Señales costosas y gobierno

R. Fischer

Hay claras señales de pérdida de control en el gobierno, que parece navegar a la deriva, enfrentando las protestas de todo tipo sin un leitmotiv que defina sus objetivos. Las críticas son de todo orden, pero una que parece central es la percepción de que el gobierno es controlado por los grandes empresarios y que son sus ejecutivos los que conforman el gobierno. Probablemente también molesta la concentración de egresados de la PUC, la obsecuencia frente a los políticos más conservadores en materias religiosas y la cantidad de personeros de la aristocracia chilena en el gobierno. Para dar un ejemplo, hay personas que se oponen a Hidroaysén, no solo por las consideraciones ambientales acostumbradas, sino sobre todo porque Colbún pertenece a los Matte.

Estas características del gobierno no tenían por que ser el problema que han llegado a ser, porque el gobierno tenía un discurso igualitario y meritocrático. Los cincuenta liceos de excelencia de Lavín, por ejemplo, podrían permitir una mayor circulación social que la actual, casi inexistente debido a la mala calidad de la educación municipal. Pero para que el público crea un anuncio como ése, que va contra lo que el público espera de un gobierno de derechas, éste debe estar acompañado por medidas o señales que le cuesten al gobierno, pero que demuestren su sinceridad.

La Concertación lo hizo y tuvo éxito. En sus primeros años, existía temor entre los empresarios frente a un gobierno que incluía a socialistas y democratacristianos que habían explotado los campos durante la reforma agraria. La Concertación tomó medidas –costosas en su ámbito interno– para mostrarle a los empresarios que no tenían nada que temer. Y debido justamente a este costo interno (los autoflagelantes de mediados de los 90 fueron un resabio de esos costos) tuvieron éxito en convencer al empresariado de que sería poco riesgoso invertir. El resultado fue la espectacular tasa de crecimiento de la primera mitad de los 90. Hay otros factores, por supuesto, como fue el buen manejo económico de aquellos años, pero no se puede olvidar la importancia de esto gestos costosos de la Concertación hacia el empresariado.

El actual gobierno no ha hecho nada parecido. Pese a su supuesta capacidad empresarial, su manejo no ha sido eficiente, como lo demuestran los bajos niveles de ejecución del gasto. Además no ha tomado medidas que sean costosas, pero que indiquen que se toma en serio el tema de la meritocracia y la igualdad. Sus medidas en general han sido populistas y fáciles, como aumentar el gasto–7% de los jubilados, postnatal– pero nada que sea costoso para sus partidarios, pero que por lo mismo demuestre su compromiso con la idea de meritocracia y equidad.

Propongo algunas ideas, que podrían mostrar que el gobierno no está al servicio de pechoños, o de los empresarios (y que probablemente requieran apoyo de parlamentarios de la Concertación para aprobarse frente a la oposición de muchos parlamentarios de la Alianza):

  • Aprobar una ley de matrimonio homosexual o de Acuerdo de Vida en Común, en su defecto.
  • Establecer políticas para reducir la concentración de derechos de agua no consuntivos. Por ejemplo, elevar sustancialmente las contribuciones por no uso de esas aguas. Alternativamente, realizar una presentación al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, solicitando que establezca medidas con ese objeto.
  • Definir política que aumenten la competencia en el sector financiero, y en general apoyar fuertemente a los organismos antimonopolio.
  • Mejorar las leyes de derechos de agua consuntivos y los de propiedad minera, eliminando los derechos excesivos y traslapados, y velando por la legalidad de su establecimiento original, si son recientes.
  • Mejorar el derecho procesal en la justicia civil, para que no solo las personasde altos ingresos puedan, en la práctica, acceder a ella.

Es la teoría de las señales costosas, baby.

Universidades e información

R. Fischer

El conflicto de las universidades tiene demasiadas aristas como para examinarlo en un artículo corto, pero si hay un par de puntos que deseo tocar:

1. ¿Que entiende el rector Pérez Vera por la «Ley de Lobby»? Entiendo que el Congreso aprobó una Ley de Lobby que fue vetada por el gobierno de Bachelet en 2008, y no ha continuado su trámite. ¿Es ésta la Ley que solicita el rector de la U.? Y ¿por qué es tan importante para las universidades del CRUCH esta ley, tan vital que es preferible abortar posibles acuerdos con el gobierno debido a que no se la incluye? Después de todo, esto sería un ámbito que excede el de las Universidades, por muy estatales que sean. ¿O se trata de otra ley de lobby, específica para universidades? No entiendo.

