Cúando desarrollar un sistema de concesiones

R. Fischer

Supongamos que un país está pensando desarrollar un sistema de concesiones, ¿cuáles son los aspectos que debe tomar  en cuenta?

En primer lugar, las ventajas financieras directas –ahorro de recursos fiscales– no existen. Básicamente, los recursos ahorrados por el Estado al no construir el proyecto directamente deben ser retribuidos al concesionario, por lo que no hay ganancia neta.1

La otra posibilidad es que las concesiones tengan ventajas porque las empresas privadas son eficientes y el Estado es ineficiente. El Estado puede ser ineficiente de muchas maneras:  en la falta de mantenimiento de los proyectos, o en dificultades en la transferencia de recursos al interior del Estado. Por ejemplo, la corrupción puede elevar el costo de transferir recursos a un contratista; o los peajes pueden ser bajos por razones de economía política; o los recursos destinados a mantenimiento tienen un uso más políticamente atractivo en nuevas  obras.

Ésto ultimo es tal vez la mayor ventaja de un sistema de concesiones: da más seguridad de buen mantenimiento (especialmente si los usuarios deben pagar por los servicios), pues el concesionario, que tiene una gran inversión hundida, debe enfrentar la presión política de los usuarios si no provee un servicio aceptable. Esto puede llevar a expropiación regulatoria. Para protegerse de esta posibilidad, el concesionario tiende a realizar un buen mantenimiento. Es un país desarrollado, la infraestructura pública está bien mantenida, por lo que esto no es una ventaja de las concesiones.

En resumen, las principales ventajas de un sistema de concesiones provienen del hecho que resuelven deficiencias del Estado, las que son menos relevantes en países desarrollados. El problema es que las concesiones a su vez causan problemas.

Primero están los problema de economía política, pues las concesiones representan una forma de escapar –aparentemente’– a las restricciones presupuestarias y de balance fiscal. Todo indica que el Private Finance Initiative (PFI) en el Reino Unido, un programa similar al nuestro de concesiones,  fue la forma de burlar las restricciones a la inversión pública incluidas en el Tratado de Maastricht. O sea en un país desarrollado como el Reuino Unido, las concesiones no parecen haber sido utilizadas por sus ventajas, sino porque permitían escapar a un límite de gasto del gobierno.

Segundo, y enlazado con el punto anterior, están las renegociaciones de contratos, a menudo durante el proceso constructivo mismo. Ellas permiten responder a omisiones en el proyecto o  para aumentar la inversión proyectada. Dado que esta es una negociación con solo dos partes, a diferencia del proceso competitivo en la etapa de licitación, los resultados pueden ser muy rentables para el concesionario. Este fenómeno es muy conocido en la industria de la construcción. Ha sido cuantificado en el caso chileno como un incremento de un 33% en el monto invertido en los proyectos.2 Un problema adicional es que estas enormes cifras pueden interferir en las decisiones políticas.

El tercer problema es el contrario al anterior: a medida que pasa el tiempo se hace necesario realizar cambios a la infraestructura y se debe conseguir la aceptación del concesionario, el que  está en una buena posición negociadora. Por ello, las concesiones son mucho más inflexibles que obras equivalentes bajo el control del Estado. Esta es una de las causas de la impopularidad del programa de PFI en el Reino Unido.

Hay maneras de reducir el impacto de estas deficiencias, pero en general dependen de la existencia de un poderoso organismo regulador de las concesiones. Esto significa que debe ser independiente del mundo político, que esté empoderado y que tenga capacidad técnica y recursos para concesionar proyectos de alta calidad, que no requieran grandes alteraciones debido a omisiones o errores técnicos. Es un requisito difícil de  cumplir para un país que no sea desarrollado –e incluso en muchos de ellos–.

Por lo tanto, el espacio para las concesiones es limitado: en los países ricos no son estrictamente necesarias, y en los demás países sus ventajas dependen de una institucionalidad pública que a menudo no poseen.

Notas: 1. El argumento está formalizado en Engel, E.; Fischer, R. & Galetovic, A. The Basic Public Finance of Public-Private Partnerships,  Journal of the European Economic Association, forthcoming.

