Manipulación (por un parásito)

R. Fischer

Como no todo es reclamar contra los dirigentes estudiantiles, ni evaluar temas económicos, un artículo sobre un parásito que manipula a su anfitrión. Como escribe el autor del artículo, para el parásito, el pescadito es poco más que un taxi para llevarlo al lugar más conveniente para pasar a la próxima etapa de su vida en las mejores condiciones posibles.

La foto muestra cuán hinchado termina el pobre pescadito, antes de ser comido por un ave, el destino final del parásito. El pobre pescadito tiene una cara algo triste.

¡Por fin!

R. Fischer

Después de más de seis meses de trabajo la Comisión de Energía entregó su Informe. Hubo reuniones plenarias casi todas los viernes en la tarde, y numerosas reuniones de las subcomisiones de: competencia (de la que formé parte), medio ambiente, sociedad, eficiencia energética, modelación de escenarios, situación actual, energías renovables no convencionales y nuclear. El resultado fue un informe de casi 200 páginas, más anexos y unas cincuenta recomendaciones de política energética.

La composición de la Comisión incluía a personas de distintos ámbitos y opiniones. Esto significó que para llegar al consenso final todos debimos sacrificar cosas que deseábamos fueran incluidas, o por el contrario, hubiéramos preferido que no estuvieran. En particular, hubo una reunión de emergencia de última hora (en una clínica, porque era una urgencia) para despejar dos páginas que se discutieron por correo y en decenas de versiones durante los diez días anteriores sin llegar a acuerdo.

En esta reunión, el Presidente de la Comisión, JA Guzmán, consiguió lo que parecía imposible. Cuando solo quedaban unas pocas frases de diferencia entre las versiones, simplemente las eliminó y propuso que aceptáramos lo que quedaba. El resultado no satisfizo a nadie, pero por otra parte, nadie estaba suficientemente molesto con lo que quedaba como para oponerse si los demás aceptaban. Así que finalmente esta versión recortada fue lo que permitió el acuerdo, pese a que a nadie le gustaba. Pero como se obtuvo el acuerdo de todos, el final fue globalmente satisfactorio. Me parece un tema digno de estudio usando modelos de teoría de juegos.

En todo caso fue una experiencia en la que aprendí mucho: sobre todo de temas ambientales y de sociedad. Es mi segunda comisión seguida y llevó casi un año y medio en esto de las comisiones: en julio del año pasado me llamaron a formar parte de la Comisión para la Reforma de la Supervisión Financiera, que terminó su informe en marzo. Hay que dedicarles cerca de un día a la semana porque además de asistir a reuniones hay que leer, revisar y escribir. Necesito un descanso sin comisiones.

Spreads europeos: pasado y presente

R. Fischer

Creo que nada mejor para ilustrar lo que pasó en Europa que el gráfico siguiente, aparecido en FT Alphaville

Cuando se forma la eurozona, la tasas bajan para los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España), por lo que se pueden endeudar con spreads similares a los de los alemanes. La deuda se ve manejable hasta que los acreedores se dan cuenta –luego de la crisis de 2008– que le habían prestado a Grecia y no a Alemania, y que los griegos no pagan impuestos… El resto es historia futura.

Políticos en tiempos buenos

R. Fischer

Nunca se han vendido tantos automóviles, los buenos restaurantes están tan llenos que hay que hacer reservas incluso durante la semana, las cifras de inversión planificada y realizada son elevadísimas, y en general se respira un aire de bonanza económica que a mi, al menos, me asusta.

Es en estos momentos de auge que, con una regularidad digna de una ley de la naturaleza, los políticos se ponen tontos, y comienzan a proponer proyectos estúpidos. No quiero diferenciar entre partidos, porque la infección de tontera es generalizada. Se pasan leyes absurdas e injustas, con el beneplácito de todos (el posnatal), y se proponen otras peores, como en educación. Además, se desconoce la enorme cantidad de cosas buenas que se han hecho en los últimos veinte y pico años, y que han permitido que estemos viviendo buenos tiempos.

