Más sobre el impuesto australiano a la minería

Un interesante análisis del impuesto minero australiano en el Financial Times. Hasta ahora el resultado del superimpuesto ha sido negativo para el Primer ministro y principal proponente, Kevin Rudd. el Primer Ministro está cerca de perder las próximas elecciones, lo que es inusual para un PM elegido hace poco.

En parte esto se debe al fuerte lobby de las empresas mineras, que han amenazado con cesar todas las nuevas inversiones en Australia, lo que ha atemorizado a los votantes, ya que la buena situación actual de Australia se debe a la minería.

El artículo señala que el impuesto está bien diseñado –al menos para inversiones futuras–, pues simplemente transforma al Estado en un socio (tanto en la inversiones como en los retiros) sin voz ni voto en los nuevos proyectos mineros, por lo que no debería disuadir nuevas inversiones. El problema son las inverisones actuales, ya que para poder imponer el 40% de impuestos, el Estado debería también participar en esa proporción de los gastos ya incurridos por las empresas mineras en sus minas actuales. De otra forma, sería una expropiación que podría aumentar el riesgo país de Australia. Sin embargo, el FT va más allá y señala que no expropiar a los inversionistas:

… is hardly a moral principle. No country, except those too poor or weak to have a choice, accepts that the government has a duty to compensate those it taxes for the inconvenience of higher rates.

Este blog está en desacuerdo con la idea que cambiar las reglas del juego no sea un problema. El blog hace la excepción para casos extremos de crisis y necesidad, pero no es el caso de Australia. En todo caso, debido a que los países son soberanos, es imposible garantizar los contratos de Estados, en particular los que establecen las reglas para los impuestos y royalties mineros.

Una opción cuando el Estado sabe que no podrá cumplir sus compromisos es que, ex ante, el contrato incluya un incremento en la fracción que percibe el Estado cuando las utilidades observables aumentan por sobre un umbral predefinido. Esto reduce la probabilidad de expropiación (al reducir la presión por expropiar a empresas que ganan muchas rentas), con sus costos asociados: Estos costos son de reputación para nuevas inversiones, así como costos más directos por las acciones judiciales de las firmas expropiadas en tribunales internacionales. Un estudio que muestra la forma que toma el contrato óptimo con incapacidad de comprometerse a no expropiar es Engel y Fischer (2010), (una versión libre aparece en Engel y Fischer (2008))

Yacimientos en Afganistán

Sin tener detalles sobre la importancia de los descubrimientos de minerales en Afganistán, es imposible saber si tendrán un efecto importante en el mercado minero, pero esto es poco probable, incluso en el mediano plazo.

Primero, porque la guerra en ese país hace poco viables las inversiones mineras, especialmente de minerales de un valor mediano. Estos yacimientos requieren el transporte de grandes volúmenes por grandes distancias, sujetos a las vicisitudes de una guerra. Existen minas de cobre en África con leyes de cobre varias veces superiores a las de Chile, y sin embargo apenas se explotan, por motivos similares, a lo que se agrega el riesgo de expropiación.

Segundo, porque la minería alejada de las costas es cara, pues como se dijo, se deben transportar los minerales o metales por largas distancias hasta llegar a un puerto. Una de las ventajas de Chile como país minero es que todas las minas están a menos de 200 km de la costa, aunque son kilómetros de ingeniería compleja. Para llegar al mar desde Afganistán hay que pasar al menos por Pakistán. Bolivia es un caso similar, de un país alejado de las costas, que no puede aprovechar fácilmente sus riquezas minerales.

El descubrimiento muestra, sin embargo, que tener litio no nos hace especiales: no es un elemento escaso, ya que tiene una abundancia similar a la del níquel en la corteza terrestre. Es bueno disponer de litio, pero si hacemos difícil su explotación con leyes especiales, hay otros países candidatos para responder a la demanda.

Minería y capital de riesgo

Aparentemente el Ministro de Minería estaría pensando crear un mecanismo para promover el capital de riesgo en exploraciones mineras para la pequeña y mediana minería. La pregunta es ¿para qué? El mercado minero debe ser uno de los más competitivos y con más acceso a capital en el país. La industria tiene todo tipo de participantes: empresas que se especializan en exploración, mineras medianas y pequeñas que explotan proyectos de ese tamaño, firmas proveedoras y contratistas, y grandes empresas mineras. No parece haber necesidad de promover el capital de riesgo en la industria.

Esto no significa que las pequeñas empresas no enfrenten problemas de acceso al crédito, pero eso es una característica de las pequeñas empresas, que no tienen activos que sirvan como aval o reputación y flujos que aseguren que se pagará el préstamo. Esto no se resuelve con subsidios encubiertos a capitalistas de riesgo para que inviertan en negocios en los que de otra forma no lo hubieran hecho.

Si realmente se desea hacer algo por le minería, es mejor dedicar esfuerzos a corregir los problemas de definición de propiedades mineras, para evitar la superposición de derechos. Uno de los grandes riesgos que enfrentan los propietarios mineros es que sus derechos no están bien protegidos en la legislación minera, porque la posibilidad de inscribir derechos superpuestos sobre otros puede significar grandes gastos en abogados. El GPS permite delimitar con precisión la localización de las propiedades que se inscriben, y no es aceptable que sigan ocurriendo problemas de dobles inscripciones de terrenos mineros.