2. Engel, E.; Fischer, R.; Galetovic, A. & Hermosilla, M. Renegociación de concesiones en Chile, Estudios Públicos, 2009, 113, 151-205. Por supuesto, es necesario comparar este monto con las renegociaciones de construcción de obras equivalentes por el Estado, y no disponemos de esa cifra.

Sobre los diferentes presupuestos

R. Fischer

Confieso que es cada vez más difícil de entender la discusión sobre los presupuestos. Parece increíble que contando con cifras válidas de las distintas componentes del gasto y de los ingresos se pueda producir la discusión que observamos entre economistas favorables al gobierno y economistas de oposición. Pese a ser yo un economista, me cuesta seguir esta discusión. En principio debería ser trivial determinar quién tiene la razón, si se explicitara bien de que es lo que se está discutiendo, pero todo parece indicar –hasta esto es confuso– que los puntos de partida son distintos.

Existe una propuesta de crear un Comité Fiscal independiente que haría una especie de evaluación del presupuesto más objetiva y con una memoria histórica que evitaría que un cambio de gobierno produzca efectos que hacen difícil para los legos entender si el presupuesto tiende a un exceso de gasto o por el contario, se ahorra tanto como en el  pasado.

Estaría satisfecho con un cuadro que indicara, para cada una de las dos posiciones:

  1. Cuál es el déficit esperado para el próximo año, usando el crecimiento de ¿tendencia? (o cómo se llame la tasa a la que Chile puede crecer en el mediano plazo, y que es definida por un Comité independiente).
  2. Cuál fue el déficit de años pasados, usando el crecimiento e ingresos de gobierno y gasto efectivos.
  3. Cuál habría sido el déficit de años pasados, usando las cifras esperadas de crecimiento y de crecimiento de los ingresos del gobierno; y el gasto efectivo.
  4. Cuál habría sido el déficit de años pasados, usando las cifras de crecimiento y  de crecimiento de los ingresos efectivos; y el gasto que se esperaba ocurriera ese año.

Además, una explicación para la diferencia entre las cifras entre el gobierno y la oposición, si ella existe. Tal vez estoy pidiendo algo equivocado, en el sentido de no ayudar a entender dónde está el problema, pero no se me ocurre otra forma de tratar de entender el motivo para una discusión sobre algo que no debería merecer disputa alguna.

¿Deben subir los impuestos en los EE.UU?

R. Fischer

Hace poco escribí una nota sobre el sistema de impuestos que me gustaría, en la que confesaba que no era un experto y que seguramente cometería serios errores. Aunque al releerlo no lo encontré tan malo como lo temía (debí enfatizar más que se debe limitar la elusión y reducir la evasión), la peor omisión es no haber mencionado el rol redistributivo de los impuestos. Claro que le puse buena nota a los principios, si no a la práctica, que guían el sistema de impuestos chileno. Este tiene tasas fuertemente progresivo, por lo que implícitamente si incluí aspectos redistributivos.

Al leer el el artículo de Diamond y Saez aparecido en el último número del Journal of Economic Perspectives, me di cuenta cuán poco se del tema. El artículo entrega argumentos para defender los impuestos progresivos, contra propuestas como el Flat Tax y otras alternativas poco redistributivas que se han planteado recientemente. El artículo responde a un artículo anterior de Mankiw. Weinzierl y Yagan, aparecido en la misma revista, sobre la teoría y práctica de los impuestos óptimos.

En su articulo, Mankiw et al incluyen varias recomendaciones sobre la política de impuestos deseable, que incluyen:

  • La tasa de impuestos debe caer en los niveles altos de ingreso.
  • Un flat tax, más un subsidio universal fijo se acerca al impuesto óptimo.
  • No deben haber impuestos al capital

Mankiw et al tienen otras recomendaciones, pero son más convencionales o menos relevantes, pero estas tres son las que discuten Diamond y Saez (DS).

