En todas partes se cuecen habas

R. Fischer

Lo que ha ocurrido en el caso de Olympus (la empresa de cámaras fotográficas y otros aparatos ópticos) muestra que los escándalos en las empresas no son una prerrogativa de La Polar. Hace unas semanas el CEO de la empresa fue obligado a renunciar, luego de dos semanas en el cargo, por haber denunciado un fraude de más de mil millones de libras esterlinas.

Woodford descubrió que, según la contabilidad de la empresa, se habían pagado cientos de millones de dólares por asesorías en la adquisición de empresas, lo cual era muy superior a lo que razonablemente se podía esperar como pago por esos servicios, así que alertó al directorio, que lo despidió.

La empresa trató de esconder el escándalo, pero finalmente tuvo que realizar una investigación en la cual se siguió la pista de las platas, la que desaparecía en las Islas Caymán. No es claro si los recursos fueron robados o si fue una maniobra contable para evitar reconocer pérdidas, pero en todo caso nunca se detectó la salida de los recursos. Esto habla mal por los sistemas contables de la empresa y tal vez explica por que los precios de las empresas japonesas estén por debajo del valor de sus activos netos: los que saben no tienen confianza en la contabilidad de las empresas japonesas.

¿Qué va a pasar con Olympus? Sus acciones valen un 70% menos que antes del escándalo, se espera que renuncien todos los directores y acaso Woodford vuelva a dirigir la empresa. En todo caso, es la única persona que se ha reivindicado en este caso. Puede transformarse en en un símbolo de que no todos los altos ejecutivos son deshonestos.

La Polar y los medios

R. Fischer

Una de las radios que escucho es la radio Biobio, un medio independiente con una buena cobertura de la regiones y del sector judicial y de temas no tocados en otros medios (además, soy amigo de M. Mosciatti). Debo confesar, sin embargo, que a menudo la calidad del análisis de temas de negocios o de economía es deficiente. Un ejemplo son las críticas de Tomás Mosciatti (TM) a los acuerdos de La Polar, las que revelan no comprende lo que tratan de hacer los acuerdos con los acreedores.

TM hace dos comparaciones erradas: 1) compara el tratamiento que reciben los clientes de la Polar y sus deudas incobrables con la que la Polar recibe de los bancos y otros acreedores, y ii) compara el tratamiento que recibió La Polar con el que recibe un pequeño empresario de parte de los bancos.

En el caso de los deudores de La Polar, la renegociación unilateral de la deuda fue ilegal e inaceptable, pero muchos clientes dejaron de pagar por lo que no tuvo mayor costo para ellos, especialmente si las renegociaciones no aparecían en Dicom. Los clientes que no pagaban tenían mucha deuda en el papel, pero no era deuda efectiva y La Polar, o más bien sus acreedores han tenido que reconocer la pérdida. En realidad, y pocos lo recuerdan, la injusticia es para los que pagaron una fracción importante de su deuda renegociada, y es peor aún la situación de los que pagaron toda su deuda y dejaron de ser deudores de La Polar.

Respecto a La Polar y sus acreedores, éstos tenían dos opciones: o renegociar la deuda y aceptar el recorte de su valor, o la empresa quebraba. En ese caso, después de pagar las indemnizaciones a los empleados y otros gastos de la quiebra, es probable que reciban mucho menos que si renegocian.

La renegociación dividió la deuda en dos partes. Un 44% es deuda senior, que se paga en 8 años con cuotas semestrales y a una tasa de interés que pasa de un 4% al 10%. La deuda restante es junior,y no se paga nada ni acumula intereses hasta el año 2032 en que se paga el total. Por último, los acreedores exigieron que para que la renegociación se concrete algún inversionista debe invertir $120 mil millones en acciones de la empresa antes de que se empiece a pagar la deuda. Este capitalista seguramente va a pedir que los actuales propietarios de acciones se diluyan. Así, por ejemplo, las actuales acciones podrían contar, por un décimo –o algún valor similar– de las acciones de la nueva emisión.

Es decir, los acreedores deben rezar por que se encuentre este capitalista y por que la empresa se recupere lo suficiente como para pagar los compromisos senior (la deuda junior al 2032 tiene un valor casi cero, dados los descuentos del futuro, y creo que está ahí solo por motivos contables). Se observa que los acreedores tuvieron que aceptar un recorte de un 56% aproximadamente en el valor nominal de su deuda (el «haircut»), pero seguramente esto es mejor que la quiebra.

