Variacioncompensada's Blog

Ideología, conocimiento y pensamiento | octubre 3, 2011

R. Fischer

Una de las ventajas de una ideología es que simplifica la vida. Funciona como una taquigrafía del conocimiento en temas de política pública. Los temas de política pública son siempre complicados, los que explica porque a menudo las políticas publicas bien concebidas toman formas complejas, que tratan de equilibrar distintos efectos (aunque el lobby también puede influir). Pero si una política pública está mal implementada, personas que no entienden el problema lo interpretan de acuerdo a su ideología. Esto es mucho más fácil que analizar el problema cuidadosamente, tratando de determinar si el problema es fundamental o simplemente un defecto que puede corregirse.

Un ejemplo obvio es la relación simplista que se hace entre calidad de la educación y lucro. El problema tiene su origen en que en un sistema con poca información, un proveedor que ofrece un producto de mala calidad no es fácilmente distinguible de uno que provee buena calidad, por lo que tiende a desplazarlo en el corto plazo. En el largo plazo, la reputación puede resolver ese problema, pero el costo de la transición puede ser elevado, por lo que es útil obligar a proveer buena información al mercado.

Traduciéndolo al castellano, si una universidad con fines de lucro ofrece un mal servicio educativo porque es rentable ahorrar recursos docentes, en varios años más, al conocerse los malos resultados de sus graduados, futuros estudiantes la descartarán como alternativa (sobre todo si el sistema es pagado –no socializado– y los costos de la educación se sienten en el bolsillo). Pero entre tanto, los estudiantes que no fueron informados sufrieron las consecuencias.

Es por ello que se requiere información, para que la mala calidad se descubra pronto. Para ello pueden ayudar los sistemas de acreditación, pero no mucho. El problema es que las agencias no hacen juicios de valor porque nuestra sociedad prefiere juicios basados en cifras cuantitativas (números de docentes jornada completa con posgrado, etc) al buen juicio del experto que decide por su experiencia y no por cifras cuyo espíritu puede ser adulterado.

Más fundamentalmente, se debe entregar al público la información sobre el desempeño de los egresados de las carreras y universidades. Esta información existe, pero no se puede publicar salvo en forma agregada, y esto debería cambiar. Si un estudiante supiera que si estudia en la carrera A en la universidad X su salario no superará los $300.000 mensuales, tal vez reflexione, elija otra carrera, otra universidad o prefiera seguir una carrera técnica.

Este cambio menor (proveer información desagregada del desempeño de los egresados) eliminaría muchas de los problemas que se han criticado a las universidades con fines de lucro. Por ejemplo, la publicidad sería menos útil frente a esta información dura de ingreso de los egresados, y probablemente las universidades destinarían al menos parte de los recursos a objetivos más directamente relacionados con la docencia. Por su parte, los dueños de una universidad que extrajera demasiadas rentas sin destinar recursos a la docencia también tendrían problemas. Es decir, esta medida tendría consecuencias profundas.

En realidad, y aquí vuelvo al tema original, la posición en contra del lucro en educación es fundamentalmente ideológica, pero de esas ideologías de anteojeras, que impiden pensar correctamente –y eso incluye a personas que supuestamente entienden de economía–. El argumento es que el mercado no funciona en educación porque hay diferencias de calidad que no se advierten en forma inmediata y que eso llevaría a equilibrios perversos. Hay dos puntos que decir respecto a este argumento.

Primero, que existen muchos mercados con esas características: seguros de vida, viviendas, automóviles y en general cualquier bien durable, cuya calidad no es conocida de inmediato. En algunos casos las fallas del mercado se corrigen mediante regulación y en otras mediante reputación, pero esos mercados existen y funcionan razonablemente bien, aunque le pese a nuestros economistas-ideólogos.

Segundo, en general la alternativa no es mejor. Tal como no deseamos autos fabricados por una empresa estatal (adelante Zyles, Moskyvas, Ladas y Yugos), ni menos sus refrigeradores, y hemos visto como las pensiones estatales se reducen en toda Europa,no es nada claro que sea una mejor solución pasar a un sistema de universidades del Estado –más allá de las ya existentes–.
Las universidades del Estado enfrentan el problema de la ausencia de incentivos. Esto lo vemos en el hecho que muchas de las universidades del Cruch no cobran menos que las privadas, ofreciendo un servicio docente que no es mejor. Además, es más complejo mejorar el rendimiento de una universidad estatal que el de una universidad privada. Como hemos visto, la provisión de información mejora la situación en el mercado privado, pero no queda claro cuál es el mecanismo para mejorar la calidad de las universidades estatales deficientes. ¿Entonces, en que sentido se puede decir que eliminar el lucro producirá una mejora?

En conclusión, la ideología ciega, incluso a personas inteligentes. En ese caso me parece una ceguera intencional, pero para la mayoría de la gente la ideología les ahorra la necesidad de conocimiento y de pensamiento. Esto es una estrategia razonable, ya que las personas tienen cosas más importantes a las que dedicarse, pero por lo mismo, las respuestas ideológicas no deben guíar las políticas públicas.

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