Impuestos crecientes en el inngreso

DS consideran un gobierno que valora la redistribución del ingreso (al menos un poco). Esto se deduce directamente de una función de bienestar social utilitaria, cuando la utilidad marginal del consumo tiende a cero a medida que el consumo aumenta –el supuesto usual–. El ejemplo clásico es cuando la utilidad del consumo es logarítmica. A partir de este supuesto derivan la tasa máxima de impuestos. Para eso, muestran primero que la distribución de los ingresos en el tope de los ingresos es Pareto. Las conclusiones son musy distitnas de las que se obtienen con una distribución lognormal de los ingresos, que es lo que usan Mankiw et al, y los argumentos de DS para criticar el supuesto lognormal son convincentes. El ajuste de la Pareto se muestra en la siguiente figura, proveniente del artículo de DS. La segunda línea vertical muestra el ingreso de corte para el percentil 99. La línea punteada muestra el valor del parámetro empírico a de la Pareto, y se observa que se compara bien con el parámetro a de la Pareto teórica, para ingresos de más de US$400.000 y un valor a=1.5.

Para determinar la tasa óptima de impuestos al ingreso se debe evaluar el efecto del alza en la tasa marginal sobre el esfuerzo de los agentes. Un aumento en la tasa marginal reduce el esfuerzo de las personas, lo que a su vez reduce sus ingresos. Por lo tanto, un impuesto elevado puede generar menos ingresos de lo esperado si no se toma en cuenta este efecto. Si la elasticidad asociada a este efecto se denota por e, y se supone constante en el percentil superior de ingresos, se obtiene la siguiente expresión para la tasa marginal de impuestos que se debe aplicar a ese percentil:

{\tau^* = \frac{1}{1+ae}}

El valor de e que se debe usar no es el valor observado cuando se incluye desviación de recursos para evitar el nuevo impuesto, sino el valor genuino del cambio en el ingreso debido al cambio en el esfuerzo causado por el impuesto. Usando distintas estimaciones para este parámetro, DS deducen que las tasas máximas actuales son demasiado bajas.

Surge la duda de como conectar este resultado con el de Mirlees (1971) de que la tasa marginal de impuesto al más alto ingreso debe ser cero. DS Muestran que ese resultado no tiene relevancia, porque no se sabe por anticipado quién será el individuo de más alto ingreso –único al que se aplica el resultado– en un determinado período.

Subsidios a menores ingresos

En esta sección, DS observan que la mayoría de los estudios omiten considerar que en los estratos de menores ingresos hay dos márgenes> uno es cuánto trabajar y el otros es la decisión de si trabajar o no. Dado que la sociedad está interesada en que las personas trabajen, se debe evitar que los beneficios a las personas de menores ingresos se retiren abruptamente al comenzar a trabajar, es decir si la tasa marginal de impuestos que enfrentan es muy elevada. Por lo tanto, proponen que las transferencias y subsidios no se eliminen y podrían hasta aumentar para los salarios más bajos. Solo se deben reducir las transferencias en cuando los ingresos son mucho más elevados.  Un esquema de este tipo es muy distinto del flat tax y subsidios distribuido a todos de la propuesta de Mankiw et al.

Impuestos al ingreso proveniente del capital

Existen varios resultados teóricos que muestran que el ingreso proveniente del capital no debería enfrentar impuestos. Uno de los principales argumentos es que el impuesto al capital distorsiona las decisiones de ahorro e inversión de las personas, debido a que representa un impuesto doble al ingreso proveniente del ahorro.

Según DS, este resultado depende críticamente de agentes que toman decisiones racionales de largo plazo, algo que no es consistente con el comportamiento observado de los individuos. Además, el modelo se aplica a vidas infinitas, y las herencias, que podrían reemplazar esta deficiencia del mundo real, tienen motivaciones que no son consistentes con la racionalidad requerida por el modelo. Mi apreciación es que aquí los argumentos de DS son algo más débilesque en otras partes,  porque el efecto existe hasta en plazos relativamente moderados. Por ejemplo muestran que el monto de la distorsión es de 13.4% en diez a;os, lo que no es despreciable.  Por otra parte, se puede corregir a DS si se excluye un tramo del capital –por ejemplo, el asociado a los fondos acumulados para el retiro del individuo de los deciles 1 al 9–  de este impuesto.

