¿Deben subir los impuestos en los EE.UU?

R. Fischer

Hace poco escribí una nota sobre el sistema de impuestos que me gustaría, en la que confesaba que no era un experto y que seguramente cometería serios errores. Aunque al releerlo no lo encontré tan malo como lo temía (debí enfatizar más que se debe limitar la elusión y reducir la evasión), la peor omisión es no haber mencionado el rol redistributivo de los impuestos. Claro que le puse buena nota a los principios, si no a la práctica, que guían el sistema de impuestos chileno. Este tiene tasas fuertemente progresivo, por lo que implícitamente si incluí aspectos redistributivos.

Al leer el el artículo de Diamond y Saez aparecido en el último número del Journal of Economic Perspectives, me di cuenta cuán poco se del tema. El artículo entrega argumentos para defender los impuestos progresivos, contra propuestas como el Flat Tax y otras alternativas poco redistributivas que se han planteado recientemente. El artículo responde a un artículo anterior de Mankiw. Weinzierl y Yagan, aparecido en la misma revista, sobre la teoría y práctica de los impuestos óptimos.

En su articulo, Mankiw et al incluyen varias recomendaciones sobre la política de impuestos deseable, que incluyen:

  • La tasa de impuestos debe caer en los niveles altos de ingreso.
  • Un flat tax, más un subsidio universal fijo se acerca al impuesto óptimo.
  • No deben haber impuestos al capital

Mankiw et al tienen otras recomendaciones, pero son más convencionales o menos relevantes, pero estas tres son las que discuten Diamond y Saez (DS).

Impuestos crecientes en el inngreso

DS consideran un gobierno que valora la redistribución del ingreso (al menos un poco). Esto se deduce directamente de una función de bienestar social utilitaria, cuando la utilidad marginal del consumo tiende a cero a medida que el consumo aumenta –el supuesto usual–. El ejemplo clásico es cuando la utilidad del consumo es logarítmica. A partir de este supuesto derivan la tasa máxima de impuestos. Para eso, muestran primero que la distribución de los ingresos en el tope de los ingresos es Pareto. Las conclusiones son musy distitnas de las que se obtienen con una distribución lognormal de los ingresos, que es lo que usan Mankiw et al, y los argumentos de DS para criticar el supuesto lognormal son convincentes. El ajuste de la Pareto se muestra en la siguiente figura, proveniente del artículo de DS. La segunda línea vertical muestra el ingreso de corte para el percentil 99. La línea punteada muestra el valor del parámetro empírico a de la Pareto, y se observa que se compara bien con el parámetro a de la Pareto teórica, para ingresos de más de US$400.000 y un valor a=1.5.

Para determinar la tasa óptima de impuestos al ingreso se debe evaluar el efecto del alza en la tasa marginal sobre el esfuerzo de los agentes. Un aumento en la tasa marginal reduce el esfuerzo de las personas, lo que a su vez reduce sus ingresos. Por lo tanto, un impuesto elevado puede generar menos ingresos de lo esperado si no se toma en cuenta este efecto. Si la elasticidad asociada a este efecto se denota por e, y se supone constante en el percentil superior de ingresos, se obtiene la siguiente expresión para la tasa marginal de impuestos que se debe aplicar a ese percentil:

{\tau^* = \frac{1}{1+ae}}

El valor de e que se debe usar no es el valor observado cuando se incluye desviación de recursos para evitar el nuevo impuesto, sino el valor genuino del cambio en el ingreso debido al cambio en el esfuerzo causado por el impuesto. Usando distintas estimaciones para este parámetro, DS deducen que las tasas máximas actuales son demasiado bajas.

Surge la duda de como conectar este resultado con el de Mirlees (1971) de que la tasa marginal de impuesto al más alto ingreso debe ser cero. DS Muestran que ese resultado no tiene relevancia, porque no se sabe por anticipado quién será el individuo de más alto ingreso –único al que se aplica el resultado– en un determinado período.

Subsidios a menores ingresos

En esta sección, DS observan que la mayoría de los estudios omiten considerar que en los estratos de menores ingresos hay dos márgenes> uno es cuánto trabajar y el otros es la decisión de si trabajar o no. Dado que la sociedad está interesada en que las personas trabajen, se debe evitar que los beneficios a las personas de menores ingresos se retiren abruptamente al comenzar a trabajar, es decir si la tasa marginal de impuestos que enfrentan es muy elevada. Por lo tanto, proponen que las transferencias y subsidios no se eliminen y podrían hasta aumentar para los salarios más bajos. Solo se deben reducir las transferencias en cuando los ingresos son mucho más elevados.  Un esquema de este tipo es muy distinto del flat tax y subsidios distribuido a todos de la propuesta de Mankiw et al.

