Razones y dogmas

R. Fischer

Uno de los aspectos más desagradables de la actual situación de la Universidad de Chile –y tal vez del país– es la total oposición de los grupos que promueven reformas  a reflexionar y pensar cuidadosamente en lo que están haciendo. He asistido y participado en  varios foros sobre la reforma de los Estatutos de la Universidad de Chile. El nivel de la discusión de los proponentes de la triestamentalidad es lo opuesto a lo que se espera en la universidad de Bello. El diálogo informado no existe, solo aseveraciones.

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Bello no aprobaría la forma de discutir la Reforma

Incluso más descorazonante que la repetición de frases hechas, propaganda y medias verdades es la total ausencia de referencias a las críticas a la propuesta. Los Foros, en vez de ser un lugar en que las ideas se confrontan, se han transformado en un simple lugar de declaraciones de los proponentes de la reforma, sin ningún intento de discutir los temas relevados.

En un reciente foro  sobre formas de Gobierno Universitario, los opositores daban argumentos tanto de razón como basados en las experiencias de distintos esquemas de gobierno universitario para oponerse a la triestamentalidad. Uno de los exponentes de los cambios –Senador Universitario– esquivó totalmente los argumentos, y solo habló de la historia de la U. de Chile. Según el, la triestamentalidad es parte de la tradición de la U. de Chile.1 El Senador nunca aludió a las razones que podrían tener quienes se oponen a la triestamentalidad. Como basó su argumento solo en la historia y la tradición, es imposible discutir, ya que no presentó razones a favor de la triestamentalidad. El honesto representante de los alumnos tampoco dio espacio para que lo rebatiesen, al exponer propaganda. La representante de los funcionarios habló como sindicalista (muy legítimo por los demás), pero fue otro ejemplo de frases hechas para explicar su apoyo a la triestamentalidad, sin intentar un examen de alternativas ni dar  razones de por qué son peores que su propuesta.

El Foro sobre Financiamiento Universitario

Hace un mes tuve la suerte –buena o mala– de ser invitado a un Foro sobre Financiamiento de la Educación Superior. Es un tema que nos preocupó hace años en el Centro de Economía Aplicada (CEA). Preparé cuidadosamente mis argumentos sobre como financiar la Educación Superior, incluyendo una propuesta de financiamiento estudiantil que el CEA había analizado hace unos quince años y que me parece aún válida.2

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En mis argumentos describí los riesgos para la autonomía y calidad de la universidad de depender casi exclusivamente de recursos del gobierno, los problemas de incentivos que crea la gratuidad y todos los otros  problemas de calidad que tienen las Universitaria de dependen en forma casi exclusiva de recursos del Estado. Contrasté esos resultados con las ventajas de la propuesta alternativa. Hice lo que creo debe hacer una persona que participa honestamente en un Foro en la Universidad de Chile: analizar seriamente las propuestas alternativas, presentar  sus deficiencias, y describir otra propuesta que no tiene esas fallas.

Conozco al Rector desde hace mucho,3 y sabía que sería difícil que respondiera a una propuesta distinta de su preferencia por la gratuidad y la dependencia de los recursos del Estado. Por eso, al comienzo de mi presentación propuse que en un Foro académico se debían debatir los argumentos, y no solo aseverar, y que en la Universidad se debía usar la lógica y no la argumentación historicista o teleológica.

Cuando fue su turno (luego de una buena presentación de Carlos Peña) nuestro Rector subió al estrado y comenzó: Ronald sugiere que usemos lógica en la argumentación. Estoy de acuerdo, pero no hay que exagerar, porque «recordemos que Hitler, Stalin y Friedman usaban la lógica.» Y luego, en su presentación se olvidó de los argumentos de los demás participantes. Su discurso propuso que la Universidad de  Chile y el sistema universitario como un todo debían dar un gigantesco salto atrás, hacia la década de su juventud universitaria. No dio argumentos; aseveró. No se refirió a los riesgos de una dependencia total de los recursos del Estado para la universidad, porque no existen, según el Rector. Un ejemplo de ausencia de diálogo, y dificultad para escuchar a los críticos.

Es interesante analizar su frase sobre las desventajas de la lógica. Es factualmente errónea; si alguien cree sinceramente que Hitler y Stalin usaban lógica en sus decisiones, debe leer más historia. Pero además tiene un error de categoría; por mucho que Friedman no fuera del agrado del Rector, eso no permite unirlo a los dos monstruos. Es un error de lógica equivalente a que en una conversación sobre grandes inteligencias, alguien mencionara conjuntamente a Darwin, Einstein y Vivaldi. Nuestro Rector es inteligente, pero no está en esa categoría.

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Notas

  1. Pese a que en su larga historia, no hay tal tradición. En sus 173 años de historia solo han habido tres años de desastrosa triestamentalidad, en que Facultades se dividieron y la universidad era casi ingobernable.
  2. Presentación en el Foro de Financiamiento de Educación Superior.
  3. Está casado con una prima muy cercana.

Un subsidio a los paros universitarios

R. Fischer

Hoy salió una carta en El Mercurio que me hizo recordar que uno de los efectos del aumento en las becas y subsidios a los estudiantes universitarios es reducir el costo de participar en paros, pues no pagan por la universidad. Como lo señala la carta, esto debe ser uno de los ingredientes de la mayor actividad política de los estudiantes. Es un subsidio que le hace la sociedad  a los paros universitarios.

Eso explica también el interés de los dirigentes estudiantiles (y de grupos organizados que los dirigen) por reducir aún más el costo. Universidad gratis es un regalo para los dirigentes. Significa contar con tropas cuyo único costo de participar en las entretenidas manifestaciones estudiantiles o en los paros es el tiempo que le dedican. Además, es posible estudiar sin costo una carrera que ofrece pocas oportunidades de trabajo, y por lo tanto, el costo alternativo del tiempo es bajo y se puede destinar más tiempo a participar en estas actividades.

Este razonamiento explica porqué la propuesta de Bachelet para financiar a los estudiantes es tan mala. En su propuesta los estudiantes pagan mediante una sobretasa de  impuestos por un período fijo de años.  Primero, porque el costo para el egresado no depende de cuanto le costaron sis estudios a la sociedad y un estudiante podría pagar varias veces lo que costó su universidad. Esto parece particularmente injusto para un estudiante de pocos recursos que no pudo pagar sus estudios cuando los tomaba, pero que después tuvo éxito en su trabajo.

Además, con este sistema, pasar 10 años en paros antes de egresar no tiene un costo adicional. Además, ¿qué pasa con alguien que estudia solo algunos años y no se gradúa? ¿Paga o no paga? En realidad me sorprende que los asesores de Bachelet –hay gente buena, pero parece que con poca influencia– hayan olvidado todo lo que se ha aprendido en 40 años sobre incentivos y sobre como diseñar programas.

Es mucho mejor la propuesta de Beyer o mejor aún, la que P. González, A. Mizala, P. Romaguera y yo propusimos hace 15 años. No solo entregan mejores incentivos a los estudiantes, sino que permite que todos los que lo deseen puedan estudiar sin enfrentar riesgo financiero. Además, ofrecen menos subsidios a paros que deben ser financiados por toda la sociedad.