¿Qué pasa en la U?

R. Fischer

Me apena la U de Chile. Las protestas y demandas de los estudiantes, que la mayoría entiende solo como slogans que se repiten sin entender sus motivos ni sus consecuencias, están matando a la U. Es una cosa cuando los paros tienen un apoyo masivo de la sociedad a sus demandas, y los estudiantes pueden creer que el sacrificio de un paro largo vale la pena. Hoy es distinto: no se sabe el motivo de las protestas, las  que parecen responder más al interés egoísta de los dirigentes por no perder figuración. Nuestros estudiantes aparentemente votan a favor de un paro solo por solidaridad con otras Facultades en paro. Algunos estudiantes de Derecho (más de un mes en paro) están pensando cambiarse de universidad, no porque no les guste la U. de Chile, sino porque no desean perder su tiempo en un paro sin fin ni objetivo (aunque sea redundante)

Es evidente que los académicos tampoco están entusiasmados con la situación.  Esto se nota en los foros académicos en que no hay ningún apoyo, y apenas despierta una protesta la entrada de la policía  a la Casa Central, incluso en los más activos participantes del pasado. ¿Será porque la toma de la Casa Central es ilegítima? Comenzó como una toma no autorizada, en  la clásica “huida hacia adelante” de grupúsculos. Y nuestros dirigentes estudiantiles, en una decisión vergonzosa, apoyaron posteriormente este acto poco democrático. Pero aunque los académicos no apoyan las políticas de los estudiantes, tampoco han salido a defender a la Universidad de dirigentes estudiantiles  irresponsables.

La actitud del Rector me parece peor. Su rectorado no tiene un objetivo de excelencia académica, sino que se ha contagiado con el ánimo anti-meritocrático de los dirigentes estudiantiles. En vez de tener como objetivo que la U. de Chile esté entre las mejores 150 universidades del mundo –por dar un ejemplo–, está preocupado de escribir cartas contra  el lobby, olvidando que los estudiantes universitarios forman uno de los grupos de presión más poderosos y egoístas –universidad gratuita– del país. El Senado ha sido un órgano ínutil, u n estorbo a los débiles intentos de mejorar la Universidad. Mientras tanto, la PUC tiene un proyecto académico de excelencia de largo plazo. ¿Queremos dejarle ese espacio?

El nivel intelectual de la discusión es patético. En mi Departamento –Ingeniería Industrial—pletórica de cursos de gestión y de temas de  empresa, nuestro Centro de Estudiantes despliega orgullosamente un lienzo con el lema: “Abajo la educación empresarial” (ver foto más abajo). Cuando se les pregunta si por la inconsistencia entre su lema y sus estudios, no saben que responder. Si se les pregunta porque están en contra de que la educación sea concebida como una empresa, tampoco hay respuesta, o responden con un slogan.

CEINContraEducaconEmpresarial

Después de muchos esfuerzos, conseguí que cambiaran el slogan. Uno puede no nestar deacuerdo con las idea reflejada en el lienzo, pero al menos ya no hay una contradicción entre lo que se estudia y lo que declara el lienzo.

NuevoLienzoDII

Los estudiantes y quienes los apoyan tienen malos argumentos para la educación gratuita, para oponerse al lucro en educación y débiles argumentos para estar en contra de los colegios subsidiados con copago. Se confunden los problemas de calidad de la educación con los problemas anteriores, cuando son perfectamente separables. Si la discusión comienza con los primeros tres temas, apenas enfrentan dificultades para defender lógicamente sus argumentos, saltan al segundo tema, y creen haber ganado la discusión.

Sobre el ahorro de recursos

R. Fischer

Hace pocos día tuve una entretenida discusión de café con José Miguel Benavente, El tema  sobre el que discutimos fue si es razonable ahorrar agua en Santiago de Chile.  Según JM, quién vive en la Comunidad Ecológica de La Reina, se debe hacer lo posible por  ahorrar  agua. Con esto quiero decir que JM desea ahorrar agua má allá de lo que interesa para reducir su cuenta de agua.

Comunidad ecológica de Peñalolén

Desde mi punto de vista, si se corrigen todas las externalidades del consumo de agua, no es necesario hacerlo, al menos en el uso doméstico. Es decir, mi argumento es que el precio da las señales correctas en cuanto a ahorro de agua.

Río Mapocho a la altura del aeródromo.

Mi argumento se basa en que  el agua que se consume en Santiago proviene de la cordillera, donde se renueva con las lluvias invernales. El agua es captada al pie de la montaña, se filtra y distribuye a los hogares. Esa agua se usa en los hogares y para regar jardines. El agua usada en los hogares pasa luego al sistema de alcantarillado, y de ahí a las plantas de tratamiento primario y secundario de aguas servidas. Finalmente, es devuelta al río en condiciones similares al agua captada originalmente.