Esto no es diferente del hecho que muchos deudores de La Polar no pagarán o van a pagar muy poco de lo que debían por sus compras (más el interés pactado en su contrato original). Esto se reconoce en el descuento que hacen los compradores de la cartera de La Polar. Así que hasta ahí, la diferencia en el tratamiento no es demasiada.

A los pequeños empresarios, según TM, no les perdonan la deuda y la empresa muere, a diferencia de La Polar, que es bien tratada por los bancos. Aquí el problema es que TM no comprende que en el caso de una sociedad anónima pública hay una diferencia entre la empresa y sus propietarios, a diferencia de la mayor parte de las pymes. Sin su propietario, la pyme no vale nada y se deben liquidar los activos, y el propietariose queda sin nada. Por lo tanto, si no se llega a un acuerdo (y en muchos casos los bancos llegan a un acuerdo con haircuts) no hay nada que hacer.

En una empresa con acciones que se transan en bolsa, los dueños son los accionistas. Veamos lo que pasó con las acciones de La Polar, porque ese valor mide las pérdidas que han sufrido. Hasta ayer,

En la figura se ve que el último año la acción cayó a un 10% del valor que tenía en 2010. Otra forma es ver que pasó cuando se descubrió que La Polar tenía problemas: su valor cayó desde $2400-2.800 a $400 y fracción en pocas semanas. Esa es la pérdida de los dueños y se debe comparar con la que tiene un propietario de Pyme que quiebra. Tal vez la pérdida debería ser mayor, pero algunos problemas en nuestra actual Ley de Quiebras (en proceso de modificación) le dan un poder poco legítimo a los accionistas en un proceso como éste, y es por eso que el precio de la acción no es cero.

En resumen, a los dueños de La Polar les pasó casi lo mismo que lo que le habría pasado al dueño de la Pyme. Los que están mejor con el arreglo son los trabajadores, que no quedarán cesantes. Los acreedores perdieron más de la mitad de lo que habían prestado, lo que debe ser similar a lo que le pasa a un banco cuando renegocia y no liquida una pyme. En resumen, no me parece que, salvo por detalles menores, haya mucha diferencia entre el tratamiento que recibió La Polar y una Pyme.

Por eso cuando escucho los comentarios de TM sobre las diferencias en el tratamiento de ambos casos, me doy cuenta que se guía por las apariencias (La Polar ese salva, la Pyme muere) y no por el fondo (en ambos casos pierden dueños y acreedores). Estoy de acuerdo que las quiebras y acuerdos concursales son temas espesos, pero conviene no tener tanta seguridad al opinar de un tema que no se entiende del todo.

Debo repetirlo: aquí los verdaderamente perjudicados son los que pagaron buena parte o toda la deuda renegociada unilateralmente por La Polar. Y de ellos nadie se acuerda.

Manual para académicos sobre el periodismo

R. Fischer

Esta entrada va dirigida especialmente a miembros de mi Facultad (la FCFM), porque de las intervenciones en el Foro académico he percibido que muchos académicos malentienden cómo funciona la prensa y cómo relacionarse productivamente con ella. No soy un especialista en el tema, pero tengo algún conocimiento, y en este país de ciegos, soy el tuerto.

Primero, como todos saben, la prensa en general tiene sesgos. Eso es natural, porque la prensa totalmente objetiva es aburrida, y porque un medio refleja los intereses de sus controladores. Esto no significa que la prensa de buena calidad falsee la información (salvo en situaciones anómalas como dictaduras, guerras o conflictos sociales exacerbados), sino que la va a mirar con un cierto prisma ideológico. Esto incluye realzar algunas noticias y a darle a otras menos importancia de la que objetivamente merecen.

En el caso de la prensa escrita, los periodistas tienen cierto grado de autonomía, porque el Director del diario o el editor de la página no puede revisar toda la información de respaldo de cada artículo. Los artículos, mientras no sean en temas que el diario considere vitales y si el artículo no va directamente en contra de la línea editorial del diario, puede analizar los temas en forma relativamente independiente, si el periodista se formó una convicción que puede defender ante el editor de su sección. Como evidencia, he escuchado a Directores de diarios quejarse de la opiniones que se transparentan en algunos artículos (en casos extremos, ya que tiran la esponja en casos menos flagrantes).

Segundo, la prensa necesita que el público la escuche, la vea o la lea. De otra forma bajan los ingresos por publicidad y ventas y como casi todos los costos son fijos, el medio se ve en problemas. Se trata de atraer al lector y eso normalmente milita contra la profundidad con que se tratan los temas y determina los temas que se tratan (podemos discutir sobre si esto es bueno o malo, pero eso es otro asunto). Además, normalmente los periodistas trabajan contra un límite de tiempo, o de otra manera la noticia se pierde. Por último, los periodistas no son expertos en los temas, al menos en Chile, y si bien hay algunos muy inteligentes y otros son bastante limitados. Sobre todo, se debe entender que no son científicos y no se guían por los parámetros que guían a los investigadores.