Me parece más convincente su siguiente argumento para imponer impuestos al capital: es necesario aplicar impuestos al ingreso del capital dado que en las personas de mayores ingresos es difícil separar el ingreso del trabajo del ingreso del capital. Con buenos contadores, esas personas pueden traspasan fácilmente ingresos desde el trabajo al capital, buscando el sector con menores impuestos, y por lo tanto eludiendo pagar impuestos sobre sus ingresos.

DS examinan otros motivos para imponer impuestos al capital, pero son algo sofisticados para repetirlos aquí.

Conclusión

DS muestran que muchos de los argumentos que se han usado para justificar la caída de los impuestos para los individuos de altos ingresos en los EE.UU. no son válidos en el mundo real. La reducción de impuestos parece ser una de las causas del aumento en la desigualdad de los últimos 30 años en ese país, por lo que los argumentos de DS podrían tener un efecto político importante. A mi  –ignorante en el tema– me parecieron argumentos relativamente sólidos.

Mi sistema de impuestos

R. Fischer

Como un ejercicio intelectual ¿Cuál es el sistema de impuestos que me deseo? No pretendo un sistema ideal, sino la mejor combinación entre los objetivos y la posibilidad de cumplirlos. Además, no soy un especialista en economía tributaria, así que tal vez cometa errores de principiante.

Primero algunos criterios: 1. evitar la perpetuación de grandes desigualdades, 2. proveer incentivos, 3. generar recursos, 4 justicia horizontal y vertical (es decir, que personas que ganan lo mismo no paguen distintas cantidades y que las personas que ganan mucho en poco tiempo no paguen más que personas que ganan menos pero por mucho más tiempo, siendo el valor presente de lso dos ingresos el mismo).

Para evitar la perpetuación de las grandes desigualdades, impondría un impuesto muy elevado a las grandes fortunas (y gastaría muchos recursos para fiscalizar esta medida, que me parece de gran importancia para la sociedad). La idea es que al crearse fuentes de poder hereditarias –y el dinero en grandes cantidades es una fuente de poder– la democracia se debilita. En ese sentido estoy con Warren Buffet, quién donó la mayor parte de su fortuna (probablemente el 95% o más) y todavía le dejó mucho más a los hijos de lo que podrían gastar en una vida de lujo.

No estoy pensando en el empresario mediano, con una fortuna moderada, en los digamos pocas decenas de millones de dólares –dónde no haría cambios importantes respecto a las leyes actuales–, sino en que tiene diez o veinte veces más. También daría la oportunidad de conmutar la muy alta tasa de impuesto a la herencia que propongo por una donación filantrópica (casi) sin restricciones de monto. No se trata de un impuesto para generar recursos, sino uno cuyo objetivo es evitar la perpetuación de fortunas que pueden tener influencia política excesiva. Un empresario exitoso todavía podría disponer de su fortuna dándosela a una universidad, museo o alguna otra actividad que le interese, lo cual significa que sus incentivos no se verían demasiado afectados. Entre paréntesis, acabo de un artículo en el Financial Times que muestra que Larry Summers tiene la misma preocupación por la creación de dinastías:

«When there are more and more great fortunes being created and the government is in larger and larger deficit, it is hardly a time for the estate tax to be eviscerated With smaller families and ever more bifurcation in the investment opportunities open to those with wealth, there is a real risk that the old notion of “shirtsleeves to shirtsleeves in three generations” will become obsolete, and those with wealth will endow dynasties.»

Mantendría la actual situación de tributación de las empresas (hablo del principio, no de la tasa) en que no hay doble tributación de los dividendos. Me parece que así se mantienen mejor los incentivos y no se crean empresas con mucha deuda, para evitar pagar dividendos sujetos a doble tributación. Lo que cambiaría es el actual sistema de fiscalización, focalizándolo en los gastos de los empresarios para sus usos personales. Esta me parece una de las formas más claras de desigualdad horizontal en los impuestos ya que una persona que recibe un ingreso por su trabajo y otro que percibe lo mismo y gasta a través de su empresa reduce muchos sus impuestos. Tendría castigos muy importantes a este tipo de fraude tributario. Cre oque esta medida permitiría aumentar sustancialmente los ingresos por impuesto a la renta sin cambiar las tasas.

