Más sobre el crecimiento en China, y lo que significa para Chile

R. Fischer

Hace poco escribí un comentario sobre un artículo de Krugman que analizaba los problemas que enfrenta china debido a su exceso de inversión. Según Krugman, en China han comenzado a subir los precios del factor trabajo, por lo que no se puede continuar con la política de promover la inversión y es necesario rebalancear la economía hacia más consumo. Según Krugman,  esto podría ser difícil, y en tal caso el mundo está en problemas.

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Shanghai Tower

En un articulo hoy en el Financial Times, Yukon Huang afirma que Krugman está equivocado, Según el autor, China está siguiendo la estrategia de Japón, Taiwan y Corea para evitar la «Trampa de los Ingresos Medios» que ha afectado a los países latinoamericanos y les ha impedido alcanzar el desarrollo. También esos países asiáticos comprimieron el consumo hasta que alcanzaron altos niveles de ingreso y solo entonces rebalancearon sus economías hacia más consumo.

Dado un rápido crecimiento generado por altas tasas de inversión y ahorro en el trío de países asiáticos, las personas percibían un aumento en su bienestar pese a que solo percibían una fracción pequeña de los frutos del crecimiento, y no estaban descontentas. Solo más tarde se relajaron las restricciones y se permitió que los ciudadanos pudieran recibir una fracción mayor del producto nacional. Es una explicación del desarrollo de esos países que me parece razonable. Sin embargo, me pregunto si el mundo tiene la capacidad de absorber la producción de una China que sigue ahorrando a tasas tan elevadas, ya que China es mucho mayor que Japón.

¿Porqué no podemos usar esta estrategia de crecimiento en América Latina? Creo que la dificultad es que debido a nuestra abundancia de recursos naturales, la distribución de riqueza es mucho más desigual. Por lo mismo, las presiones redistributivas son mayores, y esto significa consumir más y por lo tanto rebalancear nuestras economías demasiado temprano, con lo que la fase de crecimiento rápido se detiene. Es lo que está pasando ahora en Chile.1

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Minera Escondida

¿Y porqué no nacionalizar los recursos naturales para así reducir la desigualdad? Ahí los problemas de incentivos asoman su cabeza: una economía con muchas empresas de recursos naturales estatales –especialmente en democracia– va a ser ineficiente,  por lo tanto también crecerá menos. Nuevamente, no salimos de la trampa de ingresos medios.

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Desigualdad de ingresos

Creo que hay solo dos posibilidades para un país como Chile. La primera es que los líderes políticos del próximo gobierno le mientan a la población y retrasen el proceso redistributivo que han prometido por una media década. Es el tiempo necesario para que Chile alcance el umbral de ingresos de un países desarrollado, a tasas de crecimiento similares a las actuales.

Alternativamente, el gobierno podría usar la misma política, pero siendo sincero: y convenciendo al país que el desarrollo implica una alta tasa de ahorros y que la redistribución solo podrá tener lugar en los mismos cinco años. Prefiero esta alternativa, pero ¿osaría algún gobierno hacerlo? De otra forma, es posible que sigamos en la trampa de ingresos medios por mucho tiempo  con el costo que eso significa para el futuro.

Nota:

1. El FUT, por ejemplo, es un fuerte incentivo al ahorro y la inversión. Eliminarlo significa crecer menos en el largo plazo y por lo tanto contribuye a la Trampa de los Ingresos Medios. Una alternativa es la de A. Velasco: eliminar la distorsión que significa ser un préstamo sin interés del Fisco que tiene el FUT actual, cobrando por el préstamo implícito que contiene. Pero lo que China tiene (y Japón, Corea y Taiwan tenían) son subsidios aún más importantes a la inversión. Es decir si se quiere seguir la estratega de esos países debería mantenerse algo como el FUT –eliminando los trucos por los que el FUT permite consumir sin pagar impuestos–.

Problemas chinos

R. Fischer

P. Krugman publicó una columna con razones para temer que China está en graves problemas debido a sus desequilibrios económicos, con demasiada inversión y muy consumo, una situación inusual (en China el consumo es menor que la inversión).