Esto significa que en general (omito varias otras cosas porque se me olvidan):

  • Pueden no entender argumentos muy sofisticados o sutiles sin muchas explicaciones y a veces ni entonces (hay periodista brillantes a los que no se aplica esta generalización).
  • Van a tomar lo que les parezcan los aspectos más interesantes de lo que les digamos, aunque a nosotros nos parezcan detalles secundarios.
  • Los pequeños detalles que nos pueden parecer importantes, a menudo a ellos a veces les parecen irrelevantes –y los omiten– si creen haber captado lo esencial de la idea o problema que estamos transmitiendo (Ejemplo, la «cita» de Sergio Jara hoy en El Mercurio Ver nota al final).

¿Qué hacer?

Ante estos datos del problema, ¿qué estrategia podemos adoptar los académicos si deseamos tener una relación productiva y buena para la Facultad y la Universidad?

Una estrategia es la que, según me contaron hoy, seguía Igor Saavedra: solo aceptaba entrevistas si podía revisar lo que se había escrito. Supongo que es una estrategia útil si uno tiene una personalidad tan atractiva como la de I. Saavedra para los medios, pero para la mayoría de nosotros eso significaría que la prensa no tendría ningún interés en consultar nuestras puntos de vista o descubrir que hacemos.

La alternativa es la colaboración con los periodistas. La mayoría de ellos no nos conoce, ni sabe de nuestros temas por lo que hay que hacer es siempre estar dispuesto a contestarles –en temas de los que conocemos o tenemos opinión– o si el tema corresponde a otra especialidad, darles nombres de colegas para que los llamen. Así tendrán confianza en nosotros, nos escucharán con más cuidado y seremos fuentes primordiales en los temas que nos interesan. La fuente primordial es la que llaman primero para tratar de entender el tema que les asignaron. Esto hace más probable que tengan una buena opinión de lo que hacemos, y de nuestra institución. Por el contrario, no contestar a un periodista por el origen del diario es un error que tiende a perpetuar la visión que tiene el medio y el periodista sobre nosotros.

No se debe esperar que un periodista entienda todo lo que les decimos ni que escriba exactamente lo que deseamos, pero mientras más confianza tengan en la calidad de nuestra información y opiniones y mientras más nos conocen, más tiempo pueden dedicar a tratar de entender los temas desde nuestro punto de vista.

Cuando proclamamos que debemos pensar el país y liderar con nuestras ideas el desarrollo nacional, es necesario que estas ideas sean comunicadas a la opinión pública, y para ello se necesitan los medios. Este pequeño manual intenta ayudar a cumplir nuestro objetivo institucional.

Nota día siguiente: Parece que sé mucho menos de periodismo de lo que pensaba (otro ciego más), ya que publicaron la carta de Sergio Jara quejándose de haber sido tergiversado. Estaba seguro que no sería publicada porque la cita capturaba bien el sentido de lo que había escrito. ¿Sería por el error de ponerla entre comillas? En todo caso, Sergio parece ser el tuerto de la Facultad.

El error de los estudiantes

R. Fischer

Cuando finalmente, con la perspectiva que da la distancia, se escriba la historia del extraño hara-kiri que llevó a la decadencia –ojalá que solo dure unos años– de la Universidad de Chile como resultado de un paro estudiantil que se extendió más de un semestre, se podrán determinar los errores de estrategia y sus responsables.

Me parece, como lo he sostenido otras veces, que el error de los estudiantes fue su intolerancia. Al mes del movimiento, cuando tenían al gobierno contra las cuerdas, habían conseguido lo máximo que podrían conseguir: el gobierno aumentaría los recursos a las universidades públicas, aumentarían las becas a los estudiantes de menores ingresos, se regularía el lucro y obtendrían otras medidas que solicitaban.

No sería lo máximo que aspiraban, pero era bastante, y continuaba con lo que habían conseguido los pingüinos algunos años antes. Asimismo, una buena negociación de la Cruch podría haber aumentado las platas para las universidades estatales, por encima de la oferta inicial. Pero para ello era necesario aceptar negociar, y esto significaba aceptar que no se podían conseguir todas las aspiraciones de los dirigentes esrudiantiles–después de todo, no es legítimo que el gobierno acepte todo lo que solicita un grupo de presión.