A veces se echa de menos una crisis, para que vuelva la lucidez a los políticos. Solo una crisis moderada, que atemoriza, pero que no tiene consecuencias. Nada mejor que un sustito para volver a la realidad. Es una realidad algo aburrida, pero luego de las crisis, el tedio es algo que se aprecia, como lo dice la antigua tradición china.

La tiranía de los médicos

R. Fischer

No soy libertario, porque entiendo que hay muchas situaciones en las cuales es necesaria la acción colectiva representada por el Estado, pero simpatizo con la idea de que el gobierno debe entrometerse lo menos posible en la autonomía de la personas, incluso cuando esta autonomía les ayuda a meter la pata. Si somos adultos bien informados, el Estado debería permitir que nos equivoquemos, especialmente si son materias de poca importancia.

Evidentemente los médicos –en especial en el sistema de salud pública– piensan distinto y está dispuesto a intervenir con desparpajo en las decisiones libres de las personas, violando sus derechos humanos. En efecto, la artículo 12 de la Declaración señala:

«Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, […]»

y el 29, inciso 2do.:

«En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.»

En base a los artículos anteriores, entiendo que se prohíba la venta de ciertos alimentos en colegios (no son adultos, y por lo tanto no gozan de total autonomía), o que se provea información de los peligros para la salud de ciertos alimentos, pero es inaceptable que se proponga prohibir o limitar ciertos alimentos a personas adultas.

¿A qué viene esta introducción? Ayer descubrí que un remedio, el Omeprazol, requiere receta médica, y más aún, que se retiene la receta (tengo receta–es un problema de principios–). Me sorprendió, porque esa es una nueva medida, o al menos ahora se fiscaliza más intensamente este requerimiento. Esto me extrañó, porque las instrucciones de uso del medicamento son explícitas en señalar que una sobredosis no tiene consecuencias. Es decir, es un medicamento sin riesgo, que no afecta a los demás (como en el caso de los antibióticos, cuyo uso inapropiado da origen cepas bacterianas resistentes, que se transmiten a otras personas).

Intrigado, le pregunté a la farmacóloga de turno por el motivo de la prohibición de la venta libre. La explicación es increíble. Aparentemente algunas personas toman el medicamento cuando tienen acidez. En algunos pocos casos, la causa de la acidez es que esas personas estarían desarrollando un cáncer al estómago (no causado del medicamento). Al ocultar los síntomas del cáncer, lgunas de esas personas omiten ir al médico, lo que hace que el cáncer siga desarrollándose. Es decir, se intervienen las decisiones de compra de todas las personas solo para asegurarse contra la posibilidad que algunas personas podrían estar desarrollando cáncer! Siguiendo la lógica, las farmacias deberían comenzar a pedir receta retenida cuando una persona va a comprar antiácidos, cuyo efecto sobre la acidez es similar.

Esta intervención de la Salud Pública es indignante, pues se trata de una injerencia arbitraria en la autonomía de las personas, que no tiene justificación por el efecto que podría tener sobre los demás.

En todos los casos en que se interviene la autonomía de las personas, la autoridad debe hacer un cálculo de sus costos y beneficios. Aquí el costo –al principio de la autonomía– es muy superior a los beneficios. Lo que la Salud Pública debería exigir es que se entregue información al público, y que éste decida.

Seguramente los médicos que toman estas decisiones creen ser democráticos. Pero hay una evidente contradicción entre pensar que las personas están lo suficientemente bien informadas como para poder votar por un Presidente de la República, pero al mismo tiempo no son capaces de entender la información contenida en un envase de medicamentos.

La distribución de ingresos

R. Fischer

Hace unos quice años fuí a Perú y luego de obervar distintos barrios de Lima, me quedé con la clara impresión de que la distribución de ingresos era mucho peor que en Chile. Sin embargo las cifras indicaban lo contrario. Pregunté un poco a personas que sabían más que yo del tema y me dijeron que podía estar en lo cierto, por dos motivos.

Primero, porque en Chile se hacían ajustes a las encuestas que se usan para determinar la distribución de ingreso, de manera de eliminar las diferencias con los estudios de las cuentas nacionales. Se supone que las personas subdeclaran algunos tipos de ingreso en las encuestas, en particular las personas de más altos ingresos, que omiten parte de los ingresos provenientes del capital. Lo que se hace es agregar al ingreso del 20% superior un monto que hace que su ingreso proveniente del capital coincida con el de las cuentas nacionales.

