Una carta del Rector

R. Fischer

¡Por fin! El Rector renuncia a la pasividad y reacciona ante el rechazo de la mayor parte de la comunidad universitaria a las tomas y otros actos de violencia. Cito de su última carta a la comunidad universitaria:  

“Los actos de violencia ocurridos en recintos universitarios son inaceptables y causan gran daño para el futuro de la Universidad y el cumplimiento de sus compromisos republicanos y democráticos. Son actos que han generado gran molestia entre los miembros de la comunidad debido a que la convivencia se ha visto seriamente alterada, afectando elementos esenciales de nuestro ethos.

La violencia erosiona y destruye nuestro espacio, perfora las paredes que los contienen y permite que se altere su naturaleza. Se nos hace muy difícil, y a veces claramente imposible, defender las libertades que requerimos y exigimos cuando actos violentos ocurren dentro de nuestros recintos universitarios, y nos vemos enfrentados al dilema de aceptarlos o reprimirlos. Las tomas violentan nuestra convivencia interna y debilitan la fuerza de nuestra voz cuando defendemos con firmeza y convicción nuestro derecho a la crítica, a la movilización pacífica y a la autonomía universitaria,[…]”

La elipsis corresponde a un frase que parece haber sido incorporada para evitar críticas, pero que debilita la carta:

“frente a la violencia de actos de represión que no aceptamos contra nuestros estudiantes, académicos y funcionarios.”

De todas formas, siga así , Sr. Rector. La mayor parte de la comunidad se lo agradece.

Tetraestamentalidad en la U.

R. Fischer

Algunos dirigentes estudiantiles reclaman el co-gobierno, o la triestamentalidad, en todas las instancias de la Universidad. Esto significa la participación de académicos, estudiantes y personal administrativo en el gobierno de la Universidad. Creo que eso es un grave error.  En realidad, no me gusta que ninguno de estos grupos gobierne la universidad y elija a sus directivos.

1. Por qué no triestamentalidad

Los estudiantes actúan movidos por intereses de corto plazo que no miran a la universidad más allá de los 5-7 años de su carrera, y no valoran para nada, o casi nada, la creación y la investigación. Sus dirigentes utilizan la universidad con fines políticos, y no ven más allá. Como un ejemplo, en una reunión a la que asistí hoy, cuando se les preguntó a los dirigentes cuáles eran los objetivos que perseguía el paro, mencionaron: como problemas los ratones en el entretecho de alguna facultad, la sub-contratación de guardias y la triestamentalidad. ¿Es esto una visión coherente para un paro que le produce un daño tan grande a la Universidad?

Pero como no me gusta discriminar y ofender solo a los estudiantes, analicemos a los otros grupos.  La participación de los académicos en el gobierno de la universidad, tiene al menos la ventaja de que miran (o deberían mirar) el largo plazo y la calidad académica, lo que es apropiado para este tipo de una instituciones. Pero los académicos persiguen también intereses particulares, y su gobierno tiende a funcionar con los objetivos de un sindicato, en el sentido de proteger a sus miembros a expensas de la institución. Eso se ve en las propuestas del Senado para igualar los salarios entre Facultades, la creación de la carrera docente, y otras propuestas de ese absurdo organismo. Otro ejemplo es un académico que apoya los paros hasta que comienzan a interferir con los viajes a conferencias que tenía planeado para las semanas de vacaciones.1

Respecto a los administrativos, a ellos los mueven  los intereses gremiales, es decir, los apropiados a su rol laboral. Desde un punto de vista funcional no les interesan –claro que esta generalización admite muchas excepciones– los temas académicos, y la universidad es para ellos un trabajo, aunque por supuesto muchos están orgullosos de trabajar en una institución como la U. Tampoco veo motivo para que participen en su gobierno.

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Frontis Casa Central sin capucha

2. Una alternativa

Habiendo criticado a todos los estamentos, ¿tengo alguna proposición? El foco en la triestamentalidad y el co-gobierno nos ha hecho olvidar a un estamento vital: los egresados.  Los egresados  no tienen más interés en la universidad que por su prestigio e imagen de largo plazo. Desean que la universidad donde obtuvieron sus títulos profesionales sea reconocida como la mejor universidad del país- El prestigio de la universidad los beneficia, pero no tienen intereses mezquinos –al menos en relación a la universidad–. Algunos colegas me dirán que los egresados no entienden la mecánica y el funcionamiento de la universidad. Pero es es también válido para la mayor parte de los estudiantes, académicos y administrativos. En particular, muchos académicos viven en un mundo aislado, creyendo que los problemas de su pequeña unidad académica son lo únicos que importan.