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Shanghai de noche

Krugman usa el antiguo modelo de Lewis en que hay una zona rural con muchos trabajadores que solo producen para la subsistencia. A medida que crecen el sector moderno de la economía, va sacando trabajadores del sector rural, pero por lo mismo no suben los salarios. Esto significa que la acumulación es muy rápida y que hay poco consumo. Para que este esquema funcione, tiene que haber algún sector comprador: los países importadores y el sector inversión.

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Campesino chino

Es un tema que ha preocupado a muchos comentaristas (en mi caso aquí, acá y acullá). pero a mayoría de ellos piensa que habrá una evolución natural hacia más consumo y menos inversión, a medida que se reduzca el sector de baja productividad rural, y los salarios comiencen a subir. Krugman teme que esto sea difícil, porque la economía china está demasiado desequilibrada, debido a políticas de gobierno tendientes a mantener el esquema de altas tasas de inversión.

En realidad, es una pregunta abierta si la economía china puede adaptarse rápidamente. Tiendo a pensar que si, pero sin demasiada convicción. Una parte del ajuste es fácil,  porque a medida que aumenten los salarios, los exportadores de bienes de consumo pueden redireccionar sus productos hacia el mercado interno. Es más difícil determinar si la industria de bienes de inversión puede redireccionarse. Por ejemplo, ¿podrá achicarse la industria de la construcción-inmobiliaria (que ha creado ciudades fantasmas y más ciudades fantasmas)? Si esa industria entra en problemas, los bancos siguen. Eso es lo que teme Krugman.

En todo caso, la respuesta se conocerá pronto.

Impuestos de herencia

R. Fischer

Solo la clase media paga algo del impuesto de herencia en Chile. En general, los realmente ricos evaden el impuesto de herencia mediante diversos mecanismos, incluyendo transferencias inter vivos a los hijos

Esta es un de las dos razones que  ha llevado a concluir, especialmente en pensadores conservadores, que el impuesto de herencia es injusto. La segunda razón es que el impuesto de herencia es un doble impuesto, porque la persona ya pagó impuestos a sus ingresos, y el impuesto a la herencia sería un segundo impuesto sobre el anterior. La conclusión de este grupo es que el impuesto a la herencia debería desaparecer.

Tengo una opinión diferente. Creo que el impuesto de herencia juega un rol importante en la estabilidad de una sociedad. Veamos los argumentos.

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Un plutócrata

Argumentos a favor de los impuestos a la herencia

1. Uno de los argumentos más fuertes para una sociedad de libre mercado es que el ingreso de las personas es, a grandes rasgos, producto de sus méritos y de su contribución a la sociedad. La soeicdad está dispuesta a aceptar la desigualdad de la riqueza si ello contibuye al bienestar general. Ejemplos típicos spn Steve Jobs, o un Picasso. Son talentos brillantes y muy escasos.

Este argumento no funciona si una parte importante de la riqueza de la sociedad es heredada.  ¿Qué han hecho los actuales poseedores para merecerlo? ¿Qué recibe la sociedad de esas personas?

El contrargumento es que se reducen los incentivos al esfuerzo si no se puede dejar en heredar la riqueza creada. Andrew Carnegie, magnate del acero y filántropo del fines del siglo XIX, tiene la respuesta: «El hombre que muere rico muere en desgracia.» Los incentivos no se reducen si se usa la riqueza en filantropía. Entre nuestros contemporáneos, W. Buffet ha donado su inmensa fortuna (menos el 1-2% –que aún es bastante– para sus hij0s).

Andrew Carnegie
Andres Carnegie

2. Se nos dice que un problema con el impuesto a la herencia es que es fácil de eludir o evadir. Creo que eso es el resultado dol poco esfuerzo, motivado tal vez por el poco interés de la sociedad y la influencia de los magnates. Las transferencias –tal vez la vía más importante de elusión — inter vivos se puede entorpecer investigando por l fuente de los recursos de los futuros herederos que le permitieron adquirir esas riquezas. Si un Liepzig (por dar un nombre de fantasía para una familia de magnates) es nombrado socio de una empresa en las islas Caimán, controladora de una mina de cobre, se puede investigar de donde salieron los recursos para comprar una participación en sociedad avaluada en $X millones.   Se pueden prohibir o investigar en forma automática operaciones financieras que son particularmente vulnerables a elusión/evasión del impuesto de herencia.