Impuestos al ingreso proveniente del capital

Existen varios resultados teóricos que muestran que el ingreso proveniente del capital no debería enfrentar impuestos. Uno de los principales argumentos es que el impuesto al capital distorsiona las decisiones de ahorro e inversión de las personas, debido a que representa un impuesto doble al ingreso proveniente del ahorro.

Según DS, este resultado depende críticamente de agentes que toman decisiones racionales de largo plazo, algo que no es consistente con el comportamiento observado de los individuos. Además, el modelo se aplica a vidas infinitas, y las herencias, que podrían reemplazar esta deficiencia del mundo real, tienen motivaciones que no son consistentes con la racionalidad requerida por el modelo. Mi apreciación es que aquí los argumentos de DS son algo más débilesque en otras partes,  porque el efecto existe hasta en plazos relativamente moderados. Por ejemplo muestran que el monto de la distorsión es de 13.4% en diez a;os, lo que no es despreciable.  Por otra parte, se puede corregir a DS si se excluye un tramo del capital –por ejemplo, el asociado a los fondos acumulados para el retiro del individuo de los deciles 1 al 9–  de este impuesto.

Me parece más convincente su siguiente argumento para imponer impuestos al capital: es necesario aplicar impuestos al ingreso del capital dado que en las personas de mayores ingresos es difícil separar el ingreso del trabajo del ingreso del capital. Con buenos contadores, esas personas pueden traspasan fácilmente ingresos desde el trabajo al capital, buscando el sector con menores impuestos, y por lo tanto eludiendo pagar impuestos sobre sus ingresos.

DS examinan otros motivos para imponer impuestos al capital, pero son algo sofisticados para repetirlos aquí.

Conclusión

DS muestran que muchos de los argumentos que se han usado para justificar la caída de los impuestos para los individuos de altos ingresos en los EE.UU. no son válidos en el mundo real. La reducción de impuestos parece ser una de las causas del aumento en la desigualdad de los últimos 30 años en ese país, por lo que los argumentos de DS podrían tener un efecto político importante. A mi  –ignorante en el tema– me parecieron argumentos relativamente sólidos.

Paternalismo

R. Fischer

Este es un tema que me complica. En principio no me gusta el paternalismo, porque significa proteger a personas adultas, las que supuestamente son autónomas y deberían tener libertad para tomar decisiones, aunque al resto de la sociedad le parezcan erradas. Pero la sociedad reconoce que las personas cometen errores que luego lamentan y que pueden ser costosos para la sociedad en el futuro. Por ejemplo, se obliga a que los trabajadores paguen contribuciones para las pensiones y para la salud. De otra forma muchos individuos, incluso de altos ingresos, al finalizar su vida laboral no tendrían fuentes de ingresos y dependerían de la caridad o de subsidios del gobierno.

El paternalismo me parece menos aceptable en otros casos, como las leyes antidrogas. Primero, esas leyes tienen el efecto pernicioso de fomentar el crimen organizado. Segundo, las personas deberían poder decidir si desean tomar drogas, tal como no se les prohíben otras actividades peligrosas, como volar con alas delta o practicar el alpinismo. Es más razonable que el Estado obtenga impuestos de la venta de drogas (usando tal vez una parte de los ingresos para subsidiar tratamientos antidrogadicción) y que las haga difíciles de obtener, para reducir su uso. Esto me lleva a la observación que motivó esta entrada.

Fui a comprar temprano en la mañana (para evitar las multitudes pre-navideñas), y entre otras cosas, en mi carro de compras tenía cerveza. Descubrí que no se puede comprar cerveza en un supermercado antes de las 9:00 AM, algo que no sabía y que me molestó un poco. Y ahí viene la pregunta: ¿es aceptable una restricción a las personas de este tipo? La restricción hace más difícil tomar alcohol y emborracharse en la mañana –yo estaba comprando para beber un poco en la tarde–, y por lo tanto un crítico del paternalismo debería oponerse. Por otro lado, más arriba he escrito que son aceptables restricciones que dificultan conductas indeseada, como tomar alcohol antes de ir al trabajo. No está prohibido tomar antes de trabajar, porque el trabajador podría tener una botella en reserva, pero la sociedad no debe facilitarlo. En resumen, no se si es la restricción a la venta de cerveza cae en la categoría aceptable o una que ofende principios liberales.

