Variacioncompensada's Blog

Centralización y corrupción

agosto 7, 2010
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El autor de este blog ha sostenido por años que una de las razones de los relativamente bajos niveles de corrupción en Chile se deben a la centralización del Estado. Por lo tanto, los llamados a mayor descentralización deben considerar que su consecuencia natural será un aumento en la corrupción.

Los mayores escándalos normalmente ocurren en Regiones. Por ejemplo, la intendencia de la V Región y sus obras imaginarias, los jueces en la Región del Biobío (especialmente en remates judiciales y quiebras), y así sucesivamente. Este es un tema que da para largo, pero se pueden dar algunas razones.

  1. La relación más cercana entre poder político y poder económico en Regiones. Debido a nuestra distribución del ingreso, el poder económico está concentrado en pocas familias o grupos económicos en Regiones (en Santiago la distribuión es similar, pero incorpora a muchas más familias y grupos), las que tienen una influencia desproporcionada en el poder político. Esto es un fenómeno que también ocurre en otros países.
  2. El Estado en Regiones tiene menos protección burocrática. En Santiago es difícil saber quién toma una decisión de mando medio en el aparato del Estdo, debido a su complejidad. Esto lo hace más autónomo de fuerzas externas. En Regiones, los funcionarios que deben aprobar decisiones son fácilmente identificables y se los puede presionar.
  3. La prensa en Regiones tiene el mismo problema, ya que depende de los poderes políticos y económicos, por lo que tiene menos autonomía –salvo casos especiales– que en Santiago. En Santiago hay más competencia en la prensa y el sector asociado económico a la prensa representa una fracción menos importante de la economía.
  4. Los puntos anteriores son importantes, pero por lejos el motivo fundamental es que las Regiones reciben la mayor parte de sus recursos del gobierno Central. Por lo tanto, los votantes de las Regiones u otros niveles de la administración del Estado (como los municipios) no los consideran como propios. Hay motivos para esta centralización de los recursos, pues hay demasiadas diferencias en la capacidad de generación de ingresos de las Regiones, así como los municipios. Para reducir estas diferencias, el Estado centraliza los recursos y luego los distribuye más equitativamente.

En aquellos países en que la descentralización opera, la distribución de ingresos es más equitativa a nivel de localidad descentralizada y de personas. Por lo tanto, una parte importante de los ingresos del poder local provienen de los impuestos que pagan la mayor parte de sus habitantes de la localidad. La percepción es que la corrupción es un robo a los impuestos pagados de todos y enfrenta un rechazo más categórico. Al ser recursos locales los que gasta el gobierno local, los habitantes son más vigilantes de su uso y más involucrados en las decisiones. En consecuencia, el poder político local debe responder a los intereses de la comunidad. Esto funciona especialmente bien en comunidades pequeñas, en que el control social es más fácil.

Estas condiciones no se cumplen en nuestro país, y la descentralización efectiva estaría acompañada por un mayor grado de corrupción, en opinión de este blog.


Un escándalo en Concepción

agosto 7, 2010
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El Mercurio de hoy trae una noticia que es un escándalo en la Región de Biobío. El marido de la Intendenta de la región compró al precio regalado de $20 millones un fundo de 150 ha. bajo remate judicial, perteneciente a un español que no reside en Chile. El valor del terreno está avaluado en $300 millones, aunque otras fuentes aseguran que el valor es mucho mayor porque está autorizada la instalación de un vertedero. El valor del remate fue de $20 millones, ya que no hubo más participantes en el remate, el que se origina en una deuda de $500.000 con el ex-asesor legal de la Intendenta cuando era Alcaldesa de Concepción. El juez que ordenó la venta no lo publicó ni en el Diario oOficial ni en los medios de comunicación, por lo que el único oferente fue el marido, que se sospecha tenía el contacto con el abogado y recibió informacion privilegiada. En estos momentos el juez de letras está inhabilitado y se negó el traspaso de las tierras. Este blog recibió su primera información sobre este caso hace algunas semanas por personal de radio Biobío.

El caso es preocupante por lo que demuestra sobre los abusos del poder, que pasa por sobre los derechos de propiedad en este caso. Además, es preocupante la relación entre la justicia y el poder ejecutivo en la Región. Es difícil exculpar a la Intendenta debido a sus relaciones con el abogado, y a este blog le parece conveniente que renuncie. Aun si no ha tenido participación en el escándalo, la stuación es impresentable. De no renunciar o pedírsele la renuncia, se estaría dando un pésimo ejemplo a otros funcionarios del actual gobierno.


Publicado en Temas raros

Un comentario sobre la URSS de los 60

agosto 7, 2010
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En un artículo de Francis Spufford sobre su reciente libro Red Plenty, que describe la Unión Soviética de los 60, su gran momento, aparece el siguiente trozo:

Going by the measure of the capitalism of the 30s, which is what the Soviet Union had first set out to beat in terms of living standards, Soviet life was now spectacularly prosperous. The USSR could now feed, dress, house and educate its people better than depression America or Nazi Germany. If capitalism had remained unchanged, the Soviet Union would at this point have looked like a reasonable, if tyrannous and polluted, version of the earthly paradise.