Se trata de medidas menos vistosas que la de crear empresas de capital de riesgo minero, pero sus efectos serían más valiosos para el sector.

Valor agregado de las exportaciones

Es común oír que nuestro país tiene el problema de exportar productos con poco valor agregado. Se nos dice que solo exportamos recursos naturales o sus derivados: cobre, hierro, molibdeno, salitre, salmones, frutas diversas y productos forestales. Se nos da el ejemplo de los países de Asia, que tienen menos desigualdad y crecen más rápido, sin disponer de recursos naturales. En cambio nosotros casi no tenemos productos industriales de exportación, a menos que consideremos la celulosa como un producto de alto valor agregado. Solo podemos exportar productos industriales a nuestros vecinos, a menudo porque tenemos ventajas arancelarias.

Se podría seguir enumerando nuestras deficiencias económicas, en opinión de esos críticos. Y no son críticos sin importancia, pues su influencia ha hecho que dediquemos bastantes recursos a tratar de resolver este problema. Por ejemplo, Corfo ha creado el Programa Nacional de Clusters para concentrar nuestros esfuerzos de innovación tecnológica en algunos sectores en los que supuestamente tenemos ventajas. Esto no es fácil: Australia, que también exporta recursos naturales, lleva 60 años intentando agregar valor a sus exportaciones, a enorme costo, pero sin obtener resultados satisfactorios.

Pero tal vez el problema no sea tal. Si se piensa que disponemos de abundantes recursos natuearles, y relativamente poco trabajo y capital, especialmente capital humano, es razonable que nuestra economía aproveche sus recursos abundantes, tal como los países asiáticos aprovechan el trabajo, que es su recurso abundante.

Invertir nuestro escaso capital en tratar de desarrollar en forma forzada una industria nacional es un error caro. Por ejemplo, en forma natural se ha desarrollado un sector de servicios bastante sofisticados en apoyo a la minería, a la salmonicultura y a otras industrias de exportación. Es lo que se llama encadenamiento hacia atrás del sector exportador, a diferencia del encadenamiento hacia adelante, tratando de agregar valor a nuestras exportaciones. Esta última estrategia siempre ha fracasado, a menos que resulte naturalmente, por decisiones propias de los exportadores.

Además, tenemos algunos sectores bastante sofisticados, al menos a nivel Latinoamericano: el sector distribución y los servicios, como los que sirven a la industria exportadora. Estos sectores han tenido éxito en otros países, sin recibir ayuda del Estado. En conclusión, no parece una buena estrategia la de esforzarse por incorporar valor agregado a las exportaciones, a menos que ello sea algo que las empresas exportadoras desean hacer por si mismas.

Esta discusión será continuada y profundizada en el futuro

¿Es estratégico el Litio?

El litio es un metal tan abundante como el plomo o el níquel, de acuerdo a Wikipedia, y tiene una distribución bastante dispersa por el mundo. No es claro, por lo tanto, el motivo para considerar su minería como estratégica.

Chile produjo el año pasado el 58% de la producción mundial del metal (unos US$300 millones), y podría aumentar las exportaciones rápidamente si existiera la demanda. El negocio del litio es rentable solo porque los salares tienen bajos costos de producción, pero si el precio subiera aparecerían muchos otros oferentes en distintas partes del mundo. Pese a los múltiples usos que se prometen para el futuro, parece improbable que se transforme en recurso tan central como el salitre en el pasado o el cobre actualmente. Será uno de los productos de nuestra canasta de exportaciones, valioso, pero no fundamental. El Ministro de Minería, incluso considerando la instalación de industrias que utilizan litio (dudoso, ver más abajo) llega a una cifra de US$3.000 millones en diez años, lo que lo hace equivalente a la industria del salmón, pero con menos impacto sobre el empleo y con menos encadenamientos hacia atrás.

El concepto de recurso estratégico tiene poco sentido, salvo en aquellos casos raros en que el país tiene un recurso de alta demanda a nivel global que no tiene sustitutos a un costo razonable. No es el caso del litio, ni probablemente de ningún producto nacional. Lo único que se consigue al declarar que un recurso es estratégico cuando no tiene ese carácter es que el país pierde la oportunidad de desarrollar su producción.

Tampoco es razonable el anuncio del Ministro de Minería de que Chile podrá atraer una industria que le dará valor agregado al litio, produciendo en el país baterías y otros productos que usan el metal. Pero el hecho que un país produzca un recurso no significa que sea eficiente la elaboración en el país de productos que usan el recurso. La excepción es cuando es un proceso natural y no forzado, debido a que efectivamente tiene beneficios la producción doméstica. Deberíamos haber aprendido la lección con el cobre. Tras los esfuerzos por crear una industria basada en el cobre, apenas queda una empresa mediana (MADECO) y acaso otras empresas más pequeñas. Por el contrario, han sido más exitosos los encadenanientos hacia atrás de la cadena productiva, pese a que no han sido fomentados activamente. En la minería, por ejemplo, existe una eficiente industria de insumos y servicios.

