El mal uso de la CASEN

R. Fischer

Encuestas como la CASEN no son parte de mi especialidad, pero siempre me ha interesado la encuesta y asistí al ahora famoso encuentro del CEP en que Andrés Velasco interpeló a J. Lavín por el mal uso de sus resultados.  Creo que Velasco tenía la razón en sus críticas, así como los panelistas del CEP y quienes desde el público hicieron preguntas y críticas.

Primero, hay legítimas dudas metodólogicas sobre la encuesta que no han sido respondidas. Durante la presentación en el CEP, pensé que eso se debía a que Lavín desconocía las respuestas, pero la ausencia posterior de mejores explicaciones (por ejemplo en una columna en La Tercera del Ministro y la subsecretaria) hace temer problemas más fundamentales. En particular hay dudas sobre:

  • ¿Se mensualizó o  no el bono entregado en el mes en que se tomó la muestra? La respuestaes un simple si o no. Responder, como lo hizo el Ministro en el CEP (y hoy Monckeberg y Godoy en una carta a El Mercurio) y  que durante el año 2009 se entregaron dos bonos de mayor monto es una respuesta inadecuada. Primero, porque esos bonos se mensualizaron y se entregaron en meses distintos al de la toma de la muestra. Segundo, y más importante aún, incluso si hubiera habido un problema metodológico, esto no es un argumento para repetirlo, sino más bien para corregirlo.
  • Lavín no fue capaz de explicar la razón para tomar dos muestras, ni la razón para tomar datos con posterioridad a los que serían usados para calcular la CASEN. Su única respuesta es que la CEPAL lo avalaba, lo que es una respuesta muy débil, casi escuálida . Monckeberg y Godoy escriben que la motivación fueron las recomendaciones de la Comisión de Expertos que propuso medidas para mejorar la CASEN. Sin embargo, según Dante Contreras, esto no figuraba entre las propuestas de esa Comisión (información transmitida por E. Engel). La propuesta de la Comisión era que la CASEN usara un Panel en el futuro, una excelente idea. Pueden haber legítimas razones para el uso de dos muestras (a mi se me ocurre una, que enlaza con el cambio que se hizo en los términos de referencia a los objetivos de precisión de la CASEN).
  • Se modificó una pregunta vital sobre ingresos, pero no se explicaron los motivos para este cambio ni como se resolvieron los problemas creados por la modificación. La única respuesta fue que en el pasado se habían hecho más modificaciones a los cuestionarios y que la CEPAL no lo había objetado. A eso solo puedo  responder que repito el comentario al primer punto más arriba.
  • Tampoco se han explicado los motivos para cambiar la precisión exigida al estudio.

Pero tal vez el punto más importante de Velasco, más allá de estos puntos metodológicos, es que Lavín está destruyendo un instrumento valioso para el diseño de políticas públicas al darle un uso político de  corto plazo. Molesta el triunfalismo de declarar una reducción en la pobreza cuando no se sabe si los cambios son significativos (según Lavín en el CEP, lo eran marginalmente). Sobre todo molesta porque se trata de  un efecto en gran medida debido al ciclo económico, que está fuera del control del gobierno. Recordemos que el  2009 recibimos el impacto de la crisis financiera y que el 2011 fue un año de reconstrucción y de alto crecimiento. La mejora en los indicadores económicos no se debe a los esfuerzos del gobierno: las pocas políticas de largo plazo que se han introducido hasta ahora (hay más en camino) aún no han tenido tiempo de actuar.

En resumen, me parecen legítimas las críticas.

Hume y la distribución de ingresos

R. Fischer

Estoy preparando un curso nuevo sobre Historia del Pensamiento Económico, y tenido que leer o releer a muchos escritores clásicos. Una de las cosas interesantes es encontrar pasajes como el siguiente, en los Ensayos Morales,  Políticos y Literarios de Hume (1777):

«It will not, I hope, be considered as a superfluous digression, if I here observe, that, as the multitude of mechanical arts is advantageous, so is the great number of persons to whose share the productions of these arts fall. A too great disproportion among the citizens weakens any state. Every person, if possible, ought to enjoy the fruits of his labour, in a full possession of all the necessaries, and many of the conveniencies of life. No one can doubt, but such an equality is most suitable to human nature, and diminishes much less from thehappiness of the rich than it adds to that of the poor. It also augments the power of the state, and makes any extraordinary taxes or impositions be paid with more chearfulness. Where the riches are engrossed° by a few, these must contribute very largely to the supplying of the public necessities. But when the riches are dispersed among multitudes, the burthen feels light on every shoulder, and the taxes make not a very sensible difference on any one’s way of living.»

«Add to this, that, where the riches are in few hands, these must enjoy all the power, and will readily conspire to lay the whole burthen on the poor, and oppress them still farther, to the discouragement of all industry.»

«In this circumstance consists the great advantage of England above any nation at present in the world, or that appears in the records of any story. It is true, the English feel some disadvantages in foreign trade by the high price of labour, which is in part the effect of the riches of their artisans, as well as of the plenty of money: But as foreign trade is not the most material circumstance, it is not to be put in competition with the happiness of so many millions.»