Segundo, porque en países de ingresos muy concentrados, gran parte de la riqueza y los ingresos se concentra en unas pocas familias, y es casi imposible que una encuesta representativa los considere (porque son tan pocos que nunca son encuestados). Por lo tanto –y este es un efecto distinto del anterior– una parte importante del ingreso del capital que va a esas familias se distribuye por el ajuste entre el 20% superior de ingresos, y como ese ajuste no se hace en todos los países (que tampoco encuestan a los ultraricos) el ajuste empeora artificialmente el ranking de distribución de ingresos en Chile. Perú es el único otro país de América Latina que hace ese ajuste, pero como el ajuste es inconsistente por la truncación anterior, puede dar resultados erráticos.

En el último número de Cuadernos de Economía, David Bravo y José Valderrama demuestran la validez de las hipótesis anteriores. Entre paréntesis, es un número útil para aquellos a los que les interesan temas de distribución de ingreso.

Es interesante constatar que contra lo que creen muchas personas, la distribución del ingreso en Chile no es la peor del mundo. Incluso con los ajustes que hace la CEPAL a los datos de Chile (y que empeoran su distribución del ingreso en relación al resto de los países), diez países de América Latina tenían peor distribución del ingreso en 2007, como se muestra en la figura. Esto no significa que la distribución de ingresos en Chile sea buena, sino que los críticos al sistema deberían revisar sus cifras antes de usarlas para descalificar con tanta soltura el modelo económico chileno.

Lo que muestran Bravo y Valderrama es que los ajustes que hace CEPAL a los datos de CASEN reducen el ingreso de los primeros centiles (los más pobres) y aumentan el ingreso de los últimos centiles, acentuando las desigualdades así como las cifras de pobreza. Bravo y Valderrama intentan deshacer los ajustes de CEPAL para hacer comparables las distribuciones de ingreso entre Chile y el resto de los países. Luego de reconstruir las cifras originales, Chile queda entre los países con mejor distribución de ingreso del continente, solo superado por Costa Rica y Venezuela (por algún motivo los autores no incluyen a Uruguay, que tiene una buena distribución del ingreso).

Los autores no ponen en duda la necesidad de realizar ajustes a las mediciones de desigualdad de ingresos, pero sostienen que la forma que se hace es errada (porque se asigna ingreso de los ultrarricos al 20% superior), y que peor aún, no se puede usar para comparar con países en los que no se hace este ajuste. Tienen razón.

En otro artículo, Sanhueza y Mayer estudian la proporción del ingreso recibido por los estratos de altos ingresos a lo largo del tiempo. Para ello usan los datos de la encuesta de desempleo de la Universidad de Chile, que se hace anualmente desde el año 1957 con una metodología estable en el tiempo. Como la encuesta no estaba diseñada para estudiar la distribución de los ingresos, creo que no es la mejor manera de medir esta variable, pero tiene la ventaja de la comparabilidad a través del tiempo, por mucho que cada medición individual del ingreso en si misma sea incorrecta desde un punto de vista técnico. Tal vez lo más interesante del trabajo se puede resumir en la siguiente figura que muestra el porcentaje del ingreso que reciben los distintos segmentos de la parte alta de la distribución de ingresos: el decil 90-99, el veintil 95-99 y el centil 99:

Primero, se observa un claro aumento en el porcentaje del ingreso nacional del centil 99 a partir del año 1981, aunque cae en los últimos cuatro años a cifras similares a las de medio siglo antes. Después de 1981 pasa de un 7% (a simple vista) a un 9%. El decil 90-99 se comporta en forma similar, pero el ingreso del veintil 95-99 se mantiene relativamente constante entre 1957 y 1997, cayendo posteriormente. Vale la pena, por razones históricas, obseervar lo que pasó durante la gran crisis de 1968-1975. El decil 90-99 y el centil 99 sufren una fuerte caída en su participación relativa, pero que no hay efectos claros en el veintil 95-99. El extraño comportamiento del veintil 95-99 muestra problemas en la encuesta. En algunos años el ingreso del centil 99 es mayor o casi igual al del veintil 95-99, lo cual es imposible. En todo caso, el trabajo es valioso y cubre otros aspectos de la distribución del ingreso, que merecen más tiempo del que puedo dedicarles.