Mission accomplished, materially speaking. Instead, of course, capitalism had unfairly shifted the target by doing some growing of its own. Which was why, even on a generous estimate, the average Soviet income still only amounted to 25% or so of the average American one;

Explica las razones para el optimismo de los dirigentes soviéticos de principios de los 60 (aunque la Rusia Zarista de principios del siglo XX era mucho más industrializada de lo que el autor describe):

They’d bootstrapped an industrial base out of virtually nothing, to produce the steel and cement and machine tools on which any further advance depended. They’d trained a workforce and disciplined it in the rhythms of industrial life. They’d educated a peasant society till it was bristling with science degrees. They’d also killed several million people, and massively out-brutalised the capitalist version of the industrial revolution, all in the name of humanity; but their information was limited, thanks to the paranoically limited bandwidth of the channel through which they viewed the outer world, and the vision of capitalism with which they compared their own record was Marx and Engels’s portrait of Manchester a century earlier as a laissez-faire heart of darkness.

Entonces se llegó a pensar que la Utopía se acercaba:

Atop the steel and cement could grow the pastel pagoda of utopia; Marx’s utopia, that deliberately underdescribed idyll where wonderful machines purred away in the background, allowing the human beings in the foreground to “hunt in the morning, fish in the afternoon, rear cattle in the evening, criticise after dinner, just as I have a mind . . .”

En 1961, Kruschev llegó a prometer la fecha en que se alcanzaría la Utopía en el Congreso Anual del partido, y no como una fecha en el avenir radieux de las sátiras de los opositores al régimen durante la década de los 80:

Nope: as a timed, detailed, schedule of events, with 1980 picked out as the date that the “material-technical” basis for full communism would be complete and the cornucopias would be switched on. The 1961 party congress adopted the imminent end of all scarcity as its official programme, thus making possibly the rashest and most falsifiable promise in the entire politics of the 20th century. An act so foolish can only be explained through idealism: Khrushchev’s own, for he was a man whose troubled relationship with his conscience required a happy ending to give him retrospective absolution, but also the idealism coded despite everything into the structure of the régime.

Y la promesa de utopía de Kruschev no era una promesa vaga, sino muy precisa:

Soon, he told the assembled Cubans and Egyptians and East Germans and Mongolians and Vietnamese, Soviet citizens would enjoy products “considerably higher in quality than the best productions of capitalism”. Pause a moment, and consider the promise being made there. Not products that were adequate or sufficient or OK; not products a little bit better than capitalism’s. Better than the best. Considerably better. Ladas quieter than any Rolls-Royce. Zhigulis so creamily powerful they put Porsche to shame. Volgas whose doors clunked shut with a heavy perfection that made Mercedes engineers munch their moustaches in envy.

Al artículo está lleno de pequeñas gemas, como ésta que describe por qué las relaciones de mercado con su carácter impersonal, son tanto mejores que las de la URSS:

The smooth impersonality of money-exchange in our society is so embedded that we take it absolutely for granted. If you’ve got the cash, you can have the thing. In the Soviet Union, having the cash was the mere beginning of the campaign to acquire the thing. Every transaction became personal, and not in a warm and fuzzy way. Since the scarce goods weren’t rationed out by ability to pay, they were doled out in proportion to clout, influence, connections, ruthless calculations of mutual advantage. Soviet society was a tangled web of bullying, sycophancy, arm-twisting, back-scratching and emotional blackmail. Everyone made life as difficult as possible for those they dealt with, in order to be able to trade the easing of the difficulty for something else. You want a restaurant table, a dress, your phone repaired? Then find me some roofing felt, a Black Sea holiday, a private tutor for my son. Instead of post-capitalist freedom and sophistication, the Soviet Union offered pre-capitalist barter, with a large helping of robber baron-hood on the side.

Como lo señaló Hayek, las ineficiencias del sistema soviético provenían de que no se producía el flujo de información transmitido por los precios. Pero la solución de tratar de modelar la economía enfrentó un problema mucho mayor: la información tiene un carácter estratégico cuando es asimétrica:

All of the perversities in the Soviet economy that I’ve described above are the classic consequences of running a system without the flow of information provided by market exchange; and it was clear at the beginning of the 60s that for the system to move on up to the plenty promised so insanely for 1980, there would have to be informational fixes for each deficiency. Hence the emphasis on cybernetics, which had gone in a handful of years from being condemned as a “bourgeois pseudo-science” to being an official panacea.

The USSR’s pioneering computer scientists were heavily involved, and so was the authentic genius Leonid Kantorovich, nearest Soviet counterpart to John Von Neumann and later to be the only ever Soviet winner of the Nobel prize for economics. Their thinking drew on the uncorrupted traditions of Soviet mathematics. While parts of it merely smuggled elements of rational pricing into the Soviet context, other parts were truly directed at outdoing market processes. The effort failed, of course, for reasons which are an irony-laminated comedy in themselves. The sumps of the command economy were dark and deep and not accessible to academics; Stalinist industrialisation had welded a set of incentives into place which clever software could not touch; the system was administered by rent-seeking gangsters; the mathematicians were relying (at two removes) on conventional neoclassical economics to characterise the market processes they were trying to simulate, and the neoclassicists may just be wrong about how capitalism works.

Vale la pena leer el artículo, y es tentador comprar el libro.