Es interesante porque Hume muestra las ventajas para un país de tener una distribución de imgresos más equitativa, no en términos de justicia social, sino en una dirección totalmente nueva (para mi):  mayor equidad fortalece a la Nación, dado que cualquier necesidad adicional provocada por una emergencia puede obtenerse más fácilmente cuando su costo se divide equitativamente que cuando ésta necesidad debe ser solventada por unos pocos que concentran la riqueza.  Además, la desigualdad de riqueza se traduce en desigualdad de poder político y esto a su vez se traduce en que los ricos traspasan la carga del Estado a los de menores ingresos, lo cual destruye a las empresas emergentes y debilita la Nación.

Hume responde a los que se quejan del costo para los exportadores de los altos salarios pagados en Inglaterra, señalando que la felicidad de los trabajadores compensa el costo para los exportadores. Tal vez el gobierno debería leer a Hume cuando estudia la posibilidad de permitir inmigración en el sector agrícola para reducir sus costos (a diferencia de la inmigración en el sector de profesionales, que tiende a reducir las desigualdades de ingresos).

Hume también utiliza un argumento más convencional para explicar por que son más felices los países con menores diferencias de ingreso: al traspasar recursos de una persona rica a una de menores ingresos, el aumento de la utilidad del segundo es mayor que la caída en la utilidad del primero. Este es el argumento utilizado por D. Bernoulli para resolver la paradoja de San Petersburgo en 1738.

¿Deben subir los impuestos en los EE.UU?

R. Fischer

Hace poco escribí una nota sobre el sistema de impuestos que me gustaría, en la que confesaba que no era un experto y que seguramente cometería serios errores. Aunque al releerlo no lo encontré tan malo como lo temía (debí enfatizar más que se debe limitar la elusión y reducir la evasión), la peor omisión es no haber mencionado el rol redistributivo de los impuestos. Claro que le puse buena nota a los principios, si no a la práctica, que guían el sistema de impuestos chileno. Este tiene tasas fuertemente progresivo, por lo que implícitamente si incluí aspectos redistributivos.

Al leer el el artículo de Diamond y Saez aparecido en el último número del Journal of Economic Perspectives, me di cuenta cuán poco se del tema. El artículo entrega argumentos para defender los impuestos progresivos, contra propuestas como el Flat Tax y otras alternativas poco redistributivas que se han planteado recientemente. El artículo responde a un artículo anterior de Mankiw. Weinzierl y Yagan, aparecido en la misma revista, sobre la teoría y práctica de los impuestos óptimos.

En su articulo, Mankiw et al incluyen varias recomendaciones sobre la política de impuestos deseable, que incluyen:

  • La tasa de impuestos debe caer en los niveles altos de ingreso.
  • Un flat tax, más un subsidio universal fijo se acerca al impuesto óptimo.
  • No deben haber impuestos al capital

Mankiw et al tienen otras recomendaciones, pero son más convencionales o menos relevantes, pero estas tres son las que discuten Diamond y Saez (DS).

Impuestos crecientes en el inngreso

DS consideran un gobierno que valora la redistribución del ingreso (al menos un poco). Esto se deduce directamente de una función de bienestar social utilitaria, cuando la utilidad marginal del consumo tiende a cero a medida que el consumo aumenta –el supuesto usual–. El ejemplo clásico es cuando la utilidad del consumo es logarítmica. A partir de este supuesto derivan la tasa máxima de impuestos. Para eso, muestran primero que la distribución de los ingresos en el tope de los ingresos es Pareto. Las conclusiones son musy distitnas de las que se obtienen con una distribución lognormal de los ingresos, que es lo que usan Mankiw et al, y los argumentos de DS para criticar el supuesto lognormal son convincentes. El ajuste de la Pareto se muestra en la siguiente figura, proveniente del artículo de DS. La segunda línea vertical muestra el ingreso de corte para el percentil 99. La línea punteada muestra el valor del parámetro empírico a de la Pareto, y se observa que se compara bien con el parámetro a de la Pareto teórica, para ingresos de más de US$400.000 y un valor a=1.5.

Para determinar la tasa óptima de impuestos al ingreso se debe evaluar el efecto del alza en la tasa marginal sobre el esfuerzo de los agentes. Un aumento en la tasa marginal reduce el esfuerzo de las personas, lo que a su vez reduce sus ingresos. Por lo tanto, un impuesto elevado puede generar menos ingresos de lo esperado si no se toma en cuenta este efecto. Si la elasticidad asociada a este efecto se denota por e, y se supone constante en el percentil superior de ingresos, se obtiene la siguiente expresión para la tasa marginal de impuestos que se debe aplicar a ese percentil:

{\tau^* = \frac{1}{1+ae}}

El valor de e que se debe usar no es el valor observado cuando se incluye desviación de recursos para evitar el nuevo impuesto, sino el valor genuino del cambio en el ingreso debido al cambio en el esfuerzo causado por el impuesto. Usando distintas estimaciones para este parámetro, DS deducen que las tasas máximas actuales son demasiado bajas.

Surge la duda de como conectar este resultado con el de Mirlees (1971) de que la tasa marginal de impuesto al más alto ingreso debe ser cero. DS Muestran que ese resultado no tiene relevancia, porque no se sabe por anticipado quién será el individuo de más alto ingreso –único al que se aplica el resultado– en un determinado período.

