entregar toda la formación de profesores de educación primaria. En el caso de estudiantes que ya poseen licenciaturas de la U. de Chile en áreas como castellano, ciencias o matemáticas, se les puede ofrecer un postgrado en educación que los habilite para enseñar en la educación secundaria. Estos serían profesores con conocimiento de sus materias y preparados para la docencia.

Dado que no tenemos casi nada en pedagogía, tenemos la ventaja de partir sin lastres, contratando bien, diseñando un buen programa de estudios, con menos burocracia y rigideces que las unidades más antiguas de la Universidad. Además. la U. de Chile tiene una ventaja sobre otras universidades: la raíz laica y nacional de la Universidad de Chile es un imán para atraer a los jóvenes idealistas que se necesitan como profesores.

Sin embargo, pese a que esta idea se discute desde hace años, no se concreta. Hay grupos de interés que desearían que una Escuela de ese tipo fuera parte de sus unidades, y no que sea independiente. Es decir, partiría con un bagaje de académicos y de planes de estudio que no han sido exitosos. Otros, peregrinamente, desean recuperar la UMCE como antigua Escuela de Pedagogía, lo que sería aún peor, dada la calidad demostrada. En esa discusión se pierden las oportunidades de servir al país. Bajo un sistema en que el Rector y el Decano es elegido por académicos, el primero se va a oponer a una medida que afecta a sus votantes, y el Rector no deseará enfrentarse a ellos.

La Escuela de Derecho

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La Escuela de Derecho era una de las joyas de la Universidad de Chile. Sus estudiantes están entre los mejores y tienen algunos de los profesores más destacados del país. Pese a ello, es una Facultad que se derrumba lenta e inexorablemente. Algunos de sus mejores profesores la han abandonado, otros no son titulares pese a sus merecimientos, solo por razones de política interna. El plan de estudio está inadaptado a las tendencias modernas, en particular por su duración. No tiene investigación ni plan de desarrollo ambicioso, y sus instalaciones son pobres, considerando los recursos que aportan sus estudiantes.

Las organizaciones estudiantiles de la Facultad de Derecho, pese a que viven diariamente las deficiencias de la Facultad, pretenden solucionar los problemas del país, sin ser capaces de ocuparse de los propios. El año pasado, la molestia del alumnado fue tal que se eligió en el  Centro de Estudiantes a una lista improvisada e irónica. Al finalizar su período, la percepción es que ese gobierno no fue peor para los intereses de los estudiantes que los Centros de Alumnos de corte político.  Es decir, los intereses egoístas de los miembros de la Comunidad Universitaria impiden los cambios que se necesitan urgentemente.

Conclusión

Estos dos ejemplos muestran la importancia de poder  intervenir con un mecanismo legítimo desde el exterior de la Universidad, actuando en su favor y el de la Comunidad Nacional. Para ello se requiere un Consejo de la Universidad de Chile, que tenga en cuenta los intereses del país y no solo los de la comunidad interna.

 

 

 

 

 

Sobre el origen de las universidades europeas

R. Fischer

Estoy leyendo el libro Law and Revolution de Harold J. Berman, que describe lo que el autor considera la primera revolución del mundo occidental: el gran conflicto entre la Iglesia y el Sacro Imperio Romano Germánico. El autor está interesado en el origen de la tradición legal occidental y lo descubre en esa revolución (las otras son: la Reforma luterana, la Revolución francesa y la Revolución rusa).

He aprendido mucho leyendo el libreo, pero lo que más me a sorprendido hasta ahora es lo que escribe sobre el origen de las universidades.  Según Berman, la enseñanza de las leyes comienza con el descubrimiento de un manuscrito con el código de Justiniano. Se comienzan a crear círculos de estudiosos que tratan de comprender este tratado.

El marco legal del código correspondían a otro mundo, pero uno que se consideraba superior al mundo de la época. Con el tiempo, los estudiantes comenzaron a pagarle a los mejores expositores para que les enseñaran como entender el código, y viajaban de distintas partes de Europa para estudiar con los mejores profesores. A princiios del siglo XI, se instaló el famoso profesor Guarnerius, en bolonia, invitado por la Duquesa de Toscana. Su presencia comenzó a convocar estudiantes de todas partes de Europa, y otros expositores aprovecharon la abundancia de estudiantes para ir a Bolonia, que comenzó a convertirse en un centro de conocimiento.

Los estudiantes extranjeros estaban desprotegidos en Bolonia, así que se agruparon en comunidades llamadas naciones, porque juntaban estudiantes que venían de la misma región. Posteriormente, estas naciones se unieron en dos gremios (una para los que venían del Norte de los Alpes y otra para los del Sur). Estos gremios se llamaron universitas, ya que este era el término legal romano para lo que hoy se denomina un corporación, es decir una asociación con personería jurídica. Los profesores no pertenecían a la universitas.

Los estudiantes (que en esa época pese a ser jóvenes, tenían la edad en la que las personas participaban activamente en el mundo político) negociaban a través de la universitas con las autoridades de Bolonia y controlaban la corporación.1 La corporación contrataba a los profesores, regulaba el precio de los arriendos para estudiantes, el tipo de cursos a dictar, el material que debía ser cubierto en clases, las vacaciones, y los precios de arriendo y venta de libros (manuscritos en aquella época).

La corporación tenía jurisdicción civil y criminal sobre sus miembros. De ahí proviene, supongo, la idea de la autonomía de las universidades, en el sentido que la policía no puede ingresar a ellas sin permiso. Berman explica que el poder de los estudiantes para conseguir un convenio provenía de su contribución económica a la ciudad. La mayor parte de los estudiantes era hijos de familias ricas o tenían el apoyo de fundaciones (normalmente monasterios).

A su vez, los profesores formaron su propia organización, el colegio de profesores, que tenía el derecho a examinar y admitir nuevos profesores, a cambio de un pago. Pero los profesores no tenían poder sobre la universitas. Los estudiantes podían no pagar a los profesores que no les satisfacían, y habían multas para los profesores que llegaban tarde, terminaban temprano o no pasaban todo el material del curso.

Los estudiantes elegían el rector en forma indirecta, a través de un consejo elegido por ellos.  El rector debía tener al menos 24 años y haber sido residente en la universidad por al menos cinco años. El rector era el que entregaba el título de bachiller, pero no era un académico –en el sentido de profesor–. Además del consejo, existían las Asambleas generales de estudiantes, para decidir los temas más importantes. En ellos la asistencia era obligatoria, y definía todos los temas de interés para los estudiantes, incluyendo el currículo.

Eventualmente la ciudad  comenzó a pagarle a los profesores y el poder de los estudiantes comenzó a decaer. Posteriormente, en 1219 (cuando Bolonia tenía más de un siglo como universidad) el papa decretó que todos los doctores-profesores debían ser examinados por un representante papal, reduciendo aún más la autonomía universitaria. Pese a ello, Berman escribe que las universidades tenían más autonomía que otras instituciones de enseñanza de la época, como las colegios asociados a las catedrales. Desde un principio la universidad admitió diversas opiniones, a diferencia de las escuelas de la era clásica, dominadas por un profesor o teoría.

Bolognia fue desde el principio una universidad (y no un college), porque solo tenía alumnos graduados. Sus alumnos debían poseer una educación en las artes liberales, En un comienzo, Bolonia solo enseñaba derecho y posteriormente se agregaron otras áreas de estudio como teología y medicina.

Nota: 1. Según Berman, Paris era una universidad con una organización distinta, controlada por los profesores.