Patentes y minería

No se trata de patentes mineras, sino de la relación entre la investigación que da origen a patentes por invenciones y el negocio de la exploración minera. Ambos negocios son de libre entrada, salvo por las limitaciones que en el caso minero, un país puede oponer a las exploraciones. Por lo tanto, en el largo plazo deberíamos esperar una rentabilidad normal para ambos negocios.

En ambos se trata de encontrar un buen proyecto en un campo inexplorado, de ideas o de minería. El esfuerzo en investigación está determinado en parte por las perspectivas de nuevos desarrollos (basados en adaptaciones de la producción científica básica) y en parte por la reglas de protección a la propiedad intelectual o minera.

Es posible que el mundo, por ejemplo, esté destinando demasiados recursos a la investigación médica, pero eso se debe a que las reglas de propiedad intelectual se han reforzado, y porque vivimos en un momento en que la biología es una ciencia excepcionalmente dinámica, lo que promete inmensos cambios en el futuro cercano (véase Venter, por ejemplo). En tal caso, si se piensa que el gasto en investigación médica y farmacológica es excesivo, se podría debilitar la protección de la propiedad intelectual en el área médica.

En minería, el esfuerzo en exploración también está condicionado por la tecnología, por la riqueza minera esperada en el país, y por la forma en que se aplican las leyes de protección a la propiedad minera, en el sentido de cuáles son los impuestos y otras barreras (regulaciones ambientales, por ejemplo) que enfrenta el sector.

En resumen, un mundo con libertad de explorar yacimientos y con protección a la propiedad minera, la rentabilidad en minería sería normal, pese a que algunos proyectos exitosos serían muy rentables. En eso se parecería a la investigación farmacéutica, en que hay algunas drogas muy rentables, pero con libre entrada no parece haber razones para que la rentabilidad sea sobrenormal. Rentabilidad normal considerando el riesgo de estos sectores, por supuesto.

Impuesto australiano a la minería

En Australia están pensando poner un impuesto adicional de un 40% a la minería. Entiendo que el impuesto sería aplicado a los margenes operacionales de la minería luego de pagar los gastos de exploración e instalación. El Financial Times está muy de acuerdo con el impuesto. Sin embargo tengo dudas sobre la calidad del análisis económico del periódico en este caso.

A mi entender el único motivo económico justificable –a diferencia de motivos de economía política– para poner un impuesto de este tipo ocurre cuando un país con poder de mercado, usa el impuesto para sacar del mercado a los productores de mayores costos y eleva los precios y márgenes de la industria. El mayor precio que resulta en los mercados internacionales le conviene al país. Es una forma de la doctrina clásica del arancel eficiente y es similar a lo que usa la OPEP al limitar las exportaciones de petróleo. El riesgo es que el mayor precio aumente la producción en otros países, anulando la reducción en la producción. Si el poder de mercado se debe a que las minas del país son más ricas que la potencial competencia, esta política es sostenible si el impuesto no es elevado.

El argumento del Financial Times es otro. Según ellos, la minería sigue el patrón del buscador de tesoros. Una vez encontrado, extraer el recurso cuesta muy poco en relación con el valor obtenido, y esa riqueza debería pertenecer al país del que se extrae. Pero ese argumento contiene un erro lógico. En particular, no parece que el negocio de buscar tesoros sea tan rentable, o veríamos muchos más recursos dedicados a él. Lo que sucede es que la mayor parte de las exploraciones de tesoros no encuentran nada, y solo cuando hay cambios tecnológicos que permiten encontrar más tesoros hay un cambio en la rentabilidad del sector, que atrae a más exploradores hasta que la rentabilidad cae a la normal de otros sectores (ajustando por el riesgo del sector).

En realidad el negocio minero opera de otra forma. La oficina central de la empresa financia exploraciones en distintos lugares (o compra los resultados de exploraciones a empresas especialistas), y luego los mejores sitios son prospectados en mas detalle. Luego se preparan anteproyectos y se intenta obtener las autorizaciones ambientales y el financiamiento del proyecto. La mayoría de los proyecto muere en esta etapa, luego de muchos gastos. Los proyectos que sobreviven este filtro usualmente se realizan como «project finance», independientes de la casa central. Luego, las utilidades provenientes de la mina (después de impuestos) dan origen a dividendos que la oficina central utiliza para realizar nuevas exploraciones, nuevas inversiones y pagar dividendos a los accionistas.

Es claro, por lo tanto, que las minas existentes tienen que ser mucho más rentables que el negocio minero en general. Son las sobrevivientes de un proceso de filtrado en que solo las más rentables sobrevivieron, pero no permiten determinar la rentabilidad de la industria como un todo. En esto se parecen a la industria farmacéutica, que gasta enormes sumas en investigación y desarrollo, para finalmente conseguir una pocas drogas altamente rentables.

Seguiré con este tema en el futuro.