Una duda sobre los sindicatos

R. Fischer

El Mercurio trae hoy la noticia de que el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia ha condenado a 25 ginecólogos de Ñuble por colusión.1 Los condenados se habían agrupado en una agrupación gremial, terminado sus convenios individuales con las ISAPREs, haciendo que los pacientes tuvieran que atenderse en forma particular y definiendo un precio mínimo para sus consultas.

 

CartelGinecologos

 

El resultado es que el valor de las consultas ginecológicas  en la Región aumentaron en un 69% y que el número de consultas cayera a un tercio. Además, la cantidad de partos atendida por un ginecólogo cayo de 93 a 73%.  Claramente el bienestar de las mujeres de Ñuble fue perjudicado por el comportamiento de los ginecólogos. La condena del TDLC aparece como totalmente justificada. El DFL 211,  en su artículo 3 condena:

“Los acuerdos expresos o tácitos entre competidores, o las prácticas concertadas entre ellos, que les confieran poder de mercado y que consistan en fijar precios de venta, de compra u otras condiciones de comercialización”2

Recapitulando, un grupo de médicos que trabajaban para las Isapres se pusieron de acuerdo para elevar el pago que recibían, y eso fue condenado por el TDLC.

Lo que me intrigó es que los ginecólogos de Ñuble se comportaron como un sindicato externo a la empresa. Si hubieran sido empleados (y no contratados externos) por las Isapres, el TDLC no habrían intervenido, y la Dirección del Trabajo habría defendido entusiasta  el derecho a elevar el costo de los servicios ginecológicos de las mujeres de Ñuble.3

DireccionTrabajoApoyaSindicatos
“Dirección del Trabajo logra acuerdo en negociación colectiva de “Las Vacas Gordas””, La Nación 16/9/14

Tenemos un problema conceptual serio en la forma en que nuestra legislación trata a los sindicatos. ¿No es inconsistente que una conducta gremial que produce daños a la sociedad es condenada, y en caso de un sindicato consideramos que una conducta sustancialmente equivalente es digna de apoyo del Estado?

 

Notas:

1. La sentencia.

2. Esto es un reflejo del Código de Justiniano que incorporó el siguiente decreto de Zeno de Bizancio (483 CE):

“Está prohibido que personas se combinen en reuniones ilegales  para acordar que mercaderías no se puedan vender bajo un precio mínimo.”

 

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Zeno de Bizancio (425-491CE)

3. Antes del acuerdo colusivo, el 85% de las consultas eran con bonos de las Isapre, lo que se redujo a un 1% después. Los ginecólogos de Ñuble dedicaban un 85% de su tiempo a trabajar para las Isapres.

Hume, ¿el primer socialdemócrata?

R. Fischer

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David Hume, 1711-1776.

David Hume, quién vivió en el siglo XVIII, tiene el siguiente párrafo en su ensayo sobre El Comercio (Ensayos morales, políticos y literarios):

“It will not, I hope, be considered as a superfluous digression, if I here observe, that, as the multitude of mechanical arts is advantageous, so is the great number of persons to whose share the productions of these arts fall. A too great disproportion among the citizens weakens any state. Every person, if possible, ought to enjoy the fruits of his labour, in a full possession of all the necessaries, and many of the conveniencies of life. No one can doubt, but such an equality is most suitable to human nature, and diminishes much less from the happiness of the rich than it adds to that of the poor. It also augments the power of the state, and makes any extraordinary taxes or impositions be paid with more chearfulness. Where the riches are engrossed° by a few, these must contribute very largely to the supplying of the public necessities. But when the riches are dispersed among multitudes, the burthen feels light on every shoulder, and the taxes make not a very sensible difference on any one’s way of living.”

“Add to this, that, where the riches are in few hands, these must enjoy all the power, and will readily conspire to lay the whole burthen on the poor, and oppress them still farther, to the discouragement of all industry.”

Trataré de traducirlo en forma libre, intentando preservar sus ideas. Hume escribe que tal como es valioso para un país disponer de muchas artes mecánicas (es decir, actividades de manufacturas e industrias), también es ventajoso que haya un gran número de personas que reciben los productos de esta industria. Una diferencia demasiado grande entre los ciudadanos debilita los Estados.  Toda persona, en lo posible, debería gozar los frutos de su trabajo, permitiéndole adquirir sus necesidades básicas, así como también cosas que le dan confort y comodidad a la vida. Nadie puede dudar que esa igualdad es la más adecuada a la naturaleza humana y que reduce mucho menos la felicidad del rico de lo que le añade a la del pobre.

Esta mayor igualdad aumenta el poder del Estado, y facilita el pago de los impuestos. Cuando la riqueza está concentrada en unos pocos, éstos pocos son los que más deben contribuir a solventar las necesidades públicas, y se opondrán a éstos. Cuando la riqueza está distribuida entre la multitud, esta carga se siente como algo muy leve, y los impuestos no alteran la calidad de vida de las personas.

Además, cuando la riqueza se concentra en pocas manos, elles ostentarán todo el poder, y conspirarán para traspasar toda la carga a los pobres, oprimiéndolos aún más y desanimando todos los esfuerzos para mejorar su situación.