Por último, se debe señalar que los autores de distintos trabajos critican a CEPAL por no permtir el acceso a datos de la CASEN sin los ajustes a las cuentas nacionales. Es una crítica razonable, porque es inaceptable que los centros de estudio de preserven celosamente datos producidos con platas del gobierno, como si fueran de su propiedad –lo cual también se aplica al Centro de Microdatos de David Bravo–.

LACEA-LAMES

R. Fischer

No he tenido mucho tiempo los últimos días, debido a la Conferencia de Economía LACEA-LAMES. Fueron tres días de muchas sesiones en la U. A. Ibañez, que organizó la Conferencia. Se trataron una cantidad inmensa de temas, desde la educación a la crisis en Europa. Desde teoría económica pura hasta experimentos. Además, me sorprendió encontrar muchos ex alumnos de nuestro programa de Magister, ahora con doctorados y trabajando en la academia. Describiré algo sobre las sesiones a las que asistí, aunque no alcanza ni a una fracción pequeña del total de trabajos presentados.

Trabajos que encontré muy interesantes fueron los de Angrist sobre la ineficiencia de los colegios de excelencia en los EEUU, que contradicen, al menos a primera vista, lo que pienso (en el futuro escribiré como creo que puede compatibilizarse el estudio de Angrist con mis creencias sobre los colegios de excelencia). En la misma sesión Victor Lavy mostró como cambia el patrón de estudio de los adolescentes en los kibbutz de Israel cuando cambia el sistema de impuestos, desde un sistema de tipo comunista en que todos los ingresos de las personas van a un fondo común, a un sistema en que las personas conservan un 60% de los que ganan. Aumenta en un 10% el ingreso a las universidades desde los kibbuts (aparentemente un efecto enorme en el área de la economía de la educación). Casi todo el efecto de debe a un aumento en la tasa de ingreso de los hombres provenientes de familias con bajos niveles educacionales. Aparentmente el ingreso propio es menos importante en las decisiones de la mujeres, y en el caso de los jóvenes provenientes de familias más educadas la educación universitaria es casi una obligación, por lo que la tasa tampoco cambia.

Bengt Holstrom dió una excelente presentación de su idea de que la liquidez en los mercados financieros es fruto de la ignorancia, y que cuando hay más información en los mercados aumenta la desconfianza y la liquidez desaparece. Lo que, entre paréntesis, no le parecía tan mal a Holstrom.

En historia económica, las presentaciones de Williamson, McCloske y Nye fueron todas interesantes, especialmente por la discusión que hubo después. McCloskey, que considera que las virtudes bueguesas fueron esenciales para el desarrollo económico a partir del comienzo del siglo XIX, comparó ese período en Inglaterra con la experiencia China que, con la misma capacidad tecnológica a fines del siglo XIII, no fueron capaces de entrar en una etapa de crecimiento sostenido. Nye habló sobre la unificación fiscal de Francia en el siglo XVII, medida a través del número de juicios por brujería. Según Nye, él gobierno central se oponía es estos juicios, por lo que su reducción a lo largo del siglo es una medida del creciente poder de Paris en el Reino.

Inmediatamente después, Jean Tirole hizo la Jacob Marchak Lecture, en la que mostró el efecto que tiene el tranching de los activos financieros sobre la liquidez en los mercados. El tranching, es decir la división de un activo financiero en una parte segura y una no segura, permite asegurar la transacción de la parte segura, pero hace más compleja la transacción de la otra parte, debido a su mayor riesgo. Conectó este efecto con la charla de Holmstrom, con quien colabora a menudo.

También fui a una sesión sobre economía del crimen en la que me gustó un trabajo de Rafael Di Tella sobre el efecto del uso de brazaletes electrónicos sobre la tasa de reincidencia de los criminales, Si se compara con la tasa de reincidencia después de una estadía en la cárcel, la tasa de reincidencia es un 40% menor. Tenemos que ir hacia el uso de brazaletes en la justicia, porque además de reducir la reincidencia, es de mucho menor costo y es más humano como castigo.

