Piketty debe admirar las AFPs

R. Fischer

Mientras volvía a casa esta tarde vi un afiche político criticando las AFPs. Eso me hizo pensar en los retornos de las AFPs, las jubilaciones que reciben sus cotizantes y en lo difícil que es comparar el sistema de pensiones privadas con el sistema de reparto del pasado. Seguí reflexionando sobre este tema y recordé algo que había leído sobre el famoso economista francés Piketty (cuyo libro no he leído).

CapitalPikettyCover

Piketty y otros economistas han demostrado que la desigualdad ha crecido fuertemente en los países desarrollados. En su libro Piketty cree que eso es una consecuencia inevitable del capitalismo. Esto se debería a que r > g, es decir, que la tasa de interés que recibe la riqueza es superior al crecimiento de las economías (tengo serias dudas sobre la validez de su argumento).

El sistema de AFP se basa en los recursos acumulados por un trabajador a lo largo de su vida en un fondo que se invierte en bonos, acciones y otros papeles financieros, por lo que su retorno debería ser del orden de r.  En un sistema de reparto, en cambio, las pensiones deben crecer a una tasa similar a g, pues no pueden crecer más rápido que la economía.

Según ese razonamiento, el ahorro de los trabajadores en un sistema de tipo AFP debería conducir a  mejores retornos para los trabajadores que un sistema de reparto, considerando cotizaciones iguales. En consecuencia, debería ser más efectivo en reducir la desigualdad que un sistema de reparto. Por eso, supongo que Piketty debe recomendar este tipo de sistemas de pensiones para todos los países.

ProtestasantiAFP
No deben haber leido a Piketty.

PostScript

Use el buscador sobre una copia electrónica del libro, y aunque Piketty reconoce que la rentabilidad de los fondos de pensiones es mayor que la de la economía, no deriva la evidente conclusión: un sistema de reparto es inferior, en términos de retornos a los trabajadores, a un sistema de reparto, y reduce la desigualdad entre capitalistas y trabajadores. Es raro.

Crimen y desigualdad

R. Fischer

La relación entre crimen y pobreza o una distribución del ingreso regresiva parece evidente, pero no lo esa tanto cuando se miran los datos de los países desarrollados. He mencionado antes que el crimen ha caído en los EE.UU. a niveles de principios de los 60, pese  a la mayor pobreza y una desigualdad similar a la de los años 20. Lo mismo ha sucedido en todo el mundo desarrollado, pero es particularmente evidente en el Reino Unido. Por ejemplo veamos la evolución del Gini:

GiniUK2

Salvo el año 2010/2011, el Gini ha subido dramáticamente desde principios de los 80, y según el diario Independent, ha alcanzado los mayores valores desde los años 30.1 Han habido muchas explicaciones para este fenómeno, que se repite en (casi) todos los países desarrollados.2 Algunas explicaciones acusan al cambio tecnológico, otras a la reducción de impuestos de los 80, a la mayor importacia del sector financiero, al comercio con los países abundantes en trabajo (esta me parece clara), u otras.

La pobreza también ha aumentado. La figura siguiente muestra  el número de personas que vive con menos de un porcentaje del ingreso mediana del país. Los que má suben son los que no alcanzan el 40% del ingreso mediana:

Poverty
Proviene de http://www.poverty.org.uk/reports/mpse%202010%20findings.pdf

¿Y que ha pasado con el crimen? Según el Financial Times, el crimen ha caído en todo el mundo desarrollado, pero especialmente en el Reino Unido. El número de crímenes del año pasado cayó en un 8%, según la policía (5% según la Oficina Nacional de Estadísticas). La figura muestra la caída en el número y por categorías de crímenes.

CrimeUK
Cifra de crímenes proveniente del artículo del FT citado antes

Se puede concluir que no existe una relación clara entre pobreza/desigualdad y crimen, pese a lo intuitivo que resulta creer en una relación de ese tipo.  La explicación puede ser que no hay relación entre pobreza/desigualdad y crimen, o que si la hay, pero hay otros factores que oscurecen la relación. Por ejemplo, porque hay demasiados criminales presos, o porque las edades de la pobreza en Europa son edades en las que no se cometen crímenes (ancianos y niños). Pero estas son hipótesis, y hasta que se tenga mejor información, no se puede establecer una relación clara entre el crimen y la desigual distribución de ingresos.

Notas:

1. En http://www.poverty.org.uk/summary/uk.htm, la figura muestra un Gini que llega a 0.40.

2. En Chile, por el contrario, ha caído, aunque poco, de 0.54 a 0.51.

Sobre una columna de M. Waissbluth

R. Fischer

Mario Waissbluth escribió la columna “El ninguneo“, que ha sido extensamente comentada en la Facultad. Según Waissbluth, los encapuchados se deben al ninguneo que reciben los sectores de menores ingresos, el 50% de la población, según el, de parte de quienes pertenecen al 1% superior.1. Aunque parece atractiva como explicación del fenómeno de los encapuchados, enfrenta varios problemas.

1. Recordé que en Suecia (Gini =32.7) , Francia (Gini=32.7) , el Reino Unido (Gini=34.0) y otros países desarrolllados también han pasado cosas parecidas: hay una protesta legítima (o no), la mayor parte de las personas  que participan  se manifiestan pacíficamente y grupos pequeños se tornan violentos y destruyen lo que encuentran. Si creemos en el ninguneo tendríamos que creer que es común a todos los países –en cuyo caso, parece dificil pensar que se puede hacer algo al respecto, ya que se trata de los países más ricos del mundo–. En esos países, estos problemas se han estudiado, se han buscado soluciones, pero los grupitos violentos siguen apareciendo.