IslaGranCayman
Isla Gran Caymán

3. Las grandes fortunas se transforman en poder político. Eso parece difícil de impedir, pero al fin y al cabo, también ser un famosos escritor/actor/etc o incluso dirigente sindical otorga poder e influencia política. Por eso no veo que la adquisición de influencia en si sea un problema, si la riqueza proviene de los propios méritos. Es es muy distinto el caso si la riqueza que otorga poder político es heredada. En ese caso, la influencia tiene un carácter significativamente distinto porque se transforma en una aristocracia hereditaria (poder heredado). Esto no es congruente con la democracia. Además, esto diferencia a la riqueza heredada de otras formas de poder político indirecto: el hijo de un artista famoso no tiene casi influencia política (salvo por el «reconocimiento de marca», similar al de los hijos de políticos).

Los Estuardo
Los Estuardo de Inglaterra: arrogancia y poder político heredado (Van Dyck)..

4. Los argumento anteriores indican que un impuesto progresivo de herencia, con un umbral mínimo para empezar a aplicarlo mayor que el actual, y que además sea efectivo (no como en la actualidad) sería bueno para la sociedad. Los hijos de familias de altos ingresos ya reciben una mejor educación, adquieren habilidades sociales y reciben otras transferencias no monetarias de sus familias que les dan una ventaja sobre sus contemporáneos menos afortunados.  Heredar la riqueza de familiar íntegra sería demasiada ventaja y no se condice con siquiera una aproximación a la idea de igualdad de oportunidades.

5. Existe un argumento no muy utilizado en Chile pero que se usa en los EE.UU. Es el argumento de la libertad, según el cual, no se pueden imponer impuestos a las personas más que para unos pocos fines –como asegurar la justicia y la defensa, en resumen, para proteger los derechos de propiedad–. Toda otra exacción del Estado sería ilegítima. Como este es un argumento de principios, es difícil discutirlo desde el punto de vista valórico.

Sin embargo, creo que la respuesta de la entonces futura Senadora Elizabeth Warren es apropiada en este caso: gran parte de la riqueza de los magnates puede existir porque hay bienes públicos pagados por todos los ciudadanos. Veamos a E. Warren:

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Financiamiento universitario

R. Fischer

En la discusión sobre si la educacin universitaria debería ser gratuita, creo que la mejor respuesta es la de I. Briones y S. Urzúa, aparecida hace una semana en la sección Tribuna de El Mercurio. Contra los que quieren educación superior universal y gratuita financiada con un impuesto específico responden:

«La lógica detrás es miope y técnicamente deficiente. Primero, la propuesta no analiza las consecuencias del impuesto específico en las decisiones de los educandos. ¿Cuál es la externalidad negativa que lo justifica? ¿No aumentará la segregación al promover un éxodo desde la educación superior pública a la privada? Segundo, mezcla universalidad con gratuidad, conceptos completamente distintos. Y tercero -lo que motiva esta columna-, no reconoce que la progresividad de una política depende no solo de quien la pague o beneficie, sino que también a qué otros grupos se podría haber beneficiado con los recursos utilizados.»

El segundo punto es el que me interesa destacar, independientemente de la forma en que se financia el costo de la universidad gratuita. Aún con educación gratuita, no todos querrán educación universitaria: es costoso para ellos destinar años a estudiar cuando preferirían trabajar. Además, obligarlos a estudiar sería un costo inútil para la sociedad, y una imposición a personas que han alcanzado la edad en que pueden decidir por sí mismos que hacer con sus vidas. Por lo tanto, por muy gratuita que sea, la educación universitaria no será para todos –sin considerar los que no han tenido esa oportunidad en el pasado–, y sería injusto que la sociedad pagara los estudios de una parte, especialmente una que terminará con mayores ingresos que el promedio nacional (por mucho que se impusiera un costo a los universitarios, como en la propuesta criticada por los columnistas, hay costos de eficiencia y de mala asignación de los ingresos tributarios, como señalan los columnistas).