Subsidios a menores ingresos

En esta sección, DS observan que la mayoría de los estudios omiten considerar que en los estratos de menores ingresos hay dos márgenes> uno es cuánto trabajar y el otros es la decisión de si trabajar o no. Dado que la sociedad está interesada en que las personas trabajen, se debe evitar que los beneficios a las personas de menores ingresos se retiren abruptamente al comenzar a trabajar, es decir si la tasa marginal de impuestos que enfrentan es muy elevada. Por lo tanto, proponen que las transferencias y subsidios no se eliminen y podrían hasta aumentar para los salarios más bajos. Solo se deben reducir las transferencias en cuando los ingresos son mucho más elevados.  Un esquema de este tipo es muy distinto del flat tax y subsidios distribuido a todos de la propuesta de Mankiw et al.

Impuestos al ingreso proveniente del capital

Existen varios resultados teóricos que muestran que el ingreso proveniente del capital no debería enfrentar impuestos. Uno de los principales argumentos es que el impuesto al capital distorsiona las decisiones de ahorro e inversión de las personas, debido a que representa un impuesto doble al ingreso proveniente del ahorro.

Según DS, este resultado depende críticamente de agentes que toman decisiones racionales de largo plazo, algo que no es consistente con el comportamiento observado de los individuos. Además, el modelo se aplica a vidas infinitas, y las herencias, que podrían reemplazar esta deficiencia del mundo real, tienen motivaciones que no son consistentes con la racionalidad requerida por el modelo. Mi apreciación es que aquí los argumentos de DS son algo más débilesque en otras partes,  porque el efecto existe hasta en plazos relativamente moderados. Por ejemplo muestran que el monto de la distorsión es de 13.4% en diez a;os, lo que no es despreciable.  Por otra parte, se puede corregir a DS si se excluye un tramo del capital –por ejemplo, el asociado a los fondos acumulados para el retiro del individuo de los deciles 1 al 9–  de este impuesto.

Me parece más convincente su siguiente argumento para imponer impuestos al capital: es necesario aplicar impuestos al ingreso del capital dado que en las personas de mayores ingresos es difícil separar el ingreso del trabajo del ingreso del capital. Con buenos contadores, esas personas pueden traspasan fácilmente ingresos desde el trabajo al capital, buscando el sector con menores impuestos, y por lo tanto eludiendo pagar impuestos sobre sus ingresos.

DS examinan otros motivos para imponer impuestos al capital, pero son algo sofisticados para repetirlos aquí.

Conclusión

DS muestran que muchos de los argumentos que se han usado para justificar la caída de los impuestos para los individuos de altos ingresos en los EE.UU. no son válidos en el mundo real. La reducción de impuestos parece ser una de las causas del aumento en la desigualdad de los últimos 30 años en ese país, por lo que los argumentos de DS podrían tener un efecto político importante. A mi  –ignorante en el tema– me parecieron argumentos relativamente sólidos.

¿Hemos empeorado en educación?

R. Fischer

Ayer participé en un Panel sobre las universidades públicas en mi Facultad (más sobre esto en otra entrada), y en ella un colega mencionó lo pésima que era la educación chilena y como no había mejorado nada en los últimos veinte o treinta años. Es el tipo de frases que se usan sin pensar, especialmente cuando, como en el caso de mi colega, están ante un público que comparte su visión ideológica. No lo pude dejar pasar. Chile claramente tiene bajos niveles educacionales comparados con los países más ricos de la OECD, pero buenos a nivel latinoamericano y que están mejorando rápidamente. El informe «Pisa 2009 at a Glance«, nos da una radiografía comparativa de la educación chilena y de como ha cambiado en el tiempo (la prueba PISA es probablemente la que mejor compara los estándares educacionales entre países). En el 2009, en lectura, los promedios por países son los que aparecen en el gráfico (estamos mucho mejor que México y Uruguay, que nos siguen en América Latina):

En matemáticas nos va un poco peor que a México y Uruguay (algo que debería darnos vergüenza). Hay que notar que aunque tenemos menos niños por debajo del nivel 1 (nivel 1 es el más bajo nivel de competencia) en matemáticas que esos países, en los niveles más avanzados nos va más mal.
:

En ciencias estamos mejor que México, pero un poco peor que Uruguay;

Es interesante observar que Argentina aparece bajo Brasil en el caso de lectura y ciencias, y bajo Chile en todos los casos. ¿Qué ocurre en ese país, antes tan bien educado?

La siguiente figura muestra porque mi colega estaba equivocado al decir que no habían mejoras en la educación. Veamos cuánto a mejorado Chile en la prueba Pisa de lectura:

Un cambio de cuarenta puntos en 9 años no es para nada despreciable, y si seguimos mejorando a tasas similares (es algo difícil, porque requiere que los profesores mejoren, y eso puede tardar mucho), en pocos años los niveles de lectura serán mñas cercanos a los del promedio de la OECD. Lo que pasó es que Chile fue el país que más redujo la cantidad de niños (y niñas) con niveles de lectura inferior al nivel 2 (es notable que en Argentina el porcentaje de niños bajo ese nivel aumentó en el período y ahora alcanza a más del 50%, contra el 30% en Chile). También es positivo observar que la relación entre grupo socioeconómico y nivel de lectura ha descendido, aunque sigue siendo mayor que en México, por ejemplo.

Chile parece que no participó en el Pisa de matemáticas de 2000, así que no se puede determinar si hay mejoras, pero en ciencias Chile subió 10 puntos (un aumento, pero no muy importante, y muchos países mejoraron más).

