Auge y la expansión de las enfermedades cubiertas

La idea del programa Auge era focalizar los recursos de salud pública en los programas de mayor impacto sobre la calidad de la salud. En vez de un mecanismo en que los recursos de salud se asignaban a las distintas especialidades de acuerdo a la influencia de grupos de poder médicos, se usarían estudios objetivos para determinar un grupo pequeño de enfermedades que tendrían cobertura prioritaria, con plazos predefinidos, y que serían exigibles como si estuvieran sujetos a contratos.

Las demás enfermedades segurían siendo cubiertas, tal como lo eran anteriormente, aunque debido a que recibirían menos recursos, los plazos de atención serían mayores y la calidad empeoraría. En el Plan original, era importante que el grupo de enfermedades cubiertas fuera pequeño, porque: i) los recursos disponibles serían suficientes para cumplir con el contrato Auge, y ii) porque las demás enfermedades todavía dispondrían de suficientes recursos como para que el efecto sobre ellas no fuera catastrófico.

Era una buena idea, pero tenía el peligro, advertido por quienes observaban el sector, de que por razones populistas o por influencias de lobbies médicos, el número de enfermedades cubiertas aumentara. El Plan original concebía un grupo de enfermedades no estático, que debería aumentar con el tiempo, pero solo en la medida que el crecimiento del país permitiera destinar mayores recursos a salud. Sin embargo, ya desde el comienzo, el gobierno comenzó a aumentar el número de enfermedades cubiertas. Esto fue particularmente frecuente durante el gobierno de la Presidente Bachelet, tal vez porque como médico le costaba priorizar entre enfermedades. El resultado es que el Auge ya no cumple sus promesas de atención rápida y de buena calidad para un pequeño número de enfermedades cubiertas, sino que ofrece una atención mediocre para un gran número de enfermedades, con listas de espera que aumentan en forma permanente.

Asimismo, debido a que los recursos se hacen más escasos, la discriminación en el tratamiento que se sufre al estar aquejado por una de las enfermedades no contenidas en el Auge es mucho peor que si el Auge fuera un programa restringido. Por lo tanto, las presiones para incorporar más tratamientos aumentan, y es probable que el resultado final sea volver a la situación pre-Auge, con largas listas de espera en todas las enfermedades y con los recursos de salud pública asignados como antes, por grupos de presión médicos.

Una lástima para una buena idea destruida por una combinación populista-médica.

Autor: variacioncompensada

Profesor, CEA-DII, U. de Chile.

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