El agua de riego de jardines en parte se evapora y el resto pasa al acuífero  bajo Santiago, con lo que también retorna al sistema. Además, el precio del agua es elevado en Chile y refleja los costos del sistema y sus externalidades (probablemente incluso las asociadas a las emisiones de las plantas que generan la energía), por lo que el consumo de los hogares debería ser eficiente. Asimismo, el agua usada en Santiago vuelve a su curso normal al salir de la planta de tratamiento, por lo que el único efecto de tipo ecológico es reducir el agua en el río Mapocho en su transcurso por Santiago. Si se consumiera menos agua, la única diferencia  sería que habría más agua en esa sección del río. Como JM no estuvo de acuerdo con mi argumento, tratamos de extremarlo para ver si aparecían fallas.

Casa con celdas fotovoltaicas (no de JM).

Propuse el caso siguiente. JM ilumina su casa con placas fotovoltaicas, y la electricidad que no usa (cuando sus baterías de reserva están al 100% de su capacidad) se pierde en una descarga a tierra. Le pregunté si en tal caso se sentiría obligado a apagar una ampolleta que no se necesita. Me dijo que sí. Le pregunté si era para no perder una costumbre útil en otras condiciones, pero me dijo que su motivación para no malgastar energía iba más allá. Es decir, sus motivos tenían una raíz moral, pese a que en este caso apagar la ampolleta no tendría sentido económico, porque la electricidad generada por las placas se habría perdido igual. Ahí se acabó la conversación, pues se hacía tarde y  debíamos ir a nuestros respectivos trabajos.

¡Patagonia sin Represas! y la verdad a medias

R. Fischer

Recibí la inserción de ¡Patagonia sin Represas! que comenta el Informe CADE sobre desarrollo eléctrico, denominado “Informe deCADEnte” (Nota: Formé parte de la CADE). El comentario del organismo ambientalista está lleno de verdades a medias, citas truchas y opiniones que no se sustentan en el Informe CADE. Fue diseñado para dejar la sensación de que el Informe CADE es “continuista”, “obcecado” y “antidemocrático”.

La inserción de ¡Patagonia sin Represas! es lo que se llama en Estados Unidos un “attack ad”, y lo usan los políticos en sus campañas electorales, cuando están en problemas para ser reelegidos y es necesario jugar sucio. Evidentemente esa es la situación de ¡Patagonia sin Represas! frente al informe CADE y claramente este “attack ad” tiene resabios de su origen en el infame mundo de las campañas políticas de Estados Unidos. Para verificar esto, vamos por partes:

1. Según ¡Patagonia sin Represas!, el CADE mantiene el rol subsidiario del Estado, y no le da un rol director en el sistema eléctrico. Pues bien, efectivamente el Informe mantiene el rol subsidiario del Estado, que a fin de cuentas, está en la Constitución. Pero ¡Patagonia in Represas! omite que en el Capitulo de Sociedad y Desarrollo Eléctrico se recomienda un:

“A. Sistema Participativo de Discusión de la Política Energética de Largo Plazo

    Estudiar en profundidad las experiencias de participación en la definición de políticas a nivel internacional.
    Evaluar la instauración de un esquema de participación con las siguientes características principales:

i. Periódicamente (por ejemplo cada 4 años), los Ministerios de Energía y de Medio Ambiente convocarán a un análisis de la política energética de largo plazo.
ii. La convocatoria incluirá el análisis de los principales tópicos bajo discusión en la sociedad en el período en cuestión y que se plasman en políticas de largo plazo. En el caso actual, por ejemplo, se incluiría la estructura de la matriz energética y eléctrica, la política de estímulo para ERNC, política de eficiencia energética, la evolución de los estándares de sustentabilidad ambiental en el sector eléctrico, potenciales de distintas tecnologías, etc.
iii. La convocatoria incluirá a organizaciones académicas, centros de investigación, organismos públicos, asociaciones empresariales, asociaciones de consumidores, entre otras.
iv. El foco del ejercicio sería la evaluación del estado del sector y las políticas, y presentar y discutir las políticas y aspectos críticos para el desarrollo de largo plazo; sería responsabilidad del Ejecutivo presentar una evaluación inicial del sector, y las políticas propuestas, y convocar a la discusión; esto debe realizarse con un alto grado de transparencia: establecer sistemas de información que permitan que el público general pueda conocer los trabajos y resultados del análisis.
v. El ejercicio debe contemplar la participación ciudadana, de modo que en distintas etapas del trabajo se exponga a través de medios abiertos los análisis, sus fundamentos y supuestos y se puedan recibir las observaciones de la ciudadanía.
vi. Los resultados deben exponerse en diferentes foros abiertos, incluyendo presentaciones en diferentes regiones, el congreso, universidades y redes sociales, entre otros ámbitos.”

2. ¡Patagonia sin Represas! señala que el mayor subsidio del sistema eléctrico es el acceso gratuito al agua es un subsidio a las hidroeléctricas y que el CADE no lo menciona. Aparentemente el redactor de la inserción no leyó el Informe CADE, pues se señala:

  • “El régimen exento de tributos por uso del recurso hídrico contrasta con el régimen vigente en Chile para otros recursos naturales. En el caso de los derechos de agua consuntivos con fines agrícolas, existe un tributo implícito de afectación local por la vía de las contribuciones diferenciadas sobre terrenos agrícolas con riego. Esto no es el caso de los derechos no consuntivos.
  • La normativa genera incentivos a explotar el derecho en forma ineficiente, y eventualmente se podría incluso simular su uso o transferir el derecho con el sólo propósito de evadir o reducir el pago progresivo de la patente.”
  • y recomienda que se estudie:

  • “Se estudie la revisión del estatus tributario de los derechos de agua no consuntivos.”
  • y en el resumen ejecutivo se especifica:

    “Además, para situar a los derechos no consuntivos a la par de otros derechos de propiedad, esta Comisión sugiere que se le apliquen pagos de contribuciones a beneficio de las comunas en la cuenca afectada por los derechos, de acuerdo al valor
    económico de estos derechos.”