Centralización

R. Fischer

En el Encuentro de COPSA que he mencionado antes, el ex Ministro MOP Carlos Hurtado, a quién le gusta ser algo iconoclasta, atacó la idea de la descentralización. Según Hurtado, hay muchas ventajas de la centralización del país. Al concentrar el capital human o en un lugar, este se potencia. A veces he compartido esta idea. Una de las preocupaciones de las Regiones es que están perdiendo su capital humano, atraído por las ventajas de vivir en la ciudad con mayor cantidad de capital humano del país.

A diferencia de otros factores, el capital humano tiene economías de escala externa: es más productivo mientras más hay. Efectivamente, a nivel global, las ciudades más grandes y con mayor concentración de capital humano son mucho más productivas que ciudades menores. Aún no se alcanzan los límites del tamaño de las ciudades desde el punto de vista productivo, lo que no significa necesariamente fábricas, pues la producción en cuestión puede ser de contenidos o de servicios.

Hay ciudades grandes que no funcionan bien, pero eso ocurre en las que han crecido recientemente por la migración desde el campo. Esto debería ser una etapa transitoria hasta que puedan acomodar el aumento en la población. Es decir, con el tiempo, en las grandes ciudades se construyen viviendas sólidas, redes de servicios y de transporte colectivo eficiente y otros proyectos para acomodar a sus residentes. Una vez hecho esto las ciudades grandes son tremendamente atractivas y por eso migran a ellas los jóvenes talentos de las regiones.

Hay otra cosa interesante: las grandes ciudades son seguramente menos ofensivas para el medio ambiente que tener la misma población distribuida en pequeños villorios improductivos. Una población dispersa requiere mas energía para el transporte y no tiene ninguna de las ventajas de economías de escala que tienen las grandes ciudades en cuanto a tratamiento de aguas servidas y desarrollo de redes de distinto tipo (de transporte, sanitarias, de telecomunicaciones, etc). Además, como los habitantes de pueblos y villas están más cerca de la naturaleza, en agregado tienen más efectos negativos sobre sobre el entorno. En el campo es donde se caza, no en la ciudad. Las ciudades pueden destruir su vecindad, pero es una zona relativamente pequeña en comparación con la degradación ecológica que produce una población distribuida por el país.

Habiendo decidido que las grandes ciudades son deseables –y en Chile seguramente solo puede haber una– ¿porqué interesa descentralizar? Una de las respuestas es estratégica: el país requiere ser poblado por motivos de defensa del territorio. Además, gran parte de la producción física en el país proviene de regiones con baja densidad de población. Otro argumento tiene que ver con el hecho que las decisiones descentralizadas son más informadas de las características y necesidades locales. Existen por lo tanto esta y otras muchas razones para descentralizar.

Se trata de un tema difícil, y acaso las dificultades para descentralizar el país se deben a que no es un tema tan simple como a menudo imaginamos. Tal vez hay una presión del imaginario nacional a descentralizar –porque parece más justo con las regiones– y sin embargo, los costos económicos lo hacen inviable.

Los pollos fritos

R. Fischer

La principal noticia económica de los últimas semanas ha sido –desde mi punto de vista– la acusación de la Fiscalía Nacional Económica, en contra de los principales productores de pollos por haberse coludido para limitar la producción, elevando con ello los precios. La Fiscalía allanó las oficinas de la Asociación de Productores Avícolas (APA) y de Don Pollo, la menor de las empresas involucradas para conseguir información sobre el caso.

El allanamiento le permitió a la Fiscalía encontrar información sobre los procedimiento utilizados para controlar, semana a semana, la producción de las distintas empresas. Es decir, el APA era el instrumento que dirigía el cartel, imponiendo estándares, formatos de ventas y otras condiciones que impedían incluso el asomo de competencia entre las empresas. Los mecansimos eran de gran precisión y se revisaban constantemente de acurrdo con el costo de los insumos, y otras variables. Los acuerdos entre las empresas permitieron que las participaciones de mercado se mantuvieran constantes en el tiempo, como lo muestra el siguiente gráfico de la presentación de la FNE:

Esto explica la ahora famosa frase del gerente general de Don Pollo:

“Para qué pelear con Súper Pollo, mejor es convivir. Como se dice: si tiene un enemigo muy poderoso, mejor únase a él. Con Ariztía y Agrosuper tenemos una asociación gremial muy fuerte, a través de la cual hemos logrado acuerdos con respecto a lo que le corresponde a cada uno en el mercado. No nos vamos a quemar por un 1% más.”

que indica un desconocimiento total de la Ley, inexplicable en el gerente general de una empresa importante (porque de otra manera jamás habría realizado una declaración tan autoincriminatoria). La evidencia parece ser lo suficientemente fuerte como para que no hayan dudas de la existencia de un mecanismo colusivo (los cambios a la Ley que permiten allanamiento, escuchas y delación compensada comienzan a rendir frutos), y la defensa de los acusados pretende demostrar que las restricciones no habrían tenido ningún efecto. Para ello, aducen que no tenía sentido limitar la producción para elevar los precios, si en tal caso las importaciones se habrían quedado con el mercado. Como evidencia muestran una penetración de las importaciones del 16% (12% según la Fiscalía).