En resumen, la educación chilena está mejorando en forma acelerada, pero me temo que es más fácil hacerlo en el área de lectura que en el de ciencias, y es más difícil aún en matemáticas: tenemos un déficit de profesores calificados en esas áreas. Para mejorar rápido, habrá que importar profesores de estas materias desde otros países o desde otras profesiones.

Nota En un documento reciente de la OECD describiendo la educación en Chile, se encuentra la siguiente figura que muestra que le habría pasado a los resultados del Pisa de ciencias si se hubiera corregido por el nivel socioeconómico, ya que muchos niños en Chile (comparados con otros países de la OECD) provienen de hogares desventajados. Incluso así hay diferencias con el promedio de la OECD, aunque se reduce mucho, y el país termina pareciéndose a Grecia. El gráfico corresponde al Pisa de ciencas de 2006, esperemos que haya mejorado desde entonces.

Larry Summers y la desigualdad

R. Fischer

No se si es bueno o malo, pero parece que estoy de acuerdo con Larry Summers en sus opiniones frente a la desigualdad de ingresos. Al menos en Chile ésta decrece o no aumenta, a diferencia de los EE.UU., donde crece a pasos agigantados. El efecto es especialmente claro en el inmenso aumento de los ingresos del 0.1% superior. Veamos que propone Suumers:

1. No incrementar la desigualdad regalándole beneficios a los ricos. Esto significa licitar y no entregar derechos con valor económico. El caso de la pesca es aleccionador. Tal vez el de los derechos de agua también (aunque cuando hay disputas, se hace una licitación, casi todos los derechos se entregaron gratuitamente), Como lo han sostenido también E. Engel y P. Navia en su libro, Summers escribe que el gobierno debería tener:

«A general posture for government of standing up for capitalism rather than particular well-connected capitalists would also serve to mitigate inequality.»

2. No eviscerar los impuestos a la herencia para evitar crear dinastías.

3. Reducir la desigualdad en el acceso y en la calidad de la educación.

Dado que es un tipo inteligente –más bien genial– no es tan malo tener compartir opiniones con él.

Mi sistema de impuestos

R. Fischer

Como un ejercicio intelectual ¿Cuál es el sistema de impuestos que me deseo? No pretendo un sistema ideal, sino la mejor combinación entre los objetivos y la posibilidad de cumplirlos. Además, no soy un especialista en economía tributaria, así que tal vez cometa errores de principiante.

Primero algunos criterios: 1. evitar la perpetuación de grandes desigualdades, 2. proveer incentivos, 3. generar recursos, 4 justicia horizontal y vertical (es decir, que personas que ganan lo mismo no paguen distintas cantidades y que las personas que ganan mucho en poco tiempo no paguen más que personas que ganan menos pero por mucho más tiempo, siendo el valor presente de lso dos ingresos el mismo).

Para evitar la perpetuación de las grandes desigualdades, impondría un impuesto muy elevado a las grandes fortunas (y gastaría muchos recursos para fiscalizar esta medida, que me parece de gran importancia para la sociedad). La idea es que al crearse fuentes de poder hereditarias –y el dinero en grandes cantidades es una fuente de poder– la democracia se debilita. En ese sentido estoy con Warren Buffet, quién donó la mayor parte de su fortuna (probablemente el 95% o más) y todavía le dejó mucho más a los hijos de lo que podrían gastar en una vida de lujo.

No estoy pensando en el empresario mediano, con una fortuna moderada, en los digamos pocas decenas de millones de dólares –dónde no haría cambios importantes respecto a las leyes actuales–, sino en que tiene diez o veinte veces más. También daría la oportunidad de conmutar la muy alta tasa de impuesto a la herencia que propongo por una donación filantrópica (casi) sin restricciones de monto. No se trata de un impuesto para generar recursos, sino uno cuyo objetivo es evitar la perpetuación de fortunas que pueden tener influencia política excesiva. Un empresario exitoso todavía podría disponer de su fortuna dándosela a una universidad, museo o alguna otra actividad que le interese, lo cual significa que sus incentivos no se verían demasiado afectados. Entre paréntesis, acabo de un artículo en el Financial Times que muestra que Larry Summers tiene la misma preocupación por la creación de dinastías:

«When there are more and more great fortunes being created and the government is in larger and larger deficit, it is hardly a time for the estate tax to be eviscerated With smaller families and ever more bifurcation in the investment opportunities open to those with wealth, there is a real risk that the old notion of “shirtsleeves to shirtsleeves in three generations” will become obsolete, and those with wealth will endow dynasties.»

Mantendría la actual situación de tributación de las empresas (hablo del principio, no de la tasa) en que no hay doble tributación de los dividendos. Me parece que así se mantienen mejor los incentivos y no se crean empresas con mucha deuda, para evitar pagar dividendos sujetos a doble tributación. Lo que cambiaría es el actual sistema de fiscalización, focalizándolo en los gastos de los empresarios para sus usos personales. Esta me parece una de las formas más claras de desigualdad horizontal en los impuestos ya que una persona que recibe un ingreso por su trabajo y otro que percibe lo mismo y gasta a través de su empresa reduce muchos sus impuestos. Tendría castigos muy importantes a este tipo de fraude tributario. Cre oque esta medida permitiría aumentar sustancialmente los ingresos por impuesto a la renta sin cambiar las tasas.