    Podría seguir enumerando las citas a medias, evasiones, olvidos y otros artilugios usados por ¡Patagonia in Represas! para descalificar el Informe del CADE, pero este artículo se alargaría demasiado. Solo quiero referirme a un último punto del comentario de ¡Patagonia sin Represas!, porque es tan burdo: en el punto 4 de su comentario al Informe CADE señala:

    “La CADE omite las políticas de conservación de energía y menosprecia las potencialidades de la eficiencia energética (EE) que aparece como un elemento marginal del desarrollo eléctrico, planteando estrategias livianas, sin metas ni compromisos concretos.”

    Es fácil responder a esta acusación. Primero, los escenarios del CADE contemplan medidas de eficiencia energética, como se señala en el capítulo 3, “Escenarios para la Matriz Eléctrica Futura”. Segundo, la Sección 7.1 del Informe está dedicada a la Eficiencia Energética (tiene 6 paginas, es decir, no se menosprecian sus potecialidades). Ahí se comienza señalando que:

    “Después de la fase inicial de mediados de la década pasada, de introducción de la EE en la agenda política y como tema público, es conveniente consolidar la Eficiencia Energética como política pública, teniendo presente que debe compatibilizarse con el mantenimiento de una política de precios de la energía que refleje sus costos económicos, y con una apertura de la economía que permita la incorporación de nuevas tecnologías.”

    Luego se discute de sus costos y potencialidades:

  • “Aunque gran parte de la explotación del potencial de Eficiencia Energética tiene costos unitarios muy por debajo de otras fuentes energéticas, la inversión en Eficiencia Energética debe ser compartida por el sector público y el sector privado representado por los cientos de miles de consumidores y clientes finales.
  • La EE es claramente la forma ambientalmente más benigna de generar energía, en sus aspectos globales (emisiones CO2) así como locales. El consumidor final, al practicarla, reduce las externalidades negativas de otras fuentes energéticas. Se está lejos de internalizar todos los costos de estas externalidades, aún en los países más industrializados.”
  • Más aún, para mostrar la importancia que se le dió a la Eficiencia Energética, se recomienda:

    “Los temas claves y urgentes en temas regulatorios o que significan proyectos legislativos a la brevedad son:

  • Retomar la discusión sobre el rol de las distribuidoras eléctricas y de gas, específicamente sobre una ley de desacople y metas de eficiencia energética, para lo cual el Ministerio de Energía preparó una propuesta a principios de 2010.
  • El financiamiento a mediano plazo de la Estrategia oficial de EE. Aunque se reconoce que los presupuestos son anuales, la discusión presupuestaria debe orientarse a la Estrategia.
  • Los requerimientos a los grandes consumidores de energía.
  • MEPS (mínimum energy performance standards) y/o prohibiciones de ciertos productos tales como las ampolletas incandescentes.
  • Es recomendable que los planes de eficiencia energética cuenten con los adecuados presupuestos que le permitan llevar delante de buena forma los programas.”
  • Mi conclusión es que con este comentario al Informe CADE, ¡Patagonia sin Represas! queda deslegitimada pierde legitimidad. No se ha comportado como es una ONG seria, con la que se puede discutir sin caer en descalificaciones, evaluando cuidadosamente los argumentos de la otra parte. Ciertamente hay cosas que criticar en el Informe CADE, ya que es el resultado de acuerdos entre miembros con distintas opiniones en casi todos los temas (otro punto en que ¡Patagonia in Represas! se equivoca al describir la Comisión como homogénea). pero tal discusión no puede realizarse con una ONG como ¡Patagonia sin Represas!, ya que que no juega limpio. Desearía que en el futuro ¡Patagonia sin Represas! critique en forma balanceada, y que por lo menos haya leído –y entendido– el Informe que critica.

    Nota: Agradezco la sugerencia de Rodrigo Palma de introducir estos cambios y por recordarme que he caído en lo mismo que ¡Patagonia sin Represas!: descalificar al interlocutor.

    El informe del CADE

    R. Fischer

    Es interesante observar como las reacciones iniciales de la prensa al informe de la Comisión Asesora de Desarrollo Eléctrico (CADE) apuntaron a los lugares comunes: Hidroaysén y energía nuclear, y en los dos casos aseverando que el informe era favorable a ambos.

    La realidad es distinta y más matizada. El informe representa un reconocimiento de que es imposible aprobar proyectos sin convencer al público de su necesidad. Por lo tanto, se enfatiza que en los estudios de impacto ambiental (EIA) es necesario aumentar la participación ciudadana, las compensaciones a las comunidades afectadas y la información al público, modificando el procedimiento de los EIA.