Ahora bien, en 2005 las empresas avícolas lograron cambiar la política arancelaria nacional, de manera que nuestros aranceles de importación, que son uniformes en 6% para casi todos los productos importados, ahora tienen una excepción en el caso de las presas de pollo: ellas solas, entre miles de productos, enfrentan aranceles de 18.7%. Es decir, las importaciones avícolas no son tan libres. Además, en 2007 la APA solicitó una medida antisubsidio contra los pollos importados desde Argentina, que los habría sacado del mercado, lo que fue rechazado por la Comisión de Distrosiones del Banco Central. En 2009, la APA estudió la posibilidad de solicitar una salvaguardia, la que nuevamente excluiría a las importaciones. Es decir, las empresas y la APA sabía que las importaciones perforaban su acuerdo colusivo, por lo que hicieron lo posible para evitar esta competencia. Esta historia tiende a debilitar los argumentos de las empresas.

Ahora bien, el escrito de la Fiscalía no está completo. Falta demostrar que el mercado de los pollos es un mercado separado del de otros productos similares (como la carne de cerdo, pavo y bovina), para lo cual es necesario estimar las elasticidades cruzadas de la demanda con sus sustitutos. Asimismo, debe demostrar que las importaciones no eliminan el poder de mercado de las empresas. También debe demostrar la magnitud del alza de precios producto de la falta de competencia. También puede ser útil comparar los precios de importación con los de exportación (pues las empresas exportaban presas de pollo en cantidades importante). También puede ser útil estimar la elasticidadde la demanda y luego usar las variaciones en los precio de los insumos alimenticios para ver la transmisión de costos a precios, como lo muestra el trabajo de Eric Weyl.

Aunque estas formalidades son importantes para medir la importancia de los efectos, parece extraño que las empresas construyeran todos ese aparataje de control de producción y de participaciones de mercado con el simple objetivo de ¿qué? si no es para acercarse a los precios de monopolio.

Mi sistema de impuestos

R. Fischer

Como un ejercicio intelectual ¿Cuál es el sistema de impuestos que me deseo? No pretendo un sistema ideal, sino la mejor combinación entre los objetivos y la posibilidad de cumplirlos. Además, no soy un especialista en economía tributaria, así que tal vez cometa errores de principiante.

Primero algunos criterios: 1. evitar la perpetuación de grandes desigualdades, 2. proveer incentivos, 3. generar recursos, 4 justicia horizontal y vertical (es decir, que personas que ganan lo mismo no paguen distintas cantidades y que las personas que ganan mucho en poco tiempo no paguen más que personas que ganan menos pero por mucho más tiempo, siendo el valor presente de lso dos ingresos el mismo).

Para evitar la perpetuación de las grandes desigualdades, impondría un impuesto muy elevado a las grandes fortunas (y gastaría muchos recursos para fiscalizar esta medida, que me parece de gran importancia para la sociedad). La idea es que al crearse fuentes de poder hereditarias –y el dinero en grandes cantidades es una fuente de poder– la democracia se debilita. En ese sentido estoy con Warren Buffet, quién donó la mayor parte de su fortuna (probablemente el 95% o más) y todavía le dejó mucho más a los hijos de lo que podrían gastar en una vida de lujo.

No estoy pensando en el empresario mediano, con una fortuna moderada, en los digamos pocas decenas de millones de dólares –dónde no haría cambios importantes respecto a las leyes actuales–, sino en que tiene diez o veinte veces más. También daría la oportunidad de conmutar la muy alta tasa de impuesto a la herencia que propongo por una donación filantrópica (casi) sin restricciones de monto. No se trata de un impuesto para generar recursos, sino uno cuyo objetivo es evitar la perpetuación de fortunas que pueden tener influencia política excesiva. Un empresario exitoso todavía podría disponer de su fortuna dándosela a una universidad, museo o alguna otra actividad que le interese, lo cual significa que sus incentivos no se verían demasiado afectados. Entre paréntesis, acabo de un artículo en el Financial Times que muestra que Larry Summers tiene la misma preocupación por la creación de dinastías:

«When there are more and more great fortunes being created and the government is in larger and larger deficit, it is hardly a time for the estate tax to be eviscerated With smaller families and ever more bifurcation in the investment opportunities open to those with wealth, there is a real risk that the old notion of “shirtsleeves to shirtsleeves in three generations” will become obsolete, and those with wealth will endow dynasties.»