Introduciría un impuesto a los dividendos pagados a través de empresas en estructuras piramidales. Es decir, impondría un impuesto a los dividendos recibidos por una empresa cuyo único activo son papeles de una empresa aguas abajo (ver la figura). Esto reduce los incentivos a las estructuras de control corporativas complejas en que un propietario con pocos derechos económicos (posesión directa de acciones) controla una empresa. En los Estados Unidos las eliminó casi por completo con un impuesto de este tipo hace muchas décadas.

Mantendría un IVA como el actual, pues genera muchos ingresos y es difícil evitarlo. No exluirí a más sectores (libros por ejemplo) pues al excluir sectores es muy fácil la evasión y se producen variadas distorsiones. En principio, creo que preferiría ampliar la aplicación del IVA incluso a los sectores excluidos actualmente, para reducir la evasión. Como contrapartida, se podría bajar la tasa general.

A fin de promover la igualdad de impuestos horizontal, ampliaría el espacio de ahorro previsional voluntario de tal manera que el primer año de uso el monto excluido de impuestos pueda ser un porcentaje muy elevado del ingreso de la persona, reduciéndolo a medida que pasan los años en que usa el beneficio. La idea es que si una persona tiene un año muy bueno, pero sabe que sus ingresos futuros serán menores, no deba pagar a una tasa mayor que otra que tuvo ingresos más estables. Estoy pensando en un futbolista, que tal vez tuvo ingresos muy altos por unos años, pero luego casi no tener ingresos. el futbolista tuvo que pagar un 40% de su ingreso como impuesto durante esos pocos años y en total pagaría más impuestos que la persona de ingresos más estables. Esa persona podría ahorrar mucho los primeros años, excluyéndolo de impuestos, y luego gastaría esos ahorros en su períodos más flacos, pagando una tasa mucho menor. Asi, su tasa promedio no sería demasiado distinta de la de una persona que tiene ingresos bajos pero más estables.

Creo que se me olvidan algunas cosas. Sin embargo, salvo por el impuesto a las herencias, y el que aplicaría a los dividendos entre empresas, solo perfeccionaría lo que ya existe, especialmente la fiscalización del gasto personal a través de las empresas, la mayor fuente de evasión, me parece. Entre paréntesis, no tengo problemas con que las pérdidas acumuladas de una empresa sean usadas como descuento de impuestos de otra: la primera pagó impuestos pese a tener pérdidas y por eso comprarla sirve para descontar impuestos de una empresa con ganancias. En resumen, no haría cambio radicales en la lógica de los impuesto actuales, aunque claro, siempre se pueden cambiar algo las tasas sin tener demasiados efectos sobre los incentivos.

La distribución de ingresos

R. Fischer

Hace unos quice años fuí a Perú y luego de obervar distintos barrios de Lima, me quedé con la clara impresión de que la distribución de ingresos era mucho peor que en Chile. Sin embargo las cifras indicaban lo contrario. Pregunté un poco a personas que sabían más que yo del tema y me dijeron que podía estar en lo cierto, por dos motivos.

Primero, porque en Chile se hacían ajustes a las encuestas que se usan para determinar la distribución de ingreso, de manera de eliminar las diferencias con los estudios de las cuentas nacionales. Se supone que las personas subdeclaran algunos tipos de ingreso en las encuestas, en particular las personas de más altos ingresos, que omiten parte de los ingresos provenientes del capital. Lo que se hace es agregar al ingreso del 20% superior un monto que hace que su ingreso proveniente del capital coincida con el de las cuentas nacionales.

Segundo, porque en países de ingresos muy concentrados, gran parte de la riqueza y los ingresos se concentra en unas pocas familias, y es casi imposible que una encuesta representativa los considere (porque son tan pocos que nunca son encuestados). Por lo tanto –y este es un efecto distinto del anterior– una parte importante del ingreso del capital que va a esas familias se distribuye por el ajuste entre el 20% superior de ingresos, y como ese ajuste no se hace en todos los países (que tampoco encuestan a los ultraricos) el ajuste empeora artificialmente el ranking de distribución de ingresos en Chile. Perú es el único otro país de América Latina que hace ese ajuste, pero como el ajuste es inconsistente por la truncación anterior, puede dar resultados erráticos.

En el último número de Cuadernos de Economía, David Bravo y José Valderrama demuestran la validez de las hipótesis anteriores. Entre paréntesis, es un número útil para aquellos a los que les interesan temas de distribución de ingreso.

Es interesante constatar que contra lo que creen muchas personas, la distribución del ingreso en Chile no es la peor del mundo. Incluso con los ajustes que hace la CEPAL a los datos de Chile (y que empeoran su distribución del ingreso en relación al resto de los países), diez países de América Latina tenían peor distribución del ingreso en 2007, como se muestra en la figura. Esto no significa que la distribución de ingresos en Chile sea buena, sino que los críticos al sistema deberían revisar sus cifras antes de usarlas para descalificar con tanta soltura el modelo económico chileno.

Lo que muestran Bravo y Valderrama es que los ajustes que hace CEPAL a los datos de CASEN reducen el ingreso de los primeros centiles (los más pobres) y aumentan el ingreso de los últimos centiles, acentuando las desigualdades así como las cifras de pobreza. Bravo y Valderrama intentan deshacer los ajustes de CEPAL para hacer comparables las distribuciones de ingreso entre Chile y el resto de los países. Luego de reconstruir las cifras originales, Chile queda entre los países con mejor distribución de ingreso del continente, solo superado por Costa Rica y Venezuela (por algún motivo los autores no incluyen a Uruguay, que tiene una buena distribución del ingreso).