2. Un punto de clara deficiencia en el sistema actual de universidades es la falta de información sobre la calidad de éstas. Calidad no en el sentido que interesa a las universidades de élite, sino en el de como son los resultados de los graduados en su vida laboral posterior.

Existe un proyecto conjunto entre el Departamento de Ingeniería Industrial de la U. de Chile y la U. Adolfo Ibáñez, liderada por Patricio Meller y José Brunner sobre los ingresos de los graduados. Tienen la información de los ingresos totales de todos los graduados de distintas universidades por carrera y por hasta cinco años posteriores a la graduación. Esta es información valiosísima para los estudiantes que pretenden ingresar a una carrera en una determinada universidad.

No es lo mismo estudiar ingeniería industrial en la U. de Chile que hacerlo en la U. del Pacífico. Es vital para un estudiante que evalúa si le conviene estudiar en la U. de Pacífico saber si sus ingresos como graduado le permitirán pagar el préstamo que pidió para estudiar y además vivir. Podría ocurrir que le conviniera una carrera técnica de menor duración y costo, acaso mejor pagada.

Sin embargo, esta información no está disponible. A Meller y Brunner solo les permiten publicar información promedio, pese a las evidentes diferencias entre universidades. Dado el tiempo que tarda determinar si una universidad presta un buen servicio, esta información sería vital. Creo que se debe establecer la obligación de entregar la información de los titulados de las universidades que reciben recursos estatales (incluyendo alumnos con créditos con aval estatal), sin exigir condiciones. Así Meller y Brunner publicarían datos realmente útiles para los estudiantes en universidades que no son de élite (su información es útil, pero podría serlo mucho más). Estimo que ello podría resolver buena parte de las quejas sobre la calidad de la educación que proveen las distintas universidades. Esta información es mucho más importante para los estudiantes que la que se obtiene en los procesos de acreditación. Éstos solo establecen estándares mínimos para el proceso de estudios, pero no permiten comparar en forma relativa carreras y universidades (salvo con los años de acreditación, una medida bastante subjetiva).

Hay mucho más sobre el tema de las universidades, pero daría para largo…

Una propuesta contra la pobreza juvenil

Ronald Fischer

Si a una persona común y corriente se le preguntara por la situación de los ancianos en Chile, les dirá que su situación es mala, y que en promedio, los ancianos necesitan más ayuda de la que reciben ahora. El resultado es que hay muchos recursos que van a los ancianos, los que aumentarán cuando no se les cobre el 7% de salud, o cuando reciban el ingreso ético.

La realidad es muy distinta de la percepción: el grupo de personas mayores de sesenta años es el con menor índice de indigencia y pobreza. Si los comparamos con el grupo de los jóvenes, la diferencia salta la vista: mientras la pobreza (e indigencia) entre los jóvenes es mucho mayor que su participación en la población, entre los ancianos ocurre lo contrario. Lo mayores de sesenta años son el grupo etáreo con la menor prevalencia de indigencia y pobreza entre todos los grupos etáreos estudiados por la encuesta CASEN. La siguiente figura (proveniente de la Fundación para la Superación de la Pobreza) lo muestra claramente:

El fenómeno no ocurre solo en Chile, sino que se observa también en los EE.UU. y en otros países democráticos. Hay muchas explicaciones que se podrían intentar para explicar esta observación, pero la más convincente proviene de la Ciencia Política: según ellos, la diferencia entre los niños y jóvenes y los ancianos es que los primeros no votan. La razón es que los políticos responden a los intereses de sus votantes y como los jóvenes y niños no votan, no se les da la importancia que merecen cuando se procuran subsidios u otras ayudas para combatir la pobreza. Se podría decir, parafraseando un antiguo dicho, que «El que no vota no mama«. En Chile el problema es más agudo, pues los ancianos están sobrerrepresentados en el padrón electoral, debido a la combinación de la inscripción voluntaria con voto obligatorio.

No se trata de que los ancianos sean egoístas y piensen nada más que en si mismos (muchos de ellos son abuelos y quieren a sus nietos), pero es más importante en sus preferencias la eliminación del 7% de salud que destinar esos recursos a los menores de 18 años, y eso lo saben los políticos. Y así ocurre con otras medidas que benefician en forma desproporcionada a los ancianos.

Propuesta

Por ello, propongo una solución, que podría parecer aventurada, pero que una reflexión cuidadosa muestra ser razonable. Ella consiste en darle el voto a los niños y jóvenes menores de 18 años. Después de todo, es el único grupo de personas excluidos de votar. Pueden votar todos: informados y los no informados, analfabetos y seniles (mientras no sea demasiado obvio), por lo que no se observa la razón para excluir de la regla de «una persona, un voto» a los menores de edad. Por supuesto, no serían los niños los que votarían, sino sus padres (o madres), en su representación. Habría que establecer las reglas, precisas sobre como se asignan los votos de los niños entre los padres, y que se hace en los casos de divorcio, pero el principio sería que el voto del padre se multiplicaría por el número de hijos al que tiene derecho a representar.