Mantendría la actual situación de tributación de las empresas (hablo del principio, no de la tasa) en que no hay doble tributación de los dividendos. Me parece que así se mantienen mejor los incentivos y no se crean empresas con mucha deuda, para evitar pagar dividendos sujetos a doble tributación. Lo que cambiaría es el actual sistema de fiscalización, focalizándolo en los gastos de los empresarios para sus usos personales. Esta me parece una de las formas más claras de desigualdad horizontal en los impuestos ya que una persona que recibe un ingreso por su trabajo y otro que percibe lo mismo y gasta a través de su empresa reduce muchos sus impuestos. Tendría castigos muy importantes a este tipo de fraude tributario. Cre oque esta medida permitiría aumentar sustancialmente los ingresos por impuesto a la renta sin cambiar las tasas.

Introduciría un impuesto a los dividendos pagados a través de empresas en estructuras piramidales. Es decir, impondría un impuesto a los dividendos recibidos por una empresa cuyo único activo son papeles de una empresa aguas abajo (ver la figura). Esto reduce los incentivos a las estructuras de control corporativas complejas en que un propietario con pocos derechos económicos (posesión directa de acciones) controla una empresa. En los Estados Unidos las eliminó casi por completo con un impuesto de este tipo hace muchas décadas.

Mantendría un IVA como el actual, pues genera muchos ingresos y es difícil evitarlo. No exluirí a más sectores (libros por ejemplo) pues al excluir sectores es muy fácil la evasión y se producen variadas distorsiones. En principio, creo que preferiría ampliar la aplicación del IVA incluso a los sectores excluidos actualmente, para reducir la evasión. Como contrapartida, se podría bajar la tasa general.

A fin de promover la igualdad de impuestos horizontal, ampliaría el espacio de ahorro previsional voluntario de tal manera que el primer año de uso el monto excluido de impuestos pueda ser un porcentaje muy elevado del ingreso de la persona, reduciéndolo a medida que pasan los años en que usa el beneficio. La idea es que si una persona tiene un año muy bueno, pero sabe que sus ingresos futuros serán menores, no deba pagar a una tasa mayor que otra que tuvo ingresos más estables. Estoy pensando en un futbolista, que tal vez tuvo ingresos muy altos por unos años, pero luego casi no tener ingresos. el futbolista tuvo que pagar un 40% de su ingreso como impuesto durante esos pocos años y en total pagaría más impuestos que la persona de ingresos más estables. Esa persona podría ahorrar mucho los primeros años, excluyéndolo de impuestos, y luego gastaría esos ahorros en su períodos más flacos, pagando una tasa mucho menor. Asi, su tasa promedio no sería demasiado distinta de la de una persona que tiene ingresos bajos pero más estables.

Creo que se me olvidan algunas cosas. Sin embargo, salvo por el impuesto a las herencias, y el que aplicaría a los dividendos entre empresas, solo perfeccionaría lo que ya existe, especialmente la fiscalización del gasto personal a través de las empresas, la mayor fuente de evasión, me parece. Entre paréntesis, no tengo problemas con que las pérdidas acumuladas de una empresa sean usadas como descuento de impuestos de otra: la primera pagó impuestos pese a tener pérdidas y por eso comprarla sirve para descontar impuestos de una empresa con ganancias. En resumen, no haría cambio radicales en la lógica de los impuesto actuales, aunque claro, siempre se pueden cambiar algo las tasas sin tener demasiados efectos sobre los incentivos.

El informe del CADE

R. Fischer

Es interesante observar como las reacciones iniciales de la prensa al informe de la Comisión Asesora de Desarrollo Eléctrico (CADE) apuntaron a los lugares comunes: Hidroaysén y energía nuclear, y en los dos casos aseverando que el informe era favorable a ambos.

La realidad es distinta y más matizada. El informe representa un reconocimiento de que es imposible aprobar proyectos sin convencer al público de su necesidad. Por lo tanto, se enfatiza que en los estudios de impacto ambiental (EIA) es necesario aumentar la participación ciudadana, las compensaciones a las comunidades afectadas y la información al público, modificando el procedimiento de los EIA.

Actualmente el sistema de EIA limita la participación, y no hay compensaciones, salvo las que voluntariamente ofrecen las empresas. A primera vista esto parecería acelerar la entrada de los proyectos. En la práctica la oposición es tan intensa –porque hay poca confianza en los EIA justamente por los motivos anteriores (y otros del mismo tipo)– que con recursos y otras intervenciones el proceso de entrada de las centrales se retrasa. Además, los retrasos son impredecibles, lo que aumenta los costos para el sistema, que queda desajustado. Un EIA mejorado, podría tardar más tiempo, pero con mayor seguridad de que los proyectos aprobados se construyan y que lo hagan en plazos predecibles.

Respecto a la hidroelectricidad del Sur, lo que plantea el informe no es su desarrollo, sino que muestra el costo que tendría no llevarlos a cabo. No se trata solo de un mayor costo de la electricidad, sino que aumentarían las emisiones contaminantes y de gases de efecto invernadero, porque la energía que no tendría ese origen tendría que reemplazarse con otros medios. El efecto es más notorio si no se permite el desarrollo de otras plantas hidroeléctricas, y si no hay desarrollos nucleares.

Respecto a la energía nuclear, la Comisión concluye que aún es demasiado temprano para decidir su conveniencia, pero se plantea que el país debe poder decidir, si es necesario, con todas las herramientas necesarias para poder tomar buenas decisiones. Es decir, disponiendo de personal calificado y desarrollando la institucionalidad y normativas requeridas, si es que se decidiera finalmente en favor de esa forma de energía.

A los que piensan que es posible reemplazar estas fuentes por Energías Renovables No Convencionales (ERNC) se les recuerdan los costos ambientales y técnicos de esas propuestas. Después de todo, un campo de molinos no es tan bonito (foto proveniente de «Las tecnologías de energías renovables y su impacto en el marco regulatorio», H. Rudnick).

Pero esos no son todos los efectos ambientales de no disponer de grandes centrales hidro o energía nuclear. Como lo escribiera uno de los miembros de nuestra Comisión en uno de los muchísimos borradores de la Comisión que discutieron estos temas:

«Por otra parte, también puede ser muy relevante el impacto del desarrollo alternativo de grandes volúmenes de energía térmica a carbón, sin las ventajas de la hidroelectricidad, o de energía nuclear, y/o el desarrollo de cientos de centrales mini hidro, geotérmicas y eólicas, dados los volúmenes requeridos de crecimiento de la oferta, según se describiera en el capítulo de escenarios. No menor importancia tiene el identificar el impacto ambiental y social del desarrollo de los corredores troncales o los cientos de corredores transversales de transmisión que se requerirán para evacuar la energía de esas fuentes alternativas.»

Y eso no es todo. La energía eólic ay solar son altamente variables, por lo que se necesita invertir en respaldos para los momento en que no se produce. Estos respaldos normalmente son plantas contaminantes (salvo que se usen embalses para este propósito), porque esas son las de menor costo. Hace poco en España el 59% de la energía provino –por un rato– de la energía eólica. Excelente, pero hay otros momentos en que España produce solo un 1% de su energía con eólicas, por lo que hay que tener respaldos para reemplazar una cantidad enorme de energía. Es difícil trabajar con esas formas de energía, porque estamos acostumbrados a tener un suministro constante.

Es uno de los motivos por lo que que los escenarios del informe preveen que la mayor expansión de ERNC se de en biomasa, geotermia y minihidro. El problema es que aún hay pocas centrales de ese tipo, y es por eso que buena parte de las propuestas del informe apuntan a facilitar su entrada.

Otro tema de mucho interés para la Comisión fue el tema de competencia en el mercado eléctrico, pero de eso escribiré más adelante.

Nota: Acabo de ver un análisis de Libertad y Desarrollo del informe del CADE. En general se trata de una simple enumeración de las propuestas, con una conclusión de solo una página luego de 13 páginas de recuento. Y en el análisis, tiene al menos una conclusión que me parece errada:

«Igualmente, en materia de participación ciudadana establece la realización de un sistema participativo de discusión de la política energética de largo plazo, lo que podría generar mayores grados de incertidumbre para la necesaria inversión que requiere Chile en proyectos energéticos.»

Lo interesante del caso es que, ahora que no tenemos esos instrumentos, hay mucha incertidumbre sobre los desarrollos energéticos, con proyectos que son retrasados o detenidos. Esa conclusión revela un típico error de análisis de los abogados y economistas chilenos: porque nuestros procedimientos establecen ciertas reglas, se supone que ellas se cumplen. Pero eso no es así, porque la opinión pública considera inaceptables los resultados, por lo que siempre aparecen formas de detener los proyectos. ¿Qué político o juez puede resistirse a una escena como la siguiente? (Gracias Hugh, nuevamente):

Contra Hidroaysén

Manipulación (por un parásito)

R. Fischer

Como no todo es reclamar contra los dirigentes estudiantiles, ni evaluar temas económicos, un artículo sobre un parásito que manipula a su anfitrión. Como escribe el autor del artículo, para el parásito, el pescadito es poco más que un taxi para llevarlo al lugar más conveniente para pasar a la próxima etapa de su vida en las mejores condiciones posibles.

La foto muestra cuán hinchado termina el pobre pescadito, antes de ser comido por un ave, el destino final del parásito. El pobre pescadito tiene una cara algo triste.

¡Por fin!

R. Fischer

Después de más de seis meses de trabajo la Comisión de Energía entregó su Informe. Hubo reuniones plenarias casi todas los viernes en la tarde, y numerosas reuniones de las subcomisiones de: competencia (de la que formé parte), medio ambiente, sociedad, eficiencia energética, modelación de escenarios, situación actual, energías renovables no convencionales y nuclear. El resultado fue un informe de casi 200 páginas, más anexos y unas cincuenta recomendaciones de política energética.

La composición de la Comisión incluía a personas de distintos ámbitos y opiniones. Esto significó que para llegar al consenso final todos debimos sacrificar cosas que deseábamos fueran incluidas, o por el contrario, hubiéramos preferido que no estuvieran. En particular, hubo una reunión de emergencia de última hora (en una clínica, porque era una urgencia) para despejar dos páginas que se discutieron por correo y en decenas de versiones durante los diez días anteriores sin llegar a acuerdo.

En esta reunión, el Presidente de la Comisión, JA Guzmán, consiguió lo que parecía imposible. Cuando solo quedaban unas pocas frases de diferencia entre las versiones, simplemente las eliminó y propuso que aceptáramos lo que quedaba. El resultado no satisfizo a nadie, pero por otra parte, nadie estaba suficientemente molesto con lo que quedaba como para oponerse si los demás aceptaban. Así que finalmente esta versión recortada fue lo que permitió el acuerdo, pese a que a nadie le gustaba. Pero como se obtuvo el acuerdo de todos, el final fue globalmente satisfactorio. Me parece un tema digno de estudio usando modelos de teoría de juegos.

En todo caso fue una experiencia en la que aprendí mucho: sobre todo de temas ambientales y de sociedad. Es mi segunda comisión seguida y llevó casi un año y medio en esto de las comisiones: en julio del año pasado me llamaron a formar parte de la Comisión para la Reforma de la Supervisión Financiera, que terminó su informe en marzo. Hay que dedicarles cerca de un día a la semana porque además de asistir a reuniones hay que leer, revisar y escribir. Necesito un descanso sin comisiones.

Spreads europeos: pasado y presente

R. Fischer

Creo que nada mejor para ilustrar lo que pasó en Europa que el gráfico siguiente, aparecido en FT Alphaville

Cuando se forma la eurozona, la tasas bajan para los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), por lo que se pueden endeudar con spreads similares a los de los alemanes. La deuda se ve manejable hasta que los acreedores se dan cuenta –luego de la crisis de 2008– que le habían prestado a Grecia y no a Alemania, y que los griegos no pagan impuestos… El resto es historia futura.

La distribución de ingresos

R. Fischer

Hace unos quice años fuí a Perú y luego de obervar distintos barrios de Lima, me quedé con la clara impresión de que la distribución de ingresos era mucho peor que en Chile. Sin embargo las cifras indicaban lo contrario. Pregunté un poco a personas que sabían más que yo del tema y me dijeron que podía estar en lo cierto, por dos motivos.

Primero, porque en Chile se hacían ajustes a las encuestas que se usan para determinar la distribución de ingreso, de manera de eliminar las diferencias con los estudios de las cuentas nacionales. Se supone que las personas subdeclaran algunos tipos de ingreso en las encuestas, en particular las personas de más altos ingresos, que omiten parte de los ingresos provenientes del capital. Lo que se hace es agregar al ingreso del 20% superior un monto que hace que su ingreso proveniente del capital coincida con el de las cuentas nacionales.

Segundo, porque en países de ingresos muy concentrados, gran parte de la riqueza y los ingresos se concentra en unas pocas familias, y es casi imposible que una encuesta representativa los considere (porque son tan pocos que nunca son encuestados). Por lo tanto –y este es un efecto distinto del anterior– una parte importante del ingreso del capital que va a esas familias se distribuye por el ajuste entre el 20% superior de ingresos, y como ese ajuste no se hace en todos los países (que tampoco encuestan a los ultraricos) el ajuste empeora artificialmente el ranking de distribución de ingresos en Chile. Perú es el único otro país de América Latina que hace ese ajuste, pero como el ajuste es inconsistente por la truncación anterior, puede dar resultados erráticos.

En el último número de Cuadernos de Economía, David Bravo y José Valderrama demuestran la validez de las hipótesis anteriores. Entre paréntesis, es un número útil para aquellos a los que les interesan temas de distribución de ingreso.

Es interesante constatar que contra lo que creen muchas personas, la distribución del ingreso en Chile no es la peor del mundo. Incluso con los ajustes que hace la CEPAL a los datos de Chile (y que empeoran su distribución del ingreso en relación al resto de los países), diez países de América Latina tenían peor distribución del ingreso en 2007, como se muestra en la figura. Esto no significa que la distribución de ingresos en Chile sea buena, sino que los críticos al sistema deberían revisar sus cifras antes de usarlas para descalificar con tanta soltura el modelo económico chileno.

Lo que muestran Bravo y Valderrama es que los ajustes que hace CEPAL a los datos de CASEN reducen el ingreso de los primeros centiles (los más pobres) y aumentan el ingreso de los últimos centiles, acentuando las desigualdades así como las cifras de pobreza. Bravo y Valderrama intentan deshacer los ajustes de CEPAL para hacer comparables las distribuciones de ingreso entre Chile y el resto de los países. Luego de reconstruir las cifras originales, Chile queda entre los países con mejor distribución de ingreso del continente, solo superado por Costa Rica y Venezuela (por algún motivo los autores no incluyen a Uruguay, que tiene una buena distribución del ingreso).

Los autores no ponen en duda la necesidad de realizar ajustes a las mediciones de desigualdad de ingresos, pero sostienen que la forma que se hace es errada (porque se asigna ingreso de los ultrarricos al 20% superior), y que peor aún, no se puede usar para comparar con países en los que no se hace este ajuste. Tienen razón.

En otro artículo, Sanhueza y Mayer estudian la proporción del ingreso recibido por los estratos de altos ingresos a lo largo del tiempo. Para ello usan los datos de la encuesta de desempleo de la Universidad de Chile, que se hace anualmente desde el año 1957 con una metodología estable en el tiempo. Como la encuesta no estaba diseñada para estudiar la distribución de los ingresos, creo que no es la mejor manera de medir esta variable, pero tiene la ventaja de la comparabilidad a través del tiempo, por mucho que cada medición individual del ingreso en si misma sea incorrecta desde un punto de vista técnico. Tal vez lo más interesante del trabajo se puede resumir en la siguiente figura que muestra el porcentaje del ingreso que reciben los distintos segmentos de la parte alta de la distribución de ingresos: el decil 90-99, el veintil 95-99 y el centil 99:

Primero, se observa un claro aumento en el porcentaje del ingreso nacional del centil 99 a partir del año 1981, aunque cae en los últimos cuatro años a cifras similares a las de medio siglo antes. Después de 1981 pasa de un 7% (a simple vista) a un 9%. El decil 90-99 se comporta en forma similar, pero el ingreso del veintil 95-99 se mantiene relativamente constante entre 1957 y 1997, cayendo posteriormente. Vale la pena, por razones históricas, obseervar lo que pasó durante la gran crisis de 1968-1975. El decil 90-99 y el centil 99 sufren una fuerte caída en su participación relativa, pero que no hay efectos claros en el veintil 95-99. El extraño comportamiento del veintil 95-99 muestra problemas en la encuesta. En algunos años el ingreso del centil 99 es mayor o casi igual al del veintil 95-99, lo cual es imposible. En todo caso, el trabajo es valioso y cubre otros aspectos de la distribución del ingreso, que merecen más tiempo del que puedo dedicarles.

Por último, se debe señalar que los autores de distintos trabajos critican a CEPAL por no permtir el acceso a datos de la CASEN sin los ajustes a las cuentas nacionales. Es una crítica razonable, porque es inaceptable que los centros de estudio de preserven celosamente datos producidos con platas del gobierno, como si fueran de su propiedad –lo cual también se aplica al Centro de Microdatos de David Bravo–.