Una vez que el gobierno descubrió que no había negociación posible, debido a las posiciones fundamentalistas de la Confech (y de la Fech que las avalaba), y cuando ya su popularidad había caído al suelo, el gobierno no tenía nada que perder si se ponía firme en sus posiciones. Es lo que ocurrió y el movimiento estudiantil perdió importancia. El resto de la sociedad siguió funcionando tranquilamente, especialmente los estudiantes de las universidades privadas –supuestamente perjudicados por el sistema–. La Confech y sus universidades se han hecho cada vez menos relevantes para el país y la decadencia de la Universidad es un costo que tendremos que aceptar.

Cuando los historiadores busquen a los responsables de la debacle, Víctor Pérez será (y lo siento, porque creo que tuvo buenas intenciones) probablemente el principal. En su cargo, la prudencia debería ser permanente. Su incapacidad para criticar públicamente a los dirigentes estudiantiles cuando adoptaban decisiones cada vez más irresponsables, habilitaron a los dirigentes estudiantiles. Su incapacidad para negociar con el gobierno dejó pasar la oportunidad que le podría haber aportado recursos frescos importantes.

Segundo, Camila Vallejos como el rostro de una dirigencia estudiantil de la Universidad que demostró que estaba dispuesta a sacrificar todo –la Universidad, en particular– para evitar enfrentar a los extremistas de la Confech. Además, por formular un plebiscito ilegítimo –porque sus consecuencias no fueron informadas claramente a los estudiantes, porque fue decidido a la rápida– que extendió el paro al segundo semestre, pasando por arriba a Facultades que habían ya votado en contra.

En el caso de mi Facultad, se debe reconocer la responsabilidad de Andres Fielbaum, que no supo renunciar cuando un 76% de lo estudiantes votó en contra de que se dieran vuelta –por votantes externos– los resultados de una votación interna que había decidido claramente que deseaban la vuelta a clases. La misma dirigencia que el preside luego ratificó una decisión que iba contra de esa abrumadora mayoría de los que lo eligieron.

Pero además hay responsables académicos: aquellos que alentaron a los estudiantes, y no fueron nunca, ni son capaces ahora, de criticar las decisiones de los estudiantes, avalando sus pésimas decisiones y por lo tanto contribuyendo activamente a la decadencia de la Universidad de Chile.

También somos responsables nosotros, los demás académicos, que no nos hemos opuesto mas que pasivamente –algunos por temor, otros por inercia, y otros por desinterés– y no hicimos oír nuestras dudas y diferencias sobre lo que estaba pasando. Tal vez una participación más activa podría haber aglutinado los estudiantes más prudentes para oponerse en forma organizada a las decisiones de sus dirigentes.

Esta reflexiones deberían llevar a una reflexión más general: nuestras estructuras de gobierno son inapropiadas y la triestamentalidad lo sería más aún. Los estudiantes tienen una visión de corto plazo inapropiada para tener ingerencia decisiva en una universidad, y son manejados por dirigentes manipuladores que tienen objetivos propios. Los administrativos responden a intereses gremiales. Lo mismo ocurre con los académicos. En realidad, estoy en contra de la estamentalidad. No deberíamos ser nosotros, con nuestros intereses particulares, que difieren de los de la universidad como una institución permanente, los que gobernemos la universidad, aunque es natural que todos los estamentos tangan una influencia limitada –voz, pero no voto–sobre las decisiones.

Pero claro, decidir sobre una forma de gobierno no es fácil. Una posibilidad sería que el gobierno nombrase, como se hace en universidades estatales en los Estados Unidos, un consejo directivo elegido entre ex alumnos. Este consejo se encargaría de contratar a una empresa de búsqueda de personal para que encuentre una lista de candidatos idóneos para el cargo (de acuerdo a los parámetros de búsqueda decididos por el consejo), entre los cuales el Consejo elegiría al Rector. A su vez, el Rector y el consejo elegirían a los decanos. Al interior de lso departamentos, es posible la democracia con los académicos votando por sus directores de departamento (salvo que en casos extremos de disfuncionalidad interna, los decanos pueden intervenir). A esa escala la democracia funciona bastante bien porque lo intereses de los académicos están bastante alineados. Pero claro, esa es solo una idea a la rápida.

El problema de los países acreedores

R. Fischer

El Financial Times de hoy realmente vale la pena. Tiene un clarísimo artículo de Martin Wolf que muestra que la solución a los problemas de los países europeos con déficit (o de los Estados Unidos) necesariamente pasa por que los países con superávit comiencen a consumir más. (También he escrito sobre esto, aquí, y en otros posteos que no puedo encontrar en este blog). Voy a citar el artículo más de lo que hago habitualmente, porque me parece tan clara la forma de exponer el problema.