Introduciría un impuesto a los dividendos pagados a través de empresas en estructuras piramidales. Es decir, impondría un impuesto a los dividendos recibidos por una empresa cuyo único activo son papeles de una empresa aguas abajo (ver la figura). Esto reduce los incentivos a las estructuras de control corporativas complejas en que un propietario con pocos derechos económicos (posesión directa de acciones) controla una empresa. En los Estados Unidos las eliminó casi por completo con un impuesto de este tipo hace muchas décadas.

Mantendría un IVA como el actual, pues genera muchos ingresos y es difícil evitarlo. No exluirí a más sectores (libros por ejemplo) pues al excluir sectores es muy fácil la evasión y se producen variadas distorsiones. En principio, creo que preferiría ampliar la aplicación del IVA incluso a los sectores excluidos actualmente, para reducir la evasión. Como contrapartida, se podría bajar la tasa general.

A fin de promover la igualdad de impuestos horizontal, ampliaría el espacio de ahorro previsional voluntario de tal manera que el primer año de uso el monto excluido de impuestos pueda ser un porcentaje muy elevado del ingreso de la persona, reduciéndolo a medida que pasan los años en que usa el beneficio. La idea es que si una persona tiene un año muy bueno, pero sabe que sus ingresos futuros serán menores, no deba pagar a una tasa mayor que otra que tuvo ingresos más estables. Estoy pensando en un futbolista, que tal vez tuvo ingresos muy altos por unos años, pero luego casi no tener ingresos. el futbolista tuvo que pagar un 40% de su ingreso como impuesto durante esos pocos años y en total pagaría más impuestos que la persona de ingresos más estables. Esa persona podría ahorrar mucho los primeros años, excluyéndolo de impuestos, y luego gastaría esos ahorros en su períodos más flacos, pagando una tasa mucho menor. Asi, su tasa promedio no sería demasiado distinta de la de una persona que tiene ingresos bajos pero más estables.

Creo que se me olvidan algunas cosas. Sin embargo, salvo por el impuesto a las herencias, y el que aplicaría a los dividendos entre empresas, solo perfeccionaría lo que ya existe, especialmente la fiscalización del gasto personal a través de las empresas, la mayor fuente de evasión, me parece. Entre paréntesis, no tengo problemas con que las pérdidas acumuladas de una empresa sean usadas como descuento de impuestos de otra: la primera pagó impuestos pese a tener pérdidas y por eso comprarla sirve para descontar impuestos de una empresa con ganancias. En resumen, no haría cambio radicales en la lógica de los impuesto actuales, aunque claro, siempre se pueden cambiar algo las tasas sin tener demasiados efectos sobre los incentivos.

Spreads europeos: pasado y presente

R. Fischer

Creo que nada mejor para ilustrar lo que pasó en Europa que el gráfico siguiente, aparecido en FT Alphaville

Cuando se forma la eurozona, la tasas bajan para los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), por lo que se pueden endeudar con spreads similares a los de los alemanes. La deuda se ve manejable hasta que los acreedores se dan cuenta –luego de la crisis de 2008– que le habían prestado a Grecia y no a Alemania, y que los griegos no pagan impuestos… El resto es historia futura.

Algunos problemas en las propuestas para universidades

R. Fischer

Escribir sobre las propuestas estudiantiles daría para mucho, pero solo quiero referirme a unas pocas de ellas. Una de las quejas de los estudiantes es el alto costo de los estudios, el que ha subido mucho más que el arancel de las becas y otros subsidios a los estudiantes de bajos ingresos.
No estoy seguro cual es la explicación que dan los estudiantes para esta alza desmedida, pero es casi seguro que la asignan gran parte de la culpa al lucro en la educación.

Aunque puede haber un pequeño efecto del lucro en los costos de la educación, el aumento de costos tiene otra causa mucho más fundamental. Cuando un sistema universitario se expande como lo ha hecho el nuestro, y con condiciones de competencia que impiden una degradación en la calidad como la que ocurrió durante la ampliación de la cobertura escolar de la década de los 60, los factores (cuasi-) fijos se llevan gran parte de la renta producida por los mayores ingresos por matrículas.