En 1997, en el Centro de Economía Aplicada del Depto. Ing. Industrial de la U. de Chile, discutimos el problema de como financiar en forma justa los estudios universitarios. Algunos de nosotros (P. Gonzalez, A. Mizala, P. Romaguera y yo) publicamos una propuesta. No la encontré en mi computador, pero en cambio encontré mi contribución, que adjunto más abajo. Creo que esa propuesta –que se parece  una propuesta de Beyer  en el Congreso– resuelve buena parte de los problemas de financiamiento universitario en el sentido de:   i) permitir que todos los que lo deseen puedan estudiar, ii) reducir el riesgo de los estudios, iii) los que tienen éxito pagan por sus estudios, iv) se subsidian implícitamente carreras con bajos ingresos pero alta valoración social, v) al tener un costo el estudio, la decisión de hacerlo enfrenta los incentivos correctos. Lo que nos faltó fue incorporar fue un mecanismo para limitar el alza de los costos de las carreras, como lo hace otra propuesta de Beyer. En todo caso, tanto la propuesta de Beyer como la nuestra de 1997 son mucho más justas y equitativa que las propuestas de los izquierdistas reaccionarios (o sesentones) que se han tomado la Casa Central, de nuevo.

Anexo: Propuesta de 1997 (Se deben actualizar lso ingresos utilizados en el ejemplo)

Becaprop
Propuesta de 1997 para financiamiento universitario. Se deben actualizar los ingrsos.

La tasa marginal de impuestos para una jefa de hogar

R. Fischer

Me gustaría disponer de un gráfico que me indicara cual es la tasa marginal de impuestos que enfrenta, por ejemplo, una jefa de hogar de bajos ingresos, con niños. Así sabríamos si las estructura actual de subsidios está bien estructurada. Algo así como la figura siguiente para los EEUU:

Tasa marginal de impuestos en los EEUU.

Es notable que en la figura hay un rango de ingresos (alrededor de los US$20.000) en que los impuestos marginales son de casi un 100%.

Mi impresión es que nuestros subsidios a la extrema pobreza también están tan mal diseñados, y hace que a esas personas no les interese trabajar, pues las tasas de impuestos que enfrentan –al retirarse los subsidios– por los ingresos adicionales son demasiado altas.  Es un problema de la focalización excesiva de los subsidios e incentiva el desempleo.

Para evitarlo es necesario mirar lso subsidios en una forma global y no por áreas del gobierno como se hace ahora. Para eso hay que construir gráficos como éste.

Nota: Esto no tiene nada que ver con el problema de la falsificación de datos en las fichas CAS.

Graicas por el grtáfico a The Grumpy Economist (John Cochrane)

CASEN: Arellano versus Urzúa

R. Fischer

Fui al CEP a la tercera sesión en la que se analiza la encuesta CASEN, que tenía como expositores a Soledad Arellano, subsecretaria del Ministerio de Desarrollo Social y a Sergio Urzúa, investigador del CEP. Soledad Arellano presentó meticulosamente sus argumentos, y explicó porqué se agregó la famosa pregunta y11, que indaga sobre los ingresos de una manera distinta a la forma en que se preguntaba antes.

Su explicación de porqué se introdujo me pareció razonable:  en las CASEN anteriores se preguntaba por «otros ingresos» en base a su condición de trabajador, desocupado o inactivo durante la semana previa, y dado que se está analizando los ingresos del mes anterior, era mejor hacer la pregunta en una forma  precisa sobre el plazo a considerar al declarar los otros ingresos. No se pretesteó esa pregunta,  porque en el MDS estaban preocupados por otros cambios en la encuesta que, en aquel momento, consideraron más importantes.1

La pregunta y11 de la CASEN 2011.

Debido a que correspondía a otro concepto de «otros ingresos», los ingresos totales de esta CASEN no se pueden comparar con los ingresos del hogar en encuestas previas, a menos que se eliminara la pregunta y11. Soledad explicó que al hacer eso se estarían castigando los ingresos en la CASEN 2011 respecto a versiones anteriores, en que los «otros ingresos» de la actual y11 se recogían en forma parcial.

Como lo hizo notar Sergio, la alternativa elegida por el gobierno era la más favorable a  éste, y lo correcto habría sido descontar la y11  y la pregunta «otros ingresos» de las encuestas anteriores, para luego hacer la comparación. Además, según Sergio, el efecto de otros ingresos en versiones anteriores era mucho menor que el de la y11. Por último, hizo notar que CEPAL o el Ministerio de Desarrollo Social omitieron el ajuste por cuentas nacionales para la variable y11, y no hacerlo refuerza su impacto en la reducción de la pobreza.2

Sergio Urzúa fue más allá, y entregó una respuesta tentativa a una pregunta que me ha intrigado desde hace tiempo.3 Supongamos que los críticos de la CASEN tienen razón y la pobreza no cayó  entre el 2006  y 2011. ¿Cómo explicar este fenómeno, si el desempleo cayó y los salarios aumentaron? La respuesta de Urzúa es notar que en los deciles de bajos ingresos de la población, hubo un aumento importante en la cantidad de personas que están inactivas (es decir, ni trabajando ni buscando empleo). Este aumento ocurrió en dos categorías: jóvenes de 19-25 y personas mayores de 55 años, como se muestra  en la tabla siguiente, sacada de la presentación de Sergio.