    Actualmente el sistema de EIA limita la participación, y no hay compensaciones, salvo las que voluntariamente ofrecen las empresas. A primera vista esto parecería acelerar la entrada de los proyectos. En la práctica la oposición es tan intensa –porque hay poca confianza en los EIA justamente por los motivos anteriores (y otros del mismo tipo)– que con recursos y otras intervenciones el proceso de entrada de las centrales se retrasa. Además, los retrasos son impredecibles, lo que aumenta los costos para el sistema, que queda desajustado. Un EIA mejorado, podría tardar más tiempo, pero con mayor seguridad de que los proyectos aprobados se construyan y que lo hagan en plazos predecibles.

    Respecto a la hidroelectricidad del Sur, lo que plantea el informe no es su desarrollo, sino que muestra el costo que tendría no llevarlos a cabo. No se trata solo de un mayor costo de la electricidad, sino que aumentarían las emisiones contaminantes y de gases de efecto invernadero, porque la energía que no tendría ese origen tendría que reemplazarse con otros medios. El efecto es más notorio si no se permite el desarrollo de otras plantas hidroeléctricas, y si no hay desarrollos nucleares.

    Respecto a la energía nuclear, la Comisión concluye que aún es demasiado temprano para decidir su conveniencia, pero se plantea que el país debe poder decidir, si es necesario, con todas las herramientas necesarias para poder tomar buenas decisiones. Es decir, disponiendo de personal calificado y desarrollando la institucionalidad y normativas requeridas, si es que se decidiera finalmente en favor de esa forma de energía.

    A los que piensan que es posible reemplazar estas fuentes por Energías Renovables No Convencionales (ERNC) se les recuerdan los costos ambientales y técnicos de esas propuestas. Después de todo, un campo de molinos no es tan bonito (foto proveniente de “Las tecnologías de energías renovables y su impacto en el marco regulatorio”, H. Rudnick).

    Pero esos no son todos los efectos ambientales de no disponer de grandes centrales hidro o energía nuclear. Como lo escribiera uno de los miembros de nuestra Comisión en uno de los muchísimos borradores de la Comisión que discutieron estos temas:

    “Por otra parte, también puede ser muy relevante el impacto del desarrollo alternativo de grandes volúmenes de energía térmica a carbón, sin las ventajas de la hidroelectricidad, o de energía nuclear, y/o el desarrollo de cientos de centrales mini hidro, geotérmicas y eólicas, dados los volúmenes requeridos de crecimiento de la oferta, según se describiera en el capítulo de escenarios. No menor importancia tiene el identificar el impacto ambiental y social del desarrollo de los corredores troncales o los cientos de corredores transversales de transmisión que se requerirán para evacuar la energía de esas fuentes alternativas.”

    Y eso no es todo. La energía eólic ay solar son altamente variables, por lo que se necesita invertir en respaldos para los momento en que no se produce. Estos respaldos normalmente son plantas contaminantes (salvo que se usen embalses para este propósito), porque esas son las de menor costo. Hace poco en España el 59% de la energía provino –por un rato– de la energía eólica. Excelente, pero hay otros momentos en que España produce solo un 1% de su energía con eólicas, por lo que hay que tener respaldos para reemplazar una cantidad enorme de energía. Es difícil trabajar con esas formas de energía, porque estamos acostumbrados a tener un suministro constante.

    Es uno de los motivos por lo que que los escenarios del informe preveen que la mayor expansión de ERNC se de en biomasa, geotermia y minihidro. El problema es que aún hay pocas centrales de ese tipo, y es por eso que buena parte de las propuestas del informe apuntan a facilitar su entrada.

    Otro tema de mucho interés para la Comisión fue el tema de competencia en el mercado eléctrico, pero de eso escribiré más adelante.

    Nota: Acabo de ver un análisis de Libertad y Desarrollo del informe del CADE. En general se trata de una simple enumeración de las propuestas, con una conclusión de solo una página luego de 13 páginas de recuento. Y en el análisis, tiene al menos una conclusión que me parece errada:

    “Igualmente, en materia de participación ciudadana establece la realización de un sistema participativo de discusión de la política energética de largo plazo, lo que podría generar mayores grados de incertidumbre para la necesaria inversión que requiere Chile en proyectos energéticos.”

    Lo interesante del caso es que, ahora que no tenemos esos instrumentos, hay mucha incertidumbre sobre los desarrollos energéticos, con proyectos que son retrasados o detenidos. Esa conclusión revela un típico error de análisis de los abogados y economistas chilenos: porque nuestros procedimientos establecen ciertas reglas, se supone que ellas se cumplen. Pero eso no es así, porque la opinión pública considera inaceptables los resultados, por lo que siempre aparecen formas de detener los proyectos. ¿Qué político o juez puede resistirse a una escena como la siguiente? (Gracias Hugh, nuevamente):

    Contra Hidroaysén

    ¡Por fin!

    R. Fischer

    Después de más de seis meses de trabajo la Comisión de Energía entregó su Informe. Hubo reuniones plenarias casi todas los viernes en la tarde, y numerosas reuniones de las subcomisiones de: competencia (de la que formé parte), medio ambiente, sociedad, eficiencia energética, modelación de escenarios, situación actual, energías renovables no convencionales y nuclear. El resultado fue un informe de casi 200 páginas, más anexos y unas cincuenta recomendaciones de política energética.