Se podrá argüir que los padres no tiene por qué votar en el interés de los hijos. Esto es cierto, pero también es válido que es más probable que un padre se preocupe del futuro de los hijos, que un anciano se preocupe de los jóvenes. Así se equilibraría en algo el peso de los ancianos en la mente de los políticos, los que comenzarían a hacer más propuestas dirigidas a los adultos jóvenes con familias (e indirectamente a los niños).

Alguien podría argumentar que en tal caso el voto del padre valdría más que el de otras personas, pero esto no es lo que se propone. El padre tiene un voto que se pondera más que el de los demás sólo porque su voto incluye el de otras personas. Cuando el joven alcance los 18 años, podrá votar por si mismo y el padre perderá este voto múltiple.

En resumen, la propuesta tiene la virtud de otorgarle el voto a un grupo injustamente excluido por la sociedad: los menores de 18 años. Mientras sea menor, ese joven estará representado en las urnas por uno de sus padres, que decidirán por el , tal como tienen el derecho y la obligación de administrar sus bienes, si los poseyera.

Una mirada deprimente

Si alguien desea deprimirse un poco, pueden mirar el Daily Show de John Stewart. La colección de videos de de días anteriores es tal vez demasiado fuerte para todos los que han vivido algún tiempo en los EE.UU. La decadencia del discurso político y las medidas que se deben tomar para hacer frente a las crisis presupuestarias estatales y locales –casi todas relacionadas con reducciones en educación, y pronto en salud– pueden tener desastrosos efectos en el largo plazo.

Me parece sorprendente que la polarización se observe incluso en el discurso de Stewart, normalmente una persona razonable. Es cosa de ver la entrevista con Rand Paul de hace unos días. Además, queda claro que el discurso no puede seguir siendo de reducción de impuestos. Se puede pensar en racionalizar los impuestos, pero no en su reducción en volumen.

Este blog piensa que se deberían eliminar los loopholes que usan los individuos de altos ingresos (o riqueza) para pagar efectivamente un porcentaje menor de sus ingresos que los que reciben menos ingresos. Se debería eliminar la deducción de impuestos por los intereses pagados en hipotecas. Pero por otro lado, eliminaría el impuesto a las empresas, traspasándolo como en Chile, a un impuesto deducible del impuesto a las personas.

La vida en Roma

Bard de Long nos dirige al un trabajo que trata de estimar como vivían los trabajadores Romanos en el año 301, cuando Diocleciano proclama su famoso edicto de precios. Aunque tiene un montón de supuestos que no son totalmente creíbles, los resultados son interesantes. Según el autor, el salario no alcanzaba para un nivel de consumo respetable, con carne casi todos los días, y con pan. En cambio, alcanzaba para un consumo más limitado, de sobrevivencia, en base a trigo hervido (algo así como mote) y algunas leguminosas. Era comparable al nivel de vida en India, o China o el sur de Europa en el siglo XVIII:

Mas sobre la distribución del ingreso en los Estados Unidos

Que la distribución del ingreso ha empeorado en los Estados Unidos es bien sabido. Marginal Revolution ha realizado un excelente análisis de las causas.

En parte se debe a que las nuevas tecnologías permiten que las estrellas se beneficien a costa de los demás participantes en el sector: un cantante famoso antes de la globalización tenía acceso solo a mercados individuales en los países. Ahora desplaza a los cantantes de otros países. Un futbolista ahora es famoso no solo en su ciudad o país sino en todo el mundo, y su reputación le permite cobrar más (la idea de la economía de las estrellas es de S. Rosen). Asimismo, las nuevas tecnologías y sus aplicaciones son universales, por lo que acceden al mercado mundial –y rápido–. Así los fundadores de Google o los de Facebook se han hecho billonarios en poquísimo tiempo. Ese tipo de desigualdad parece menos ofensiva: de alguna forma es merecida.

Pero no es solo eso lo que ha creado desigualdad. Una parte importante proviene del enorme aumento en el ingreso del sector financiero. La idea es que esta desigualdad no proviene de la generación de riqueza, sino de un arbitraje que permite realizar apuestas muy rentables por períodos largos pero cuando el sistema colapsa, los costos se socializan. Nada nuevo en el análisis aunque Marginal Revolution lo escribe muy bien.