Encapuchados2
Encapuchados (http://diario.latercera.com/2011/10/23/01/)

Si la hipótesis de Waissbluth es correcta, esos grupos deberían ser mucho menores en países con menor desigualdad de ingresos. No parece ser el caso. En esos países a los que cometen ese tipo de acciones se los castiga, por lo que los grupos violentos desaparecen o se transforman en células escondidas. Nosotros los dejamos jhacer, porque no es culpa de ellos y han sido “ninguneados”.Entre paréntesis, sería interesante ver que porcentaje de encapuchados pertenecen realmente a los grupos “ninguneados”. Por ejemplo, no creo que la rubia de la Molotov haya sido ninguneada, más que en su imaginación:

2. Al contrario de Waissbluth, creo que en todas las sociedades hay pequeños grupos de personas con predisposición a la violencia, y que si se les deja el espacio, lo aprovechan para destruir, apedrear, y  crear caos. Otras personas en exactamente las mismas condiciones socioeconómicas  — y son la inmensa mayoría–  no participan en esas acciones y protestan pacíficamente, por lo que no es el “ninguneo” el que crea esta violencia. Tiene que haber una predisposición.

En el pasado, estas personas encontraban trabaj9o como soldados de los señores feudales, o integraban los grupos de choque de los fascistas (o de los comunistas) en la Alemania del Weimar. Hoy son los “soldados” de la mafia en los EEUU o de los traficantes en países con mucho tráfico de drogas, o tal vez los terroristas en otros países.. Ese es su espacio en el mundo moderno, y de alguna forma encuentran un espacio en la sociedad. Pero (casi) siempre en el lado malo de la sociedad.1

Es por eso que no estoy de acuerdo con sentir culpa y dejarlos hacer, bajo el argumento de que los encapuchados no son culpables de sus acciones.

Nota:

1. En su columna, Waissbluth tiene esta frase: “[…]en Chile cada hombre, mujer y niño del 1% más rico de la población, computando  ganancias de capital, tenga un ingreso per cápita de $2 millones de pesos diarios (sí, dije diarios, no mensuales)[…]”. Eso es más o menos US$1.5MM al año por persona. Como hay aproximadamente 170 mil personas en el 1% de mayores ingresos, el 1% de la población tendría un ingreso anual de US$ 255 mil millones, es decir el PIB de Chile. Tengo dudas. Tal vez sea el 0.1%.

2. En una democracia.

Equidad y los padres

R. Fischer

Ayer pasaron, muy cerca del Departamento de Ingeniería Industrial en que trabajo, decenas de miles de manifestantes. El motivo de la manifestación era cambiar el sistema educacional e impulsar la educación pública. Detrás de este apoyo generalizado al movimiento en pos de la educación pública está, supongo, la idea de equidad.

De acuerdo a la encuesta CEP, la opinión pública cree que la educación y el esfuerzo son los dos mecanismos principales para mejorar la situación económica de las personas. El descontento nace porque las oportunidades no son iguales, debido a que la educación que entregan la mayoría de los colegios municipales (y muchos subvencionados) es mala. Por lo tanto, los estudiantes pertenecientes a familias de bajos ingresos, incluso si son esforzados y talentosos, no tienen las oportunidades que posee un estudiante equivalente proveniente de una familia de mayores ingresos.

Hasta aquí, creo estar totalmente de acuerdo. Es injusto que no todos tengan las mismas oportunidades, pero la pregunta importante es determinar cuán iguales deben ser las oportunidades.

Desde el punto de los investigadores en educación, se trata no solo de igualar las oportunidades mejorando los colegios, sino que se  trata de compensar el efecto debido a los antecedentes familiares. Por ejemplo, se ha demostrado que familias bien constituidas y más educadas traspasan conocimientos y actitudes a sus hijos, que les dan ventaja sobre niño que provienen de familias menos educadas y tal vez con una solo adulto en el hogar.

Para reducir estas diferencias, se ayuda especialmente a los niños en situación vulnerable, con un subsidio a las escuelas que es mayor  que el usual, para que ellas pongan más esfuerzos en esos niños. Nuevamente, esto parece una receta admirable, pero si el objetivo es compensar todas las desventajas que enfrentan los niños más desfavorecidos, para que tengan exactamente las mismas oportunidades, nos enfrentamos a problemas conceptuales difíciles.

El problema es que la mayor parte de los padres desean darles ventajas a sus hijos, y están dispuestos a sacrificar tiempo y dinero con ese objetivo. Si intentáramos anular totalmente estas diferencias para igualar oportunidades, los efectos podrían ser perversos. O se puede producir un escalamiento de las inversiones familiares, destinando cantidades cada vez crecientes –y alcanzando niveles ineficientes– de inversión en los hijos, o se puede producir el efecto contrario, de eliminar los inventivos a invertir en los hijos, si ellas se anulan completamente.1 El costo social, en este segundo caso, sería enorme.

En otras palabras, nos encontramos en un problema, porque el principio de equidad se enfrenta al interés de los padres en el futuro de de sus hijos. Creo que sería una intromisión excesiva en la vida privada de las familias anular los esfuerzos de las familias por ayudar a que a sus hijos les vaya lo mejor posible. Incluso conceptualmente –no hablo de la práctica, pues estamos lejos de este punto– a lo más se deberían reducir las diferencias más dramáticas producto de la influencia familiar, pero dejando espacio para que los padres puedan esforzarse en transmitir algunas ventajas a sus hijos.

1. Es interesante observar que los investigadores y proponentes más enfáticos de medidas de compensación por desventajas familiares tengan sus hijos en los mejores colegios particulares pagados del país.