Falté a la primera sesión del sábado (había salido con antiguos amigos a los que veo solo en estas conferencias), lo cual fue una lástima, porque las sesiones se veían muy interesantes. En todo caso, pude llegar a la sesión de Mullaynathan (de Harvard) sobre el comportamiento de los pobres. Fue una buena presentación, pero no entusiasmó a los economistas, que encontraron que eran obvios los resultados principales. Por ejemplo, experimentos que muestran que la capacidad de razonamiento de las personas es limitada. Por lo tanto, si están hambrientos, o si están recargados de trabajo, no piensan correctamente sobre otros temas. Tampoco me pareció muy interesante la noticia de que las personas prestan más atención a los precios de los productos, cuando son más pobres.

Los trabajos contribuidos son –como siempre– variables, con algunos muy buenos y otros mediocres. Como habían muchas sesiones paralelas, era fácil equivocarse y terminar en una francamente mala. Sin embargo quedé muy bien impresionado por un trabajo de Joaquin Coleff sobre los efectos ambiguos de reducir el costo de ejercer garantías por fallas de productos de consumo. Cuando el costo de ejercer la garantía baja mucho, la calidad del producto puede bajar y el precio podría incluso subir.

En resumen, una excelente conferencia organizada por Andrea Repetto y la U. Adolfo Ibañez.

Un paralelo universitario II

R. Fischer

Finalmente, luego de haber mostrado en Un paralelo universitario I que no se observa ninguna razón objetiva para considerar que las universidades públicas cumplen un rol que amerite que reciban un tratamiento especial, llegamos al punto clave de estos posteos.

En algún momento del pasado, en un país mucho más pobre, con pocos profesionales y una sola universidad importante, nuestra Universidad tenía los atributos que los proponentes de un tratamiento especial le atribuyen. Los tiempos cambiaron, y ya no es la única universidad con esos atributos, por lo que no me parece que haya un motivo para tratarla mejor de lo que indican sus méritos reales, medidos con parámetros objetivos. Pero no es lo que quiere, por ejemplo, nuestro Rector y quiénes apoyan su posición, sino un tratamiento diferente por una característica intrínseca: la de ser estatales. No se quiere que los estudiantes elijan libremente entre universidades, usando subsidios a la demanda. Tampoco se desea que los fondos de investigación sean concursables, sino de darle una ventaja permanente a la U. de Chile, que haga imposible que otras puedan competir con ella. Pensando en este tema y porqué no me dejaba un mal sabor en la boca, finalmente encontré el paralelo que me permitió entender esa sensación.

Lo que desean los estudiantes organizados y los académicos que los apoyan es equivalente a la lucha de la aristocracia contra las fuerzas niveladoras de la burguesía hacia el final del siglo XVIII en Francia.

Hay un grupo en decadencia relativa (la aristocracia antes y las universidades estatales ahora), orgulloso de una historia gloriosa. Enfrenta un grupo que comienza alcanzar su nivel en todas las dimensiones (la burguesía para la aristocracia, las universidades privadas para las estatales). Los aristócratas luchan para preservar sus privilegios, tal como las universidades estatales. Se alega que tienen una historia gloriosa, que todos los políticos (y artistas) importantes pertenecen al grupo, que son los únicos que no se venden, que poseen principios y que son los que representan lo más valioso de la nación. Finalmente, señalan que por el hecho de ser aristócratas –por su esencia– merecen un tratamiento especial, independiente de sus méritos. Esto también me recuerda a un argumento que usan las universidades estatales. Ese paralelo muestra un lado menos atractivo del movimiento estudiantil y de quienes lo apoyan entre los académicos.

Si soy tan crítico ¿Cuál es mi propuesta alternativa para la Universidad? El principio es no dejar de competir, sino hacerlo en igualdad de condiciones.

