Variacioncompensada's Blog

Inconsistencias | octubre 6, 2011

R. Fischer

Es interesante observar la preocupación de los estudiantes por proteger a los grupos mas favorecidos del país. Un ejemplo es la importancia que el movimiento estudiantil le asigna a la gratuidad en las universidades del CRUCH. Estas universidades atraen a grupos importantes de estudiantes pertenecientes a los grupos de mayores ingresos, los que se verán beneficiados por las medidas. Por supuesto los mismos estudiantes que protestan también se verán beneficiados con la gratuidad (y muchos de ellos pertenecen a los grupos más favorecidos), lo que tal vez explica la propuesta.

Al mismo tiempo, los estudiantes proponen excluir de los beneficios a los estudiantes de universidades privadas, cuyo perfil de ingresos es menor. Por supuesto, existen las universidades “cota mil”, que atraen a estudiantes de ingresos altos, pero la mayor parte de los estudiantes de las universidades privadas no entran en esa categoría. Son estudiantes de ingresos y puntajes bajos, que ingresan a universidades privadas no autónomas. Claramente, los estudiantes del Cruch no son solidarios con este grupo desventajado. En realidad, como lo han mostrado Beyer y Cox, las propuestas de gratuidad no apuntan a reducir la desigualdad, incluso si se dirigieran a todos los estudiantes y no solo los del Cruch.

Otra debilidad en el razonamiento estudiantil es la idea peregrina de expropiar a las empresas mineras para financiar la educación. Los estudiantes suponen, ingenuamente, que si se expropiaran las mineras, los ingresos que ahora éstas reciben ingresarían al Estado. El problema es que las expropiaciones requieren compensaciones para no transformarse en un simple robo.

Incluso Chávez en Venezuela paga compensaciones por expropiar a las firmas extranjeras, y solo discute los montos (ahora que está más corto de recursos es más duro en sus negociaciones). Los estudiante tampoco consideran otros costos de expropiar: el costo directo (juicios, embargos internacionales y otros) y la pérdida de reputación del país para los inversionistas. Los costos de la pérdida de reputación son de largo plazo pero difíciles de cuantificar. Además son especialmente elevados cuando el país que lo hace está en buena situación económica y no tiene la excusa de circunstancias adversas.

La conclusión a la que llego es que los estudiantes no son revolucionarios sino conservadores, tratando de volver a unos míticos años sesenta. En aquellos tiempos, solo el 1% de la población egresaba de la universidad (asistía menos del 5%), los ingresos de la población eran bajísimos, el analfabetismo campeaba y las universidades eran deficientes, de acuerdo a los criterios actuales.

No puedo creer que lo que desean los estudiantes es volver a aquella época en que un pequeño porcentaje de la población –la de mayores ingresos– accedía a la universidad, pagado por el 95% de la población que no tenía sus ingresos. Pero es lo que parecería de las peticiones estudiantiles.

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