«Blessed are the creditors, for they shall inherit the earth. This is not in the Sermon on the Mount. Yet creditors believe it: if everybody were a creditor, we would have no unpaid debts and financial crises. That, creditors believe, is the way to behave. They are mistaken. Since the world cannot trade with Mars, creditors are joined at the hip to the debtors. The former must accumulate claims on the latter. This puts them in a trap of their own making.

Three of the world’s four largest economies – China, Germany and Japan – are creditors: they run current account surpluses, in good and in bad times (see charts). They believe they are entitled to lecture debtors on their follies. China, an ascendant superpower, enjoys berating the US for its imprudence. Japan, a US ally, is more discreet. Germany’s ambitions are closer to home. It wishes to turn its eurozone partners into good Germans, instead.»

No es posible que todos los países se comporten como los alemanes y tengan superávits:

. «Germany states that it is all the fault of bad fiscal policies: correct those and bind fiscal policy for all time; the virtuous will then inherit the earth.»

[…]

«Germany wants both to minimise the financing and continue to run huge external surpluses. This cannot work. Some will argue that Germany adjusted into surplus in the 2000s. Why can’t its partners do so now? Germany moved into surplus with countries that willingly ran deficits. But Germany does not want to run deficits. Given that, its partners cannot run surpluses, unless they do so with the world. That would be possible only after a huge weakening of the euro or depressions in weaker countries. The latter would ensure waves of sovereign and bank defaults and the end of the eurozone. Such one-sided adjustment will surely fail.»

Según Wolf, los europeos creen que los chinos podrían ayudar, pero están equivocados:

«After all, China already runs its own risk of massive losses on the currency reserves – now worth $3,200bn – it has accumulated. That was a public capital outflow aimed at supporting its trade surpluses. But, in its attempts at managing the currency relationship with the US, it is the latter that controls the central bank. China can huff and puff. But it must either buy the money the US creates, to preserve competitiveness, or stop doing so. If it buys, it throws good money after bad. If it stops buying, it imposes a shock on itself.»

Wolf concluye que:

«Do creditors rule the world? Not really. In the short run, they can threaten to turn off the credit. But their surpluses depend on the willingness and ability of others to run deficits. It would be more sensible to admit that there has been too much borrowing by the profligate because there was too much lending by the supposedly prudent. Once it is understood that both are at fault, both must adjust. Imposing one-sided adjustment on erstwhile debtors will not work. As little Greece seems about to prove, debtors are able to inflict a great deal of damage on everybody – as the US discovered in the Great Depression.»

Creo que Wolf tiene toda la razón, aunque aún se queda corto en un sentido. Debido al cambio demográfico, hay un exceso de ahorrantes (personas en la edad en que se ahorra) en el mundo. Como no hay suficiente demanda de inversiones (porque hay relativamente menos jóvenes que antes), las tasas de retorno tenderán a caer. Para protegerse, las personas en edad de ahorrar reducirán su consumo, y en general obtendrán retornos muy bajos a sus ahorros, si es que obtienen un retorno positivo, esto, por supuesto, en el largo plazo. Los alemanes están experimentando una forma de ese problema con sus préstamos a los demás países de Europa.

Cuándo usar plebiscitos

R.Fischer

El Financial Times de hoy tiene una interesante reflexión (ocasionada por el referendo en Grecia) sobre la democracia y los plebiscitos:

That said, Mr Papandreou’s sudden pledge to hold a referendum is a mistake. The Greek people deserve to have their say on the crisis. But a better way of fostering public debate would be to hold an election.
The reasons that a Greek election would be preferable to a referendum are to do with the nature of referenda and the current crisis.

In a democracy, policy questions are best decided by elected representatives. Referenda are appropriate when the constitutional order is being changed. Constitutions set the rules of the game for generations to come. Elected politicians are also part of the constitutional order – and therefore not best placed to decide impartially on its structure. Direct democracy makes sense in such a situation.

¿Cómo se aplicaría esto a las peticiones de plebiscito que tanto entusiasmo provocan en algunos? Cuando se plantean cambios constitucionales importantes que cambian el sentido de ésta –lo que no es lo mismo que cambios que proponen incorporar temas que no deberían estar en la constitución en primer lugar– es razonable pensar en plebiscitos. Por ejemplo, puede ser razonable pensar en plebiscitos para reformar la constitución en temas de descentralización, o acaso en el voto de los no residentes, pero no en temas de política contingente. Para eso elegimos representantes mediante el proceso democrático.