Aumento en la inactividad entre 19-25 y >55.

Eel aumento en la inactividad entre los mayores de 55 parece ser un resultado no deseado de la introducción de la Reforma Previsional, que introdujo las pensiones básicas solidarias y los aportes previsionales solidarios.  Es decir, el seguro tuvo un claro efecto de desincentivo al trabajo. La mayor inactividad entre los jóvenes la atribuye a  que la cobertura de educación superior entre los jóvenes provenientes de hogares pobres ha aumentado a más del doble:

Es decir, estamos en la extraña posición de tener familias que reciben beneficios que antes no poseían, y no los consideramos en la encuesta CASEN, que intenta medir la pobreza. Claramente, un joven que no trabaja porque ahora recibe un subsidio que le permite estudiar está mejor que en 2009, pero la CASEN lo mide como un empobrecimiento de la familia. En el caso de los mayores de 55, ya no deben trabajar para recibir un ingreso, y si lo prefieren a complementar su pensión con otros ingresos, deben estar mejor que antes de la Reforma Previsional.

Urzúa tiene razón al indicar i) que hay que diseñar esquemas de subsidios que no contengan desincentivos al trabajo, y ii) debemos encontrar formas de medir estos beneficios que reciben las familias pobres. Fue una charla interesante, aunque al final Soledad Arellano se acaloró un poco porque no quería admitir que era probable que la pobreza medida por CASEN no hubiera variado entre 2009 y 2011,

Nota: 1,   El problema era ¿cómo registrar «ingresos de “trabajo regular” de quienes, habiendo recibido ingresos por este concepto el mes pasado, fueron clasificados como desocupados, inactivos o TFNR por sus actividad ocupacional de la semana pasada?»

2. Una de las razones por las que he reclamado más por el aprovechamiento político de la encuesta que por sus resultados es que no me parecía raro que un contexto de crecimiento económico rápido, la pobreza cayera, sin que fuera mérito del gobierno. Urzúa explica cómo pese al crecimiento, podría no observarse una reducción en la pobreza, pese a que las personas en esa categoría ahora están mucho mejor que en 2009.

3. Con cierta delicadeza,Sergio Urzúa no mencionó el sensible tema de los errores muestrales. El secretismo que los rodeó inicialmente muestra un lado menos técnico y más político de las cuestionadas declaraciones del gobierno sobre la reducción pobreza. Los errores muestrales  tenían una magnitud que hacían que los resultados sonbre reducción de la pobreeza no fueran  significativa, pese a incluir la pregunta y11..

Inmigración temporal

R. Fischer

El Ministro de Agricultura pretende aprobar un proyecto de Ley que facilitará la entrada de temporeros extranjeros en la agricultura. Según el Ministro, hacen falta 40.000 personas para trabajar en la recolección, y para ello nada mejor que importar trabajadores del extranjero en forma temporal.

Primero que nada, es necesario reconocer que la vida de los agricultores no es fácil debido al bajo precio del dólar y el alza en no transables, como el salario de los trabajadores agrícolas. Por lo tanto es comprensible que se piense en mecanismos para reducir el costo laboral y hacer más competitiva a la economía. El problema es que los trabajadores extranjeros empujarán hacia abajo los salarios de los temporeros nacionales. Este efecto se traspasaría a los salarios de trabajadores no calificados del resto de la economía. Esto no es lo que desea un país con una mala distribución de los ingresos.1

¿Que alternativas se les pueden ofrecer a los agricultores? Tal vez como en Francia, se podría popularizar la idea de que estudiantes universitarios participen en la recolección, los que luego podrían financiar el resto de sus vacaciones con las remuneraciones (además, entiendo que es entretenido para ellos, con la misma sensación de comunidad  juvenil que en los trabajos voluntarios  de verano).   Esto aumentaría la oferta de trabajo en la etapa crítica del año.