Así las cosas, me gustaría un sistema en que el Presidente de la Nación y el Senado de la República designaran a un Consejo,  formado por un par de académicos distinguidos, un par de hombres de negocios importantes que están en la etapa de pensar en la posteridad, acaso un político respetado que desea mantener esa reputación (deben existir algunos) y algún otro. Los primeros, para dar una visión académica de la Universidad, los segundos, para dar realismo a las propuestas y ayudar a conseguir recursos, y el político para dar una dosis de perspectiva política. Una condición sine qua non, además de un perfil destacado, es haber egresado de la Universidad. La idea no tienen nada de original, es lo que hacen las mejores universidades del mundo (ninguna de las cuales tiene cogobierno).

Este Consejo elegiría al Rector –no necesariamente entre académicos de la Universidad– y el Rector junto al Consejo elegirían a los Decanos y definirían las grandes políticas de la universidad. A nivel de departamentos, los directores podrían ser elegidos por académicos, pero con la supervisión del decano. Este esquema de gobernanza universitaria se ha probado en muchas universidades, y los resultados son buenos. Además, la participación de egresados los acerca a la universidad, algo que no ocurre ahora.

Denle unas vueltas.

Nota: 1. A nivel departamental y en algunos casos a nivel de Facultad, puede existir suficiente coincidencia en los objetivos de los académicos como para que el gobierno de académicos funcione bien. Sin embargo, es necesaria la regulación superior, pues la autorregulación (el gobierno por académicos, y menos el triestamamental) no funciona en gneeral.

Financiamiento universitario

R. Fischer

En la discusión sobre si la educacin universitaria debería ser gratuita, creo que la mejor respuesta es la de I. Briones y S. Urzúa, aparecida hace una semana en la sección Tribuna de El Mercurio. Contra los que quieren educación superior universal y gratuita financiada con un impuesto específico responden:

“La lógica detrás es miope y técnicamente deficiente. Primero, la propuesta no analiza las consecuencias del impuesto específico en las decisiones de los educandos. ¿Cuál es la externalidad negativa que lo justifica? ¿No aumentará la segregación al promover un éxodo desde la educación superior pública a la privada? Segundo, mezcla universalidad con gratuidad, conceptos completamente distintos. Y tercero -lo que motiva esta columna-, no reconoce que la progresividad de una política depende no solo de quien la pague o beneficie, sino que también a qué otros grupos se podría haber beneficiado con los recursos utilizados.”

El segundo punto es el que me interesa destacar, independientemente de la forma en que se financia el costo de la universidad gratuita. Aún con educación gratuita, no todos querrán educación universitaria: es costoso para ellos destinar años a estudiar cuando preferirían trabajar. Además, obligarlos a estudiar sería un costo inútil para la sociedad, y una imposición a personas que han alcanzado la edad en que pueden decidir por sí mismos que hacer con sus vidas. Por lo tanto, por muy gratuita que sea, la educación universitaria no será para todos –sin considerar los que no han tenido esa oportunidad en el pasado–, y sería injusto que la sociedad pagara los estudios de una parte, especialmente una que terminará con mayores ingresos que el promedio nacional (por mucho que se impusiera un costo a los universitarios, como en la propuesta criticada por los columnistas, hay costos de eficiencia y de mala asignación de los ingresos tributarios, como señalan los columnistas).

En 1997, en el Centro de Economía Aplicada del Depto. Ing. Industrial de la U. de Chile, discutimos el problema de como financiar en forma justa los estudios universitarios. Algunos de nosotros (P. Gonzalez, A. Mizala, P. Romaguera y yo) publicamos una propuesta. No la encontré en mi computador, pero en cambio encontré mi contribución, que adjunto más abajo. Creo que esa propuesta –que se parece  una propuesta de Beyer  en el Congreso– resuelve buena parte de los problemas de financiamiento universitario en el sentido de:   i) permitir que todos los que lo deseen puedan estudiar, ii) reducir el riesgo de los estudios, iii) los que tienen éxito pagan por sus estudios, iv) se subsidian implícitamente carreras con bajos ingresos pero alta valoración social, v) al tener un costo el estudio, la decisión de hacerlo enfrenta los incentivos correctos. Lo que nos faltó fue incorporar fue un mecanismo para limitar el alza de los costos de las carreras, como lo hace otra propuesta de Beyer. En todo caso, tanto la propuesta de Beyer como la nuestra de 1997 son mucho más justas y equitativa que las propuestas de los izquierdistas reaccionarios (o sesentones) que se han tomado la Casa Central, de nuevo.

Anexo: Propuesta de 1997 (Se deben actualizar lso ingresos utilizados en el ejemplo)

Becaprop
Propuesta de 1997 para financiamiento universitario. Se deben actualizar los ingrsos.