Los autores no ponen en duda la necesidad de realizar ajustes a las mediciones de desigualdad de ingresos, pero sostienen que la forma que se hace es errada (porque se asigna ingreso de los ultrarricos al 20% superior), y que peor aún, no se puede usar para comparar con países en los que no se hace este ajuste. Tienen razón.

En otro artículo, Sanhueza y Mayer estudian la proporción del ingreso recibido por los estratos de altos ingresos a lo largo del tiempo. Para ello usan los datos de la encuesta de desempleo de la Universidad de Chile, que se hace anualmente desde el año 1957 con una metodología estable en el tiempo. Como la encuesta no estaba diseñada para estudiar la distribución de los ingresos, creo que no es la mejor manera de medir esta variable, pero tiene la ventaja de la comparabilidad a través del tiempo, por mucho que cada medición individual del ingreso en si misma sea incorrecta desde un punto de vista técnico. Tal vez lo más interesante del trabajo se puede resumir en la siguiente figura que muestra el porcentaje del ingreso que reciben los distintos segmentos de la parte alta de la distribución de ingresos: el decil 90-99, el veintil 95-99 y el centil 99:

Primero, se observa un claro aumento en el porcentaje del ingreso nacional del centil 99 a partir del año 1981, aunque cae en los últimos cuatro años a cifras similares a las de medio siglo antes. Después de 1981 pasa de un 7% (a simple vista) a un 9%. El decil 90-99 se comporta en forma similar, pero el ingreso del veintil 95-99 se mantiene relativamente constante entre 1957 y 1997, cayendo posteriormente. Vale la pena, por razones históricas, obseervar lo que pasó durante la gran crisis de 1968-1975. El decil 90-99 y el centil 99 sufren una fuerte caída en su participación relativa, pero que no hay efectos claros en el veintil 95-99. El extraño comportamiento del veintil 95-99 muestra problemas en la encuesta. En algunos años el ingreso del centil 99 es mayor o casi igual al del veintil 95-99, lo cual es imposible. En todo caso, el trabajo es valioso y cubre otros aspectos de la distribución del ingreso, que merecen más tiempo del que puedo dedicarles.

Por último, se debe señalar que los autores de distintos trabajos critican a CEPAL por no permtir el acceso a datos de la CASEN sin los ajustes a las cuentas nacionales. Es una crítica razonable, porque es inaceptable que los centros de estudio de preserven celosamente datos producidos con platas del gobierno, como si fueran de su propiedad –lo cual también se aplica al Centro de Microdatos de David Bravo–.

Inconsistencias

R. Fischer

Es interesante observar la preocupación de los estudiantes por proteger a los grupos mas favorecidos del país. Un ejemplo es la importancia que el movimiento estudiantil le asigna a la gratuidad en las universidades del CRUCH. Estas universidades atraen a grupos importantes de estudiantes pertenecientes a los grupos de mayores ingresos, los que se verán beneficiados por las medidas. Por supuesto los mismos estudiantes que protestan también se verán beneficiados con la gratuidad (y muchos de ellos pertenecen a los grupos más favorecidos), lo que tal vez explica la propuesta.

Al mismo tiempo, los estudiantes proponen excluir de los beneficios a los estudiantes de universidades privadas, cuyo perfil de ingresos es menor. Por supuesto, existen las universidades «cota mil», que atraen a estudiantes de ingresos altos, pero la mayor parte de los estudiantes de las universidades privadas no entran en esa categoría. Son estudiantes de ingresos y puntajes bajos, que ingresan a universidades privadas no autónomas. Claramente, los estudiantes del Cruch no son solidarios con este grupo desventajado. En realidad, como lo han mostrado Beyer y Cox, las propuestas de gratuidad no apuntan a reducir la desigualdad, incluso si se dirigieran a todos los estudiantes y no solo los del Cruch.

Otra debilidad en el razonamiento estudiantil es la idea peregrina de expropiar a las empresas mineras para financiar la educación. Los estudiantes suponen, ingenuamente, que si se expropiaran las mineras, los ingresos que ahora éstas reciben ingresarían al Estado. El problema es que las expropiaciones requieren compensaciones para no transformarse en un simple robo.

Incluso Chávez en Venezuela paga compensaciones por expropiar a las firmas extranjeras, y solo discute los montos (ahora que está más corto de recursos es más duro en sus negociaciones). Los estudiante tampoco consideran otros costos de expropiar: el costo directo (juicios, embargos internacionales y otros) y la pérdida de reputación del país para los inversionistas. Los costos de la pérdida de reputación son de largo plazo pero difíciles de cuantificar. Además son especialmente elevados cuando el país que lo hace está en buena situación económica y no tiene la excusa de circunstancias adversas.

La conclusión a la que llego es que los estudiantes no son revolucionarios sino conservadores, tratando de volver a unos míticos años sesenta. En aquellos tiempos, solo el 1% de la población egresaba de la universidad (asistía menos del 5%), los ingresos de la población eran bajísimos, el analfabetismo campeaba y las universidades eran deficientes, de acuerdo a los criterios actuales.