Nuestra cobertura de educación terciaria universitaria aumentó en algo así como 100% en diez años, pero el número de personas que podrían servir como académicos crece mucho más lento. Hay carreras, como las de negocios, en las que no son necesarios muchos recursos como laboratorios e investigación, y pueden hacer buenas clases un enorme número de profesionales. Es por ello que son las carreras que inicialmente se expandieron más rápido en las nuevas universidades, sin elevar demasiado los costos.

El problema es que las nuevas universidades se expandieron a otras áreas en la oferta de académicos –incluso part-time– es más limitada y los costos de infraestructura son mayores. Además, los procesos de acreditación elevaron las exigencias en esas carreras, ya que la acreditación valora la investigación y el número de profesores de jornada completa con posgrados, especialmente doctorados.

Este último factor es casi fijo, porque el proceso de creación de nuevos doctores puede tardar cinco a seis años, y solo una fracción pequeña de la población tiene interés y la capacidad para seguirlos. Esto ha generado una competencia desmedida por los académicos existentes, elevando sus remuneraciones. Este es el factor principal en el aumento en el costo de la educación universitaria.

En mi área, por ejemplo, una universidad privada (e incluso algunas privadas sin fines de lucro) le ofrece a un académico recién doctorado un salario que lo puede poner en el 1-2% de mayores ingresos de la población. Esta posición relativa de los ingresos de los académicos es superior a la de otros países del mundo desarrollado. Incluso mi Facultad, perteneciente a una universidad estatal, y que tiene remuneraciones menores que la competencia, puede atraer a académicos europeos en casi todos los departamentos. En Europa el número de estudiantes decrece por la baja fertilidad, y eso ha afectado a los académicos jóvenes, que deben emigrar, algo que podría repetirse en el mediano plazo en Chile.

Al eliminar el costo de los estudios, haciéndolos gratuitos, se elimina una de las pocas señales que da el mercado para limitar el ingreso a la educación universitaria. Al no haber señales, hay personas sin habilidades que estudian aunque esto represente una pérdida para la sociedad y segundo, las personas pueden elegir carreras sin importarles si encontrarán trabajo en su campo al egresar. En el futuro esto causará frustración por los años desperdiciados. Además, es posible que gran parte de los mayores ingresos se traspase a los académicos, o que baje la calidad de la educación universitaria si no aumentan los recursos asignados.

Entre paréntesis, hace unos quince años, el Centro de Economía Aplicada de la U. de Chile publicó una propuesta de financiamiento universitario en El Mercurio. La propuesta era similar al actual esquema australiano: Se pagan las universidades, pero los alumnos de bajos ingresos pueden posponer el pago hasta que comiencen a trabajar. En ese momento deben pagar la deuda como un impuesto adicional, con un tope en porcentaje de los ingresos y un un mínimo de ingreso para pagarlo. Esto subsidia el estudio en carreras de bajos ingresos, como artes y pedagogía, pero permite que paguen los estudiantes de esas carreras que se transformaba en empresarios de altos ingresos. No lo encuentro en mi computador, pero debe ser posible recuperar la propuesta y ver si todavía es relevante.

Dudas sobre la economía austriaca

R. Fischer

En el coloquio sobre el Dinnero y la instituciones financieras,aparecen facetas de las propuestas austríacas que causan dudas. En particular, parecen dudosas las afirmaciones que indican que una vez que desaparezcan los bancos centrales y se instale el patrón oro, ya no habrá manipulación del dinero, y el mundo se acercará una utopía capitalista:

«Cynics dispose of the advocacy of a restitution of the gold standard by calling it utopian. Yet we have only the choice between two utopias: the utopia of a market economy, not paralyzed by government sabotage on the one hand, and the utopia of totalitarian all-round planning on the other hand.» von Mises, The Theory of Money and Credit, ch 23.

El tiempo ha demostrado el error de una afirmación tan extremista. Existen estados intermedios de capitalismo relativamente eficientes que no tienen alta inflación, pese a tener bancos centrales y que no han degenerado en dictaduras totalitarias.