    La composición de la Comisión incluía a personas de distintos ámbitos y opiniones. Esto significó que para llegar al consenso final todos debimos sacrificar cosas que deseábamos fueran incluidas, o por el contrario, hubiéramos preferido que no estuvieran. En particular, hubo una reunión de emergencia de última hora (en una clínica, porque era una urgencia) para despejar dos páginas que se discutieron por correo y en decenas de versiones durante los diez días anteriores sin llegar a acuerdo.

    En esta reunión, el Presidente de la Comisión, JA Guzmán, consiguió lo que parecía imposible. Cuando solo quedaban unas pocas frases de diferencia entre las versiones, simplemente las eliminó y propuso que aceptáramos lo que quedaba. El resultado no satisfizo a nadie, pero por otra parte, nadie estaba suficientemente molesto con lo que quedaba como para oponerse si los demás aceptaban. Así que finalmente esta versión recortada fue lo que permitió el acuerdo, pese a que a nadie le gustaba. Pero como se obtuvo el acuerdo de todos, el final fue globalmente satisfactorio. Me parece un tema digno de estudio usando modelos de teoría de juegos.

    En todo caso fue una experiencia en la que aprendí mucho: sobre todo de temas ambientales y de sociedad. Es mi segunda comisión seguida y llevó casi un año y medio en esto de las comisiones: en julio del año pasado me llamaron a formar parte de la Comisión para la Reforma de la Supervisión Financiera, que terminó su informe en marzo. Hay que dedicarles cerca de un día a la semana porque además de asistir a reuniones hay que leer, revisar y escribir. Necesito un descanso sin comisiones.

    Energía solar y costo de la intermintencia

    R. Fischer

    He escrito en el pasado que me parecía que la energía solar era una de las fuentes potenciales de energía importantes en nuestro futuro, una vez que los costos de producir paneles fotovoltaicos caigan a niveles más razonables. Un artículo interesante de hace dos semanas en el NBER de Gautam Gowrisankaran, Stanley S. Reynolds y Mario Samano, Intermittency and the Value of Renewable Energy examina cuidadosamente los distintos costos y ganancias de un requisito mínimo de producción eléctrica de origen solar.

    Los autores hacen un estudio detallado sobre los costos de establecer requisitos mínimos de energía solar de 10%, 20% y 30% en Tucson, Arizona, uno de los lugares más soleados y desérticos de los Estados Unidos, y por lo tanto, lo mejor posible para este tipo de energía. Según sus cálculos, que son extremadamente cuidadosos, el costo promedio de generación solar sería un 300% mayor que el de la generación con GNL. Es decir, aproximadamente $193/MWh contra $58/MWh para una central de ciclo combinado (nuestros costos de la energía de centrales de ciclo combinado son mucho más altos, pues conseguimos el GNL a un valor mucho mayor). A este costo se le debe descontar el de las reducciones en el costo de transmisión, pero se le debe agregar el costo de la intermitencia no prevista (una nube que reduce la energía producida) y el de la intermitencia predecible, como se verá. Además, se le debe restar el valor de las reducciones en la emisión de CO2.

    En todo caso, la energía solar es cara actualmente, debido a los elevados costos de los paneles fotovoltaicos. Sin embargo se espera que éstos caigan en el futuro mediano a un 40% del valor actual de US$5/W. Hay otro costo importante, debido a la intermitencia de la generación solar. El problema se debe a que el perfil de producción de energía es distinto del perfil de consumo. La siguiente figura, proveniente del artículo, muestra la demanda de energía y la producción de energía fotovoltaica:

    Debido a las diferencias entre el perfil de producción y demanda por energía, hay horas sin producción, o con producción muy baja. En un sistema en que existen reservas acumulables eso no es problema: es el caso de sistemas eléctricos con centrales hidroeléctricas asociadas a embalses. En ellos, cuando producen a full las centrales fotovoltaicas, se puede reducir el consumo de agua de los embalses, ahorrándola para momento en que los paneles solares no generan. Es decir, las centrales solares y las de embalse son complementarias, lo que debería reducir la oposición ambientalista a ellas.

    En sistemas como los de Tucson o el Norte de Chile, donde no hay embalses, hay que disponer de capacidad de reserva de otro tipo: por ejemplo, en centrales adicionales de ciclo combinado, por lo que no se ahorran muchos costos de capital al instalar centrales solares, y esto aumenta los costos. Sin embargo, los autores demuestran que este aumento de costos no es demasiado importante: 1.5-8% del costo de producción fotovoltaica.