No puedo creer que lo que desean los estudiantes es volver a aquella época en que un pequeño porcentaje de la población –la de mayores ingresos– accedía a la universidad, pagado por el 95% de la población que no tenía sus ingresos. Pero es lo que parecería de las peticiones estudiantiles.

Una antigua propuesta de financiamiento estudiantil

R. Fischer

Recordaba que alguna vez escrrbí sbre financiamiento estudiantil. Revisando mis archivos, encontré la siguiente propuesta, escrita en noviembre de 1997. Me siguie pareciendo una buena idea:

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Tema: Financiamiento estudiantil

Ronald Fischer

13 de noviembre de 1997

1. Proposición

Propongo el siguiente sistema para el financiamiento de becas para alumnos de menores y/o medianos ingresos: El Estado otorga préstamos de estudio, las que pueden incluir un componente para gastos de alojamiento, alimentación, textos, etc. El estudiante paga el préstamo y sus intereses (pueden estar subvencionados) mediante un cobro extra de impuestos internos, cuando su ingreso sobrepasa un nivel predeterminado. Este cobro extra puede estar graduado dependiendo del ingreso.

Como un ejemplo (los límites no tienen porqué ser éstos), se pagaría cero hasta un ingreso imponible de $250.000, y un 1% del ingreso por cada $50.000 de ingreso adicional, hasta completar un maximo de 5% del ingreso al llegar a ingresos de $500.000 mensuales y superiores. Una vez pagada la deuda más sus intereses, se acaban los cobros adicionales. Tal vez sea conveniente tener como umbral inicial el ingreso promedio nacional.

2. Fundamentos

Existen varias ventajas de este sistema sobre otras alternativas.

1. El sistema tiene una componente redistributiva efi caz: pagan los que ganan más. Aquellas carreras que son importantes socialmente pero que no otorgan buenos salarios se verían subsidiadas implícitamente, pues aquellos profesionales que ejercen la disciplina y tienen salarios bajo el promedio nacional pagarían menos o cero. Aquellos que se cambian a otras actividades y aumentan sus ingresos, pagan (a pesar de haber estudiado una carrera nominalmente de bajos salarios). Alumnos en carreras en las que los alumnos reciben buenos salarios también pagarían por sus estudios.

2. La deuda no es exigible, en el sentido de no haber problemas si el ex-alumno nunca adquiere los ingresos que le permitan pagar la deuda.

3. Este esquema es justo desde el punto de vista distribucional pues aquellos estudiantes de menores ingresos cuya profesión u otras actividades posteriores les permiten tener ingresos superiores al promedio la devuelven a la sociedad el préstamo. Así no se da el caso de un subsidio de los pobres a los (futuros) ricos.

4. Se utiliza un sistema ya establecido, lo que reduce los costos de fi scalización y cobro.

5. Un sistema parecido está siendo utilizado en Australia con tanto éxito que Nueva Zelandia está pensando introducirlo.»
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No recuerdo si esta propuesta es la versión final o si hubo versiones posteriores, más pulidas, y si fue publicada. Obviamente habría que hacer un ajuste en los límites de ingresos para pagar o no pagar, tal vez doblándolos, dada la mayor riqueza del país. El otro punto importante que olvidé en la columna (y por qué creo que debe haber una versión más completa), es la tasa que se debería cobrar a estos créditos. Creo que la tasa debería ser similar al costo de financiamiento del gobierno, ya que la recaudaría el gobierno a través de su sistema de recaudación de impuestos y los costos de administración deberían ser bajos. La pregunta es si se puede financiar una carrera que dura cinco años con el cinco por ciento de los ingresos de las personas.

El siguiente gráfico muestra el perfil de la deuda, suponiendo una carrera que dura cinco años con un costo anual de $3.000.000 anuales, y que el joven profesional repaga $600.000 el primer año que trabaja como impuesto adicional universitario. Esto corresponde al 5% del ingreso de un profesional que gana $900.000, y al 10% de uno que gana $500.000. La tasa de interés que se cobra al crédito universitario es un 4% real (la tasa del 2% real a los estudiantes de las universidades del CRUCH es un subsidio sin justificación clara). Además, supongo que la tasa a la que crecen los ingresos reales del universitario es de un 5% real. Esto se puede explicar como producto del aumento en los ingresos per capita (un 2% real anual) y que hay un incremento adicional por la experiencia y otros factores que aumentan con la edad del profesional hasta la cuarentena.

Como se observa en la figura, el crédito terminaría de pagarse en la cuarentena. Esta es una indicación del costo de la propuesta de universidad gratuita. Este enorme costo, que beneficia principalmente al universitario, se trapasa al resto de la sociedad. Esta es en promedio más pobre que el futuro profesional, y además, no tuvo la oportunidad de que le regalaran los estudios. Con esta antigua propuesta eso no ocurre; son los futuros profesionales los que repagan la deuda que incurrieron, y así financian a futuros profesionales. Además, la propuesta tiene la ventaja de que si el estudiante decide abandonar su carrera, tendrá que pagar los costos que ocasionaron sus estudios interrumpidos en caso que sus ingresos sean lo suficientemente altos.