Aún si el Free Banking (la posibilidad de que cualquier banco pueda emitir billetes) puede tener algunas ventajas en la contención de la inflación -puede ser, aunque hasta ese argumento puede ser dudoso ya que los mercados competitivos no necesariamente entregan la calidad óptima- tienen una serie de desventajas que han sido olvidadas por los austríacos y que aparecieron en la discusión.

  • El problema de que al tener diversos medios de pago de distintas calidades aumenta el costo de transacción y la necesidad de información para saber cual es la tasa adecuada de intercambio entre billetes de distintos orígenes.
  • El problema de la información sobre la calidad de las instituciones bancarias que emiten los billetes, pese a que supuestamente tendrían un encaje alto.
  • El problema de que nuestro derecho civil es de pésima calidad. Sería difícil castigar a los propietarios de bancos y devolverle a los usuarios de sus billetes la parte correspondiente en un proceso de quiebra si el banco colapsa, por fraude o por otra causa.
  • El problema de economía política; ya que una vez colapsado un banco que emite billetes, las presiones para cambios importantes al sistema (tal como mayor regulación de tipo Banco Central) nos volverían a un sistema regulado.

Tal vez más importante, la preocupación de los austríacos por los problemas generados por los bancos centrales en términos de exacciones través de inflación, no desaparecen con la abolición de los bancos centrales. El problema real es el exceso de gasto de gobierno, que produce un déficit que debe ser cubierto de alguna forma.

Esto se puede hacer mediante impuestos aprobados por el parlamento -la forma tal vez más legítima-, o mediante emisiones de deuda. Además de la inflación, el gobierno dispone de múltiples herramienta administrativas y de coacción que puede utilizar si lo requiere. Puede hacer default de su deuda (explícita e implícita, como con las pensiones), expropiar, o tomar otras medidas, legítimas o no.

Por lo tanto, los austríacos podrían eliminar los bancos centrales y no conseguir ninguno de los objetivos que perseguían, o tal vez que los gobiernos adopten medidas con aún peor efecto sobre la eficiencia económica. A veces los austríacos se asemejan a esos médicos oncólogos a los que uno les hace una consulta por un dolor al pie y piden una biopsia, ya que ven cáncer en todas las dolencias.

Es mucho mas razonable y consistente el principio adoptado por Chile (aunque claro, su implementación podría mejorarse) de mantener un balance presupuestario a través del ciclo. Asimismo, se debe considerar el efecto que tienen las leyes que involucran gasto sobre el presupuesto intertemporal, algo que se le ha olvidado a nuestro gobierno actual.

UF e inflación

R. Fischer

Una de las ventajas de los coloquios del tipo Liberty Fund es que dan pensar en temas en los que nunca les he dedicado neuronas. En este Coloquio, algunos de los trabajos que se discuten intentan diseñar mecanismos para evitar que los gobiernos o el Banco Central aprovechen el monopolio de la emisión de papel moneda para imponer un impuesto ilegítimo (porque no autorizado por el Congreso), la inflación.

Eso me puso a pensar en nuestra venerable UF, que funciona como una unidad de cuenta y se utiliza para algunos contratos de trabajo, para casi todas las compras de vivendas y terrenos, arriendos, hipotecas, seguros y en general, cualquier contrato de larga duración o sobre un activo durable. Además, nuestra economía está aún más indexada, con impuestos basados en ingresos indexados e incluso con tramos de impuestos indexados.

La consecuencia es que la inflación es un mecanismo mucho menos efectivo para recaudar recursos, ya que solo afecta a los contratos no indexados, y no aumenta los impuestos recogidos por cambio de tramo, como ocurre en los EE.UU. Tampoco tiene efectos en la relación entre acreedores y deudores, al menos en de largo plazo.

Una consecuencia es que hay menos incentivos a crear inflación, pues ésta tiene menos efectos reales. También están limitados los ingresos por segniorage, ya que hay menos espacio en la economía para diluir los pesos adicionales, lo que hace que la inflación salte rápido. Por el mismo motivo, es difícil detener la inflación una vez comenzada: es como si hubiera menos fricción en la economía, ya que se separa el corto plazo (afectado por la inflación), del largo plazo, que es inmune a sus efectos directos. Y al haber menos fricción, la reducción de inflación es difícil, y tardó casi toda la década de los 90 pasar del 10% anual al 3% anual al que estamos semi-acostumbrados.