Asimismo, existen tecnologías que reducen la demanda de mano de obra durante la cosecha y recolección, las que deberían comenzar a usarse, porque los agricultores tendrán que acostumbrarse a la idea que el valor de la mano de obra ha dejado de ser una ventaja competitiva.  El gobierno también podría ayudar, intentando reducir la presión del gasto público, que eleva el precio de los no transables, aunque eso siempre es difícil en años electorales.

Notas:

1. Por supuesto, se podría decir que los inmigrantes estarían mejor que si no pudieran venir temporalmente. Me parece que no hemos llegado aún al grado de desarrollo ni de ingresos de los trabajadores no calificados tal que podamos practicar ese tipo de solidaridad internacional. ¡Además, es un tipo de solidaridad financiada por los trabajadores de menores ingresos!

Sobre los créditos CORFO en educación universitaria

R. Fischer

En una conversación reciente, un conocido que había ocupado un alto cargo en este gobierno me comentó que le molestaba que se rebajara la tasa de interés a los créditos CORFO para estudiantes universitarios (el deficiente sistema de financiamiento universitario anterior al CAE). Esta tasa de 8% es superior al 6% del crédito CAE, del cual se quejan tan amargamente los estudiantes.

Le parecía que las familias habían elegido voluntariamente endeudarse a esa tasa, por lo que no era correcto reducírsela a cargo de todos los chilenos. Estaba dispuesto a admitir una reducción al 4%,una reducción equivalente a la del CAE (que baja al 2% desde el 6%), pero le parecía que reducirlo también al nivel del nuevo CAE es un beneficio excesivo. Sin embargo, entendía que era políticamente imposible mantener esa diferencia en la tasa de los créditos, pase a lo que le parecía una evidente injusticia.

Lo que si convenció a quienes lo escuchaban, era que hay problemas en el diseño del  proyecto de Ley que crea el nuevo CAE. Dio como un ejemplo entre muchos otros, el de una persona que estudia, se casa y deja de trabajar, por lo que nunca paga por sus estudios. Podría ocurrir que esta persona haya sido financiada en sus estudios pese a que cuando su pareja sea un exitoso profesional, ambos pertenezcan al décimo quintil (el de más altos ingresos). Su propuesta era que la Ley del CAE debería incorporar el criterio de ingreso familiar y no individual, lo que corregiría el problema (alternativamente, es otro motivo para reducir la tasa de matrimonios). Me pareció interesante su punto de vista.

Equidad y los padres

R. Fischer

Ayer pasaron, muy cerca del Departamento de Ingeniería Industrial en que trabajo, decenas de miles de manifestantes. El motivo de la manifestación era cambiar el sistema educacional e impulsar la educación pública. Detrás de este apoyo generalizado al movimiento en pos de la educación pública está, supongo, la idea de equidad.

De acuerdo a la encuesta CEP, la opinión pública cree que la educación y el esfuerzo son los dos mecanismos principales para mejorar la situación económica de las personas. El descontento nace porque las oportunidades no son iguales, debido a que la educación que entregan la mayoría de los colegios municipales (y muchos subvencionados) es mala. Por lo tanto, los estudiantes pertenecientes a familias de bajos ingresos, incluso si son esforzados y talentosos, no tienen las oportunidades que posee un estudiante equivalente proveniente de una familia de mayores ingresos.

Hasta aquí, creo estar totalmente de acuerdo. Es injusto que no todos tengan las mismas oportunidades, pero la pregunta importante es determinar cuán iguales deben ser las oportunidades.

Desde el punto de los investigadores en educación, se trata no solo de igualar las oportunidades mejorando los colegios, sino que se  trata de compensar el efecto debido a los antecedentes familiares. Por ejemplo, se ha demostrado que familias bien constituidas y más educadas traspasan conocimientos y actitudes a sus hijos, que les dan ventaja sobre niño que provienen de familias menos educadas y tal vez con una solo adulto en el hogar.

Para reducir estas diferencias, se ayuda especialmente a los niños en situación vulnerable, con un subsidio a las escuelas que es mayor  que el usual, para que ellas pongan más esfuerzos en esos niños. Nuevamente, esto parece una receta admirable, pero si el objetivo es compensar todas las desventajas que enfrentan los niños más desfavorecidos, para que tengan exactamente las mismas oportunidades, nos enfrentamos a problemas conceptuales difíciles.