    Finalmente, los autores presentan un cuadro con distintos valores de los beneficios estimados de reducción en las emisiones de CO2, para distintos niveles de regla de producción fotovoltaica, y los valores de los paneles fotovoltaicos que harían que la medida fuera neutral:

    Por ejemplo, en la tabla, si el requisito fotovoltaico es de un 10% de la producción, y el beneficio de la reducción de emisiones es de Us$25/ton, el requisito no tiene costos sociales si el costo de las celdas fotovoltaicas es de US$1,98/W, un 40% de su valor actual. Es interesante que este costo decrece para restricciones mínimas más elevadas (20 0 30%) cuando el costo de CO2 es elevado. El motivo es que los requisitos más estrictos desplazan la producción de centrales térmicas alimentadas por carbón, las que emiten mucho más CO2 por unidad de energía producida que las centrales de ciclo combinado

    En base a este artículo Se puede ser cautamente optimista y pensar que si se reducen sustancialmente los costos de los paneles fotovoltaicos, la generación solar podría ser competitiva en el Norte si se consideran los ahorros en transmisión (debido a que las centrales se pueden ubicar cerca de la demanda), y valorando los ahorros en las emisiones de CO2 en un valor más o menos alto.

    Poca actividad, muchos temas

    R. Fischer

    Poca actividad en este blog las últimas dos semanas, debido a un exceso de trabajo, muchas reuniones de diversas Comisiones y Paneles y un viaje por un libro que E. Engel, A. Galetovic y yo estamos prontos a terminar. Mientras tanto, se han acumulado los temas que me gustaría tratar. Algunos son simples observaciones, ya que no tengo una opinión clara sobre ellos, y otros trataré de desarrollarlos en más detalle. Las observaciones:

    Condonación de deudas universitarias

    Es probable que el resultado de la protestas universitarias sea la condonación de grran parte de la deuda universitaria de los alumnos. En tal caso, se cumpliría una promesa revolucionaria de los 70 (cuando un porcentaje mínimo de los jóvenes asistía a la universidad, gratis): “Universidad para todos”, gratis. La diferencia, por supuesto, es que ahora existen universidades con fines de lucro. Y, como lo muestra la reciente experiencia de los EE.UU., esto no ha dado buenos resultados, a diferencia del caso de las universidades privadas sin fines de lucro.

    La curiosa mutación de generadores y distribuidores

    Hace unos 10 o más años participé en unas comisiones en las que se discutían reformas a la Ley Eléctrica, cuando Vivianne Blanlot era la Secretaria Ejecutiva de la CNE. Algún tiempo después, algunos de esos temas fueron tomados por las Leyes Cortas I y II del sector eléctrico.

    En aquella ocasión la Comisión invitó a representantes de las empresas generadoras y distribuidoras a hacer presentaciones, para conocer sus puntos de vista. No recuerdo el tenor de las presentaciones pero recuerdo la diferencia en las características de los representante de uno y otro grupo.

    Los representantes de las distribuidoras se veían tranquilos y satisfechos, tenían entre cincuenta y sesenta años, usaban ternos grises y tenían muy pocas cosas interesantes que decir, salvo señalar que en el sector eléctrico todo estaba bien y que no había que cambiar nada. Los de las generadoras eran energéticos y activos, llenos de ideas, con vestidos algo más policromáticos y deben haber tenido menos de 45 años. Por años usé estas dos imágenes como un ejemplo de que uno de los beneficios de tener un monopolio es la vida tranquila y sin problemas, mientras que en un sector en competencia se requería constante actividad y vitalidad para enfrentar a los rivales.

    Bueno, ahora estoy en la Comisión de Energía y ayer vinieron a realizar presentaciones los representantes de los dos grupos y ¡qué diferencia! Esta vez los generadores estuvieron representados por su recién formada Asociación Gremial, y leyeron un documento con muchas generalidades, y sin mucho interés ni ideas. Se notaba que la AG reunía grupos con distintos intereses, por lo que el consenso reflejado en el documento no daba para mucho. Los distribuidores, en cambio, tenían representantes más jóvenes, presentaron mucha ideas (aunque sin conocer los detalles no es fácil formarse una idea de ellas), y en general eran más articulados y energéticos. ¿Qué habrá pasado en estos diez años? ¿Acaso el sector generación es ahora poco competitivo? ¿Por qué los distribuidores habrán cambiado tanto en la dirección contraria? No se la respuesta, y por eso el tema queda bajo la rúbrica de observaciones.

    Porqué Hidroaysén

    La aprobación ambiental del complejo de centrales hidroeléctricas en Aysén no ha tenido buena recepción en el público, que la recibió con protestas en distintas ciudades. La idea de enormes lagos artificiales y líneas de transmisión alterando el paisaje de Aysén no es atractiva. Entiendo el problema, porque los mismos motivos me hicieron dudar del proyecto por años, pero una reflexión más cuidadosa me mostró que no tenemos otra opción.

    Cada año, el país requiere aumentar su capacidad de generación en unos 500MW para hacer frente al crecimiento de la economía. Los ambientalistas sugieren que se debe aumentar la eficiencia, produciendo más con menos energía. Así se necesitaría una cifra menor a 500 MW anuales para acomodar el crecimiento. Pero nuestras empresas, que enfrentan el costo real de la energía (sin subsidios), ya realizan el esfuerzo eficiente.