Sin embargo, ha resultado difícil explicar esto en el coloquio, en parte porque es demasiado exótico, y en parte porque reduce la importancia de las propuestas por un patrón oro, tan apreciadas por los austríacos.

Una mirada deprimente

Si alguien desea deprimirse un poco, pueden mirar el Daily Show de John Stewart. La colección de videos de de días anteriores es tal vez demasiado fuerte para todos los que han vivido algún tiempo en los EE.UU. La decadencia del discurso político y las medidas que se deben tomar para hacer frente a las crisis presupuestarias estatales y locales –casi todas relacionadas con reducciones en educación, y pronto en salud– pueden tener desastrosos efectos en el largo plazo.

Me parece sorprendente que la polarización se observe incluso en el discurso de Stewart, normalmente una persona razonable. Es cosa de ver la entrevista con Rand Paul de hace unos días. Además, queda claro que el discurso no puede seguir siendo de reducción de impuestos. Se puede pensar en racionalizar los impuestos, pero no en su reducción en volumen.

Este blog piensa que se deberían eliminar los loopholes que usan los individuos de altos ingresos (o riqueza) para pagar efectivamente un porcentaje menor de sus ingresos que los que reciben menos ingresos. Se debería eliminar la deducción de impuestos por los intereses pagados en hipotecas. Pero por otro lado, eliminaría el impuesto a las empresas, traspasándolo como en Chile, a un impuesto deducible del impuesto a las personas.

Tal vez se puedan cometer peores errores

Pero es difícil de superar el error del gobierno irlandés al garantizar toda la deuda de sus bancos. No a los depositantes, sino a los tenedores de bonos y a todos sus demás acreedores. Hay casos como el argentino de la entrada anterior, en que el gobierno es miope y actúa para maximizar el beneficio de corto plazo, ignorando que eso puede tener costos en el largo plazo. El caso irlandés es distinto. No solo están teniendo costos enormes en el corto plazo, sino que es probable que al final igual deban hacer un default, por lo que no conseguirán la reputación de virtud en el largo plazo. Es decir, no parecen ser estonios.

Marginal Revolution nos dirige a un reportaje de Vanity Fair que describe la catástrofe que es Irlanda con mucho estilo aunque tal vez algo largo. Según su autor, las pérdidas de uno solo de los bancos quebrados es de 34 mil millones de euros. Lo otros dos bancos irlandeses grandes están en una situación similar y se estiman pérdidas de 106 mil millones de euros para el sistema bancario. Hay que notar que la economía irlandesa es de mas o menos $180 mil millones (aunque cayendo rápido, -7.5% en 2010), es decir que las pérdidas son como un 80% del producto irlandés. Para nosotros, sería como si los bancos perdieran unos $200.000 millones de dólares dado nuestro producto de unos $260 mil millones; y que todas esas pérdidas fueran asumidas por el Estado. Ya pasamos por algo similar en 1982 y espero que hayamos aprendido.

El gobierno irlandés inicialmente garantizó la deuda y luego, para rematar su error, nacionalizó los bancos, con lo que reafirmó su garantía de la deuda, que es casi toda de extranjeros. En vez de aplicar un haircut para compartir el costo de la crisis, el gobierno garantizó el pago del 100% de la deuda. La consecuencia es una crisis feroz, y los irlandeses nuevamente emigran de su país. La mayor parte de la deuda la generó una burbuja de las propiedades, como en tantas otros países. Durante su auge, la construcción llegó a representar un 25% del producto, y por supuesto, cuando se acabó la burbuja, la construcción cayó brutalmente: en 2009 el producto creció -3.5% y en 2010 -7.5%. Probablemente aún le falte caer más.

Una de las cosas que uno debería pensar es que todos los análisis que indicaban lo bien que lo estaba haciendo Irlanda estaban equivocados. Es probable que gran parte del crecimiento del período de auge de Irlanda haya estado contaminado por el crecimiento inorgánico causado por la burbuja. Y los políticos irlandeses no entendían nada (a menos que fueran corruptos, una posibilidad que no debe ser descartada).