Sobre el origen de las universidades europeas

R. Fischer

Estoy leyendo el libro Law and Revolution de Harold J. Berman, que describe lo que el autor considera la primera revolución del mundo occidental: el gran conflicto entre la Iglesia y el Sacro Imperio Romano Germánico. El autor está interesado en el origen de la tradición legal occidental y lo descubre en esa revolución (las otras son: la Reforma luterana, la Revolución francesa y la Revolución rusa).

He aprendido mucho leyendo el libreo, pero lo que más me a sorprendido hasta ahora es lo que escribe sobre el origen de las universidades.  Según Berman, la enseñanza de las leyes comienza con el descubrimiento de un manuscrito con el código de Justiniano. Se comienzan a crear círculos de estudiosos que tratan de comprender este tratado.

El marco legal del código correspondían a otro mundo, pero uno que se consideraba superior al mundo de la época. Con el tiempo, los estudiantes comenzaron a pagarle a los mejores expositores para que les enseñaran como entender el código, y viajaban de distintas partes de Europa para estudiar con los mejores profesores. A princiios del siglo XI, se instaló el famoso profesor Guarnerius, en bolonia, invitado por la Duquesa de Toscana. Su presencia comenzó a convocar estudiantes de todas partes de Europa, y otros expositores aprovecharon la abundancia de estudiantes para ir a Bolonia, que comenzó a convertirse en un centro de conocimiento.

Los estudiantes extranjeros estaban desprotegidos en Bolonia, así que se agruparon en comunidades llamadas naciones, porque juntaban estudiantes que venían de la misma región. Posteriormente, estas naciones se unieron en dos gremios (una para los que venían del Norte de los Alpes y otra para los del Sur). Estos gremios se llamaron universitas, ya que este era el término legal romano para lo que hoy se denomina un corporación, es decir una asociación con personería jurídica. Los profesores no pertenecían a la universitas.

Los estudiantes (que en esa época pese a ser jóvenes, tenían la edad en la que las personas participaban activamente en el mundo político) negociaban a través de la universitas con las autoridades de Bolonia y controlaban la corporación.1 La corporación contrataba a los profesores, regulaba el precio de los arriendos para estudiantes, el tipo de cursos a dictar, el material que debía ser cubierto en clases, las vacaciones, y los precios de arriendo y venta de libros (manuscritos en aquella época).

La corporación tenía jurisdicción civil y criminal sobre sus miembros. De ahí proviene, supongo, la idea de la autonomía de las universidades, en el sentido que la policía no puede ingresar a ellas sin permiso. Berman explica que el poder de los estudiantes para conseguir un convenio provenía de su contribución económica a la ciudad. La mayor parte de los estudiantes era hijos de familias ricas o tenían el apoyo de fundaciones (normalmente monasterios).

A su vez, los profesores formaron su propia organización, el colegio de profesores, que tenía el derecho a examinar y admitir nuevos profesores, a cambio de un pago. Pero los profesores no tenían poder sobre la universitas. Los estudiantes podían no pagar a los profesores que no les satisfacían, y habían multas para los profesores que llegaban tarde, terminaban temprano o no pasaban todo el material del curso.

Los estudiantes elegían el rector en forma indirecta, a través de un consejo elegido por ellos.  El rector debía tener al menos 24 años y haber sido residente en la universidad por al menos cinco años. El rector era el que entregaba el título de bachiller, pero no era un académico –en el sentido de profesor–. Además del consejo, existían las Asambleas generales de estudiantes, para decidir los temas más importantes. En ellos la asistencia era obligatoria, y definía todos los temas de interés para los estudiantes, incluyendo el currículo.

Eventualmente la ciudad  comenzó a pagarle a los profesores y el poder de los estudiantes comenzó a decaer. Posteriormente, en 1219 (cuando Bolonia tenía más de un siglo como universidad) el papa decretó que todos los doctores-profesores debían ser examinados por un representante papal, reduciendo aún más la autonomía universitaria. Pese a ello, Berman escribe que las universidades tenían más autonomía que otras instituciones de enseñanza de la época, como las colegios asociados a las catedrales. Desde un principio la universidad admitió diversas opiniones, a diferencia de las escuelas de la era clásica, dominadas por un profesor o teoría.

Bolognia fue desde el principio una universidad (y no un college), porque solo tenía alumnos graduados. Sus alumnos debían poseer una educación en las artes liberales, En un comienzo, Bolonia solo enseñaba derecho y posteriormente se agregaron otras áreas de estudio como teología y medicina.

Nota: 1. Según Berman, Paris era una universidad con una organización distinta, controlada por los profesores.