    En nuestra etapa de desarrollo productivo, reducir el consumo es imposible, salvo que quisiéramos transformarnos en un país focalizado en el turismo, al estilo de Costa Rica (país que depende de la hidroelectricidad para la mayor parte de sus necesidades energéticas). Por lo demás, esto es inviable por nuestra localización geográfica, mayor tamaño y población. Descartada esta posibilidad, el desarrollo y la equidad requieren una economía que crece y que usa más energía. Pero las empresas solo pueden competir si sus insumos, entre ellos la electricidad, no son demasiado caros. En resumen, se debe aumentar la producción de electricidad, a un costo razonable.

    ¿De dónde podrían salir los 500 MW en capacidad adicional? Entre las renovables, la energía eólica es impredecible y tiene un factor de planta de menos de un tercio de la capacidad instalada, lo que eleva su costo de inversión. La energía solar aún no es económica, aunque si alguna vez bajaran sus costos, el país tiene excelentes condiciones para su desarrollo. La geotermia parece ser parte del futuro energético: sus costos de instalación no difieren mucho de los de las energías convencionales, y solo la limita actualmente el riesgo de exploración. Las minihidro son ambientalmente atractivas, pero su potencial es limitado (unos 3.000-4000 MW), aparte de requerir líneas de transmisión ubicuas.

    Restan como energías de bajo costo la nuclear, la termoelectricidad y el carbón. Dejando de lado la energía nuclear, porque no podría implementarse antes de la mitad de la siguiente década, en el mediano plazo solo quedan el carbón y la hidroelectricidad. Si no se construyen centrales hidroeléctricas –en particular Hidroaysén– tendremos que usar más carbón. El desarrollo usando carbón produce severos daños ambientales y, peor aún, es probable que nuestras exportaciones sean castigadas en el futuro si la energía que usan produce gases invernadero. Por su parte, Hidroaysén tiene un factor de planta muy elevado, prometiendo un suministro estable y que no produce (salvo por la descomposición inicial de material orgánico sumergido) gases invernadero. En general, los desarrollos hidraúlicos en Chile tiene impacto visual, pero sus perjuicios ambientales son menores.

    Para concluir, el desarrollo económico es más amable con la naturaleza: basta comparar a Haití con cualquier país desarrollado. A Haití no le quedan bosques porque los han usado como leña. En Europa, los bosques se han recuperado de las depredaciones del pasado. En Corea, aunque el medio ambiente no fue una preocupación importante durante su etapa de desarrollo, ahora si lo es y tiene recursos para dedicarle. Si deseamos reducir el impacto ambiental, es necesario alcanzar rápido el desarrollo, para así tener la capacidad de destinar recursos a proteger el medio ambiente.

    Antigüedad de plantas de generación eléctrica

    Nuestro sistema eléctrico está gobernado por principios de eficiencia, especialmente en el segmento de la generación eléctrica. La tarificación a costo marginal entrega señales a los inversionistas para que entren nuevas centrales eficientes, pero tiene algunos problemas.

    El problema es que unavez instalado un equipo, se le entregan señales muy débiles de obsolescencia. Mientras una unidad pueda ser despachada con el grado de seguridad requerido, continúa recibiendo el pago de potencia, por lo que no hay incentivos a desecharla del sistema. Basta que el cargo de potencia cubra el costo de mantenimiento para que sea rentable mantenerla en servicio. La siguiente figura (que aparece en “Respuesta a las observaciones del anteproyecto norma de
    emisión para termoeléctricas
    ” de CONAMA) muestra la antigüedad de las plantas térmicas en el SIC:

    Es notable que en el sistema se les sigue pagando a plantas instaladas hace 70 años y que deberían ser parte de un museo. Má aún, existe medio gigawatt instalado hace casi medio siglo. Recordemos que esas plantas fueron construidas en una época en que ni se soñaba con problemas ambientales.

    Mantener plantas ineficientes y obsoletas.le crea dos problemas a la tarficación a costo marginal. Primero, se reducen los incentivos al ingreso de nuevas plantas más eficientes. Supongamos que se tiene una planta muy antigua de altos costos marginales y que el sistema esta ajustado y sin holguras en la punta (incluyendo los márgenes de seguridad). Dado que la planta ya está instalada, todo lo que se requiere para que no salga de servicio es que el costo de capacidad pague el mantenimiento (los costos de operacion los paga el costo marginal).

    Esta planta crea una externalidad negativa a la introducción de nuevas plantas de menor costo de operación porque al entrar la nueva planta al sistema se reduce el ingreso por potencia por cada unidad. El motivo es que el pago total de los usuarios por potencia no cambia, por lo que el mismo pago debe dividirse entre más capacidad. Este problema se podría resolver (y tal vez ya se aplique una solución similar), si se exige que las centrales a las que se les paga potencia sean aquellas que enfrenten escenarios en los cuales son despachadas.

    El segundo problema es que las plantas antiguas son más contaminantes, ya que el control de emisiones no formó parte de su diseño. La combinación de los dos factores significa que la legislación eléctrica da pocos incentivos a la entrada de firmas de generación térmica menos contaminante, por lo que se requiere que el sistema medioambiental imponga condiciones sobre centrales nuevas y antiguas, de manera que salgan las unidades obsoletas, al no poder cumplir con estas condiciones a un costo razonable.