El problema es que la mayor parte de los padres desean darles ventajas a sus hijos, y están dispuestos a sacrificar tiempo y dinero con ese objetivo. Si intentáramos anular totalmente estas diferencias para igualar oportunidades, los efectos podrían ser perversos. O se puede producir un escalamiento de las inversiones familiares, destinando cantidades cada vez crecientes –y alcanzando niveles ineficientes– de inversión en los hijos, o se puede producir el efecto contrario, de eliminar los inventivos a invertir en los hijos, si ellas se anulan completamente.1 El costo social, en este segundo caso, sería enorme.

En otras palabras, nos encontramos en un problema, porque el principio de equidad se enfrenta al interés de los padres en el futuro de de sus hijos. Creo que sería una intromisión excesiva en la vida privada de las familias anular los esfuerzos de las familias por ayudar a que a sus hijos les vaya lo mejor posible. Incluso conceptualmente –no hablo de la práctica, pues estamos lejos de este punto– a lo más se deberían reducir las diferencias más dramáticas producto de la influencia familiar, pero dejando espacio para que los padres puedan esforzarse en transmitir algunas ventajas a sus hijos.

1. Es interesante observar que los investigadores y proponentes más enfáticos de medidas de compensación por desventajas familiares tengan sus hijos en los mejores colegios particulares pagados del país.

Dudas metodológicas de la CASEN II

R. Fischer

Soledad Arellano ha dado una convincente respuesta a las dudas metodólogicas sobre la CASEN en una columna de El Mercurio del Domingo «CASEN: Seamos serios». En ella responde a los cuestionamientos que hizo un grupo de economistas (entre los que me cuento) a la presentación de J. Lavín en el CEP hace una semana y que comenté el viernes. Estoy satisfecho con la respuesta de la subsecretaria, que deja al desnudo la fragilidad de las respuestas del Ministro.

Pese a ello, el punto fundamental del comentario del viernes sigue en pie: el aprovechamiento político de la CASEN que ha hecho el Ministro.  Soledad Arellano legítimamente comenta que hubo una mejora en el indicador de pobreza e indigencia, pero a diferencia del Ministro, no usa esa información para hacer política cortoplacista y señalar que esa mejora se debe a su gobierno. El Ministro, mientras tanto, repite su política de aprovecharse de la CASEN para objetivos políticos, como hoy en la sección cartas de El Mercurio:

«Lo que está detrás de todas estas críticas es que para algunos sectores es virtualmente imposible aceptar que, durante el Gobierno de la Presidenta Bachelet, la pobreza y la desigualdad subieron, y durante el Gobierno del Presidente Piñera, bajaron. Pero eso realmente pasó.»

Tuve una discusión hoy con J. Andrés Fontaine sobre los méritos del gobierno en esta reducción de la pobreza. Alegué que el efecto es cíclico y que no se debe al gobierno, sino a los altos precios del cobre luego de la caída del 2009 y a la recuperación luego del terremoto. Cuando el ciclo es positivo, el empleo aumenta y eso se refleja especialmente en los sectores de menores ingresos, que son los que más desempleo enfrentan. Esto se refleja inmediatamente en caídas en la pobreza e indigencia.

Según Fontaine, era mérito del gobierno porque el fuerte efecto sobre el empleo de la recuperación no siempre ocurre . Según el, al principio del gobierno hubo un cambio de expectativas entre los empresarios debido al gobierno de derecha uqe los llevo a aumentar fuertemente las inversiones y el empleo. No recuerdo esa euforia empresarial –o al menos que haya sido provocada por el gobierno y no por los factores que mencioné más arriba– pero tengo  mala memoria para ese tipo de fenómenos. En todo caso, si todo el cambio se debió a un cambio de expectativas, la baja tasa de ejecución de políticas de este gobierno debería haber llevado a una decepción del empresariado que debería reducir el empleo, la que tampoco he notado.

Por lo tanto, mantengo mi posición de que buena parte de los efectos sobre la pobreza son ciclícos y que el gobierno no debería usar la CASEN para objetivos de corto plazo políticos, pues se debilita un instrumento útil para el diseño de políticas públicas.