Una propuesta como ésta depende de la calidad de la información que se tenga sobre la calidad de las universidades. Una buena fuente, más que el sistema de acreditaciones, es la información de la base de datos de Brunner y Meller sobre ingresos de egresados de distintas carreras. Esta tiene la deficiencia de que las universidades no permiten que se incorpore la información sobre las universidades de egreso, pese estar disponible. Esta información debería estar disponible para los futuros estudiantes, al menos si la universidad desea acogerse a este sistema de créditos.

Un problema de la educación con fines de lucro

R. Fischer

En la discusión sobre la educación permite distinguir tres tipos de instituciones de educación, en todos los niveles: las privadas con fines de lucro, las privadas sin fines de lucro y las públicas. La demanda de los estudiantes que protestan es contra de la educación con fines de lucro no parece extenderse a las privadas sin fines de lucro.

Varios expertos, como Harald Beyer, han señalado que aunque desde el punto de vista de los indicadores tradicionales para evaluar a las universidades, las con fines de lucro no puedan alcanzar a las mejores de las otras categorías, pueden tener un rol importante en la educación. Lo que se debe hacer es usar otras medidas para evaluar su calidad. En el caso de estas universidades los indicadores deberían ser la empleabilidad de los egresados, sus salarios y otras variables de interés para los futuros estudiantes.

Creo que es interesante reflexionar sobre las razones por las que las universidades con fines de lucro no pueden alcanzar el nivel académico de las mejores universidades públicas o privadas sin fines de lucro. En particular, interesa especular sobre si esta debilidad académica se extiende también a los colegios y a qué se debe la diferencia. Después de todo, hay muchos sectores en los que el lucro conduce a mucho mejor calidad que si estos sectores fueran públicos o sin fines de lucro: la producción de pan, el turismo, las computadoras y la literatura, entre muchos otros.

Consideremos primero los colegios. Un colegio con fines de lucro (en condiciones de competencia por alumnos) necesita que los padres piensen que es un colegio adecuado para sus hijos. Por este motivo, un colegio de este tipo estará interesado en las variables que le interesan a los padres: resultados en los tests estandarizados, ingreso a las mejores universidades, disciplina y otros indicadores que interesan a los padres. Pero ese colegio no espera que sus alumnos tengan un sentimiento de afiliación en los alumnos hacia él, salvo lo mínimo necesario para que a los padres no les produzca rechazo.

En los colegios privados sin fines de lucro, los resultados académicos son importantes, pero también lo es la afiliación de los ex-alumnos hacia el colegio. Por ello, les interesa que no solo los padres estén contentos, sino también los alumnos, especialmente cuando sean ex-alumnos. Serán importantes no solo las medidas que podrían interesar a los padres, sino también a los hijos: el espíritu del colegio, sus actividades extra-escolares, y en general aspectos que inciden en una mayor riqueza académica.

La motivación de estos colegios es que ex-alumnos que sienten una relación con el colegio (o estiman que el colegio tiene una ideología o creencia acorde con la suya, en el caso de los colegios confesionales) no solo intentarán que su hijos ingresen al colegio, sino que estarán dispuestos a realizar donaciones o apoyarán al colegio desde sus futuroes cargos profesionales. Nadie apoyaría a un colegio con fines de lucro, ya que al fin y al cabo se trata de un negocio de su propietario y nadie realiza una donación para que el receptor se beneficie en forma privada. Por último, debido a nuestra mala distribución del ingreso y poca movilidad social, es poso lo que los colegios públicos pueden esperar de sus ex-alumnos. pero el Instituto Nacional muestra que en ocasiones las relaciones con sus ex-alumnos son similares a las de los mejores colegios privados sin fines de lucro.

Lo mismo sucede con los distintos tipos de universidades. Tanto las públicas (de mejor nivel) como las privadas confesionales o sin fines de lucro tienen interés en crear relaciones estrechas con sus ex-alumnos, que pueden serles útiles en el futuro con donativos u otras formas de ayuda. Por el contrario, nadie tiene interés en donarle a la Universidad de las Américas (independientemente de cuán bien realice su labor), tal como nadie haría una donación a la Coca-Cola. Por lo tanto, una universidad con fines de lucro debe financiarse solamente con cobros a los alumnos, sin poder recurrir a otros recursos. Su relación con los alumnos tendrá un carácter más contractual.

Lo que se debería esperar son tres grupos de universidades: las sin fines de lucro de alta calidad (incluyendo a las públicas de buen nivel), las con fines de lucro, y una categoría de entidades sin fines de lucro y que no son de buena calidad. Las del primer grupo reciben ayuda de sus ex-alumnos, atraen a los mejores estudiantes, reciben recursos del gobierno por desempeño, y tienden a tener muchas actividades académicas. Es el tipo de universidades a que todo el mundo aspira. Pero no todas las universidades pueden ser de este tipo, tal como no todo el mundo puede ser más inteligente que el promedio.

Para cubrir el resto de los estudiantes hay dos opciones, las universidades privadas con fines de lucro, que compiten por atraer alumnos, y universidades públicas de mediana o mala calidad. Es probable que en esa categoría, si la información fluye bien, la universidades privadas con fines de lucro, que al menos tienen incentivos a atraer alumnos (pues no reciben recursos del Estado), obtengan mejores resultados.

Por último, es probable que en esta categoría de instituciones mediocres no puedan sobrevivir las instituciones privadas sin fines de lucro, pues no tendría ni los incentivos que da el lucro, ni el apoyo de ex-alumnos orgullosos, ni apoyo estatal.