    En resumen, nuestro sistema de tarificación eléctrica da malas señales de salida de pllantas de generación, lo cual puede no haber sido un problema en una época en que el capital era escaso y la preocupación por el medio ambiente no existía.

    Ahorrar agua y papel

    R. Fischer

    Es común encontrar mensajes de correo electrónico que nos piden no imprimir el correo, pues ello contribuye a matar árboles. De la misma forma, debemos ahorrar agua, pues el agua dulce es escasa y al malgastarla se la estamos quitando (de alguna forma) a personas que viven en desiertos. Aparte de su atractivo por ser políticamente correcto, ¿tienen algún sentido lógico estos ahorros?

    Para evaluar esta pregunta desde un punto de vista lógico (a diferencia de un punto de vista políticamente simbólico), es necesario determinar que significa que un producto o servicio se malgasta. Para que esto ocurra, los precios pagados no deben corresponder a al costo social de producir el bien o servicio. Si esto no ocurre y los precios son los correctos, el consumo corresponderá a los que maximizan la utilidad de las personas (dado su ingreso) considerando todos los factores de costo para la sociedad.

    Por ejemplo, hay sobreconsumo de la energía proveniente de hidrocarburos, ya que su precio no considera las externalidades producto de emisiones contaminantes, así como las de su producción, y más importantemente, sus efectos sobre el calentamiento global. Medidas que tiendan a reducir el consumo de energía producida con hidrocarburos corrigen esta distorsión. Por ejemplo, un impuesto a los combustibles tiene ese efecto y por lo tanto, hay buenos argumentos ambientales para aumentarlo, y no para reducirlo.

    ¿Y el caso del papel y agua?

    Consideremos el caso del papel en Chile. En Chile la celulosa –insumo primario en la producción de papel– es producto de árboles plantados y no del corte de bosques naturales. Cada 14-18 años, se cortan árboles que habían sido plantados en el pasado (he visto terrenos que han sido cortados y replantados dos veces). Las empresas productoras de celulosa tienen paños de distintas edades, así que los terrenos recién cosechados, aunque se ven feos hasta ser replantados, están rodeados por paños verdes. Claro que son bosques monótonos, sin la riqueza de un bosque nativo. Pero la comparación correcta es con campos de trigo, que tampoco tienen la variedad de especies que existen en una pradera virgen.

    En Chile la única diferencia entre un terreno forestado y un campo de trigo es que el segundo se cosecha anualmente. Por lo tanto, los argumentos contra el uso del papel debido a que se cortan árboles también deberían ser usados contra el consumo de pan. Pero nunca he visto el argumento de que deberíamos dejar de comer pan por sus efectos sobre el medio ambiente.

    Hay externalidades que no se pagan en la industria forestal: los efectos contaminantes de los fertilizantes e insecticidas usados durante los primeros años, la energía proveniente de hidrocarburos usados en el proceso de la celulosa. Pero en eso no hay diferencias con la industria agrícola en general. Por ello, las distorsiones se deberían corregir con medidas sistémicas dirigidas a toda la agricultura y no a un solo sector.

    En el caso del agua el argumento es peor aún. Se nos pide reducir el agua para consumo residencial, porque sería un derroche y no hay agua dulce suficiente en el mundo. Pero en el caso chileno eso no parece ser el problema –hay que calificar un poco el caso del Norte–. En la zona central y sur, gran parte del agua utilizada en el consumo residencial proviene de ríos, y representa solo un 6% del agua total utilizada (el resto se usa en la industria, la minería y la agricultura).

    Casi toda el agua de uso residencial retorna a los ríos luego de un tratamiento que la devuelve en un estado similar al que tenía en su captación, por lo que no se pierde. Todo lo que ocurre es que en la cercanía de la ciudad, el río corre con menos agua. El agua que no vuelve se usa para regar jardines, un uso no contaminante. Pero el punto importante es que el precio del agua no está subsidiado (salvo para consumos muy bajos), por lo que los usuarios perciben el costo real del uso de agua.

    Hay países en los cuales el aguas está subsidiada, o no hay plantas de tratamiento y se devuelven las aguas servidas a los ríos, o no se mide su uso. En esos países, a falta de mejorar directamente esos aspectos, puede ser razonable ahorrar el consumo de agua, pero no lo es si todos los costos son considerados en el uso de agua.

    Conclusión

    La única manera en que en Chile sea apropiado ahorrar agua para consumo humano o papel es si lo consideramos un elemento simbólico en una estrategia para reducir el consumo de bienes que no incorporan todos los costos sociales. En particular las externalidades negativas de la energía proveniente de hidrocarburos y las asociadas al uso de insecticidas y fertilizantes. Pero deberíamos tener presente que la argumentación es igual de válida para el consumo de cualquier bien agrícola (o de muchos otros sectores). La elección de estos dos representantes se la clase de los bienes y servicios no se debe a su mayor contribución al daño ambiental, sino simplemente al hecho que una campaña de ahorro es más efectiva si se concentra en unos pocos representantes. El problema podría ser que nos sintamos virtuosos por usar poca agua y no imprimir documentos, pero tengamos la casa bien calefaccionada, usamos aire acondicionado, o viajamos, actividades cuyos efectos ambientales pueden ser mucho peores.