Primero, salirse del aparato público y dejar la tutela de la Contraloría General de la República. Segundo, cambiar el sistema de elección de autoridades por uno como el que propuse aquí y aquí, que no incluyen la participación de los estamentos en la selección de autoridades universitarias (salvo a nivel departamental). Tercero, solicitaría del Estado y por una vez, recursos para crear un fondo de reserva y mejorar algunas Facultades que requieren ser reformadas para llevarlas a un buen nivel.

Cuarto, en vez de un sistema de gratuidad para los estudiantes, hacer que la deuda estudiantil sea contingente en los ingresos. La idea es que se cobre un impuesto adicional progresivo a los que hayan pasado –no necesariamente terminado– por la universidad. Este impuesto sería muy bajo o nulo para los niveles de ingreso bajo, y se pagaría por, digamos veinte años (menos si se extingue la deuda antes). Si alguien no alcanza a pagar en ese período, se anula el remanente. En tal caso, el estudiante recibió una beca parcial (ex post).

La gracia es que los que se benefician de sus estudios universitarios son los que pagan por el sistema: nadie puede quejarse de pagar si tiene ingresos altos y recibió los beneficios de la universidad. Pero no hace pagar por los estudios de unos a otros que no recibieron el beneficio de la educación universitaria. Es un sistema más justo que la extensión de las becas a quintiles de mayores ingresos o la universidad gratuita. Se aplicaría a todos los estudiantes que no deseen o no pueden pagar mientras estudian. No es una novedad: se usa en Australia, Uruguay (los egresados de la U. Nacional pagan un impuesto adicional) y tal vez se introduzca en lo EE.UU.

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Un paralelo universitario I

R. Fischer

Antes de comenzar este posteo quiero aclarar que deseo que la Universidad de Chile vuelva a ser la mejor universidad del país, y que la FCFM se mantenga como la mejor Facultad del país. Más aún, espero que suba en los rankings internacionales. Pero creo que eso debe conseguirse mediante méritos y no por un acto de gobierno que impide que las otras universidades puedan competir en condiciones similares.

Cuando me hago la pregunta de porqué se requiere una universidad estatal de buena calidad, yo al menos no tengo una buena respuesta. Entiendo que si hay una universidad estatal de alta calidad, se debe intentar preservarla, tal como se hace con todas las instituciones que valen la pena, pero no por su carácter estatal. Si examino los argumentos que se presentan para defender la necesidad de una universidad estatal, solo por el hecho de ser publica, noto veo que no resisten un análisis objetivo.

Primero, se nos dice que la universidad estatal puede «pensar el país». No entiendo bien que significa esta frase, pero si se interpreta como la de ser un centro para generar ideas y políticas públicas, estos centros también existen en universidades nuevas, y algunos de ellos han hecho importantes contribuciones a las políticas pública. Por ejemplo, la Reforma Procesal Penal, uno de los cambios más importantes de las últimas décadas, se diseñó en la U. Diego Portales. Ejemplos como éste hay muchos, lo que significa que una universidad pública no es imprescindible en esta labor.

Segundo, se nos dice que en las universidades privadas no se puede disentir de las ideas de los dueños o controladores y por lo tanto las universidades públicas son un centro de diversidad. El problema es que incluso en aquellas universidades que tienen un dueño que puede hacer lo que quiera con su «empresa», esto podría no ser válido. Si el objetivo del dueño es tener una buena universidad y no solo obtener utilidades, con el pasar del tiempo, el sistema académico adquiere una inercia que hace difícil no respetar ideas distintas. Es verdad que las universidades confesionales tienen problemas con sus dogmas religiosos, lo que representa una desventaja con la que deben cargar y que las lastra como instituciones académicas. Finalmente, Además, hay universidades privadas que no son confesionales y que admiten muchísima diversidad de opiniones en su interior.

Debo señalar que hay menos pluralidad al interior de nuestra Universidad de la que nos vanagloriamos. En nuestra Facultad pasaron varios meses hasta que aparecieron las primera voces que se atrevieron a disentir de la opinión de grupos de académicos con participación activa en el movimiento. Estos académicos eran tan agresivos en sus aserciones que acallaron a los disidentes, algunos de los cuales tal vez temían las consecuencias académicas de hacer públicas sus opiniones. Más aún, hay académicos que estiman (espero que sea solo porque no lo pensaron bien antes de opinar) que pluralismo significa que se puede discutir al interior de la universidad, pero que no pueden haber diferencias públicas respecto a una única versión «versión oficial».