Pero tal vez la importancia del efecto queda más claro al examinar que parte del aumento en el ingreso nacional se lleva el 1% superior y el 90% inferior de la distribución del ingreso en distintos períodos.

Este fenómeno podría explicar la crisis política en los EE.UU.

Tasas de pobreza

El conflicto por las tasas de pobreza no deja de tener ribetes ridículos, al menos al entender del autor de este blog. El gobierno asegura que la pobreza aumentó en los últimos años, y la oposición asegura lo contrario, y los argumentos se basan en las diferencia entre las cifras de CEPAL y las del gobierno.

Pero los datos fundamentales son los mismos, y la diferencia se debe al deflactor utilizado. El gobierno utiliza el deflactor que ha usado siempre, así que no se le puede acusar de arbitrariedad. Su deflactor es el aumento en el precio de los alimentos, dada su importancia en la canasta familiar de los hogares de menores ingresos (algo similar a lo que alguna vez se trató de hacer con el IPC de los pobres).

La CEPAL, advirtiendo que el precio de los alimentos en el período subía mucho más que otros bienes, y considerando que las personas, incluso las de menores ingresos, consumen otras cosas, incorporó otros factores en el deflactor, para reflejar mejor el cambio en el bienestar de los pobres. Los dos son métodos apropiados: uno mantiene la consistencia histórica y permite comparaciones entre períodos, pero no refleja que el bienestar no depende solo de la comida. El de CEPAL refleja mejor las diferencias en la pobreza entre países, con una mejor medida de lo que significa ser pobre, pero hace más difíciles las comparaciones entre períodos, debido a los cambios en la metodología.

El descontento en los Estados Unidos

El descontento en los Estados Unidos, y sus consecuencias populistas puede tener algo que ver con el hecho que los ingresos de la familias promedio (a diferencia de los ingresos promedios), apenas han subido en mucho tiempo. Consideremos el período 1990-2010, en que la participación de la mujer en el trabajo solo ha subido desde un 57% a un 62%, para que estos cambios no enturbien el análisis.

Según el Financial Times, en los último veinte años el ingreso del trabajador en la mediana ha subido solo 10%, y en los últimos diez años, no ha subido en absoluto. En el mismo período de veinte años la economía ha crecido un 60%. Al corregir por el aumento en la población de un 25% en el período, se observa que el ingreso per cápita subió 28%, pero la clase media solo recibió un 10% de este aumento . Si consideramos los últimos diez años, el aumento en el producto no trajo ningún beneficio a las clases medias (para que decir de los quintiles de menores ingresos, cuyos ingresos han caído).

Este tipo de ambientes son propicios para movimientos populistas, por lo que es preocupante que la parálisis política en los Estados Unidos no permita realizar los cambios que se requieren para que los ingresos de la clase media vuelvan a aumentar. Evidentemente, las políticas de las últimas décadas, que han concentrado los ingresos, no han tenido un efecto chorreo, a diferencia de lo ocurrido en nuestro país. Tal vez esto ayude a explicar por qué ahora nuestra política es tan estable.

Programas sociales en el Reino Unido

El Reino Unido está en un proceso de racionalización de las ayudas fiscales. La idea es que en vez de la multitud de programas que benefician a una person que necesita ayuda, estos se consoliden. Así no ocurriría que una madre soltera, que además tiene una inhabilidad, etc, reciba distintas fuentes de ayuda sino que todas se funden en una y se les aplica una prueba de ingreso, para determinar el monto total a subsidiar.

La idea parece interesante. En Chile no se consolidan los subsidios, y hay poca fiscalización. Esto es particularmente problemático en casos de parejas no casadas en que la pareja trabaja pero no se declara como parte de la familia, por lo que se reciben los subsidios pese a tener ingresos «familiares» que pueden ser relativamente altos. No queda claro como esas situaciones se podrían fiscalizar, pero son bastante injustas para otras familias más honestas. Además, se transforma en un desincentivo al matrimonio, pues se pierden los beneficios al casarse. Gracias a Marginal Revolution.

Distribución del ingreso en los EE.UU.

El artículo The Age of Mammon es algo irritante, pero tiene gráficos sorprendentes sobre la evolución de la distribución de los ingresos en los EE.UU.

Los ingresos de los CEOs han subido mucho más que las utilidades (y para que decir de los salarios). En la década de los 60 y 70, el salario de un CEO promedio era unas 20 a 40 veces el salario promedio de los obreros. Ahora es unas 300-400 veces mayor.

La tasa de crecimiento de los ingresos también es un indicador relevante: