LACEA-LAMES

R. Fischer

No he tenido mucho tiempo los últimos días, debido a la Conferencia de Economía LACEA-LAMES. Fueron tres días de muchas sesiones en la U. A. Ibañez, que organizó la Conferencia. Se trataron una cantidad inmensa de temas, desde la educación a la crisis en Europa. Desde teoría económica pura hasta experimentos. Además, me sorprendió encontrar muchos ex alumnos de nuestro programa de Magister, ahora con doctorados y trabajando en la academia. Describiré algo sobre las sesiones a las que asistí, aunque no alcanza ni a una fracción pequeña del total de trabajos presentados.

Trabajos que encontré muy interesantes fueron los de Angrist sobre la ineficiencia de los colegios de excelencia en los EEUU, que contradicen, al menos a primera vista, lo que pienso (en el futuro escribiré como creo que puede compatibilizarse el estudio de Angrist con mis creencias sobre los colegios de excelencia). En la misma sesión Victor Lavy mostró como cambia el patrón de estudio de los adolescentes en los kibbutz de Israel cuando cambia el sistema de impuestos, desde un sistema de tipo comunista en que todos los ingresos de las personas van a un fondo común, a un sistema en que las personas conservan un 60% de los que ganan. Aumenta en un 10% el ingreso a las universidades desde los kibbuts (aparentemente un efecto enorme en el área de la economía de la educación). Casi todo el efecto de debe a un aumento en la tasa de ingreso de los hombres provenientes de familias con bajos niveles educacionales. Aparentmente el ingreso propio es menos importante en las decisiones de la mujeres, y en el caso de los jóvenes provenientes de familias más educadas la educación universitaria es casi una obligación, por lo que la tasa tampoco cambia.

Bengt Holstrom dió una excelente presentación de su idea de que la liquidez en los mercados financieros es fruto de la ignorancia, y que cuando hay más información en los mercados aumenta la desconfianza y la liquidez desaparece. Lo que, entre paréntesis, no le parecía tan mal a Holstrom.

En historia económica, las presentaciones de Williamson, McCloske y Nye fueron todas interesantes, especialmente por la discusión que hubo después. McCloskey, que considera que las virtudes bueguesas fueron esenciales para el desarrollo económico a partir del comienzo del siglo XIX, comparó ese período en Inglaterra con la experiencia China que, con la misma capacidad tecnológica a fines del siglo XIII, no fueron capaces de entrar en una etapa de crecimiento sostenido. Nye habló sobre la unificación fiscal de Francia en el siglo XVII, medida a través del número de juicios por brujería. Según Nye, él gobierno central se oponía es estos juicios, por lo que su reducción a lo largo del siglo es una medida del creciente poder de Paris en el Reino.

Inmediatamente después, Jean Tirole hizo la Jacob Marchak Lecture, en la que mostró el efecto que tiene el tranching de los activos financieros sobre la liquidez en los mercados. El tranching, es decir la división de un activo financiero en una parte segura y una no segura, permite asegurar la transacción de la parte segura, pero hace más compleja la transacción de la otra parte, debido a su mayor riesgo. Conectó este efecto con la charla de Holmstrom, con quien colabora a menudo.

También fui a una sesión sobre economía del crimen en la que me gustó un trabajo de Rafael Di Tella sobre el efecto del uso de brazaletes electrónicos sobre la tasa de reincidencia de los criminales, Si se compara con la tasa de reincidencia después de una estadía en la cárcel, la tasa de reincidencia es un 40% menor. Tenemos que ir hacia el uso de brazaletes en la justicia, porque además de reducir la reincidencia, es de mucho menor costo y es más humano como castigo.

Falté a la primera sesión del sábado (había salido con antiguos amigos a los que veo solo en estas conferencias), lo cual fue una lástima, porque las sesiones se veían muy interesantes. En todo caso, pude llegar a la sesión de Mullaynathan (de Harvard) sobre el comportamiento de los pobres. Fue una buena presentación, pero no entusiasmó a los economistas, que encontraron que eran obvios los resultados principales. Por ejemplo, experimentos que muestran que la capacidad de razonamiento de las personas es limitada. Por lo tanto, si están hambrientos, o si están recargados de trabajo, no piensan correctamente sobre otros temas. Tampoco me pareció muy interesante la noticia de que las personas prestan más atención a los precios de los productos, cuando son más pobres.

Los trabajos contribuidos son –como siempre– variables, con algunos muy buenos y otros mediocres. Como habían muchas sesiones paralelas, era fácil equivocarse y terminar en una francamente mala. Sin embargo quedé muy bien impresionado por un trabajo de Joaquin Coleff sobre los efectos ambiguos de reducir el costo de ejercer garantías por fallas de productos de consumo. Cuando el costo de ejercer la garantía baja mucho, la calidad del producto puede bajar y el precio podría incluso subir.

En resumen, una excelente conferencia organizada por Andrea Repetto y la U. Adolfo Ibañez.

Un paralelo universitario II

R. Fischer

Finalmente, luego de haber mostrado en Un paralelo universitario I que no se observa ninguna razón objetiva para considerar que las universidades públicas cumplen un rol que amerite que reciban un tratamiento especial, llegamos al punto clave de estos posteos.

En algún momento del pasado, en un país mucho más pobre, con pocos profesionales y una sola universidad importante, nuestra Universidad tenía los atributos que los proponentes de un tratamiento especial le atribuyen. Los tiempos cambiaron, y ya no es la única universidad con esos atributos, por lo que no me parece que haya un motivo para tratarla mejor de lo que indican sus méritos reales, medidos con parámetros objetivos. Pero no es lo que quiere, por ejemplo, nuestro Rector y quiénes apoyan su posición, sino un tratamiento diferente por una característica intrínseca: la de ser estatales. No se quiere que los estudiantes elijan libremente entre universidades, usando subsidios a la demanda. Tampoco se desea que los fondos de investigación sean concursables, sino de darle una ventaja permanente a la U. de Chile, que haga imposible que otras puedan competir con ella. Pensando en este tema y porqué no me dejaba un mal sabor en la boca, finalmente encontré el paralelo que me permitió entender esa sensación.

Lo que desean los estudiantes organizados y los académicos que los apoyan es equivalente a la lucha de la aristocracia contra las fuerzas niveladoras de la burguesía hacia el final del siglo XVIII en Francia.

Hay un grupo en decadencia relativa (la aristocracia antes y las universidades estatales ahora), orgulloso de una historia gloriosa. Enfrenta un grupo que comienza alcanzar su nivel en todas las dimensiones (la burguesía para la aristocracia, las universidades privadas para las estatales). Los aristócratas luchan para preservar sus privilegios, tal como las universidades estatales. Se alega que tienen una historia gloriosa, que todos los políticos (y artistas) importantes pertenecen al grupo, que son los únicos que no se venden, que poseen principios y que son los que representan lo más valioso de la nación. Finalmente, señalan que por el hecho de ser aristócratas –por su esencia– merecen un tratamiento especial, independiente de sus méritos. Esto también me recuerda a un argumento que usan las universidades estatales. Ese paralelo muestra un lado menos atractivo del movimiento estudiantil y de quienes lo apoyan entre los académicos.

Si soy tan crítico ¿Cuál es mi propuesta alternativa para la Universidad? El principio es no dejar de competir, sino hacerlo en igualdad de condiciones.

Primero, salirse del aparato público y dejar la tutela de la Contraloría General de la República. Segundo, cambiar el sistema de elección de autoridades por uno como el que propuse aquí y aquí, que no incluyen la participación de los estamentos en la selección de autoridades universitarias (salvo a nivel departamental). Tercero, solicitaría del Estado y por una vez, recursos para crear un fondo de reserva y mejorar algunas Facultades que requieren ser reformadas para llevarlas a un buen nivel.

Cuarto, en vez de un sistema de gratuidad para los estudiantes, hacer que la deuda estudiantil sea contingente en los ingresos. La idea es que se cobre un impuesto adicional progresivo a los que hayan pasado –no necesariamente terminado– por la universidad. Este impuesto sería muy bajo o nulo para los niveles de ingreso bajo, y se pagaría por, digamos veinte años (menos si se extingue la deuda antes). Si alguien no alcanza a pagar en ese período, se anula el remanente. En tal caso, el estudiante recibió una beca parcial (ex post).

La gracia es que los que se benefician de sus estudios universitarios son los que pagan por el sistema: nadie puede quejarse de pagar si tiene ingresos altos y recibió los beneficios de la universidad. Pero no hace pagar por los estudios de unos a otros que no recibieron el beneficio de la educación universitaria. Es un sistema más justo que la extensión de las becas a quintiles de mayores ingresos o la universidad gratuita. Se aplicaría a todos los estudiantes que no deseen o no pueden pagar mientras estudian. No es una novedad: se usa en Australia, Uruguay (los egresados de la U. Nacional pagan un impuesto adicional) y tal vez se introduzca en lo EE.UU.

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Un paralelo universitario I

R. Fischer

Antes de comenzar este posteo quiero aclarar que deseo que la Universidad de Chile vuelva a ser la mejor universidad del país, y que la FCFM se mantenga como la mejor Facultad del país. Más aún, espero que suba en los rankings internacionales. Pero creo que eso debe conseguirse mediante méritos y no por un acto de gobierno que impide que las otras universidades puedan competir en condiciones similares.

Cuando me hago la pregunta de porqué se requiere una universidad estatal de buena calidad, yo al menos no tengo una buena respuesta. Entiendo que si hay una universidad estatal de alta calidad, se debe intentar preservarla, tal como se hace con todas las instituciones que valen la pena, pero no por su carácter estatal. Si examino los argumentos que se presentan para defender la necesidad de una universidad estatal, solo por el hecho de ser publica, noto veo que no resisten un análisis objetivo.

Primero, se nos dice que la universidad estatal puede «pensar el país». No entiendo bien que significa esta frase, pero si se interpreta como la de ser un centro para generar ideas y políticas públicas, estos centros también existen en universidades nuevas, y algunos de ellos han hecho importantes contribuciones a las políticas pública. Por ejemplo, la Reforma Procesal Penal, uno de los cambios más importantes de las últimas décadas, se diseñó en la U. Diego Portales. Ejemplos como éste hay muchos, lo que significa que una universidad pública no es imprescindible en esta labor.

Segundo, se nos dice que en las universidades privadas no se puede disentir de las ideas de los dueños o controladores y por lo tanto las universidades públicas son un centro de diversidad. El problema es que incluso en aquellas universidades que tienen un dueño que puede hacer lo que quiera con su «empresa», esto podría no ser válido. Si el objetivo del dueño es tener una buena universidad y no solo obtener utilidades, con el pasar del tiempo, el sistema académico adquiere una inercia que hace difícil no respetar ideas distintas. Es verdad que las universidades confesionales tienen problemas con sus dogmas religiosos, lo que representa una desventaja con la que deben cargar y que las lastra como instituciones académicas. Finalmente, Además, hay universidades privadas que no son confesionales y que admiten muchísima diversidad de opiniones en su interior.

Debo señalar que hay menos pluralidad al interior de nuestra Universidad de la que nos vanagloriamos. En nuestra Facultad pasaron varios meses hasta que aparecieron las primera voces que se atrevieron a disentir de la opinión de grupos de académicos con participación activa en el movimiento. Estos académicos eran tan agresivos en sus aserciones que acallaron a los disidentes, algunos de los cuales tal vez temían las consecuencias académicas de hacer públicas sus opiniones. Más aún, hay académicos que estiman (espero que sea solo porque no lo pensaron bien antes de opinar) que pluralismo significa que se puede discutir al interior de la universidad, pero que no pueden haber diferencias públicas respecto a una única versión «versión oficial».

Respecto a otras cosas que se dicen sobre las universidades públicas, como el hecho que son las únicas que hacen investigación, eso está cambiando, y a medida que las mejores universidades privadas completen el pago de su infraestructura, tendrán recursos y podrán competir mejor por proyectos y harán más y mejor investigación.

Aunque la calidad de los estudiantes de la FCFM corresponde a la crema de las cohortes, eso ha estado cambiando, y aunque los estudiantes de las universidades privadas aún son peores que los de la FCFM, es probable que con nuestras huelgas tengan el efecto de desviar algunos de los alumnos con más potencial hacia ellas. Nosotros empeoraremos y ellos mejorarán, lo que reduce nuestras diferencias. Es por ello que debemos cuidar por no cometer nuevamente errores como el de aceptar un movimiento tan costoso.

No estoy en contra de paros cortos por alguna causa que motive a los estudiantes, porque aunque disuaden a algunos, atraen a otros a los que les gusta la idea de una universidad con la imagen de tomarse el país en serio. Por ello, no creo que signifiquen una perdida neta de los mejores estudiantes. Además, tienen un efecto educativo y crean lealtad a la Universidad.

(Continúa en: Un paralelo universitario II).

Democracia universitaria

R. Fischer

Como si fuera poco el daño que la Confech le ha provocado a las universidades públicas, y en especial a la Universidad de Chile que es la que más tiene que perder, ahora con la colaboración de la Concertación, intentan asegurarse que el daño sea permanente.

Según lo que escuché hoy en la radio, una parte de la Concertación ha decidido condicionar la entrega de fondos basales a las universidades públicas a su democratización. Estos parlamentarios exigirían que los estudiantes puedan participar en la elección de las autoridades universitarias.

Ya hemos visto como los dirigentes de los estudiantes han estado dispuestos a sacrificar las universidades públicas según sus intereses políticos de corto plazo (hablan de que la lucha es de largo plazo, pero esto es solo para explicar por que no han conseguido lo que habían prometido) y cómo los estudiantes los siguen como corderos, y no se oponen si no están de acuerdo con los objetivos de los dirigentes.

Con esa imagen en mente, pensemos en cómo tratarían de acomodarse los candidatos a rector a las exigencias de los dirigentes estudiantiles para asegurar su apoyo, y podremos ver como las universidades estatales continuarán su trayectoria hacia la decadencia. Tal como no existen universidades privadas con fines de lucro entre las mejores del mundo, estoy casi seguro –no lo he verificado cuidadosamente– que entre las mejores del mundo no existen universidades en que el rector es elegido por los estamentos.

Como he escrito en otras ocasiones (aquí, al final del posteo, o incluso hace 15 años), que estoy en contra de la participación de cualquier estamento en la elección de rector, así que no se trata de una animadversión específico hacia los estudiantes. Claro que los estudiantes, por su menor experiencia y más alto descuento del futuro, son peores que los otros estamentos para participar en la elección de las autoridades.

Incluso desde la lógica de los estudiantes que consideran a las universidades públicas como parte del Estado, la idea no tiene sentido. Después de todo, ¿qué parte del aparato estatal que tenga niveles jerárquicos (a diferencia de la Corte Suprema o del Congreso), elige sus propios directivos?

Otra forma de pensarlo es que la universidad pública es una institución permanente, cuyo manejo no debería estar al arbitrio de estudiantes que pasan solo unos años en ella. O en tal caso, ¿no se debe también a los ex estudiantes y no deberían ellos votar? Al menos ellos piensan en el más largo plazo de la universidad, sin estar tan contaminados por problemas del momento.

He escrito antes que creo que el Rector Pérez ha sido unos de los responsables de la situación actual de la Universidad, con un semestre casi perdido, los mejores estudiantes de colegio pensando en la alternativa de las universidades privadas y una pérdida global de prestigio. Tal vez sea el momento de redimirse parcialmente, declarando que no está dispuesto a aceptar fondos basales si están asociados a una propuesta que garantiza que la triste situación actual no pueda revertirse.

En todas partes se cuecen habas

R. Fischer

Lo que ha ocurrido en el caso de Olympus (la empresa de cámaras fotográficas y otros aparatos ópticos) muestra que los escándalos en las empresas no son una prerrogativa de La Polar. Hace unas semanas el CEO de la empresa fue obligado a renunciar, luego de dos semanas en el cargo, por haber denunciado un fraude de más de mil millones de libras esterlinas.

Woodford descubrió que, según la contabilidad de la empresa, se habían pagado cientos de millones de dólares por asesorías en la adquisición de empresas, lo cual era muy superior a lo que razonablemente se podía esperar como pago por esos servicios, así que alertó al directorio, que lo despidió.

La empresa trató de esconder el escándalo, pero finalmente tuvo que realizar una investigación en la cual se siguió la pista de las platas, la que desaparecía en las Islas Caymán. No es claro si los recursos fueron robados o si fue una maniobra contable para evitar reconocer pérdidas, pero en todo caso nunca se detectó la salida de los recursos. Esto habla mal por los sistemas contables de la empresa y tal vez explica por que los precios de las empresas japonesas estén por debajo del valor de sus activos netos: los que saben no tienen confianza en la contabilidad de las empresas japonesas.

¿Qué va a pasar con Olympus? Sus acciones valen un 70% menos que antes del escándalo, se espera que renuncien todos los directores y acaso Woodford vuelva a dirigir la empresa. En todo caso, es la única persona que se ha reivindicado en este caso. Puede transformarse en en un símbolo de que no todos los altos ejecutivos son deshonestos.

La Polar y los medios

R. Fischer

Una de las radios que escucho es la radio Biobio, un medio independiente con una buena cobertura de la regiones y del sector judicial y de temas no tocados en otros medios (además, soy amigo de M. Mosciatti). Debo confesar, sin embargo, que a menudo la calidad del análisis de temas de negocios o de economía es deficiente. Un ejemplo son las críticas de Tomás Mosciatti (TM) a los acuerdos de La Polar, las que revelan no comprende lo que tratan de hacer los acuerdos con los acreedores.

TM hace dos comparaciones erradas: 1) compara el tratamiento que reciben los clientes de la Polar y sus deudas incobrables con la que la Polar recibe de los bancos y otros acreedores, y ii) compara el tratamiento que recibió La Polar con el que recibe un pequeño empresario de parte de los bancos.

En el caso de los deudores de La Polar, la renegociación unilateral de la deuda fue ilegal e inaceptable, pero muchos clientes dejaron de pagar por lo que no tuvo mayor costo para ellos, especialmente si las renegociaciones no aparecían en Dicom. Los clientes que no pagaban tenían mucha deuda en el papel, pero no era deuda efectiva y La Polar, o más bien sus acreedores han tenido que reconocer la pérdida. En realidad, y pocos lo recuerdan, la injusticia es para los que pagaron una fracción importante de su deuda renegociada, y es peor aún la situación de los que pagaron toda su deuda y dejaron de ser deudores de La Polar.

Respecto a La Polar y sus acreedores, éstos tenían dos opciones: o renegociar la deuda y aceptar el recorte de su valor, o la empresa quebraba. En ese caso, después de pagar las indemnizaciones a los empleados y otros gastos de la quiebra, es probable que reciban mucho menos que si renegocian.

La renegociación dividió la deuda en dos partes. Un 44% es deuda senior, que se paga en 8 años con cuotas semestrales y a una tasa de interés que pasa de un 4% al 10%. La deuda restante es junior,y no se paga nada ni acumula intereses hasta el año 2032 en que se paga el total. Por último, los acreedores exigieron que para que la renegociación se concrete algún inversionista debe invertir $120 mil millones en acciones de la empresa antes de que se empiece a pagar la deuda. Este capitalista seguramente va a pedir que los actuales propietarios de acciones se diluyan. Así, por ejemplo, las actuales acciones podrían contar, por un décimo –o algún valor similar– de las acciones de la nueva emisión.

Es decir, los acreedores deben rezar por que se encuentre este capitalista y por que la empresa se recupere lo suficiente como para pagar los compromisos senior (la deuda junior al 2032 tiene un valor casi cero, dados los descuentos del futuro, y creo que está ahí solo por motivos contables). Se observa que los acreedores tuvieron que aceptar un recorte de un 56% aproximadamente en el valor nominal de su deuda (el «haircut»), pero seguramente esto es mejor que la quiebra.

Esto no es diferente del hecho que muchos deudores de La Polar no pagarán o van a pagar muy poco de lo que debían por sus compras (más el interés pactado en su contrato original). Esto se reconoce en el descuento que hacen los compradores de la cartera de La Polar. Así que hasta ahí, la diferencia en el tratamiento no es demasiada.

A los pequeños empresarios, según TM, no les perdonan la deuda y la empresa muere, a diferencia de La Polar, que es bien tratada por los bancos. Aquí el problema es que TM no comprende que en el caso de una sociedad anónima pública hay una diferencia entre la empresa y sus propietarios, a diferencia de la mayor parte de las pymes. Sin su propietario, la pyme no vale nada y se deben liquidar los activos, y el propietariose queda sin nada. Por lo tanto, si no se llega a un acuerdo (y en muchos casos los bancos llegan a un acuerdo con haircuts) no hay nada que hacer.

En una empresa con acciones que se transan en bolsa, los dueños son los accionistas. Veamos lo que pasó con las acciones de La Polar, porque ese valor mide las pérdidas que han sufrido. Hasta ayer,

En la figura se ve que el último año la acción cayó a un 10% del valor que tenía en 2010. Otra forma es ver que pasó cuando se descubrió que La Polar tenía problemas: su valor cayó desde $2400-2.800 a $400 y fracción en pocas semanas. Esa es la pérdida de los dueños y se debe comparar con la que tiene un propietario de Pyme que quiebra. Tal vez la pérdida debería ser mayor, pero algunos problemas en nuestra actual Ley de Quiebras (en proceso de modificación) le dan un poder poco legítimo a los accionistas en un proceso como éste, y es por eso que el precio de la acción no es cero.

En resumen, a los dueños de La Polar les pasó casi lo mismo que lo que le habría pasado al dueño de la Pyme. Los que están mejor con el arreglo son los trabajadores, que no quedarán cesantes. Los acreedores perdieron más de la mitad de lo que habían prestado, lo que debe ser similar a lo que le pasa a un banco cuando renegocia y no liquida una pyme. En resumen, no me parece que, salvo por detalles menores, haya mucha diferencia entre el tratamiento que recibió La Polar y una Pyme.

Por eso cuando escucho los comentarios de TM sobre las diferencias en el tratamiento de ambos casos, me doy cuenta que se guía por las apariencias (La Polar ese salva, la Pyme muere) y no por el fondo (en ambos casos pierden dueños y acreedores). Estoy de acuerdo que las quiebras y acuerdos concursales son temas espesos, pero conviene no tener tanta seguridad al opinar de un tema que no se entiende del todo.

Debo repetirlo: aquí los verdaderamente perjudicados son los que pagaron buena parte o toda la deuda renegociada unilateralmente por La Polar. Y de ellos nadie se acuerda.

Manual para académicos sobre el periodismo

R. Fischer

Esta entrada va dirigida especialmente a miembros de mi Facultad (la FCFM), porque de las intervenciones en el Foro académico he percibido que muchos académicos malentienden cómo funciona la prensa y cómo relacionarse productivamente con ella. No soy un especialista en el tema, pero tengo algún conocimiento, y en este país de ciegos, soy el tuerto.

Primero, como todos saben, la prensa en general tiene sesgos. Eso es natural, porque la prensa totalmente objetiva es aburrida, y porque un medio refleja los intereses de sus controladores. Esto no significa que la prensa de buena calidad falsee la información (salvo en situaciones anómalas como dictaduras, guerras o conflictos sociales exacerbados), sino que la va a mirar con un cierto prisma ideológico. Esto incluye realzar algunas noticias y a darle a otras menos importancia de la que objetivamente merecen.

En el caso de la prensa escrita, los periodistas tienen cierto grado de autonomía, porque el Director del diario o el editor de la página no puede revisar toda la información de respaldo de cada artículo. Los artículos, mientras no sean en temas que el diario considere vitales y si el artículo no va directamente en contra de la línea editorial del diario, puede analizar los temas en forma relativamente independiente, si el periodista se formó una convicción que puede defender ante el editor de su sección. Como evidencia, he escuchado a Directores de diarios quejarse de la opiniones que se transparentan en algunos artículos (en casos extremos, ya que tiran la esponja en casos menos flagrantes).

Segundo, la prensa necesita que el público la escuche, la vea o la lea. De otra forma bajan los ingresos por publicidad y ventas y como casi todos los costos son fijos, el medio se ve en problemas. Se trata de atraer al lector y eso normalmente milita contra la profundidad con que se tratan los temas y determina los temas que se tratan (podemos discutir sobre si esto es bueno o malo, pero eso es otro asunto). Además, normalmente los periodistas trabajan contra un límite de tiempo, o de otra manera la noticia se pierde. Por último, los periodistas no son expertos en los temas, al menos en Chile, y si bien hay algunos muy inteligentes y otros son bastante limitados. Sobre todo, se debe entender que no son científicos y no se guían por los parámetros que guían a los investigadores.

Esto significa que en general (omito varias otras cosas porque se me olvidan):

  • Pueden no entender argumentos muy sofisticados o sutiles sin muchas explicaciones y a veces ni entonces (hay periodista brillantes a los que no se aplica esta generalización).
  • Van a tomar lo que les parezcan los aspectos más interesantes de lo que les digamos, aunque a nosotros nos parezcan detalles secundarios.
  • Los pequeños detalles que nos pueden parecer importantes, a menudo a ellos a veces les parecen irrelevantes –y los omiten– si creen haber captado lo esencial de la idea o problema que estamos transmitiendo (Ejemplo, la «cita» de Sergio Jara hoy en El Mercurio Ver nota al final).

¿Qué hacer?

Ante estos datos del problema, ¿qué estrategia podemos adoptar los académicos si deseamos tener una relación productiva y buena para la Facultad y la Universidad?

Una estrategia es la que, según me contaron hoy, seguía Igor Saavedra: solo aceptaba entrevistas si podía revisar lo que se había escrito. Supongo que es una estrategia útil si uno tiene una personalidad tan atractiva como la de I. Saavedra para los medios, pero para la mayoría de nosotros eso significaría que la prensa no tendría ningún interés en consultar nuestras puntos de vista o descubrir que hacemos.

La alternativa es la colaboración con los periodistas. La mayoría de ellos no nos conoce, ni sabe de nuestros temas por lo que hay que hacer es siempre estar dispuesto a contestarles –en temas de los que conocemos o tenemos opinión– o si el tema corresponde a otra especialidad, darles nombres de colegas para que los llamen. Así tendrán confianza en nosotros, nos escucharán con más cuidado y seremos fuentes primordiales en los temas que nos interesan. La fuente primordial es la que llaman primero para tratar de entender el tema que les asignaron. Esto hace más probable que tengan una buena opinión de lo que hacemos, y de nuestra institución. Por el contrario, no contestar a un periodista por el origen del diario es un error que tiende a perpetuar la visión que tiene el medio y el periodista sobre nosotros.

No se debe esperar que un periodista entienda todo lo que les decimos ni que escriba exactamente lo que deseamos, pero mientras más confianza tengan en la calidad de nuestra información y opiniones y mientras más nos conocen, más tiempo pueden dedicar a tratar de entender los temas desde nuestro punto de vista.

Cuando proclamamos que debemos pensar el país y liderar con nuestras ideas el desarrollo nacional, es necesario que estas ideas sean comunicadas a la opinión pública, y para ello se necesitan los medios. Este pequeño manual intenta ayudar a cumplir nuestro objetivo institucional.

Nota día siguiente: Parece que sé mucho menos de periodismo de lo que pensaba (otro ciego más), ya que publicaron la carta de Sergio Jara quejándose de haber sido tergiversado. Estaba seguro que no sería publicada porque la cita capturaba bien el sentido de lo que había escrito. ¿Sería por el error de ponerla entre comillas? En todo caso, Sergio parece ser el tuerto de la Facultad.

El error de los estudiantes

R. Fischer

Cuando finalmente, con la perspectiva que da la distancia, se escriba la historia del extraño hara-kiri que llevó a la decadencia –ojalá que solo dure unos años– de la Universidad de Chile como resultado de un paro estudiantil que se extendió más de un semestre, se podrán determinar los errores de estrategia y sus responsables.

Me parece, como lo he sostenido otras veces, que el error de los estudiantes fue su intolerancia. Al mes del movimiento, cuando tenían al gobierno contra las cuerdas, habían conseguido lo máximo que podrían conseguir: el gobierno aumentaría los recursos a las universidades públicas, aumentarían las becas a los estudiantes de menores ingresos, se regularía el lucro y obtendrían otras medidas que solicitaban.

No sería lo máximo que aspiraban, pero era bastante, y continuaba con lo que habían conseguido los pingüinos algunos años antes. Asimismo, una buena negociación de la Cruch podría haber aumentado las platas para las universidades estatales, por encima de la oferta inicial. Pero para ello era necesario aceptar negociar, y esto significaba aceptar que no se podían conseguir todas las aspiraciones de los dirigentes esrudiantiles–después de todo, no es legítimo que el gobierno acepte todo lo que solicita un grupo de presión.

Una vez que el gobierno descubrió que no había negociación posible, debido a las posiciones fundamentalistas de la Confech (y de la Fech que las avalaba), y cuando ya su popularidad había caído al suelo, el gobierno no tenía nada que perder si se ponía firme en sus posiciones. Es lo que ocurrió y el movimiento estudiantil perdió importancia. El resto de la sociedad siguió funcionando tranquilamente, especialmente los estudiantes de las universidades privadas –supuestamente perjudicados por el sistema–. La Confech y sus universidades se han hecho cada vez menos relevantes para el país y la decadencia de la Universidad es un costo que tendremos que aceptar.

Cuando los historiadores busquen a los responsables de la debacle, Víctor Pérez será (y lo siento, porque creo que tuvo buenas intenciones) probablemente el principal. En su cargo, la prudencia debería ser permanente. Su incapacidad para criticar públicamente a los dirigentes estudiantiles cuando adoptaban decisiones cada vez más irresponsables, habilitaron a los dirigentes estudiantiles. Su incapacidad para negociar con el gobierno dejó pasar la oportunidad que le podría haber aportado recursos frescos importantes.

Segundo, Camila Vallejos como el rostro de una dirigencia estudiantil de la Universidad que demostró que estaba dispuesta a sacrificar todo –la Universidad, en particular– para evitar enfrentar a los extremistas de la Confech. Además, por formular un plebiscito ilegítimo –porque sus consecuencias no fueron informadas claramente a los estudiantes, porque fue decidido a la rápida– que extendió el paro al segundo semestre, pasando por arriba a Facultades que habían ya votado en contra.

En el caso de mi Facultad, se debe reconocer la responsabilidad de Andres Fielbaum, que no supo renunciar cuando un 76% de lo estudiantes votó en contra de que se dieran vuelta –por votantes externos– los resultados de una votación interna que había decidido claramente que deseaban la vuelta a clases. La misma dirigencia que el preside luego ratificó una decisión que iba contra de esa abrumadora mayoría de los que lo eligieron.

Pero además hay responsables académicos: aquellos que alentaron a los estudiantes, y no fueron nunca, ni son capaces ahora, de criticar las decisiones de los estudiantes, avalando sus pésimas decisiones y por lo tanto contribuyendo activamente a la decadencia de la Universidad de Chile.

También somos responsables nosotros, los demás académicos, que no nos hemos opuesto mas que pasivamente –algunos por temor, otros por inercia, y otros por desinterés– y no hicimos oír nuestras dudas y diferencias sobre lo que estaba pasando. Tal vez una participación más activa podría haber aglutinado los estudiantes más prudentes para oponerse en forma organizada a las decisiones de sus dirigentes.

Esta reflexiones deberían llevar a una reflexión más general: nuestras estructuras de gobierno son inapropiadas y la triestamentalidad lo sería más aún. Los estudiantes tienen una visión de corto plazo inapropiada para tener ingerencia decisiva en una universidad, y son manejados por dirigentes manipuladores que tienen objetivos propios. Los administrativos responden a intereses gremiales. Lo mismo ocurre con los académicos. En realidad, estoy en contra de la estamentalidad. No deberíamos ser nosotros, con nuestros intereses particulares, que difieren de los de la universidad como una institución permanente, los que gobernemos la universidad, aunque es natural que todos los estamentos tangan una influencia limitada –voz, pero no voto–sobre las decisiones.

Pero claro, decidir sobre una forma de gobierno no es fácil. Una posibilidad sería que el gobierno nombrase, como se hace en universidades estatales en los Estados Unidos, un consejo directivo elegido entre ex alumnos. Este consejo se encargaría de contratar a una empresa de búsqueda de personal para que encuentre una lista de candidatos idóneos para el cargo (de acuerdo a los parámetros de búsqueda decididos por el consejo), entre los cuales el Consejo elegiría al Rector. A su vez, el Rector y el consejo elegirían a los decanos. Al interior de lso departamentos, es posible la democracia con los académicos votando por sus directores de departamento (salvo que en casos extremos de disfuncionalidad interna, los decanos pueden intervenir). A esa escala la democracia funciona bastante bien porque lo intereses de los académicos están bastante alineados. Pero claro, esa es solo una idea a la rápida.

El problema de los países acreedores

R. Fischer

El Financial Times de hoy realmente vale la pena. Tiene un clarísimo artículo de Martin Wolf que muestra que la solución a los problemas de los países europeos con déficit (o de los Estados Unidos) necesariamente pasa por que los países con superávit comiencen a consumir más. (También he escrito sobre esto, aquí, y en otros posteos que no puedo encontrar en este blog). Voy a citar el artículo más de lo que hago habitualmente, porque me parece tan clara la forma de exponer el problema.

«Blessed are the creditors, for they shall inherit the earth. This is not in the Sermon on the Mount. Yet creditors believe it: if everybody were a creditor, we would have no unpaid debts and financial crises. That, creditors believe, is the way to behave. They are mistaken. Since the world cannot trade with Mars, creditors are joined at the hip to the debtors. The former must accumulate claims on the latter. This puts them in a trap of their own making.

Three of the world’s four largest economies – China, Germany and Japan – are creditors: they run current account surpluses, in good and in bad times (see charts). They believe they are entitled to lecture debtors on their follies. China, an ascendant superpower, enjoys berating the US for its imprudence. Japan, a US ally, is more discreet. Germany’s ambitions are closer to home. It wishes to turn its eurozone partners into good Germans, instead.»

No es posible que todos los países se comporten como los alemanes y tengan superávits:

. «Germany states that it is all the fault of bad fiscal policies: correct those and bind fiscal policy for all time; the virtuous will then inherit the earth.»

[…]

«Germany wants both to minimise the financing and continue to run huge external surpluses. This cannot work. Some will argue that Germany adjusted into surplus in the 2000s. Why can’t its partners do so now? Germany moved into surplus with countries that willingly ran deficits. But Germany does not want to run deficits. Given that, its partners cannot run surpluses, unless they do so with the world. That would be possible only after a huge weakening of the euro or depressions in weaker countries. The latter would ensure waves of sovereign and bank defaults and the end of the eurozone. Such one-sided adjustment will surely fail.»

Según Wolf, los europeos creen que los chinos podrían ayudar, pero están equivocados:

«After all, China already runs its own risk of massive losses on the currency reserves – now worth $3,200bn – it has accumulated. That was a public capital outflow aimed at supporting its trade surpluses. But, in its attempts at managing the currency relationship with the US, it is the latter that controls the central bank. China can huff and puff. But it must either buy the money the US creates, to preserve competitiveness, or stop doing so. If it buys, it throws good money after bad. If it stops buying, it imposes a shock on itself.»

Wolf concluye que:

«Do creditors rule the world? Not really. In the short run, they can threaten to turn off the credit. But their surpluses depend on the willingness and ability of others to run deficits. It would be more sensible to admit that there has been too much borrowing by the profligate because there was too much lending by the supposedly prudent. Once it is understood that both are at fault, both must adjust. Imposing one-sided adjustment on erstwhile debtors will not work. As little Greece seems about to prove, debtors are able to inflict a great deal of damage on everybody – as the US discovered in the Great Depression.»

Creo que Wolf tiene toda la razón, aunque aún se queda corto en un sentido. Debido al cambio demográfico, hay un exceso de ahorrantes (personas en la edad en que se ahorra) en el mundo. Como no hay suficiente demanda de inversiones (porque hay relativamente menos jóvenes que antes), las tasas de retorno tenderán a caer. Para protegerse, las personas en edad de ahorrar reducirán su consumo, y en general obtendrán retornos muy bajos a sus ahorros, si es que obtienen un retorno positivo, esto, por supuesto, en el largo plazo. Los alemanes están experimentando una forma de ese problema con sus préstamos a los demás países de Europa.