Respecto a otras cosas que se dicen sobre las universidades públicas, como el hecho que son las únicas que hacen investigación, eso está cambiando, y a medida que las mejores universidades privadas completen el pago de su infraestructura, tendrán recursos y podrán competir mejor por proyectos y harán más y mejor investigación.

Aunque la calidad de los estudiantes de la FCFM corresponde a la crema de las cohortes, eso ha estado cambiando, y aunque los estudiantes de las universidades privadas aún son peores que los de la FCFM, es probable que con nuestras huelgas tengan el efecto de desviar algunos de los alumnos con más potencial hacia ellas. Nosotros empeoraremos y ellos mejorarán, lo que reduce nuestras diferencias. Es por ello que debemos cuidar por no cometer nuevamente errores como el de aceptar un movimiento tan costoso.

No estoy en contra de paros cortos por alguna causa que motive a los estudiantes, porque aunque disuaden a algunos, atraen a otros a los que les gusta la idea de una universidad con la imagen de tomarse el país en serio. Por ello, no creo que signifiquen una perdida neta de los mejores estudiantes. Además, tienen un efecto educativo y crean lealtad a la Universidad.

(Continúa en: Un paralelo universitario II).

Democracia universitaria

R. Fischer

Como si fuera poco el daño que la Confech le ha provocado a las universidades públicas, y en especial a la Universidad de Chile que es la que más tiene que perder, ahora con la colaboración de la Concertación, intentan asegurarse que el daño sea permanente.

Según lo que escuché hoy en la radio, una parte de la Concertación ha decidido condicionar la entrega de fondos basales a las universidades públicas a su democratización. Estos parlamentarios exigirían que los estudiantes puedan participar en la elección de las autoridades universitarias.

Ya hemos visto como los dirigentes de los estudiantes han estado dispuestos a sacrificar las universidades públicas según sus intereses políticos de corto plazo (hablan de que la lucha es de largo plazo, pero esto es solo para explicar por que no han conseguido lo que habían prometido) y cómo los estudiantes los siguen como corderos, y no se oponen si no están de acuerdo con los objetivos de los dirigentes.

Con esa imagen en mente, pensemos en cómo tratarían de acomodarse los candidatos a rector a las exigencias de los dirigentes estudiantiles para asegurar su apoyo, y podremos ver como las universidades estatales continuarán su trayectoria hacia la decadencia. Tal como no existen universidades privadas con fines de lucro entre las mejores del mundo, estoy casi seguro –no lo he verificado cuidadosamente– que entre las mejores del mundo no existen universidades en que el rector es elegido por los estamentos.

Como he escrito en otras ocasiones (aquí, al final del posteo, o incluso hace 15 años), que estoy en contra de la participación de cualquier estamento en la elección de rector, así que no se trata de una animadversión específico hacia los estudiantes. Claro que los estudiantes, por su menor experiencia y más alto descuento del futuro, son peores que los otros estamentos para participar en la elección de las autoridades.

Incluso desde la lógica de los estudiantes que consideran a las universidades públicas como parte del Estado, la idea no tiene sentido. Después de todo, ¿qué parte del aparato estatal que tenga niveles jerárquicos (a diferencia de la Corte Suprema o del Congreso), elige sus propios directivos?

Otra forma de pensarlo es que la universidad pública es una institución permanente, cuyo manejo no debería estar al arbitrio de estudiantes que pasan solo unos años en ella. O en tal caso, ¿no se debe también a los ex estudiantes y no deberían ellos votar? Al menos ellos piensan en el más largo plazo de la universidad, sin estar tan contaminados por problemas del momento.

He escrito antes que creo que el Rector Pérez ha sido unos de los responsables de la situación actual de la Universidad, con un semestre casi perdido, los mejores estudiantes de colegio pensando en la alternativa de las universidades privadas y una pérdida global de prestigio. Tal vez sea el momento de redimirse parcialmente, declarando que no está dispuesto a aceptar fondos basales si están asociados a una propuesta que garantiza que la triste situación actual no pueda revertirse.